King Crimson. «Epitaph»

Los detractores del rock progresivo a menudo lo suelen tildar de estilo frío y alambicado, en el que la componente virtuosa y cerebral está por encima de la pasional. He de confesar que, en algunas ocasiones, tengo que coincidir con estos análisis, cosa que me da rabia, más que nada porque es uno de mis estilos preferidos. Sin embargo, creo que esta generalización es injusta; un ejemplo de ello es “Epitaph”, perteneciente a “In the Court of the Crimson King” (1969), el primer álbum de los británicos King Crimson; se trata de una poética, triste y emocionante reflexión sobre la naturaleza humana, que el grupo liderado por Robert Fripp supo dotar de una atmósfera musical única, en la que el mellotron se convierte en el aliado perfecto de esta deprimente y, a la vez, maravillosa obra de arte.

El Cruce. «Despertar»

El otro día me puse a escuchar el primer disco del grupo chileno El Cruce, editado en 1999. “Peaceco” es un excelente álbum de blues, cantado en español, que se despide con “Despertar”, un onírico y enigmático tema compuesto por Felipe Toro –cantante, guitarrista y principal compositor de la banda- que aún me tiene cautivado. La primera mitad de la canción contiene elementos sinfónicos y psicodélicos –recuperados también al final del tema-, un poco en la línea de The Doors -al menos yo tengo esa sensación-; hacia la mitad se despierta de su letargo, azotada por un largo y estimulante riff de guitarra, que acaba gobernando el resto de esta intrigante y trascendente composición.