Chicago. «If you leave me now»

Las grandes orquestas de jazz, habitualmente conocidas como «Big Bands», aparecen en los años veinte para consolidarse entre 1935 y 1950. Además de su ámbito de actuación natural, el swing, también tuvieron presencia e influencia en otros estilos, como el blues, el R&B, las orquestas latinas, incluso el rock. El acercamiento del jazz al rock se evidencia con la inclusión de instrumentos de viento que, hasta mediados de los sesenta, eran poco habituales, como trompetas, saxos o trombones. Estas big bands de rock solían tener entre siete y diez miembros, pocos para el estándar habitual de una big band de jazz pero muchos para lo que solía ser un grupo de rock. Entre ellas podemos destacar a CCS, Blood Sweat & Tears y, en determinadas épocas, formaciones tan conocidas como Santana o la protagonista de hoy: Chicago. Inicialmente se llamó Chicago Transit Authority, nombre con el que sacaron su primer disco, en 1969, aunque acabarían abandonándolo debido a problemas de índole legal. En 1970 lanzaron su segundo álbum («Chicago II»), donde se incluyó su gran éxito «25 or 67 to 4». Esta es la época dorada del Chicago big band, tal vez su etapa de mayor calidad, donde el rock y el jazz convivían en perfecta armonía gracias a la inclusión de la sección de viento, que se acoplaba con eficacia y naturalidad a la instrumentación típica del rock. Tras algunos discos dentro de estos parámetros, comienza su etapa de mayor éxito comercial y, con ella, un nuevo sonido más próximo al soft rock o al AOR, en el que la balada se erigió en su recurso estrella. A esta época pertenece uno de sus temas más conocidos, «If you leave me now», una canción compuesta por el bajista y cantante de la banda, Peter Cetera, que apareció en el álbum «Chicago X» (1976). Estamos ante una de las canciones preferidas para acompañar momentos románticos, una melosa historia de amor contada por alguien que se resiste a perder a su amada. Para los que preferís los directos, aquí tenéis una de sus actuaciones en la que interpretan este tema. Por cierto, existen muchas versiones a cargo de otros intérpretes, ¿hay alguna que os guste especialmente?

Dire Straits. «Brothers in Arms»

Mark Knopfler es uno de mis guitarristas preferidos. Me encanta esa sensación de estar escuchándolo y sospechar que es él aunque no conozca la canción; los especialistas creen que esta singularidad en su estilo puede ser debida, además de a su innegable personalidad y talento, a la técnica que usa para tocar la guitarra, la mayor parte de las veces sin púa y utilizando una variante del procedimiento manejado por los tocadores de banjo llamada clawhammer, en la que los dedos medio, índice y pulgar se emplean para pulsar las cuerdas, mientras que el meñique y el anular se usan como apoyo de la muñeca sobre el puente. Sea como fuere, su sonido ha cautivado a exigentes aficionados a la música y a consumidores habituales de éxitos radiofónicos, sobre todo en su etapa en Dire Straits, un grupo británico surgido en 1977, en plena vorágine del movimiento punk. Esta banda, caracterizada por ese sonido Knopfler tan peculiar, ecléctico e inclasificable, publicó seis álbumes de estudio entre 1978 y 1991, además de tres trabajos en directo. Aunque es verdad que desde su primer disco, con ese gran éxito que fue «Sultans of Swing«, ya tuvieron el beneplácito de crítica y público, fue con su penúltimo álbum, «Brothers in Arms» (1985), con el que consiguieron el triunfo absoluto; fue el tercer disco más vendido en la década de los ochenta y ocupa la decimosegunda posición en el ranking de discos más vendidos de toda la historia; además, fue uno de los primeros trabajos grabados exclusivamente de manera digital y el primero en vender un millón de copias en formato CD. Además de los integrantes de la banda, contó con colaboraciones de lujo, como Malcolm Duncan y los hermanos Randy y Michael Brecker en la sección de viento, los bajistas Neil Jason y Tony Levin o el propio Sting, que intervino en los coros de, tal vez, la canción más conocida y valorada de este disco: «Money for Nothing». No obstante, yo he preferido quedarme con el tema homónimo que cierra el álbum; me trae muy buenos recuerdos, de viajes y salidas nocturnas en el coche del padre de un amigo durante mi época de estudiante. Es una bellísima balada, melancólica y antibélica, en la que Knopfler está soberbio.

Steely Dan. «Do it again»

Hay bandas que necesitan del directo para expresarse y comunicar en toda su plenitud, que vibran y nos hacen vibrar cuando suben al escenario (seguro que cada uno de nosotros tiene su preferida). Otras, en cambio, prefieren la tranquilidad y los medios técnicos que ofrecen los estudios de grabación, los estadounidenses Steely Dan son un ejemplo de ello. Más que un grupo deberíamos hablar de un dúo, el formado por los excelentes músicos Walter Becker y Donald Fagen que, en la medida que lo creían oportuno, utilizaban otros instrumentistas -algunos de renombre- en la grabación de sus discos. Este grupo-dúo funcionó entre 1972 y 1980, durante ese período publicaron siete álbumes (más algún recopilatorio), después se separaron y, años después, volvieron a retomar la actividad. «Do it again» pertenece a su primer disco, titulado «Can’t buy a thrill»; es, tal vez, su canción más conocida y en ella podemos apreciar bien su estilo: un rock melódico muy sofisticado, cercano al pop y, sobre todo, al jazz. Estamos ante un grupo bastante singular que, aunque por concepto musical, podríamos alinearlo junto a otras formaciones de jazz-rock como Chicago o Blood, Sweat & Tears, tienen un toque pop y cierto aire sureño que es muy característico de ellos; tampoco me parece que sea el clásico grupo de rock melódico o AOR, mas que nada por la complejidad de algunas de sus propuestas, no siempre del gusto del gran público.

Boston. «More than a feeling»

Hay grupos que necesitan de varios discos para consolidar su estilo y arrancar o, al menos, para parir un producto mínimamente digno. Esta afirmación, desde luego, no es válida para los norteamericanos Boston; un grupo de hard rock melódico creado en 1971 pero que, hasta 1976, no publicó su primer álbum: «Boston». Dos años después salió a la luz «Don’t Look Back» y ocho años más tarde su tercer trabajo: «Third Stage»; el grupo sigue en activo, incluso ha sacado disco en 2013, pero su producción discográfica es, además de irregular, escasa pues apenas cuenta con poco más de media docena de trabajos. Desde mi punto de vista, su mejor LP fue el primero, en el que se incluyó «More than a feeling», la canción elegida para hoy. Me trae muy buenos recuerdos, de cuando era un adolescente descubriendo la música, no sabéis la de veces que he escuchado esta canción en mi vieja cinta de casete, una de las primeras que tuve, tratando de emular la voz en falsete del fallecido Brad Delp.

Dire Straits. «Sultans of Swing»

Que un grupo guste tanto al gran público como a los críticos musicales no es fácil; que esto suceda, en mi opinión, es una cuestión de personalidad y estilo. Dire Straits bebe de muchas corrientes musicales, sin embargo no puede decirse que se adhiera a ninguna de ellas; su apuesta por el eclecticismo musical y su sonido inconfundible, obra de Mark Knopfler, alma de este grupo, han hecho de esta formación una de las preferidas de aquellos que prefieren el rock sin estridencias.