Si tuviéramos la suerte de tener a nuestra disposición una máquina del tiempo o un dispositivo tele-transportador, como en «Star Trek», que nos permitiera realizar visitas musicales a tiempos pasados, seguro que cada uno de nosotros daría un uso bien diferente a estos improbables inventos. Os digo algunos de mis posibles viajes: Festival de Woodstock, algunos de los conciertos de Deep Purple que dieron lugar al «Made in Japan», estar presente en la grabación del documental «Pink Floyd at Pompeii», una fiesta de graduación americana como la de la película Grease, un garito lleno de humo -como el Birdland- donde escuchar a Sarah Vaughan o a Billie Holiday, o un baile de esos, muy elegantes, donde tocara cualquier big band: Glen Miller, Benny Goodman, Arti Shaw, Duke Ellington o la propuesta que nos trae Eduardo: Guy Lombardo.
«Otros de mis recuerdos más vivos es cuando recorría las tiendas de discos de Madrid en busca de algún tesoro, a menudo descatalogado y muchas veces de saldo. Una de esas tiendas era «La Metralleta», en el centro de la ciudad. Allí encontré una recopilación de éxitos de los 30 y 40 en un CD doble, que grabé en un MP3 ya obsoleto y que, sin embargo, sigo conservando. Lo solía escuchar en el metro cuando volvía del trabajo. La canción con la que se abría era ésta que os traigo hoy, la más antigua de las cinco que he seleccionado. Tiene varias versiones, pero la del disco era la de la orquesta de Guy Lombardo».
Hoy os traigo un vals de esos que se escuchan en las bodas y en las fiestas de los pueblos: «Waves of the Danube», también conocido con el título de «The Anniversary Song». Se trata de un tema compuesto, en 1880, por el músico rumano Ion Ivanovici, dedicado a Emma Gebauer -esposa del editor musical Constantin Gebauer- que, en 1926, fue utilizada por Yun Sim-Deok para componer «In Praise of Death«, según algunas fuentes la primera canción popular de Corea. De Rumanía a Corea, pasando por París donde la canción fue tocada en la Exposición Universal de 1889, «Waves of the Danube» llegó a los Estados Unidos donde la volvieron a reinventar de la mano de Al Jolson y Saul Chaplin, quienes la dotaron de letra, a la vez que el mencionado Chaplin adaptaba la partitura de Ivanovici. Al Jolson la grabó en 1947, permaneciendo catorce semanas en la lista de éxitos; a partir de entonces ha sido versionada, ya con el título que le dieron Jolson y Chaplin: «The Anniversary Song», por artistas como Dinah Shore, Guy Lombardo, Glenn Miller Orchestra, Artie Shaw, Andy Russell and Paul Weston o el guitarrista Django Reinhardt con el apoyo del grupo de jazz Quintette du Hot Club de France, ésta va a ser la primera de las versiones destacadas de hoy. «The Anniversary Song» también ha sido interpretada por cantantes como Andy Williams, Joni James y, al parecer, Frank Sinatra o Rosermary Clooney, aunque de estos dos últimos no he podido encontrar pruebas que lo corroboren. La segunda versión que recomiendo es la del batería de Traffic Jim Capaldi, con la que se cerraba su álbum de debut en solitario, titulado «Oh How We Danced» (1972); aunque a alguno de vosotros os pueda parecer un atrevimiento inadecuado, a mí se me antoja una gran versión, un ejemplo de cómo un vals puede convertirse en una pieza de rock. Para finalizar, un acercamiento al country de la mano de Willie Nelson, con su hermana Bobbie al piano, una versión incluida en su disco «Willie’s Stash, Vol. 1: December Day», publicado en diciembre de 2014.
La steele guitar es una guitarra dispuesta de manera horizontal para ser tocada sobre las rodillas, o sobre armazones de cuatro patas, normalmente con un dispositivo metálico («steel») en lugar de hacerlo con los dedos. Originaria de Hawái, empezó a ser utilizada durante las décadas de 1920 y 1930 por los músicos de blues y, sobre todo, de country, estilo donde aún se utiliza con cierta asiduidad. «Sleep Walk» es una de las piezas clásicas del surf rock instrumental concebida para steel guitar; fue compuesta por los hermanos Farina (Ann, Santo y Johnny) para el primer álbum del dúo Santo & Johnny, publicado en 1959 con el mismo título adoptado como nombre artístico por los dos Farina varones. Aunque la canción fue compuesta con letra (aquí podéis escuchar la interpretación de Betsy Brye, tal vez la primera versión cantada de «Sleep Walk»), lo cierto es que Santo & Johnny la grabaron como tema instrumental, con ese sonido tan característico de la steele guitar. Aquí dejo el original de los hermanos Farina, un interesante vídeo en el que se puede ver a sus autores interpretando esta canción. A pesar de que es posible que existan más versiones con letra, «Sleep Walk» es un tema que nace con vocación instrumental, y así ha sido entendido por un buen número de grupos y guitarristas solistas, que no han perdido ocasión para versionarla. De hecho, hoy he tenido muchos problemas para decantarme por tres versiones; bien podrían haber sido las de The Shadows, The Ventures, Chet Atkins, Jeff Beck, Joe Satriani o Brian Setzer Orchestra, ésta última premiada en los Grammy de 1998; sin embargo, aún gustándome éstas, al final he preferido dar paso a uno de los grandes guitarristas que aún no habían aparecido por aquí, el estadounidense Les Paul. La segunda versión es la de Steve Howe, el guitarrista de Yes, uno de mis músicos preferidos, grabada para el disco «Quantum Guitar» (1998); y la tercera es la de Larry Carlton, otro excelente guitarrista, habitualmente dedicado al jazz y al smooth jazz, que la incluyó en su álbum titulado «Sleepwalk» (1981). Antes de acabar, me gustaría recordar que el original de esta canción formó parte de la B.S.O. de la película «La Bamba«, y que sirvió de inspiración para el instrumental de Fleetwood Mac «Albatross» -compuesto por Peter Green- que, a su vez, fue utilizado por los Beatles en la composición de «Sun King«, del álbum «Abbey Road».
«Sombrero de Copa» (1935) es una de las películas musicales más conocidas de entre las que fueron interpretadas por la pareja formada por Fred Astaire y Gingers Rogers. El amigo Antonio, en su blog Diccineario, califica a este film de «chispeante e imborrable vodevil art-decó, dotado de auténticas joyas rítmicas surgidas de la colaboración entre Berlin y Steiner». Una de las secuencias más recordadas es la del baile entre los protagonistas al ritmo de «Cheek to cheek», haciendo alusión a esa forma de bailar, mejilla contra mejilla, que durante los años treinta tuvo muchos seguidores en las pistas de baile, aunque también muchos detractores entre los sectores más conservadores. «Cheek to cheek» fue compuesta por Irving Berlin, uno de los autores fundamentales en la construcción del cancionero norteamericano, además de productor de un buen número de películas y espectáculos de Broadway, y eso a pesar de que apenas tenía formación musical. Esta canción fue popularizada, con gran éxito, por Fred Astaire en la película que acabamos de mencionar, aunque existe una versión anterior, de 1930, debida a las Boswell Sisters. La lista de versiones, como suele ocurrir con estos temas tan populares, es muy extensa. Os animo a que digáis cuál es vuestra favorita; yo voy a mencionar las interpretadas por Count Basie, Rosemary Clooney, Billie Holiday, Peggy Lee, Stéphane Grappelli, Oscar Peterson, Sarah Vaughan, Diana Krall o Eva Cassidy, por mencionar sólo algunas. En cuanto a las tres versiones destacadas de hoy, vamos a comenzar, por orden cronológico, con la de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, grabada para el álbum «Ella and Louis» (1956), en el que colaboraron los músicos del cuarteto de Oscar Peterson. La segunda, de catorce minutos de duración, es la del saxofonista Gene Ammons, incluida en el Lp «The Big Sound» (1958), bien analizado en la web Tu Crítica Musical; en esta entrada, Adrián calificaba a esta versión de «melodía alegre y animada, con un cierto toque exótico que se encargan de aportar el saxo y la batería». La tercera está interpretada con una gran sensualidad por la estadounidense Jane Monheit, una de las mejores voces que tiene actualmente el jazz, y a quien ya tuvimos la oportunidad de escuchar a propósito de una entrada también dedicada a una canción muy cinematográfica: «As Times Goes By«; podéis encontrar esta versión de «Cheek to cheek» en su álbum «In The Sun» (2002). Para terminar, una mención a la defendida por el duo Lady Gaga – Tony Bennett, bastante reciente y que ha tenido mucho éxito de ventas.
El pasado 18 de enero fallecía Glenn Frey, uno de los pilares fundamentales de la banda californiana Eagles, a la edad de 67 años. Se inició en el mundo de la música mientras realizaba los estudios de secundaria en la Dondero High School de Detroit, su ciudad natal; allí formó su primera banda, The Disciplines, más tarde llamada The Subterraneans, el germen de otra denominada The Mushrooms, con la que llegaría a grabar, en 1966, un single con las canciones «Such a Lovely Child» y «Burned«, que podéis escuchar en sus enlaces respectivos. Tras mudarse a Los Ángeles, realizó su primera grabación profesional al frente del dúo Longbranch Pennywhistle, en 1968; es ésta la época en la que conoció a Bob Seger -colaboró con él en su primer álbum: «Ramblin’ Gamblin’ Man» (1969)- y a Jackson Browne, con quien escribiría algunas canciones, como la famosa «Take it easy«. Imbuido del espíritu hippie, fue de grupo en grupo hasta que conoció, en el club Trobadour, a Don Henley y a Linda Rondstad, quien le acabaría contratando para formar parte de su banda. Con la ayuda de esta cantante, y la incorporación de Bernie Leadon y Randy Meisner, Glenn Frey y Don Henley crearon Eagles, la banda más exitosa que ha tenido el country rock en toda su historia. Publicaron su primer álbum («Eagles») en 1972 y, un año más tarde, su segundo trabajo: «Desperado«, un álbum conceptual que no tuvo mucho tirón comercial a pesar de que es uno de los mejores álbumes de los californianos. Toma como hilo argumental a la mítica banda de forajidos del viejo Oeste conocida como Doolin-Dalton, centrándose en los aspectos humanos, en la personalidad y la vertiente romántica de estos malhechores: timbas, peleas, mujeres, alcohol, pero también asuntos como la soledad, la vida errante o la imposibilidad de enamorarse. La canción que he elegido para homenajear a Glenn Frey, escrita por él y por Don Henley, es la titulada igual que el Lp; se trata de una reflexión sobre la necesidad del amor como elemento redentor, que algunos autores han querido interpretar como una metáfora de la vida que, en aquella época, llevaban las estrellas del rock.
«Desperado» ha sido versionado por muchos y muy buenos artistas, como Linda Rondstad, Kenny Rogers, Johnny Cash, The Carpenters, Judy Collins, Neil Diamond, Clint Black, Lynn Anderson, Randy Crawford y, muy recientemente, Miranda Lambert. La tercera versión que os propongo es la de la cantante y pianista de jazz Diana Krall, incluida en su álbum «Wallflower» (2015). La segunda es una deliciosa y singular rareza; pertenece al colectivo The Langley Schools Music Project, un coro de niños involucrados en un peculiar proyecto educativo de los años setenta liderado por Hans Fenger. Este «profe hippie», como decían sus propios alumnos, acabó ganándose la confianza del claustro de profesores y les convenció para grabar un par de discos con los que poder demostrar los progresos de estos chicos. El repertorio fue elegido por los chavales, entre los grandes éxitos de aquella época (mediados de los setenta): The Beach Boys, David Bowie, The Beatles, Eagles, etc.; y la instrumentación (xilófonos, timbales y panderetas) fue ejecutada también por los niños, a excepción de la guitarra y el piano que quedaron a cargo del profesor. El resultado (aquí lo podéis escuchar) es un milagro de esos que se ven muy pocas veces en el mundo de la música, una obra limpia, emocionante y sincera.