Aunque El Último de la Fila ya ha sido protagonista en este blog (con «Insurrección» y «Querida Milagros«), mi intención también era dedicarle una entrada a Manolo García como artista en solitario; la primera canción en la que pensé fue “Nunca el tiempo es perdido”, es la que me salió de manera automática, tal vez porque es uno de sus temas más representativos, pero también por su belleza y armonía. Nuestra protagonista de esta semana ha elegido este tema para Las Cinco Canciones de tu Vida; muchas gracias, Luna, por ayudarme a incorporar esta melodía a La Guitarra de las Musas y, por supuesto, por haber querido participar en esta sección, que es la de todos. Espero que hayas disfrutado con esta experiencia y que te hayas sentido a gusto con todos los amigos de este blog. Nos seguimos leyendo, un fuerte abrazo.
Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).
«Conocí a Manolo García cuando formaba parte de El Último de la Fila y siempre me ha gustado. Podría escoger muchas canciones pero hoy me quedo con ésta por el mensaje. Todo tiempo pasado y toda experiencia sirve para algo, aunque sea para aprender lo que no debemos hacer y, si buscamos bien, de todo se saca algo bueno.
Con esta canción me despido (por obligación, porque se me ocurren muchas más). Gracias, Raúl, por invitarme a esta sección de tu blog. No ha sido fácil, pero sí muy divertido”.
Los hombres de mi generación estamos acostumbrados a que las mujeres nos den calabazas, aprendimos a vivir con ello cuando éramos adolescentes, tal vez para que no nos sucediera lo mismo que al protagonista de esta canción. “Living Next Door to Alice” nos cuenta la historia de alguien que lleva toda la vida enamorado de una chica, que siempre ha vivido en la casa de al lado; un buen día, su amiga Sally le comunica que Alice, el amor de su vida, se marcha en una limusina y sin despedirse; él se lamenta de no haberle dicho nunca que la ama y se ve incapaz de vivir separado de ella pero, como se dice coloquialmente, siempre hay un roto para un descosido y su fiel amiga Sally, que también ha estado esperando veinticuatro años, enamorada en secreto de él, se ofrece como paño de lágrimas y solución para olvidar a Alice. “Living Next Door to Alice” es una melodía escrita por Nicky Chinn y Mike Chapman, grabada por primera vez por la banda australiana New World en el año 1972 (aquí la podéis escuchar), sin embargo todo el mundo asocia este tema a los británicos Smokie, un grupo de pop-rock y rock melódico creado en 1963 con el nombre inicial de “The Yen”; antes de tomar su denominación definitiva tuvieron otras, como “The Sphynx”, “Essence”, “Four Corners”, “The Elizabethans” o “The Kindness”. Publicaron sus dos primeros álbumes (“Pass it Around” y “Changing all the Time”), ya como Smokie, en 1975 y el tercero (“Midnight Cafe”) un año después. “Living Next Door to Alice” también se editó en 1976, como single, aunque no formó parte de “Midnight Cafe” hasta la remasterización llevada a cabo en 2007. Esta canción ha tenido otras versiones, incluyendo la del vocalista y líder de Smokie, Chris Norman –de quien nos ocuparemos en otra ocasión-, aunque ninguna tan conocida como la realizada en 1995 por los holandeses Gompie, todo un éxito en países como Holanda, Bélgica, Alemania, Austria, Suiza o Noruega. La historia es bastante curiosa; este tema, en la versión de Smokie, sonaba habitualmente en un bar de Nimega (Holanda); allí la escuchó Rob Peters y se dio cuenta de que el pinchadiscos bajaba el volumen en el estribillo, cuando se mencionaba el nombre de Alice, mientras los clientes del local coreaban: “Alice, who the fuck is Alice?” Rob decidió ponerse en contacto con Peter Koelewijn para grabar este tema incluyendo esta frase. Visto el éxito que tuvieron, incluso grabaron un Lp (“Who the X is Gompie!, 1995) en el que, por supuesto, incluyeron este tema, que titularon “Alice (Who the X is Alice?)”. La versión de Gompie pronto se hizo famosa, incluso se cantaba en los conciertos de Smokie por el público; los británicos no lo dudaron, poco después volverían a grabar este éxito al estilo Gompie.
Federico García Lorca es una de las grandes figuras de la literatura española, a pesar de su temprana y trágica muerte en el camino de Víznar a Alfacar, en la provincia de Granada, fusilado por las fuerzas golpistas que desencadenaron la Guerra Civil española. Sin embargo, en su juventud parecía más inclinado hacia la música, pasión que nunca abandonó y trató de compatibilizar con la poesía; era habitual verle cantar y tocar el piano, se relacionaba con las grandes personalidades musicales del momento, compuso canciones, utilizó la múica en espectáculos teatrales como los de la compañía “La Barraca” y realizó una importante labor de investigación antropológica y cultural en torno a las tradiciones musicales de la España profunda. No se conformó con buscar canciones populares y trasladarlas al lenguaje musical, fue un paso más allá, grabando una docena de temas en discos de pizarra, al parecer siguiendo consejo del torero Ignacio Sánchez Mejías; lo hizo en 1931, él mismo al piano mientras que la cantante y bailaora Encarnación López Júlvez (“La Argentinita”) fue quien cantó y tocó las castañuelas. El propio García Lorca destacó la riqueza y belleza de estas canciones, sobre todo de sus letras: “¿qué más poesía? Ya podemos callarnos todos los que escribimos y pensamos poesía ante esa magnífica poesía que han hecho los campesinos”. En este artículo de Marco Antonio de la Ossa Martínez podéis conocer más detalles de este proyecto, también se pueden ver las partituras y las letras de los temas que formaron parte de estas sesiones: “Sevillanas del siglo XVIII”, “Los Cuatro Muleros”, “Nana de Sevilla”, “Romance Pascual de los Peregrinos”, “En el Café de Chinitas”, “Las Morillas de Jaén”, “Romance de los Moros de Monleón”, “Las Tres Hojas”, “Sones de Asturias”, “Aires de Castilla”, “Anda Jaleo” y “Zorongo Gitano”, el tema elegido para ilustrar esta entrada. Aquí podéis escuchar la grabación original de García Lorca y “La Argentinita”, y aquí las doce piezas, recogidas en un álbum publicado en 1989.
El zorongo fue un baile popular andaluz, especialmente practicado en el barrio granadino del Sacromonte; en la letra de uno de aquellos primeros zorongos se podía escuchar: “!Ay, zorongo, zorongo, zorongo!”, de ahí el nombre. Al final de la entrada os dejo la letra completa de “Zorongo Gitano”, tal y como fue arreglada por Federico García Lorca; sin embargo, en esta ocasión he optado por proponeros tres versiones instrumentales, la primera a cargo de Pedro Iturralde y Paco de Lucía, publicada en su excelente álbum “Jazz Flamenco” (1967), uno de los mejores trabajos que se han hecho en España fusionando ambos estilos. Las otras dos están interpretadas en clave pop-rock por dos de los grupos instrumentales más importantes que ha tenido nuestro país: Pekenikes y Los Relámpagos; la primera fue incluida en el álbum “Scanner” (1984), mientras que la segunda formó parte de “Piel de Toro” (1971). Si os queréis inclinar por otras opciones, por ejemplo la copla o el flamenco, podéis probar con Miguel de Molina, Antonio Cortés, Carlos Vargas o Carmen Linares; si optáis por seguir escuchando este tema a la guitarra, no os perdáis la interpretación de un Paco de Lucía jovencísimo -junto con su mentor Ricardo Modrego-, la de Alberto Cortés o la de Carlos Caro (violín) y Pablo Despeyroux (guitarra); para los melódicos y líricos os dejo las de Ana Belén y Teresa Berganza; y para los poperos las de Micky y los Tonys y Los 4 Jets.
Tengo los ojos azules, Tengo los ojos azules, y el corazoncito igual que la cresta de la lumbre.
De noche me salgo al patio y me harto de llorar de ver que te quiero tanto y tú no me quieres ná.
Esta gitana está loca, loca que la van a atar; que lo que sueña de noche quiere que sea verdad.
Fue un día de San Valentín del año 2015. Eran las ocho o las nueve de la noche, cuando me acerqué al ordenador para ver los comentarios que tenía en el blog; entonces me percaté de un aviso de WordPress, que decía algo así como que el tráfico que estaba recibiendo la web era anormalmente elevado. Entré en las estadísticas y me quedé helado, aquello parecía el cuentakilómetros de un Fórmula 1, en unas pocas horas las visitas se contaban por miles; entre ese día y los siguientes el contador llegó prácticamente a las dieciocho mil visitas. Rápidamente averigüé lo que estaba pasando, todo era debido a una sola entrada, la titulada «Héroes del Silencio. ‘Héroe de Leyenda'»; Enrique Bunbury la había posteado en su página oficial de facebook, el resto os lo podéis imaginar: sus fans entraron en masa a leer aquella entrada, que el amigo Adrián (Bonus Track Blog) calificó como el «post milagro». Y todo gracias a Enrique Bunbury y a su legión de fieles seguidores. Me consta que es un artista que tiene también algunos detractores; de hecho, es probable que la entrada de hoy coseche críticas positivas y negativas, de la misma manera que suele suceder cuando aparece por aquí Joaquín Sabina. Me considero seguidor de ambos, de Joaquín y de Enrique, son dos artistas a los que respeto y admiro por haber creado un estilo propio, por su creatividad y por saber compaginar calidad y éxito de masas. A Bunbury le debía una entrada; como bien sabrán todos sus seguidores, decidió romper con el rock potente, característico de la última etapa de Héroes del Silencio, con un disco en solitario («Radical Sonora», 1997) cercano al tecno y a la música electrónica con algunas pinceladas étnicas, un trabajo diferente al que nos tenía acostumbrados en Héroes y que, a pesar de contener canciones muy interesantes, puede decirse que no es muy representativo del estilo Bunbury. El nuevo Bunbury realmente apareció con el segundo disco («Pequeño«, 1999), en el que ya podemos escuchar ese pop-rock marca de la casa fusionado con elementos procedentes de la música melódica, la canción mexicana, el cabaret y un sinfín de influencias étnicas y culturales de origen diverso. «El Extranjero» es el corte número tres de este álbum, un tema que, después de dieciocho años, sigue manteniendo su frescura y vigencia en plena vorágine de exaltación nacionalista; a pesar de todo lo que estamos viviendo y escuchando estas últimas semanas, no nos debemos olvidar que también hay muchas personas que defienden lo que aquí se canta: «Ni patria ni bandera, ni raza ni condición, ni límites ni fronteras». Esta canción va dedicada a todos los «ciudadanos del Mundo»: emigrantes, buscadores de fortuna, aventureros, víctimas de la «movilidad exterior», soldados de la globalización y apátridas de vocación.
Paul Simon y Art Garfunkel se separaron en 1970, tras grabar “Bridge Over Troubled Water”. Ya como artista en solitario, Paul Simon publicó su segundo álbum («Paul Simon», 1972) -el primero, «The Paul Simon Song Book», fue editado en 1965- y un año después el tercero, el titulado «There Goes Rhymin’ Simon«, uno de los mejores trabajos del estadounidense a lo largo de su dilatada carrera profesional. Situado entre el folk-rock y el pop-rock, en este álbum se pueden apreciar numerosas influencias procedentes de la música negra (blues, soul y gospel); es una delicia escuchar este disco, que cuenta con excelentes canciones como «Tenderness», «American Tune», «Loves Me Like a Rock», «Something so Right», «Was a Sunny Day» o «Kodachrome», la alegre y pegadiza melodía con la que comenzaba este disco. Según ha manifestado el propio Paul Simon, este tema se iba a llamar «Going Home», sin embargo le pareció un título muy convencional, por lo que decidió titularlo «Kodachrome»: sonaba parecido y le permitía utilizar un recurso metafórico para acercarse a sus recuerdos. Kodachromees el nombre comercial que utilizó la casa Eastman Kodak para designar a un tipo de película en color, comercializada ente 1935 y 2009, muy apreciada por profesionales y particulares por su precisión para mostrar los colores y su capacidad de almacenamiento sin deterioro aparente. La frase «todo está peor cuando está en blanco y negro» ha ido cambiando en las diferentes actuaciones en directo que ha ido ofreciendo a lo largo de su vida, imagino que en función de su estado de ánimo y los irrefrenables ataques nostálgicos ligados a la edad. En opinión de Paul Simon, la parte más interesante de la canción es el comienzo: «Cuando pienso en todas las tonterías que aprendí en el colegio. Es un milagro que todavía sepa pensar. Y aunque mis carencias educativas no me han perjudicado, puedo leer lo que está escrito en la pared». La última frase es bastante críptica, al igual que otras que se pueden escuchar en esta canción; lo que sí parece claro es el uso del color como metáfora de los viejos tiempos, de la infancia y la juventud vivida sin contemplaciones, mientras que el blanco y negro nos habla del trabajo y las responsabilidades (aquí tenéis algunas interpretaciones de esta canción). Finalizo esta entrada con un par de actuaciones en directo; la primera de Paul Simon y Art Garfunkel, perteneciente al multitudinario concierto que dieron, en 1981, en el Central Park de Nueva York, en una de las reuniones esporádicas que ha tenido este dúo desde su separación; la segunda, de Paul Simon en solitario, pertenece a un concierto ofrecido en Londres, en el año 2011.