Sabicas y Joe Beck. “Zambra”

El flamenco y el rock convivieron en armonía durante la España de los años setenta, gracias al esfuerzo realizado por bandas como Smash, Gong, Triana, Alameda, Cai, Imán Califato Independiente o Mezquita, por mencionar sólo algunas de las que intervinieron en aquel movimiento inolvidable, conocido como rock andaluz. Hoy os quiero hablar de un disco, “Rock Encounter”, que de alguna manera puede considerarse como un antecedente del rock andaluz; un álbum buenísimo que, sin embargo, no fue del agrado de sus autores: el guitarrista flamenco Sabicas y el guitarrista de jazz Joe Beck, de hecho, fue grabado en 1966 y publicado en 1970, lo que nos puede dar una idea de las dificultades que tuvo este álbum para salir al mercado, probablemente debido a la tormentosa relación que mantuvieron los dos guitarristas durante la grabación de este trabajo.

Agustín Castellón Campos, conocido en los ambientes flamencos como “Sabicas” -deformación de la palabra “habicas”, es decir, habas pequeñas- fue un guitarrista nacido en Pamplona, en 1912, que está considerado como el gran impulsor del flamenco fuera de nuestras fronteras y, también, el que consiguió dotar a la guitarra flamenca de un protagonismo no conocido hasta entonces. Su estilo pulcro y afinado le abrió las puertas a la fusión con otros estilos, y preparó el camino a otros guitarristas flamencos que quisieron utilizar este instrumento para algo más que acompañar cante y baile. Sin ir más lejos, Paco de Lucía siempre le ha considerado un maestro, y ha reconocido esta influencia en su manera de concebir el flamenco y de tocar la guitarra. Sabicas desarrolló gran parte de su carrera profesional en Estados Unidos, tras su paso por Argentina y México, después de que abandonara España durante la Guerra Civil.

Joe Beck, más joven que Sabicas, nació en 1945, en Filadelfia (EE.UU.), aunque se formó como guitarrista de jazz en Nueva York, donde compartió escenarios y experiencias vitales, siendo muy joven, con figuras de este género como Miles Davis, Monty Alexander, Kenny Burrell, Wes Montgomery o Gil Evans. Además de publicar sus propios discos, trabajó como guitarrista de sesión y arreglista musical para artistas tan diferentes como Louis Armstrong, Duke Ellington, Larry Coryell, Frank Sinatra, Gloria Gaynor, Gabor Szabo o Buddy Rich, por mencionar algunos.

Rock Encounter” se grabó en los estudios A&R de Nueva York, con una formación de lujo: Sabicas (guitarra flamenca), Joe Beck (guitarra eléctrica), Diego Castellón -hermano de Sabicas- (guitarra española), Tony Levin -el mismo que formaría parte de King Crimson- (bajo), Donal McDonald (batería), Warren Bernhardt (teclados) y Domingo Alvarado (cante). Aquí podéis escuchar el Lp entero (os lo recomiendo) pero, para que os hagáis una idea de lo bueno que es este álbum (no quiero ni pensar cómo habría quedado si se hubieran entendido), os propongo el tema titulado “Zambra”, mi preferido y, tal vez, el corte en el que se aprecia mejor la fusión de estilos. Y digo esto porque los otros temas, aún siendo muy buenos, en ocasiones se evidencia una cierta inmiscibilidad en sus propuestas musicales.

María Dolores Pradera / José Feliciano / Los Relámpagos. “Dos cruces”

Carmelo Larrea (1908-1980) fue un compositor español de música popular, autor de temas tan conocidos como “Camino verde” o “Dos cruces”, nuestra canción de hoy. Tal y como nos cuenta Manuel Román en su libro Bolero de amor. Historias de la canción romántica (Lleida: Milenio, 2015), nació en Bilbao, donde comenzó a ganarse la vida durante su adolescencia en una tienda de bicicletas, como payaso en un circo y en otros menesteres alejados de su formación musical -fue alumno de Jesús Guridi en la Sociedad Filarmónica de Bilbao-. Finalizada la Guerra Civil, se estableció en Sevilla, donde trabajó como saxofonista en el tablao flamenco “Las Cadenas”, situado en el barrio de Santa Cruz. Allí se enamoró de la gitana Manolita Cruz -a quien ya había dedicado el pasodoble “Manuela Cruz”- y también de su hermana Rosa; según Manuel Román, “no sabía a que carta quedarse”. En estas enamoradizas circunstancias, hacia 1952, Carmelo Larrea compuso una de las piezas más conocidas del cancionero español: “Dos cruces”.

Cantó por primera vez esta canción, bajo el título inicial de “Soledad”, en Madrid, ciudad a la que solía acudir para actuar en locales como “Alazán”; pero no lo hizo allí, sino en el concurso de Radio Nacional de España “El Tribunal de la Canción”, con Jorge Gallarzo como intérprete. Las primeras grabaciones de este tema, del año 1952, fueron las del mencionado Jorge Gallarzo y la de las Hermanas Lombide, aunque por aquella época también la cantaban Nati Mistral y María Dolores Pradera, ésta última en la boîte Alazán, cuando este local era frecuentado por Carmelo Larrea. Ésta es nuestra primera versión destacada de hoy, concretamente la recogida en un EP de la madrileña publicado en 1962. Tres años después, fue incluida en el disco de José Feliciano “The Voice and Guitar of José Feliciano” (1965), con algunos cambios en la letra y un arreglo diferente del utilizado hasta entonces para esta melodía. Para completar la terna, os propongo la inolvidable versión instrumental del grupo de pop-rock Los Relámpagos, con un ritmo más rápido y ese característico sonido de guitarra de la formación madrileña; al igual que la de Feliciano, fue publicada en 1965, en su álbum titulado “Los Relámpagos”. Os dejo otras versiones, por si os gustan más que las que yo he elegido; por ejemplo, las de Caterina Valente, Los Tres Diamantes, Luis Mariano, Jorge Sepúlveda, Los Panchos, Los Sabandeños, Los Pájaros Locos, Milton Nascimento, El Consorcio, Diego “el Cigala”, Roberto Alagna, Niño de Murcia, Manolo Leiva, Angelillo, Miguel de Molina, Antonio Molina o Felipe Campuzano.

Carmelo Larrea (1908-1980)

Benny Goodman & His Orchestra (con Helen Forrest) / Trío Los Panchos / Dave Brubeck Trio. “Perfidia”

Alberto Domínguez Borrás (1906-1975) fue un compositor mexicano -socio fundador (1945) de la Sociedad de Autores y Compositores de México-, nacido en San Cristóbal de las Casas (Chiapas -México-), en el seno de una familia numerosa de dieciocho hermanos. Según nos cuenta su hija Alma Domínguez, en una entrevista realizada por Jacquelin Ramos para la web siempre.mx, su padre (Abel Domínguez) era profesor de piano y su madre (Amalia Borraz [sic]) fue nieta del creador de la marimba de doble teclado. Integrado en ese ambiente musical, es comprensible que Alberto Domínguez ya compusiera canciones a los ocho años; luego estudio piano en la Escuela Libre de Música y, a los dieciocho, ingresó en el Conservatorio Nacional de Música de México, lo que le permitió viajar a Europa para dar una serie de conciertos junto a sus compañeros, situación que aprovechó para encontrar trabajo como pianista de jazz latino. Es autor de dos canciones, “Perfidia” y “Frenesí”, que han trascendido estilos y fronteras, aunque su hija alma nos recuerda otros temas de su padre, quizás no tan conocidos, como “Humanidad”, “Mujer sin corazón”, “Me dejaste”, “Desesperación”, “Te voy a robar”, “Infierno”, “Dos almas”, “Canción criolla” o “Di que no es verdad”. Sus canciones tuvieron tanto éxito, sobre todo las dos citadas al principio, que Glenn Miller calificó a Alberto Domínguez como “el musicalizador de la II Guerra Mundial”.

Perfidia” es un bolero, compuesto en 1939, que cuenta con muchísimas versiones, la mayor parte de ellas en inglés (con letra de Milton Leeds), español e instrumentales, de ahí que hoy os proponga una interpretación correspondiente a cada una de estas categorías. Dado que el tema, desde muy pronto, tuvo una gran aceptación en los Estados Unidos (inolvidable su inclusión en la película «Casablanca«), en primer lugar, os sugiero que escuchéis la versión de Benny Goodman & His Orchestra (con Helen Forrest como cantante), de 1941; después, la clásica del Trío Los Panchos, cantada en español y publicada en 1951, al igual que la tercera destacada de hoy, la instrumental de Dave Brubeck Trio. Las primeras grabaciones de esta canción creo que son las de la Orquesta de los Hermanos Domínguez (instrumental), la de Xavier Cugat (instrumental) y la de Lupita Palomera con La Lira de San Cristóbal (en español), las tres de 1939. Después se siguieron publicando más; por ejemplo, las de Elvira Ríos con la Orquesta de José Morand (1940), Dave Apollon (1941), Edith Lorand (1941), Glenn Miller (1941), Dorothy Lamour (1945) o Bruno Pallesi (1951). Posteriores a la del Trío Los Panchos son la de Nat King Cole (muy conocida), Los Sabandeños, María Dolores Pradera, Bruno Lomas, Linda Rondstad, Paul Weston, Luiz Bonfá, Ellis Larkin, Pérez Prado, Tito Puente, The Ventures, The Shadows, Bert Weedon, Paco de Lucía, Los Indios Tabajaras, Café Tacvba, Donna Hightower, Cliff Richard &The Shadows, Ben E. King, Julie London, Luis Mariano o The Hillbilly Moon Explosion, aunque hay muchas más. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, el bolero es un género que habla del amor y, más frecuentemente, del desamor, en el que no existe frontera entre lo gozoso y lo doloroso. También es un tipo de canción fuertemente imbuida del orden y los valores de antaño, esencialmente machistas; por ejemplo, en el tema que nos ocupa, la mujer es el origen de los males amorosos que atormentan al varón: es promiscua, cruel y probablemente incapaz de hablar con Dios.

Antonio Machín / Orquesta Platería / Bebo & Cigala. «Corazón loco»

“El más cubano de los españoles y el más español de los cubanos”. Esta frase célebre es la que acompañó al cantante Antonio Machín, cubano de nacimiento y español de corazón, durante toda su vida. Nació en Sagua la Grande, el 11 de febrero de 1903, en el seno de una familia pobre compuesta por una quincena de hermanos. De padre emigrante gallego y madre afrocubana, desde joven ya mostró interés por el cante, actividad que alternaba (en cines, teatros e iglesias) con el trabajo de albañil, incluso llegó a enrolarse con músicos ambulantes en más de una ocasión. Tras desechar la idea de formarse como barítono (comprendió que, siendo negro, apenas habría papeles para él), se trasladó a La Habana para actuar en cafés y locales hasta que le contrataron para cantar en la orquesta de Justo Ángel Azpiazu, lo que le llevó a ocupar espacios habitualmente reservados para la burguesía criolla, como el Casino Nacional de La Habana. Dejó Cuba en 1930 y no regresaría hasta 1958; primero estuvo en Nueva York y, con posterioridad, en Londres, París y Suecia, hasta que llegó a España tratando de huir de la II Guerra Mundial. En Sevilla vivía uno de sus hermanos; allí se casó, en 1943, y allí está enterrado, en el Cementerio de San Fernando. Sin embargo, falleció en Madrid (04/08/1977), ciudad que lo acogió y donde vivió la mayor parte del tiempo que estuvo en España. El éxito le llegó con el tema “Angelitos negros”, después vendrían otros como “Toda una vida”, “Dos gardenias” o “Corazón loco”, nuestra canción de hoy.

Este bolero fue compuesto por Richard Dannenberg y, si no estoy equivocado, grabado por primera vez por la orquesta de Bobby Capo (con Tito Puente), en 1968. Un poco más tarde (en 1969) vendría la conocida versión de Antonio Machín, y después otras, como las del Trío Los Antares, Los Tres del Río, La Vieja Trova Santiaguera o Mayte Martín, ésta en clave jazz. Para dar réplica a Antonio Machín, he optado por dos interpretaciones bien diferentes: la de la Orquesta Platería, incluida en el primer disco de los catalanes (“Orquesta Platería”, 1978); y la de Bebo & Cigala, que formó parte de su disco “Lágrimas negras” (2003), un excelente álbum, en el que confluyen el flamenco, el jazz y los ritmos latinos, al que ya nos hemos referido a propósito de la canción titulada igual que el disco. Por cierto, ésta no es la primera versión aflamencada de esta canción, ya lo hizo antes Bambino, en el año 1974. De su letra mejor no hablamos, aunque puede resultar divertido ver cómo se ponen de acuerdo (aunque con argumentos diferentes) los colectivos feministas y los defensores de la moral cristiana.

Antonio Machín (1903-1977)

Gato Pérez. “Gitanitos y morenos”

Xavier Patricio Pérez Álvarez, más conocido como Gato Pérez, nació en Buenos Aires (Argentina), el 11 de abril de 1951. Llegó a España siendo aún un adolescente; se instaló con su familia en Barcelona, en un momento cultural especialmente interesante para esta ciudad. Acabó incorporándose al movimiento conocido como música layetana, establecido en torno a la Vía Layetana y la sala Zeleste, un entorno en el que la música fue protagonista (en esta entrada hablábamos de ello). Según nos cuenta Àlex Gómez-Font en su libro Barcelona, del rock progresivo a la música layetana y Zeleste (Lleida: Milenio, 2011; pág. 103), el término “música layetana” u “Ona laietana” fue sugerido por Gato Pérez, tras acudir a un concierto de Jaume Sisa: “El concierto de Sisa le hizo caer en la cuenta de que estaba surgiendo un interesante movimiento musical en torno a Zeleste y todo lo que era la Vía Layetana, una zona donde se respiraba un ambiente de fiesta y libertad”. Tras experimentar en grupos de country-rock como Slo-blo y de jazz-rock como Secta Sónica, Gato Pérez descubrió la rumba catalana en las fiestas de Gracia de 1977 y, a partir de entonces, abandonó sus proyectos anteriores para centrarse en este género, hasta entonces dominado por figuras como Peret o Antonio González “El Pescaílla”. Su primer álbum se tituló “Carabruta” (1978), el segundo “Romesco” (1979) y el tercero -tal vez el más conocido y exitoso de este artista- “Atalaya” (1981), en el que se incluyó nuestra canción protagonista de hoy. Aunque tal vez con menor repercusión, continuó grabando discos, con su salud seriamente amenazada por un infarto sufrido en 1981; falleció el 18 de octubre de 1990, cuando tan sólo tenía treinta y nueve años, a causa un nuevo infarto agudo de miocardio. Gato Pérez dignificó y revitalizó la rumba catalana, sometiéndola a un mestizaje enriquecedor y poético; en palabras de Àlex Gómez-Font,

“Gato cogió este género, lo renovó totalmente y lo vistió con un lenguaje nuevo. Entre sus aportaciones destacan las letras, que hablan de cosas cotidianas, a la vez que incorpora todo lo referente al mestizaje, canta a la Barcelona cosmopolita y compone unas letras que son auténtica poesía. En el aspecto musical la rumba se viste con matices más eléctricos con la aportación de músicos como Agustí Fernández, giros más latinoamericanos y podríamos añadir que la fusiona con el rock y, en menor medida, con el bolero”

Àlex Gómez-Font, Álex. Del rock progresivo a la música layetana y Zeleste. Lleida: Milenio, 2011; págs. 121-122.

Y que mejor tema para recordar a este músico que “Gitanitos y morenos”, incluido en el ya mencionado “Atalaya”, producido por Ricardo Miralles, arreglista habitual de Joan Manuel Serrat. Según nos cuenta Ramón González en la web La Fonoteca, esta canción fue compuesta por Gato Pérez y Paco Gijón a partir de una anécdota del músico cubano Mayito Fernández, quien solía asociar el talento musical con el color de la piel. No puedo acabar sin recomendaros la versión de “Gitanitos y morenos” a cargo de La Orquesta Platería, otra de aquellas bandas que poblaron la ecléctica y multicultural escena layetana.