La Exposición Universal de Chicago, celebrada entre mayo y octubre de 1893, tuvo como tema principal el cuarto centenario del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Sin embargo, todo lo que tenía que ver con el «Orientalismo» gozaba de una gran aceptación entre la sociedad occidental de aquella época. Los promotores de la Exposición no dudaron en construir una pequeña villa egipcia, con su propio show («The Algerian Dancers of Morocco»), lleno de bailarinas que movían su cuerpo de una manera escandalosa a ojos del puritanismo americano; ni que decir tiene que fue todo un éxito y un gran negocio. Una de aquellas bailarinas, Spyropoulos, vestida como una zíngara y conocida como «Pequeño Egipto», destacaba sobre las demás; sus movimientos sensuales de brazos, caderas y cintura fueron muy imitados y difundidos en otras zonas del país por chicas ligeras de ropa, llamadas «hootchi kootchi dancers». El término «Hoochie Coochie» acabó empleándose para designar al baile ejecutado con las partes púdicas de la mujer y, por extensión, a todo lo que tenía que ver con el sexo o la práctica sexual. La letra de «I’m Your Hoochie Coochie Man» nos habla de sexo, de alguien con gran éxito entre las mujeres y, también, de magia como herramienta para la seducción. Fue escrita por Willie Dixon, en 1954, para Muddy Waters, el primero en grabarla; Dixon le debió decir algo así: tengo esta composición, coge la base musical, repítela y no te olvides de la letra; el resultado es una canción convertida en acto sexual, una de las obras fundamentales en la historia del blues. Por supuesto, la han interpretado otros bluesman norteamericanos, como Buddy Guy o Freddie King, además de bastantes músicos de british blues, como Eric Clapton, John Mayall, The Graham Bond Organisation, Mick Abrahams, Jon Lord with the Hoochie Coochie Men and Jimmy Barnes o Alexis Corner, uno de los padres del blues británico, que va a ser el segundo vídeo de hoy. También hay aproximaciones desde el género beat, por ejemplo la versión de Manfred Man; cercanas al hard rock, como las de Steppenwolf o Motörhead; y también en la órbita del rock sureño, es el caso de la tercera versión que destacamos, la de los estadounidenses The Allman Brothers Band, incluida en su segundo álbum de estudio: «Idle wild South» (1970).
Categoría: Blues
Robert Johnson. «Cross Road Blues»
Robert Johnson es, en opinión de algunos, el músico de Blues más importante que ha existido, sin embargo murió a los veintisiete años, y tan sólo dejó grabadas veintinueve canciones. Su vida está llena de misterios, inexactitudes y leyendas; desde su fecha de nacimiento (tal vez el 8-V-1911, en Hazlehurst -Misisipi, EE.UU-) hasta su fallecimiento en extrañas circunstancias, según algunos envenenado por un marido celoso, mientras que hay quien cree que acabó sus días enfermo de neumonía o de sífilis. Su certificado de defunción lleva fecha de 16-VII-1938 y está firmado en Greenwood (Misisipi), sin embargo no se sabe a ciencia cierta donde está enterrado. Según cuenta la leyenda, Johnson pasó, en muy poco tiempo, de ser un simple aficionado a la guitarra a un verdadero maestro de este instrumento, todo gracias a un pacto con el mismísimo Diablo. Según algunos relatos, una noche se encontró con un hombre negro en un cruce de caminos cerca de la plantación de Dockery, en Misisipi; el hombre tomó la guitarra de Johnson, la afinó, la tocó y se la devolvió con toda la técnica y el saber del mejor bluesman. Otras teorías defienden que esta diabólica transacción se llevó a cabo en un cementerio, sentados sobre varias tumbas y tocando la guitarra; incluso hay autores que atribuyen a otro bluesman, Tommy Johnson, esta famosa leyenda. Una de las razones que tradicionalmente han apoyado la versión del cruce de caminos (existe incluso una película con esta premisa) es, precisamente, por lo narrado en el tema «Cross Road Blues», compuesto por Robert Johnson.
Sin embargo, en esta canción no hay nada que pudiera hacernos pensar en un pacto con Satán; no es más que el lamento de quien está en un lugar desconocido, probablemente lejos de su hogar, y con miedo ante la llegada de la noche, más aún siendo negro. Robert Johnson, con su escaso bagaje musical, es uno de los autores que más han influido en músicos y grupos de rock, como Johnny Winter, Bob Dylan, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, The Rolling Stones, The Band, Neil Young, Jeff Beck o Eric Clapton, por mencionar algunos de los más importantes. De «Cross Road Blues» se han hecho varias versiones, aunque quizás la más destacada sea la adaptación de Eric Clapton para la que, entonces, era su banda: Cream. Fue publicada, bajo el título de «Crossroads», en el álbum «Wheels of Fire»; aquí la podéis escuchar. Y no puedo acaba sin mencionar la versión en español que hicieron los madrileños Mermelada, publicada en su álbum «Coge el tren» (1979).
Albert King / Big Mama Thornton / Cream. «Born under a bad sign»
El renacimiento del blues clásico durante los años sesenta se vio favorecido por músicos, generalmente británicos, englobados dentro del movimiento de la psicodelia y el blues rock. Incluso podríamos hablar de un fenómeno simbiótico; artistas como Eric Clapton, Jimi Hendrix o Jim Morrison tuvieron como referentes a algunas de las grandes figuras del blues, y su repertorio está plagado de clásicos de este género; pero también hay que decir que genios como B.B. King, Muddy Waters o el protagonista de hoy, Albert King, se aprovecharon de este rock ácido, electrificado y vigoroso para renovar el blues. Albert King, sin ir más lejos, no logró adquirir fama hasta los años sesenta; su primer álbum lo publicó cuando tenía treinta y nueve y el segundo (“Born under a bad sign”, 1967), en el que se incluyó la canción homónima de la que nos ocupamos hoy, a los cuarenta y cuatro. Éste es uno de los discos de blues más conocidos e influyentes de esta época, con varios reconocimientos y premios, y cuatro o cinco canciones que son clásicos imperecederos de este estilo, como “Oh pretty woman”, “The hunter”, “Crosscut saw” o la ya mencionada “Born under a bad sign”. “The Velvet Bulldozer”, apodo con el que se le conocía debido a su envergadura, comenzó tocando la batería, aunque su faceta más conocida y destacada es la de cantante y, por supuesto, guitarrista; tocaba este instrumento con la guitarra invertida, como lo hacían la mayoría de los zurdos, aunque sin alterar el orden del encordado. “Born under a bad sign” es un tema compuesto por Brooker T. Jones y William Bell, que habla de aquellos que siempre han tenido la vida en contra, de los que han nacido con mala estrella, de los que no han logrado aprender a leer y escribir, continuamente luchando y con amigos de tan dudosa reputación como los problemas o la mala suerte; el estribillo de este tema no puede ser más irónico: “si no fuese por mi mala suerte, no tendría ninguna suerte”. Comenzamos con un directo de Albert King grabado en 1980, donde podéis leer la letra de esta canción; después pasamos a la poderosa voz de la cantante norteamericana Big Mama Thornton, que incluyó esta versión en su álbum “Stronger than dirt” (1969); y finalizamos con la que nos dejó el power trío por excelencia, Cream, en su álbum “Wheels of Fire” (1968). Se han quedado fuera otras versiones también muy interesantes, como las de Etta James, Koko Taylor & Buddy Guy, Jimi Hendrix (irreconocible) o la más melódica de la cantante de country Rita Coolidge (a partir del minuto 20:26).
Muddy Waters / Canned Heat / Rory Gallagher. «Got my mojo working»
Las grandes figuras del blues han ejercido una influencia notable en muchas de nuestras adoradas estrellas del rock. Si en otra ocasión comentaba que el tema “Little Red Rooster”, de Willie Dixon, ha sido objeto de numerosas versiones por músicos de rock, hoy podemos decir algo parecido con la canción “Got my mojo working” que, además de interpretada por grandes figuras del blues (B.B. King, Otis Rush, Etta James, Buddy Guy, etc.), ha sido versionada por artistas como J.J. Cale, Eric Clapton, Rory Gallagher, Canned Heat, Mandfred Man o Johnny Winter, por mencionar sólo algunos. Esta canción fue escrita en 1956 por Preston Foster y grabada, por primera vez, por la cantante de soul y gospel Ann Cole (ésta es su versión), aunque quien la popularizó fue Muddy Waters, incluso la adaptó y modificó su letra, lo que dio lugar a un litigio por los derechos de autor correspondientes a este tema. Muddy Waters es una de las grandes figuras del blues, es considerado como el padre del estilo “Chicago Blues” y ha tenido mucho ascendente en los pioneros británicos del R&B, del blues-rock y del hard rock; artistas y grupos como Cream, The Rolling Stones, Eric Clapton, Led Zeppelin, Jimi Hendrix o Angus Young (AC/DC) han hecho versiones de sus temas o, simplemente, han manifestado abiertamente su admiración por él. El “mojo” es un amuleto, normalmente sometido a hechizo, que suele protegerse en una pequeña bolsa de cuero; puede estar compuesto de semillas de calabaza, tierra de un cementerio o huesos de animales. Este amuleto se empleaba (me imagino que aún habrá quien lo siga utilizando) para atraer la buena suerte, conseguir los favores del ser querido, etc., siempre bajo las premisas del Hoodoo o magia utilizada tradicionalmente por la población afroamericana de los Estados Unidos. Elegir tres versiones, como podéis comprender, es complicado; la de Muddy Waters parece obligada, después os propongo la del grupo Canned Heat, acelerada y comprimida en menos de tres minutos de vibrante boogie rock, y finalmente una apuesta decididamente rockera, la del guitarrista irlandés Rory Gallagher.
Howlin’ Wolf / Willie Dixon / The Doors. «Little Red Rooster»
Hay quien defiende que los puritanismos y las censuras, lamentablemente abundantes en diferentes culturas y en tiempos no tan remotos, han sido muy positivos para la creatividad artística. Muchas canciones de blues están deliberadamente escritas de manera ambigua, para que puedan tener distintas interpretaciones en función de quien las escuche y de su deseo por trascender, o no, la superficialidad de la letra propuesta. «Little Red Rooster» no es más que una simple canción que cuenta cómo una granja está descontrolada porque el gallo rojo ya no impone su orden y el resto de los animales no lo respeta porque está cansado y ha dejado de cantar. Al menos esa es la lectura inmediata de su letra, sobre la que su autor, el gran Willie Dixon, ha manifestado que la escribió como una canción de granja y alguna gente incluso se la tomó en este sentido; la ironía no deja lugar a dudas y así lo debió de interpretar la sociedad puritana de principios de los sesenta, que hizo todo lo posible por boicotear, incluso prohibir, esta canción en las emisoras de radio. Como acabamos de comentar, fue escrita por Dixon a partir de canciones anteriores de blues de temática parecida, recogiendo así una tradición o creencia popular americana según la cual un gallo contribuye a la paz en el corral. De hecho, en algunos de estos temas se imita el sonido de los animales, algo que también se ha mantenido en ciertas versiones de «Little Red Rooster». Fue interpretada por primera vez por el cantante y músico norteamericano Howlin’ Wolf; también gozó de mucho éxito en manos de Sam Cooke, que la publicó en 1963, y de los Rolling Stones, un año después. Dejo enlaces a ambas versiones; yo, sin embargo, me voy a inclinar por la primera de Howlin’ Wolf, la del propio Willie Dixon y, finalmente, la grabada en directo por los míticos Doors. He de decir que, en esta ocasión, me ha costado muchísimo elegir el tercer vídeo ya que había muchos y muy buenos; sin ir más lejos, las versiones de Grateful Dead, The Yardbirds, Tom Petty & The Hearthbreakers, Canned Heat, Big Mama Thorton o Luther Allison son también excelentes.