Badfinger / Harry Nilsson. «Without you»

Los que seguís estos miércoles de versiones ya os habréis percatado que, lejos de venerar los originales como si fueran objetos sacros, me gustan las propuestas atrevidas, aquellas que nos muestran otros puntos de vista musicales y nuevas posibilidades para esos temas de toda la vida, a menudo interpretados de manera encorsetada y poco creativa. Sin embargo, siempre deberíamos tener a nuestro alcance la copia maestra, con el objeto de no degradarla demasiado y convertirla en algo completamente diferente de lo que fue la idea original. En ocasiones, se hacen versiones a partir de versiones, nuevas versiones a partir de éstas y así sucesivamente. El resultado suele ser un producto de difícil digestión, generalmente pensado para las listas de éxitos. Un ejemplo de esta situación lo tenemos con la conocidísima «Without you», publicada por primera vez en 1970 por el grupo galés Badfinger y compuesta por dos de sus miembros, Peter Ham y Tom Evans. Apareció en su álbum «No Dice«, un excelente trabajo de pop-rock con aroma Beatle que, para muchos, es el inicio del power-pop. El tema pasó relativamente desapercibido hasta que Harry Nilsson se fijó en él, lo incluyó en su álbum «Nilsson Schilsson» (1971) y lo convirtió en éxito, de hecho se mantuvo en el número uno durante varias semanas en Estados Unidos y Reino Unido. A partir de ese momento empezaron a aparecer versiones, siempre utilizando como referencia la de Nilsson; así, por ejemplo, se publicaron las de Shirley Bassey, Andy Williams, Cilla Black, Melissa Manchester, Brotherwood of Man, etc. Pero el espaldarazo definitivo se produjo en 1993, tras la grabación de Mariah Carey; esta canción la encumbro y, de paso, se convirtió en el espejo para muchas chicas que querían ser cantantes y que se presentaban a concursos televisivos. Me encanta el original de Badfinger; las guitarras, las voces contenidas, la sobriedad melódica y su elegancia instrumental. También me gusta la versión de Harry Nilsson, con ese piano y la presencia protagonista de su voz. Pero no me gusta la de Mariah Carey, ni las versiones que se han basado en ella; siempre me ha parecido una propuesta plana, sin apenas riqueza instrumental y donde la voz lo ocupa todo, como si en lugar de una canción estuviéramos presenciando un ejercicio de prestidigitación vocal. Tal vez podría haber elegido una tercera versión, quizás las de Heart Air Supply sin embargo hoy prefiero salir sólo con dos vídeos, como protesta simbólica por el maltrato que ha sufrido esta canción y por el olvido al que se ha condenado a Badfinger.

Pistones. «El Pistolero» / «Metadona»

Pistones es una banda madrileña, creada hacia 1980 y liderada por el cantante y guitarrista Ricardo Chirinos, que construye su nombre a partir de los de «Sex Pistols» y «Ramones. Sus primeras maquetas se escucharon en algunas emisoras de radio, lo que les permitió actuar en locales como El Jardín o Marquee-Madrid; en 1982 consiguieron el apoyo de Paco Martín, quien les acabaría publicando sus primeros mini-Lps en la compañía discográfica MR, propiedad de él mismo y de su socio Julio Ruiz. No pudieron grabar un álbum de larga duración hasta 1983, cuando publicaron «Persecución«, su mejor trabajo y uno de los discos emblemáticos del pop-rock español de aquella época. Fue producido por Ariel Rot (Tequila) y cuenta con un puñado de excelentes canciones de pop enérgico, que recuerdan en algo a las de la primera etapa de Los Secretos, pero más vigorosas, mucho más cercanas al power pop que a la new wave; temas como «Persecución», «El Pistolero», «Lo que quieres oír», «Nadie» o «Metadona» hacían presagiar una brillante carrera llena de buenos discos y de éxitos. Lamentablemente no fue así; su siguiente trabajo, «Canciones de lustre», fue grabado tres años después de “Persecución”, sin demasiada motivación y prácticamente obligados por la discográfica. Como ha reconocido el propio Juan Luis Ambite, bajista del grupo, no supieron digerir bien la fama: «Canciones de lustre no fue un disco muy acertado. Habíamos tenido una brecha de tres años sin grabar porque, después del éxito, Ricardo Chirinos se fue a la mili, a Alicante, y se le fue la olla. De algún modo nos creímos lo de la fama y lo pagamos (…) a Ricardo se le olvidó que existía Madrid. Cuando por fin volvió debíamos varios discos a Ariola. Grabamos muy de repente» (Dominguez, Salvador. Los Hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 667). Se separaron en 1987, cinco años después se volvieron a unir para grabar «Entre dos fuegos» y, según tengo entendido, muy recientemente han vuelto a los escenarios. «El Pistolero» fue su tema estrella y, tal vez, la canción más singular del álbum, tanto en lo relativo a ritmo como a letra; el segundo tema que os propongo es mi preferido, «Metadona» es una historia enigmática, claustrofóbica, vertiginosa y opresiva, cuyo título no sé si es una metáfora o una alusión directa a aquella España de los ochenta, marcada por la heroína y los planes de desintoxicación a base del opiáceo sintético metadona. Aquí os dejo, también, una versión de “Metadona” en directo.

¡Bienvenida al Mundo, Rita! Rita Lee. «In my Life»

“Tenía dos padres y tres madres muy felices, y mis hermanos (y mis cuñadas) estaban casados y sus matrimonios funcionaban muy bien (…) Una vez estuve a punto de casarme pero uno de los novios se rajó y yo no estuve dispuesto a cargar solo con dos mujeres y otro tipo que era bi (…) Las chicas se casaron entre ellas y formaron poco tiempo más tarde un matrimonio de tres lésbico”. Esta cita pertenece a una de las obras fundamentales de la ciencia-ficción española, Lágrimas de Luz, de Rafael Marín, publicada por primera vez en 1984, en una época en la que plantear una crítica como ésta al concepto de familia monoparental, y al disfrute del sexo sin tabúes, era algo casi necesario después de cuarenta años de dictadura franquista. En el modelo de familia pluriparental que nos plantea Rafael Marín no parecería descabellado que los niños pudieran contar con ocho, dieciséis o veinticuatro abuelos; de hecho, hoy día ya son bastante habituales las familias con seis u ocho abuelos, reestructuradas a partir de las separaciones matrimoniales y de los emparejamientos posteriores. Yo pertenezco a una de esas familias, en las que, como por arte de magia, se puede llegar a ser abuelo sin haber sido antes padre. Ya he visto nacer a dos nietos adorables –Olivia y Mario- que, desde luego, no saben distinguir entre un abuelo de sangre y un abuelo putativo. Hoy ha nacido Rita, muy lejos de España, en la brasileña ciudad de Sao Paulo, por lo que ya sumo tres nietos, lo que no está nada mal para un “no-abuelo”.

Teniendo en cuenta que esto es un blog de música, al principio pensé en canciones, como “Lovely Rita” (Beatles), «A Rita» (Chico Buarque) o “Rita” (Hombres G), que pudieran servir para festejar este momento; también traté de repasar las cantantes que conozco con ese nombre: la italiana Rita Pavone, la jamaicana Rita Marley, la estadounidense Rita Coolidge, la portuguesa Rita Guerra o, incluso, la propia Rita Hayworth que, aunque doblada por Anita Ellis, se prestó a interpretar un par de conocidísimos temas en la película “Gilda”. Sin embargo, tenía que ser la brasileña Rita Lee; Nacho, el padre de la pequeña Rita, nos explicó hace muy poco que, para Caetano Veloso, “la esencia de Sao Paulo se encuentra resumida en Rita Lee”, un verdadero símbolo afectivo y cultural de aquel país. “In my Life” es una nana pop que John Lennon escribió evocando su infancia y en la que trató de reflexionar sobre su pasado. Su letra se presta a diferentes interpretaciones; estoy seguro que Isa y Nacho sabrán hacer suyo este tema y, más aún, si lo canta Rita Lee (aquí podéis escuchar otra versión de esta canción en portugués).

«Hay lugares que recordaré toda mi vida,
aunque algunos han cambiado.
Algunos para siempre, no para mejor,
algunos se han ido y algunos permanecen.
Todos esos lugares tienen sus momentos
con amantes y amigos que aun puedo recordar.
Algunos han muerto y algunos viven,
en mi vida los he amado a todos.

Pero de todos esos amantes y amigos
no hay nadie que pueda compararse a ti.
Y estos recuerdos pierden su sentido
cuando pienso en el amor como algo nuevo.
Aunque sé que nunca perderé el afecto
por las personas y cosas que estuvieron antes,
sé que a menudo pararé y pensaré en ellas,
en mi vida te amo más a ti».

Antonio Flores / La Guardia / Rosendo. «No dudaría»

A comienzos de los ochenta Lola Flores continuaba siendo una de nuestras folclóricas de más éxito; buena parte de los españoles de aquella época la adoraban, creo que por su temperamento, su entrega en el escenario y, tal vez, por representar cierto concepto anticuado de lo español. También conocíamos a su hija mayor, Lolita, cuyo primer single (“Amor, amor”) fue todo un éxito; parecía seguir la estela de la madre, aunque con un estilo más cercano a la canción melódica que a la copla. Un día vi aparecer en la tele al único hijo varón de La Faraona, Antonio Flores; alguien de mi familia, probablemente mi madre, dijo que había oído hablar de él, que también cantaba aunque era hippy, rockero o algo por el estilo. La verdad es que su aspecto no tenía nada que ver con el de su madre y su hermana mayor; tenía unos 19-20 años, llevaba el pelo largo y, efectivamente, iba vestido de modo hippy-rockero, además salía con su guitarra y cantando el conocido tema “Pongamos que hablo de Madrid”, de Joaquín Sabina. A mi me agradó mucho (a mi madre no tanto, no se le veía el “quejío” flamenco por ningún lado), así que me enteré que había sacado su primer disco (“Antonio”, 1980), en el que también se incluía “No dudaría”, una comprometida canción contra la violencia, sobre los remordimientos y la tristeza, en la que él mismo también se involucraba como partícipe de la historia: “Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más usar la violencia”. Pese a la declaración de intenciones subyacente en este atormentado y desgarrado canto, y a los intermitentes deseos de agarrarse a la vida, Antonio Flores falleció a los treinta y tres años de edad en la propia finca de la familia, el 31 de mayo de 1995, víctima de las drogas y el alcohol. El pasado domingo se cumplieron veinte años de su muerte. Su obra quedó inconclusa pero, aún así, está cargada de poesía urbana, de canciones sinceras que hablan del amor y de la nostalgia. “No dudaría” es un clásico del pop-rock nacional; han hecho versiones, entre otros, intérpretes y grupos como The Valdemembra’s, Iguana Tango, Los Lebreles, Saratoga y, por supuesto, su propia hermana Rosario; yo os voy a proponer, además de la original, la del grupo granadino La Guardia, con Manuel España a la cabeza, y la que hizo Rosendo, la más rockera y vibrante de todas.

Stevie Wonder / Madeleine Peyroux / Chick Corea / «Smile»

«Tiempos modernos» (1936) fue el canto del cisne de la cinematografía muda. Escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, es considerada como un ejemplo de cine comprometido y de crítica hacia los mecanismos y las ambiciones desenfrenadas que, a menudo, denigran la condición humana; en tono de comedia satírica, nos muestra lo peor del capitalismo y la producción industrial en cadena (pobreza, marginación, injusticia social, hambre, explotación laboral, etc.) y su repercusión en la sociedad norteamericana de la Gran Depresión. Además de un gran actor y director de cine, Chaplin también compuso -probablemente con ayuda de músicos profesionales- partituras y canciones para sus películas, como el tema central de «Candilejas» o la canción que hoy nos ocupa, «Smile», un tema instrumental que aparece en la ya mencionada «Tiempos Modernos». En 1954, John Turner y Geoffrey Parsons añadieron la letra, creando así la conocida versión de Nat King Cole. A partir de aquel momento han sido numerosos los acercamientos a este tema; las versiones originales de Chaplin y Nat King Cole las podéis escuchar a través de sus respectivos enlaces, de tal manera que voy a comenzar proponiendo la que grabara Stevie Wonder en su tercer trabajo de estudio («With a Song in My Heart»), cuando apenas contaba con trece años de edad, algo que se aprecia incluso en el timbre aniñado de su voz. La segunda está cantada por otra voz privilegiada, la de la estadounidense Madeleine Peyroux, que ya ha aparecido en otra ocasión por este blog, incluida en su álbum «Half the Perfect World» (2006). También en clave de jazz, es la que nos ofrece uno de los grandes de este género, Chick Corea, perteneciente a su disco «Expressions» (1993). Si queréis escuchar otras versiones, os recomiendo las de Djavan, Harry Connick Jr., Michael Bublé o Robert Downey Jr., ésta última incluida en la película «Chaplin» (1992), dirigida por Richard Attenborough y protagonizada por el propio Downey Jr. Si preferís algo más rockero os sugiero las de Eric Clapton, Jeff Lynne o Elvis Costello. Para los incondicionales de la guitarra, aquí tenéis la interpretada por Stevie Howe y Martin Taylor. Nunca ha sido santo de devoción, pero parece obligado que también mencione la de Michael Jackson, tal vez la versión más conocida de todas; era una de sus canciones preferidas y formó parte del programa musical de su funeral, en aquella ocasión fue cantada por su hermano Jermain.