Loquillo y los Trogloditas. «La mataré»

«La mataré» es una de esas canciones que me permiten viajar a momentos concretos de mi vida, en este caso a los años ochenta con los que tanto disfruté de la música y de la vida. Me consta que es una canción muy polémica, como polémico también fue su ataque por parte de algunos colectivos sociales. Pensaba comentar todo esto pero me he dado cuenta que el propio Loquillo lo explicó mucho mejor de lo que yo lo podría hacer; por lo tanto, reproduzco sus palabras, incluidas en el libro de Isabel Clúa (ed.) Género y cultura popular. Estudios culturales 1. Barcelona: Universidad Autónoma, págs. 26-27:

“Fue una de las canciones emblemáticas de los años 80 (…) Debería decir de antemano que la canción fusionaba la rumba y el rock and roll con ese desparpajo que teníamos entonces. Hasta creó escuela y ganó todos los premios de 1987 que podían concederse. A saber: críticos, revistas especializadas, emisoras de radio con pedigrí… Fue la causante de que la banda ascendiera al estrellato y de que toda España y parte de América Latina cantara aquello de «por favor, solo quiero matarla, a punta de navaja, besándola una vez más». La canción desapareció del repertorio de Loquillo y Trogloditas de un día para otro sin dar los protagonistas mayor explicación ante el asombro de sus fans. Las asociaciones feministas tacharon el tema de machista y de inducir a la violencia de género, y cargaron contra el autor de la letra y contra el grupo. EMI reeditó la canción en formato single 10 años después, y las emisoras de radio que anteriormente la habían encumbrado se negaron a radiarla. Conocido es que he apoyado siempre la causa contra la violencia de género. Entiendo, además, la razón ética por la que no debemos interpretarla, pero sí me pregunto a menudo si puedo apelar a la libertad de expresión para contar esta historia de un matador de mujeres ¿Se ha dejado de interpretar Otelo, de Shakespeare? ¿Se han dejado de interpretar los tangos más arrabaleros y sangrientos? ¿Hemos dejado de ver películas de bellos psicópatas que matan a las mujeres? Hace unos días, la Asociación de Mujeres Progresistas galardonó a Pedro Almodóvar por su visión del mundo femenino. No puedo dejar de acordarme del filme Átame, en el que Antonio Banderas y Victoria Abril protagonizaban un secuestro, amor y desde luego violencia de género. O Hable con ella, donde Javier Cámara hacía el amor a una mujer en coma. No recuerdo si en su día se calificó de violencia de género cualquiera de estos dos ejemplos. Estoy perplejo y me hago muchas preguntas. Me pregunto si la autocensura es válida para unos y no lo es para otros. Me pregunto si seguirán acusándome de machista si canto la historia del asesino de una mujer”.

Concierto de Nikki Hill. Sala BUT. Madrid, 6-XI-2014

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Hace algunas semanas, el amigo Adrián -autor del excelente blog Bonus Track– nos invitaba a conocer el primer disco de la estadounidense Nikki Hill; solo me hizo falta escuchar una canción, y ver su desempeño en el vídeo correspondiente, para darme cuenta que no era una más, me quedé literalmente pegado a la pantalla del ordenador. Se lo comenté a Adrián y me dijo: ¿por qué no te vienes a verla en directo? Yo ya tengo mi entrada. Me apunté al sarao inmediatamente, al igual que el verano pasado cuando él mismo me facilitó el ticket para asistir al concierto de Jethro Tull, al que finalmente no pudo ir debido a una indisposición de última hora. Nos quedaba pendiente vivir un concierto juntos y esta vez sí que pudo ser; nos acompañaron Sara, Marta y mi hermano Carlos (en una de las fotos nos podéis ver a todos).
La música con los amigos se vive con mayor intensidad y pasión, ya desde el mismo momento de las presentaciones, las cervezas previas y la charla sobre música o cualquier otro asunto que se preste a una buena conversación, más que nada porque es un momento en el que ya estamos todos preparados para el evento, con un puntito de excitación que no nos abandona hasta que empieza la actuación. Tras esperar un poquito en la cola, entramos a la sala BUT, que recuerdo de mi época universitaria, cuando la noche parecía no acabar nunca. Una vez asumida la clavada de rigor por las cervezas o los cubatas (por cierto, más aún que el precio, odio los vasos de plástico, es la parte más antipática de los conciertos), nos buscamos un lugar para disfrutar de la actuación que, finalmente, fue excepcional.
Los primeros compases nos mostraron un sonido algo sucio, manifiestamente mejorable, y pensamos que, tal vez, no era el lugar adecuado para un concierto de rock. He de decir que esa sensación me duró bien poco, en la segunda canción ya todo me parecía fenomenal. Nikki Hill es una estrella, una de esas artistas que uno puede ver pocas veces en la vida; mi amiga Marta la llegó a comparar con Tina Turner. Sus cualidades vocales son portentosas, con un dominio de la afinación, tanto en los graves como en sus increíbles agudos, muy poco habitual. Pero yo diría que ésta no es su faceta más destacada; a Nikki Hill le fluye la música por todo el cuerpo, domina el tempo a la perfección -como los grandes boleristas-, sabe cuando parar y volver a arrancar, siempre en la décima de segundo exacta, perfectamente sincronizada con sus compañeros. Es, además, guapa, simpática y portadora de una cautivadora sonrisa; sinceramente, lo tiene todo para triunfar y me extraña que aún no lo haya hecho.
La banda está a su altura, suenan muy potentes y están perfectamente empastados, siempre al servicio de la solista pero con una buenísima calidad instrumental; un batería solvente (Joe Meyer), un bajista espectacular, con un ritmo endiablado (Ed Strohsahl) y un guitarrista (Matt Hill, esposo de Nikki) brillante y a la altura de las circunstancias. En definitiva, un grupo compacto, un verdadero equipo, con unas individualidades propias de una gran banda.
Tan solo tienen un disco («Here’s Nikki Hill»), donde se puede apreciar bien su estilo de rock & roll clásico, en ocasiones incluso rockabilly, con evidentes influencias procedentes de la música negra, en concreto del soul, el blues y el rhythm & blues. Pero Nikki Hill es una de esas artistas que son mucho mejores en directo, ni siquiera sus vídeos de youtube hacen justicia a su poderosa puesta en escena. Apenas nos ofreció un par de canciones semi-lentas, el resto fue pura dinamita rocanrolera.
Entre los temas que pudimos disfrutar había bastantes versiones, todas ellas ejecutadas de manera magistral: «Sweet Little Rock & Roller» (Chuck Berry), «Twistin’ the Night Away» (Sam Cooke), «Who where you thinking of» (Texas Tornado), «Whole Lotta Rosie» (AC/DC) y probablemente hubo alguna más, además de sus temas propios.
Estábamos entusiasmados, no queríamos que acabara y cuando lo hizo agradecí (¡quién lo iba a decir!) que estuviera rodeado de fumadores; el arrebato nicotínico post-concierto fue la excusa perfecta para intercambiar opiniones sobre lo que habíamos presenciado, estuvimos hablando un buen rato hasta que nos marchamos aunque la excitación aún nos acompañó unas horas. Tan solo pagamos trece euros. Nikki Hill, ¡te adoramos!

20141106_223937De izquierda a derecha: Sara, Adrián, Raúl, Marta y Carlos
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The Alan Parsons Project. «Silence and I»

El liderazgo en los grupos de rock suele recaer en aquellos integrantes que tienen un mayor carisma, un peso más destacado en la composición de los temas o una importancia capital en el desarrollo vocal o instrumental del repertorio; en ocasiones, esta responsabilidad se reparte y, otras veces, el grupo parece estar, únicamente, al servicio de su líder. Lo que resulta menos habitual es que una banda de rock gire en torno a la figura del productor-director, que compone los temas y elige a los músicos necesarios para la ejecución de su obra. Este es el caso del músico e ingeniero de sonido inglés Alan Parsons, cuyos primeros pasos en la música profesional los dio como técnico de grabación para grupos y solistas tan importantes como los Beatles (participó en «Abbey Road» o «Let it Be»), Paul McCartney y Wings, Pink Floyd («The Dark side of the Moon»), Al Stewart, etc. Hacia 1974 entró en contacto con el músico Eric Woofson y juntos crearon «The Alan Parsons Project»; el primero sería el responsable del concepto musical, la composición y la contratación de artistas; Woofson, por su parte, contribuiría en la composición, en los aspectos más creativos y, también, como vocalista en algunos temas. El primer disco, «Tales From Mystery and Imagination», un álbum conceptual basado en la obra de Edgar Allan Poe, vio la luz en 1976; después publicaron «I Robot» (1977), «Pyramid» (1978), «Eve» (1979), «The Turn of a Friendly Card» (1980) y el disco que contiene la canción de hoy: «Eye in the Sky». Después hubo más pero, desde mi punto de vista, tienen menos interés. Aún gustándome «Eye in the Sky» (1982), prefiero los tres primeros y por ese orden; sin embargo, con este disco el proyecto de Alan Parsons consiguió llegar a todo el Mundo, fue un gran éxito de ventas y temas como «Sirius» o «Eye in the Sky» son bien conocidos. El secreto del éxito fue mezclar hábilmente un producto de calidad -con arreglos orquestales y maneras de rock progresivo- con melodías sencillas al oído en clave pop-rock, algo así como un rock melódico progresivo o AOR progresivo. La canción elegida, «Silence and I» es una buena muestra de lo que acabo de comentar; el vídeo está subtitulado en español, os recomiendo que también prestéis atención a la letra, francamente sugerente.

Kris Kristofferson / Johnny Cash / Chet Atkins. «For the good times»

Hay artistas que son más importantes de lo que aparentan, que dan la sensación de ir de tapados ya sea por su versatilidad profesional o por su habitual trabajo en la sombra. Salvo para los aficionados a la música bien informados, Kris Kristofferson es un actor de cine que estuvo casado con la cantante Rita Coolidge y que, además, canta country. Sin embargo, es mucho más que todo eso, es un compositor de gran talento, cuyas canciones forman parte del repertorio de artistas tan destacados como Ray Price, Waylon Jennings, Johnny Cash o Willie Nelson, por mencionar sólo algunos nombres; sin ir más lejos, su canción «Me and Bobby McGee» fue inmortalizada por Janis Joplin en su álbum póstumo «Pearl», publicado en 1971. Un año antes, Kris Kristofferson había editado su primer disco («Kristofferson») en el que se incluía este tema. Pero no vamos a hablar de él, sino de la canción número 10 de ese mismo Lp, la titulada «For the Good Times», por la que su autor recibió el premio de la Asociación de la Música Country a la mejor canción del año 1970, a cuyo éxito contribuyó Ray Price que también la había grabado y con gran éxito. Es una canción preciosa, tanto en sus aspectos melódicos como en los literarios; es un relato triste, melancólico y sincero sobre el final de un amor, una iluminada visión sobre la derrota y la despedida: «No pongas esa cara tan triste, sé que esto se acabó (…) Me quedaré sólo. Tú encontrarás a otro, pero yo continuaré aquí, por si alguna vez sientes que me necesitas (…) Habrá muchísimo tiempo para la tristeza una vez te hayas ido. Reposa tu cabeza sobre mi almohada y junta tu dulce y caliente cuerpo junto al mío. Escucha el silbido de las gotas de lluvia golpeando suavemente contra la ventana y haz como que me quieres una vez más, por los buenos tiempos». La lista de versiones es larga y de calidad: Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, Frank Sinatra, Dolly Parton, Willie Nelson, etc.; en esta ocasión, me he inclinado por las de Kris Kristofferson, Johnny Cash y por una instrumental, la debida al gran maestro de la guitarra Chet Atkins. Como siempre, este blog está abierto a cualquier otra versión que consideréis interesante.

Oysterband. «New York Girls» / «20 de abril» / «Granite Years»

El pasado 6 de octubre aparecía en La Guitarra de las Musas un grupo, Gwendal, que ha tenido mucha influencia en formaciones que, durante los ochenta y los noventa, han participado de propuestas híbridas con el rock, el folk tradicional y las melodías celtas como protagonistas. En estos parámetros musicales se mueve Oysterband, inicialmente conocida como The Oyster Band, una banda formada en Inglaterra hacia 1976, de influencias celtas -como acabo de comentar-, muy cercana a los sonidos del folk eléctrico británico de finales de los sesenta que cultivaron grupos como Fairport Convention, y también muy en la línea de bandas coetáneas como The Pogues o The Waterboys. Otra de las señas de identidad de Oysterband es su querencia hacia los temas de carácter socio-político, algo que se evidencia en sus letras, al igual que sucede con un grupo español al que podríamos considerar como hermanado: Celtas Cortos. De hecho, es habitual verlos juntos en festivales tan importantes como el de Ortigueira, y colaboran a menudo en sus proyectos discográficos. Jesus Cifuentes, por ejemplo, colaboró en el disco «Deserters» (1992) de los ingleses, en concreto en las voces del tema «Granite Years»; un par de años más tarde, Oysterband incluía una versión de «20 de abril», de los pucelanos, en su álbum «Trawler» (1994) y, en 2010, son los propios Celtas Cortos quienes versionan «Granite Years» en su disco «Introversiones», traducido como «Vida gris» y cantado en español. Hoy os voy a dejar tres canciones; la primera un tema tradicional: «New York Girls», también interpretado por otras bandas como la progresiva-folk Bellowhead (aquí dejo su versión), y que fue incluido en la banda sonora de la película «Gangs of New York«; el segundo tema es el ya comentado «20th of april» -para variar, un grupo extranjero ocupándose de una canción española-, grabado en inglés con partes en español; por último, la también mencionada «Vida gris» («Granite Years»), pero en lugar de elegir la del disco «Introversiones» he optado por otra en la que cantan juntos ambos grupos, también en los dos idiomas.