Las Cinco Canciones de Evavill (I): «Lady Writer» (Dire Straits)

Iniciamos una nueva semana en «Las Cinco Canciones de tu Vida«. Ya sabéis que esta sección está abierta a cualquier amigo o seguidor de este blog que quiera hacernos partícipe de sus recuerdos. La invitada de esta semana es Evavill, responsable de «El Blog de una Empleada Doméstica«, un espacio que he conocido gracias al amigo whatgoesaround; él ha sido, valiéndose de sus irresistibles dotes de persuasión, quien ha conseguido convencer a Evavill para compartir vivencias con los habituales de este blog. Muchas gracias compañero y a ti, Evavill, por querer participar. Si queréis conocer esta bitácora no tenéis más que pasaros por allí; pronto os vais a dar cuenta de la facilidad que tiene Evavill para la narrativa, la poesía y para contar historias personales. Aquí tenéis la presentación que ella misma hace de su web: «Me llamo Eva y me he puesto de empleada doméstica porque no me ha quedado más remedio pero esta no es mi vocación. Mi verdadera vocación es… pues no lo sé, sinceramente, igual no tengo. Lo que sí me entretiene mucho es escribir este blog y espero que a vosotros también os divierta leer mis peripecias».

Preparar las entradas de esta sección tiene momentos muy gratificantes, en especial cuando leo por segunda vez vuestros testimonios y trato de adaptarlos al formato de este blog; siempre lo hago utilizando como fondo vuestros temas, trato de imaginarme a cada invitado disfrutando de esas canciones, unas veces bien conocidas para mí y otras no tanto. En esta ocasión la experiencia ha sido especialmente placentera porque Evavill nos propone un menú musical de lo más variado (rock, folk, pop español y fado portugués), con artistas bien conocidos para la mayoría de vosotros -los cuatro primeros- y una exquisita cantante que los más rockeros tal vez no conozcan.

Es lógico que una escritora como Evavill haya querido escoger una canción como «Lady Writer» para iniciar esta semana, aunque tampoco quiero contar más, prefiero que lo haga nuestra invitada. Antes de darle la palabra, tan sólo me gustaría recordar que este tema de Dire Straits fue publicado en su segundo álbum de estudio, titulado «Communiqué» (1979).

 

«La música de los Dire Straits me ha acompañado en muchas ocasiones durante los años de mi adolescencia y juventud. Podía haber escogido otro tema, quizá no sea éste el que más me gusta, pero lo he elegido porque va ligado a un recuerdo. Un poco tonto, pero recuerdo al fin y al cabo. Acababa de empezar a trabajar, no lo estaba pasando demasiado bien y una compañera muy simpática, de esas raras personas que siempre vienen en tu ayuda, me la cantaba medio en broma. Sabía que me gustaba escribir y era su manera de darme ánimos y de decirme que algún día yo podría ser una lady writer. No acertó demasiado pero esa es otra cuestión.

Durante bastante tiempo pensé y sospecho que mi compañera también -lo que hace no saber demasiado inglés- que la protagonista de la canción era una escritora a la que entrevistaban en la televisión pero, en realidad, habla de alguien que físicamente se parece a ella. La escritora le recuerda a Mark Knopfler a esa chica, supongo que un antiguo amor, por la forma del pelo. La chica nunca ha leído un libro y casi no sabe escribir su nombre pero él la quiere y se acuerda de ella al ver a «Lady Writer», porque el pelo le cae por la cara igual que a la escritora.

En fin, a veces es mejor no entender las letras. Aun así la canción me gusta. Me recuerda a aquella etapa de mi vida y a mi compañera cantándomela entre risas desde la mesa de enfrente para darme ánimos y para tomarme un poco el pelo, ya de paso».

Patti Smith. «Frederick»

Es reconfortante encontrarse con artistas que enriquecen y trascienden un género como el punk, socialmente muy combativo pero no excesivamente comprometido con posicionamientos culturales e intelectuales, al menos convencionales. Este estilo ha contado entre sus filas con presencias francamente interesantes, como la de la estadounidense Patti Smith, música y poeta a partes iguales, una rockera carismática, inconformista, creativa y feminista. Hija de una cantante de jazz y de un trabajador de la multinacional Honeywell, se crió en un ambiente muy religioso, como testigo de Jehová, algo con lo que nunca estuvo muy conforme; valga como ejemplo la conocida estrofa que añadió al tema «Gloria«, de Van Morrison: «Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos». Conoció la poesía francesa y la obra de los cantautores de aquella época, como Bob Dylan, quien le ayudaría a concebir su primer disco: «Horses» (1975). Antes había colaborado con el que fuera su pareja y miembro de Blue Öyster Cult, Allen Lanier, y con el guitarrista Lenny Kaye, quien acabaría formando parte de la banda Patti Smith Group, creada hacia 1974. En 1976 salió al mercado su segundo álbum («Radio Ethiopia») y dos años más tarde, tras recuperarse de varias fracturas al caerse en plena promoción de «Radio Ethiopia», lo hizo «Easter» (1978), con la conocidísima «Because the Night«, compuesta conjuntamente por Patti Smith y Bruce Springsteen. Ya sé que, tanto «Horses» como «Easter», son sus álbumes más conocidos y valorados, sin embargo a mí también me gusta bastante su cuarto de trabajo de estudio, «Wave» (1979), un disco con un sonido ya alejado del punk que contó con Todd Rundgren como productor, de quien recientemente se ha ocupado el compañero Irotula a través de varias entradas, muy recomendables, publicadas en su web «Algo de Jazz, Blues, Rock …» «Wave» (aquí lo podéis escuchar) cuenta con una versión de los Byrds («So You Want to be«) y temas originales compuestos por Patti, como «Revenge«, «Citizen Ship«, «Broken Flog» o los dos más conocidos: «Dancing Barefoot» y «Frederick», éste último (creo que el anterior también) dedicado a Fred «Sonic» Smith, guitarrista de la banda de rock MC5, con quien acabaría casándose y formando una familia. Durante gran parte de los años ochenta y noventa estuvo prácticamente retirada de la música; en 1994 falleció Fred y, poco después, también perdería a su hermano y al teclista de su banda, Richard Sohl. En 1996 volvió de nuevo con su grupo y aún continúa en activo, incluso la pudimos ver hace poco en la ceremonia de entrega de los premios Nobel, donde acudió en representación de Bob Dylan.

Whisky Caravan. «Genie»

Esta entrada me ha costado mucho escribirla a pesar de que, desde hace tiempo, sentía la necesidad de hacerlo, y más aún después de la festividad de Reyes, donde los niños han sido los protagonistas. De todas las atrocidades que leemos en los periódicos y escuchamos en los telediarios, las que tienen que ver con los abusos y maltratos infantiles son las que me más me hieren; las escucho en silencio, con el corazón acelerado y la boca llena de hiel. En noviembre de 1970 una trabajadora social de California daba a conocer al mundo uno de los casos más espeluznantes de maltrato infantil que se conocen, el de una niña de trece años que había vivido aislada prácticamente toda su vida; mostraba evidentes síntomas de subdesarrollo (físico y psicológico), malnutrición, maltrato y abandono. Genie, como se la llamó para preservar su identidad, era hija de Irene y Clark Wiley, un hombre depresivo y violento cuyo único lenguaje era el del autoritarismo y las palizas. Genie nació con una dislocación congénita de cadera y comenzó a hablar algo más tarde de lo habitual, lo que dio que pensar en un posible retardo intelectual. Ante este panorama, Clark Wiley decidió recluirla, que no se supiera nada de ella, con el fin de protegerla del mundo exterior. Según cuentan las crónicas, nunca tuvo contacto con nadie más que su padre, vivía encerrada en su habitación y dormía en una especie de bolsa dentro de una jaula hecha de alambre y madera. Nunca le enseñaron a comer (su dieta se reducía a comida para bebés, cereales y huevos cocidos), a ir al baño y, por supuesto, a hablar; ni siquiera podía emitir sonidos o hacer ruido, motivo más que suficiente para que su padre la gritara y la golpeara con fiereza. Con trece años sólo entendía veinte palabras, casi todas imperativas y cortas. Su habitación era un cubículo miserable, sin adornos, sin juguetes ni material didáctico; a pesar de ser un recinto prácticamente sellado, había un pequeño hueco, apenas cinco centímetros, donde Genie podía ver a los aviones pasar, el único contacto que tuvo con el mundo exterior.

A mediados de 1970, Irene Oglesby huyó con sus dos hijos y buscó apoyo en su madre; pasados unos días acudió a la beneficencia con la intención de ser operada de cataratas, pero fue Genie quien llamó la atención de la trabajadora social. La niña quedó bajo custodia y los padres fueron acusados de negligencia y maltrato infantil. Sin embargo, las autoridades tampoco estuvieron demasiado afortunadas; comenzaron con un programa educativo que, pasado un tiempo, fue cancelado por problemas presupuestarios; vivió con su madre y con seis familias adoptivas, algunas de las cuales también la maltrataron física y psicológicamente. Su padre se suicidó poco antes de iniciarse el juicio y su madre falleció en 2002. En la actualidad, Genie vive en una residencia especializada en cuidados para adultos y ancianos con problemas aunque, debido a una orden judicial, poco más se sabe de ella. Existe una película, «Macking bird don’t Sing«, basada en esta historia, y también algunas canciones, como la titulada «Crooked Teeth«, de la banda Killjoy Confetti, o ésta del grupo español Whisky Caravan, que podéis escuchar en el vídeo que antecede a este comentario. Esta formación, nacida en 2010 en torno a su líder Danny Caravan, con un sonido de guitarras muy interesante y cierta similitud con Héroes del Silencio, tiene publicados dos álbumes: «Donde ella duerme» y «Lo que nunca encontraré«, en el que se incluye esta excelente y, a la vez, terrible canción.

Las Cinco Canciones de Antonio (I): «Sultans of swing» (Dire Straits)

He de confesar que hubo una época en la que le fui infiel a la Música. Me dejé seducir por el Cine, acudía a todos los estrenos que merecieran la pena, disfrutaba hablando sobre la película que acababa de ver, leía libros y revistas especializados, coleccionaba vídeos de esos que se vendían en los kioskos y, sobre todo, no me perdía ni una película clásica de las que ponían en la tele -hubo unos años en los que La2 era un filón para cinéfilos-, ya fuera a las tantas de la madrugada o grabándolas para visionarlas después. Pero mi conocimiento sobre el cine sigue siendo francamente limitado, sobre todo si lo comparamos con el de Antonio, nuestro invitado de esta semana. Él es el responsable de Diccineario, uno de mis blogs preferidos, una de las bitácoras de mayor calidad que conozco, y no estoy exagerando, basta con que os paséis por allí para apreciarlo al instante; Diccineario es un ejemplo de economía descriptiva, de utilización certera de los adjetivos y de cómo contar la esencia de una película sin recurrir a crónicas de dos páginas o a indeseables spoilers. Y digo todo esto sin haber hablado del brillante planteamiento que sustenta el blog; en este caso prefiero que sea el propio Antonio el que nos explique de qué va su página web:

«Escudándome en el indivisible lazo existente entre el celuloide y la palabra escrita, propongo desenmascarar mi cinefilia crónica y casi furtiva dosificando con la máxima asiduidad posible una compilación aleatoria de palabras en castellano, enlazadas a una película afín al término en cuestión. De este modo pretendo, por un lado, organizar una especie de diccionario, que, más allá de su función natural de consulta, permita la posibilidad de recomendar al internauta un título significativo sobre el tema que le apetezca frecuentar y, por otro, recopilar cronológicamente films que de una manera u otra me han marcado o llamado la atención y, que, a mi entender, merecen conservar un lugar de privilegio en la Historia del Cine. Cada entrada consta de un vocablo (generalmente un sustantivo) con su respectiva definición, una cita célebre al respecto (o bien un extracto de una obra literaria que guarde relación) y una ficha crítica que consta de los siguientes apartados: datos técnicos y artísticos, cartel original, una frase escogida de la película (excepto de las silentes) y un comentario (siempre de la misma extensión) que pretende sintetizar su trama, desvelar su procedencia literaria (si la hubiere), destacar sus atributos formales y señalar sus repercusiones. Finalmente, hago mención de otras tres películas adscritas a cada término, que ejercen como alternativa a la inicialmente propuesta».

Pero, además de ser un gran experto en cine, Antonio es un gran aficionado a la música, de la que también es buen conocedor. Durante esta semana nos propondrá temas rockeros, baladas, new wave, incluso un tema en español que a mí particularmente me gusta mucho. Os dejo con Antonio; en primer lugar con unas bonitas palabras de presentación, que le agradezco muy sinceramente, y con sus primeros recuerdos de la mano de Dire Straits, y su enganche al rock. Ésta es la segunda vez que aparece «Sultans of Swing» en esta sección, el amigo Juanlu también la incluyó en su «top five».

«A principios del pasado septiembre tuve la oportunidad de disfrutar en persona de la sencillez y cordialidad a la que nos tiene acostumbrados Raúl, tanto en este estupendo blog como en todos los otros en los que participa asiduamente. Por lo bien que me trató en Madrid y, por supuesto, por la profusa fidelidad y simpatía que siempre ha tenido hacia Diccineario, no podía negarme a participar en esta sección. Además, debo reconocer que siempre me ha gustado el asunto de confeccionar listas y selecciones, como Rob Fleming (el personaje de “Alta Fidelidad”), aunque admito que al pensar en los temas que escogería me quedé igual de bloqueado que éste cuando al final de la novela le preguntan en una entrevista cuáles son sus cinco discos preferidos de todos los tiempos. En definitiva, no me ha resultado nada fácil la elección pero espero que disfrutéis con el recuerdo de estas canciones, las cuales han gozado de un importante papel en mi vida y en mi manera de entender y disfrutar el pop/rock».

«Esta canción trae a mi memoria el recuerdo del inicio de mi adolescencia y de los gustos e inquietudes musicales que ya empezaba a absorber por aquel entonces. Habituado a contagiarme del falsete de los hermanos Gibb o las pegadizas melodías de Boney M., la presentación en sociedad de Dire Straits marcó un punto de inflexión en mi manera de entender y degustar la música Pop/Rock. Después llegarían Supertramp, Alan Parsons, Pink Floyd… pero todo empezó con la guitarra limpia e hipnotizante de Mark Knopfler».

Las Cinco Canciones de Rockologia (III): «Hasta que se acostumbre a la oscuridad» (M-Clan)

«Para no ver el final» (2010) es el séptimo álbum de estudio de los murcianos M-Clan; allí se incluyó «Hasta que se acostumbre a la oscuridad». En una entrevista concedida por el vocalista de M-Clan (Carlos Tarque) a Juan Puchades, para la revista Efe Eme, éste le preguntaba sobre el significado del tema, tal vez el menos evidente del disco en opinión del periodista; Tarque respondió así: «Sí, tiene su cosa, está dedicada a un amigo que murió justo en los días de grabación. La letra era un poco opaca, sugería cosas. Y nos sucedió esta historia con Cristóbal, que era un amigo, también era técnico, un gran amigo, se murió a la semana de estar grabando. Y dije, ‘hostia, pero si esto lo puedo redirigir’. La canción tomó otro sentido». Nuestro invitado de esta semana nos habla de las sensaciones que se tienen cuando se ha perdido a un ser querido, del miedo a la oscuridad y de la muerte como tránsito hacia un lugar diferente donde, seguro, alguien siempre podrá salir a recibirte. Una manera de entender el final de la vida y el deseo de trascender que no necesita de religiones ni de planteamientos filosóficos, ni siquiera de soluciones pseudo-místicas como las planteadas en algunas novelas de ciencia-ficción como El Palacio de la Eternidad (1969), de Bob Shaw, una obra que os recomiendo a todos los amantes de la Space Opera de especulación metafísica.

«Una canción de despedida, una canción de muerte. En el fondo este hermoso tema de M-Clan es tan dulce como tétrico: la canción del que se queda para el que se va, el tranquilo llamado a aquellos que le aguardan al otro lado: “hasta que se acostumbre a la oscuridad os pido que le hagáis un lugar, no cerréis la puerta, no dejéis de hablar”. A principios de 2011 falleció mi última abuela, la que me crió de pequeño, mi grandmother (mi gran madre, qué acertada palabra). Y este tema de M-Clan daba vueltas por ahí. E irremediablemente lo asocié. Lo escucho, aún hoy, y la recuerdo aquellos últimos días. El tema tiene un crescendo delicioso donde el protagonismo acaba recayendo en quien se va: “eh, vosotros, no sé si estáis ahí, por qué no contestáis o es que no me oís, hasta que me acostumbre a la oscuridad…”. Esta canción cambió mi forma de entender la muerte. Ahora me imagino, más o menos, el otro mundo. Gente esperándome. Grabada por los murcianos en su álbum ‘Para no ver el final'».