Las Cinco Canciones de Juanlu (II): “Dolores se Llamaba Lola” (Los Suaves)

La canción de hoy es uno de los himnos rockeros patrios, un tema de esos que más que escucharse se canta como si te fuera la vida en ello, sobre todo en fiestas y reuniones de enseñoreo etílico. Para unos alumnos de bachillerato, internos de lunes a viernes, encontrarse con Los Suaves y «Dolores se llamaba Lola» debió ser como una bendita provocación venida del cielo; el cambio de letra parecía cantado: «Fuiste el colega de BUP en el colegio de Frailes…» Así nos lo cuenta Juanlu.

«En 1988 fui interno al Colegio de Lekaroz porque no podía seguir bien las clases del cole francés y el BUP a distancia, con lo cual lo hablamos en casa y preferí irme interno y estar los fines de semana en casa de mi tío. Allí todos eran uno o dos años mayores que yo y tuve que espabilar a toda hostia, pero la experiencia fue muy buena, con sus altos y sus bajos, pero muy buena, sobre todo porque escuchábamos muchísima música y traficábamos con cintas entre nosotros. El cura nos pedía cintas para despertarnos por la mañana por los altavoces, siempre se las pedía a uno de Vitoria, el Txino, que escuchaba Metallica y Megadeth, imaginaos los despertares. Un día mi colega Joseba Zubia, de Eskoriatza, vino a mi cuarto y me dijo: ¡Azanza, mira como mola esta cinta que me ha dejado uno de COU! Enchufamos a tope el radiocasete y empezamos a cantar como locos: «Fuiste la niña de azul en el colegio de monjas…» Le cambiamos la letra a «Fuiste el colega de BUP en el colegio de Frailes…» Fue nuestro maldito himno y no había noche que no la escucháramos. AC/DC y Ramones también me acompañaron muchísimo durante esa época pero nunca olvidaré ese riff brutal que me recordará toda mi vida a aquel internado baztanés».

 

Leño. «Castigo»

A veces, los recuerdos que más perduran no tienen nada de extraordinario: unos amigos del barrio, unas litronas y el primer disco de Leño sonando en un cutre-casete mono que, a su vez, reproducía una cinta reciclada grabada con el viejo sistema de tapar con una bolita de papel los huecos de la carcasa. El primer trabajo de Leño fue publicado por el sello Chapa/Zafiro en 1979 aunque, en mayo de 1978, ya habían colaborado en el proyecto discográfico «Rock del Manzanares ¡¡Viva el rollo!! volumen 2». El grupo se había formado unos meses antes, a raíz de un suceso ocurrido el 31 de diciembre de 1977 en el madrileño Parque de Atracciones. Ese día compartían cartel Coz y Ñu; lo cierto es que, por una serie de malentendidos, las relaciones entre ambos grupos no eran muy buenas y, para desesperación de José Carlos Molina -líder de Ñu-, el equipo de sonido de su grupo era birrioso en comparación con el de Coz. Tras la prueba de sonido, Molina se negó a tocar con aquel equipo, salió al escenario, dio las buenas noches y se fue; todo ello ante la desesperación del público que, según su mánager -Javier Gálvez-, no paraba de tirar botellas al escenario y de amenazar con destrozarlo todo, y de su compañero Rosendo Mercado que, cansado de la actitud provocadora, habitual en Molina, decidió crear otro grupo junto con Chiqui Mariscal (bajo) y Ramiro Penas (batería). Leño hizo su presentación oficial el 12 de febrero de 1978 en el Teatro Alcalá de Madrid, con Asfalto como estrellas de aquella noche. Desde entonces desarrollaron un estilo bien definido que algunos, de manera despectiva, llamaron «rock proletario», «rock macarra», «rock marginal» o «rock de cloaca»; otros, más respetuosos, han comparado sus letras con el neorrealismo italiano. En cuanto a lo musical, ayudaron a construir el rock urbano desde el hard rock con álbumes, como «Más Madera» (1980), «En Directo» (1981) o «¡Corre, corre!» (1982), que son símbolos de toda una generación. Como comentaba líneas arriba, antes de estos trabajos publicaron «Leño» (1979), un Lp con elementos psicodélicos y progresivos (abandonados en sus siguientes discos), especialmente remarcables en algunas canciones como «La nana» o «Castigo» que, en opinión de Ramiro Penas, «tiene el solo más largo que se ha hecho en España en un tema»; al parecer, Rosendo siempre se negó a tocarlo en directo.

Asfalto. «Días de Escuela»

La historia del grupo madrileño Asfalto se remonta a 1972, aunque no disponen de una primera formación estable hasta 1975. Tras un homenaje a los Beatles (no figura en su discografía, aunque yo, en su momento, pude hacerme con este trabajo), publican su primer álbum (“Asfalto”, 1977), en el que se incluyen canciones tan conocidas como “Capitán Trueno”, “Rocinante” o, la elegida para hoy, “Días de Escuela”. El estilo de este mítico Lp fluctúa entre el rock urbano y el progresivo, una circunstancia que, probablemente, propició la ruptura del grupo, del que salieron José Luis Jiménez y Lele Laina para crear, inmediatamente, otra de las bandas importantes que tuvo el rock madrileño durante los años previos a “La Movida”: Topo (hace unos meses me ocupaba de este grupo y de su tema “Mis Amigos”). Mientras que Topo optó, claramente, por el rock urbano, Asfalto fue incrementando su gusto por el progresivo, algo especialmente evidente en sus siguientes trabajos. “Días de Escuela” es un claro ejemplo de esa conjunción de intereses, entre el concepto aguerrido de Topo y el más elegante de Asfalto; el resultado es esta historia, que cuenta cómo eran aquellos años (allá por los 60’) en los que los alumnos formaban “frente a una cruz y a ciertos retratos” y donde los himnos fascistas aún estaban presentes, una época de leche en polvo, queso americano y estufas que no calentaban “ni a Dios”. Dedicada a todos/as los que son padres y madres: “Y ahora tú qué pensarás, si cuando más me oprimían más amé la libertad. Y es a ti a quién canto hoy. Enseña a tu hijo, enseña a tu hijo a amar la libertad”.

Miguel Ríos. «Un caballo llamado muerte»

El sábado pasado uno de nuestros rockeros patrios más destacados, Miguel Ríos, cumplió setenta años, ¡Muchas felicidades y enhorabuena por haber llevado toda una vida dedicada a la música! Mis ojos, mis oídos y mi corazón aún recuerdan aquel Rock & Ríos que tuve el privilegio de disfrutar en un pueblo de Ávila, durante un verano que, para mí, estuvo marcado por aquel increíble acontecimiento; si queréis ver el concierto entero, lo podéis hacer desde el blog de Salva (Mentalparadise). Desde aquí os propongo -como siempre- una canción: «Un caballo llamado muerte», tema escrito por el guitarrista Javier Vargas y el propio Miguel Ríos que, inicialmente, fue publicado en el álbum «Los viejos rockeros nunca mueren» (1979). Desgraciadamente, la heroína fue protagonista durante la España de la Transición; fue generadora de marginalidad, inseguridad ciudadana y, lo más grave, de muerte y frecuentes situaciones de desastre familiar: «No montes ese caballo, «pa» pasar de la verdad, mira que su nombre es muerte, y que te enganchará. Es imposible domarlo, desconoce la amistad, es un caballo en la sangre, que te reventará». Ya sabéis que, de vez en cuando, me gusta mostrar canciones de rock con fuerte compromiso social, más que nada para callar la boca de todas aquellos que piensan que este género es una música de descerebrados, drogadictos viciosos y pecadores condenados al abismo del infierno (bueno, esto último es posible que sea verdad).

Cucharada. «Social peligrosidad»

Hubo una época -no muy lejana- en que existió una «Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social», que establecía multas y penas, de hasta cinco años de internamiento, para aquellos que practicaran la mendicidad, el vandalismo, el tráfico y consumo de drogas, la homosexualidad, la pornografía, la prostitución, incluso la inmigración ilegal o cualquier asunto considerado moral o socialmente peligroso a ojos del Régimen. Aunque modificada durante la Transición, esta Ley no fue derogada hasta finales de los ochenta y, de manera definitiva, en 1995. En otras ocasiones he comentado la importancia que tuvo el rock urbano como instrumento de protesta social; si otros días me ocupé de grupos como Topo o Extremoduro, hoy le llega el turno a Cucharada, una banda formada en Madrid, en 1977, que se dio a conocer gracias al tema «Social peligrosidad», un crítica rockera a la Ley comentada anteriormente. Algunos miembros de Cucharada, entre ellos Manolo Tena, acabarían creando, en 1983, otro grupo bien conocido: Alarma!!!