Este blog cumple hoy su canción número cien. Muchísimas gracias a todos por haber tenido la paciencia de aguantar mis propuestas y parrafadas; y, sobre todo, por vuestra contribución, en forma de aprobaciones y comentarios, sin ella probablemente no hubiera llegado a la centena. Para celebrarlo mañana nos vamos, Bonustrack y yo, al concierto que Jethro Tull tiene programado en Madrid. En alguna ocasión he manifestado que este es uno de los grupos que están conmigo desde mi adolescencia (de esto hace ya muchos años) y, sin embargo, nunca los he llegado a ver en directo; para mi es un acontecimiento que supera lo musical, espero que me transporte a aquellos años del instituto en los que lucía mi chapita de Ian Anderson prendida en mi jersey. Como soñar es gratis, allá van los temas que me gustaría escuchar mañana: «Dharma for one», «It’s breaking me up», «A song for Jeffrey», «A new day yesterday», «Bouree», «Teacher», «Living in the past», «Driving song», «Sweet Dream», «Thick as a brick», «Minstrel in the Gallery», «Cold wind to Valhalla», «Black Satin Dancer», «Requiem», «Aqualung», «Cross-Eyed Mary», «My Good», «Locomotive Breath», «Too Old to Rock ‘n’ Roll: Too Young to Die!», «Songs from the Wood», «Hymn 43» y «Elegy». La última de esta lista pertenece al álbum «Stormwatch» (1979), para mi gusto el último gran trabajo de este grupo; a partir de aquí les perdí un poco la pista y, he de decir, que lo que he ido escuchando de ellos ya no me ha gustado tanto. «Elegy» es la única canción del disco que no está compuesta por Ian Anderson, sino por el teclista David Palmer. En esta actuación en directo, de donde está tomado el video de hoy, dedicaron este bellísimo tema instrumental a su bajista John Glascock, fallecido en 1979.
Etiqueta: Rock sinfónico
Deep Purple. «April»
Cuando un grupo como Deep Purple es creador de estilo, tiene álbumes que han sido, son y seguirán siendo referencia en el mundo del hard rock (“In Rock”, “Fireball”, “Machine Head”, “Made in Japan”, etc.) y es poseedor de un lista de canciones que, a día de hoy, son himnos para todos los aficionados a este estilo musical, pueden producirse situaciones que yo me atrevería a calificar como de injusticia musical. Digo esto porque a veces nos olvidamos que Deep Purple, antes de que definieran su estilo, también fueron pioneros en otros ámbitos musicales, como el rock psicodélico o el rock sinfónico, algo especialmente evidente en sus tres interesantísimos primeros álbumes. En 1969 publicaron “Deep Purple”, el tercer disco de su carrera, que finalizaba con una obra de arte, una joya de incalculable valor musical que ha sido sepultada por el propio curriculum vitae de este irrepetible grupo; “April” es una pieza sinfónica de doce minutos de duración, compuesta por Jon Lord y Ritchie Blackmore, articulada en torno a tres secciones: una primera de corte progresivo, francamente emocionante, una compleja parte central de música clásica (en la que se utilizan instrumentos de cuerda y viento) y un tramo final de carácter más psicodélico, que arranca con batería y guitarra para continuar con una parte cantada y un solo de guitarra final. Pocas veces los teclados de Jon Lord y la guitarra de Ritchie Blackmore han sonado de una manera tan compenetrada, emotiva y certera como en esta canción. Para quien esto escribe, “April” es una de las mejores composiciones de rock sinfónico que se han escrito y, sin embargo, no aparece en casi ninguna lista de este género.
Yes. «Mood for a day»
Hoy le toca el turno a una de mis duplas preferidas: el grupo Yes y el guitarrista Steve Howe. La canción que he elegido es «Mood for a day», incluida en uno de los mejores discos de los londinenses: «Fragile» (1971). Este álbum es, desde mi punto de vista, el primero de los grandes discos de Yes y con el que empieza su época dorada (1971-1977), con obras como el mencionado «Fragile», «Close to the Edge», «Tales from Topographic Oceans», «Relayer» y «Going for the one»; es, también, el primer álbum en el que participó el gran teclista Rick Wakeman. «Fragile» no es un trabajo compuesto de largos temas conceptuales, al más puro estilo progresivo, yo diría que es el más hard de todos sus trabajos, con un Chris Squire (al bajo) sensacional. Da también la sensación que el propio grupo era consciente que iniciaba una nueva etapa; «Fragile» está estructurado con una serie de temas en los que participa todo el grupo y cuatro canciones donde cada uno de los cuatro músicos se lucen como solistas, prácticamente como si fuera una carta de presentación. «Mood for a day» es el tema de Steve Howe, un trabajo inicialmente grabado con guitarra española, con sabor de música clásica y flamenca que, a menudo, es utilizado como pieza para enseñar a tocar la guitarra.
King Crimson. «Epitaph»
Los detractores del rock progresivo a menudo lo suelen tildar de estilo frío y alambicado, en el que la componente virtuosa y cerebral está por encima de la pasional. He de confesar que, en algunas ocasiones, tengo que coincidir con estos análisis, cosa que me da rabia, más que nada porque es uno de mis estilos preferidos. Sin embargo, creo que esta generalización es injusta; un ejemplo de ello es “Epitaph”, perteneciente a “In the Court of the Crimson King” (1969), el primer álbum de los británicos King Crimson; se trata de una poética, triste y emocionante reflexión sobre la naturaleza humana, que el grupo liderado por Robert Fripp supo dotar de una atmósfera musical única, en la que el mellotron se convierte en el aliado perfecto de esta deprimente y, a la vez, maravillosa obra de arte.
El Cruce. «Despertar»
El otro día me puse a escuchar el primer disco del grupo chileno El Cruce, editado en 1999. “Peaceco” es un excelente álbum de blues, cantado en español, que se despide con “Despertar”, un onírico y enigmático tema compuesto por Felipe Toro –cantante, guitarrista y principal compositor de la banda- que aún me tiene cautivado. La primera mitad de la canción contiene elementos sinfónicos y psicodélicos –recuperados también al final del tema-, un poco en la línea de The Doors -al menos yo tengo esa sensación-; hacia la mitad se despierta de su letargo, azotada por un largo y estimulante riff de guitarra, que acaba gobernando el resto de esta intrigante y trascendente composición.