B. Bumble and the Stingers / Emerson, Lake & Palmer / Trans-Siberian Orchestra. “Nut Rocker”

Entre el segundo y el tercer disco de estudio de Emerson, Lake & Palmer (“Tarkus”, 1971 y “Trilogy”, 1972) se publicó “Pictures at an Exhibition” (1971), un trabajo en directo grabado en el Newcastle City Hall (Reino Unido) el 26 de marzo de 1971. Se trata de una adaptación de la obra del mismo título compuesta por el ruso Modest Músorgsky para homenajear al artista Viktor Hartmann, fallecido a los treinta y nueve años. Tal y como nos cuentan Alberto Díaz y Xavi Martínez en su interesante libro Discos conceptuales. 150 títulos imprescindibles (Barcelona: Lenoir, 2011; págs. 42-43), “la sinfonía recrea en su totalidad una visita a una galería de arte y las emociones que producen en el espectador los diversos lienzos expuestos del susodicho Hatmann. Pudiéndose afirmar que cada movimiento corresponde a un cuadro (y los interludios, el paso de uno a otro)”. Una obra ideal para un virtuoso del piano, de ahí que Keith Emerson ya la tocara con ELP desde prácticamente los orígenes de la banda, antes de que decidieran grabarla.

La adaptación de “Pictures at an Exhibition” realizada por ELP incluye, al final, una pieza titulada “Nut Rocker”, que no pertenece a la sinfonía de Músorgsky sino a otra obra también muy conocida: el ballet “El Cascanueces”, cuya música fue compuesta por el también ruso Piotr Ilich Chaikovski. Utilizando como punto de partida la “Marcha” de esta obra, el compositor, productor y músico estadounidense Kim Fowley escribió, en 1962, una pieza rock que el empresario H.B. Barnum grabó para un pequeño sello discográfico local a través de la formación denominada Jack B. Nimble and the Quicks. Cuando Rod Pierce, empresario de la compañía Rendezvous Records lo escuchó, convenció a Fowley para volver a grabar el tema, esta vez con el grupo instrumental B. Bumble and the Stingers, formado por músicos de sesión de esta discográfica. Durante los años sesenta se grabaron algunas versiones más de esta melodía (The Kit Kats, Les Bourgeois de Calais, etc.), pero ninguna con la calidad y repercusión que tuvo la mencionada de ELP. Desde luego, Keith Emerson se luce con el clavinet (clavicordio eléctrico amplificado), pero sus compañeros tampoco se quedan atrás, más teniendo en cuenta que se trata de una grabación en directo.

Entre las versiones más conocidas de “Nutrocker” mencionaremos las ejecutadas por Los Valentinos, The Ventures, The Shadows y, por supuesto, la que ocupa el tercer lugar entre las destacadas de hoy, perteneciente a los estadounidenses Trans-Siberian Orchestra; esta metal orquesta incluyó nuestro tema de hoy en su álbum “Night Castle” (2009), con un bajista de excepción: Greg Lake.

Stratovarius. «Black Diamond»

El heavy metal es uno de los estilos musicales preferidos por los aficionados al rock y el que tal vez cuenta con un mayor número de grupos y de sub-estilos. Nacido a partir del hard rock cultivado en los años setenta, durante los ochenta evolucionó y vivió su período de esplendor. En plena fiebre grunge, el heavy metal que podríamos denominar tradicional o clásico comenzó a ceder protagonismo en favor de una serie de movimientos alternativos, a menudo fuera de los circuitos comerciales, que los especialistas en la materia han agrupado en cinco categorías: doom metal, thrash metal, death metal, black metal y power metal (aunque la clasificación metalera más «molona» es ésta). Nunca he sido muy metalero, sí muy hardrockero e, incluso, seguidor del heavy tradicional; sin embargo, estos sub-géneros que acabo de mencionar, al igual que el grunge, nunca han sido muy de mi agrado excepto algunos grupos etiquetados como power metal, más concretamente los orientados hacia el metal neoclásico y el metal sinfónico; en definitiva, aquellos que se caracterizan por los siguientes elementos distintivos:
1.- Ejecución musical muy veloz (speed metal) en la mayor parte de las canciones, pero con nitidez y sin distorsiones notables.
2.- Tono épico, tanto en las letras (fantasía, mitología, historias medievaloides, etc.) como en la ejecución musical, con veloces crescendos que posibilitan este efecto.
3.- Voces poderosas y normalmente en tonos agudos, los guturales no me van mucho.
4.- Virtuosismo y riqueza instrumental; al contrario de lo que opinan buena parte de los metaleros, para mí los teclados son importantes.
5.- Uso de elementos barrocos, neoclásicos y, en general, procedentes de la música culta y, también, del rock progresivo.
6.- Gran protagonismo de la melodía y de las construcciones melódicas con gancho y pegadizas.
Con todo, he de reconocer que me pierdo un poco en el maremágnum de grupos existentes; hay muchísimos y en prácticamente todo el Mundo, muchos de ellos en los países escandinavos, fuente inagotable de grupos metaleros. Uno de los que más me gusta es Stratovarius, banda finlandesa creada en 1984 con un nombre que no es otra cosa que la fusión de dos términos: uno procedente de la música clásica (Stradivarius) y otro del rock (Stratocaster), toda una declaración de intenciones. Su álbum tal vez más importante, para muchos una de las cumbres del power metal, es «Visions» (1997), donde destacan temas como «The Kiss of Judas» y, por supuesto, «Black Diamond», himno metalero sobre un amor imposible que comienza (y acaba) con un teclado en modo clavicordio, que ha terminado siendo una de las señas de identidad de este grupo.

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