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Rocktiembre. Plaza de Toros de Las Ventas. Madrid, 17-IX-2016

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A comienzos de este año tuvimos la fortuna de asistir al concierto que el grupo español Asfalto dio en la Sala Penélope de Madrid (aquí podéis leer la crónica de aquel evento); en él, su líder Julio Castejón nos emplazaba para un próximo recital, a poder ser en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid o en la plaza de toros de Las Ventas. No ha hecho falta esperar un año para ver cumplido este deseo; el pasado sábado volvimos a disfrutar de esta excelente formación, creada en la década de los setenta, gracias a un ambicioso evento en el que también participaron otros grupos de aquel período, bandas que tuvieron su apogeo en una época en la que el rock llegó a ser algo importante para una España, la de la Transición, necesitada de energía, de voces críticas y comprometidas que liquidaran cualquier arrebato involucionista latente o en estado de hibernación.

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En aquel septiembre de 1978, el Sindicato de Músicos de Madrid organizó un evento en la plaza de toros de Vistalegre de Madrid conocido con el nombre de “Rocktiembre”, en el que participaron buena parte de los mejores grupos de rock que había en España: Barón Rojo, Ñu, Burning, Coz, Topo, Asfalto, Leño y Cucharada. Según relatan algunas fuentes, cada grupo se encargó de lo suyo (pegada de carteles, catering, papeleo, etc.); acudieron más de dieciséis mil personas aunque, al parecer, sólo mil pasaron por taquilla, el resto se coló en aquella fiesta, en la que algún medio calificó a los participantes como “grupos de rock bestia capaces de hacer bailar o de meter ruido en una maravillosa noche de otoño“.

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¡Rocktiembre ha resucitado! Treinta y ocho años después hemos vuelto a revivir el espíritu de aquel acontecimiento; en esta ocasión, en lugar de celebrarse en la plaza de toros de Vistalegre -en la actualidad transformada, desde el año 2001, en un edificio multiusos conocido como “Palacio Vistalegre Arena”- ha tenido lugar en la plaza de Las Ventas. Lamentablemente, hay dos grupos que no han podido participar, los Cucharada de Manolo Tena, recientemente fallecido, y los Leño de Rosendo, aunque he de decir que, hasta el último momento, todos esperábamos que apareciera para darnos una sorpresa, hubiese sido el colofón perfecto para esta gran fiesta nostálgica y de reivindicación del rock patrio.

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Estas oportunidades no se disfrutan bien en solitario, y más en esta ocasión en la que todo se prestaba a comparaciones, comentarios, chistes y anécdotas del Abuelo Cebolleta. Allí estábamos mi tocayo Raúl, mi hermano Carlos, Begoña y yo a las cinco y pico de la tarde dispuestos a entrar en este super-concierto con una duración programada de más de seis horas. No quiero aburriros con una crónica exhaustiva, probablemente la podáis leer en otros blogs o en periódicos, apenas me voy a limitar a un brevísimo comentario de cada actuación acompañado de fotografías y vídeos tomados por Carlos con la maestría que lo caracteriza, ¡muchas gracias hermano por esta fundamental aportación! Antes de que veáis este material gráfico y videográfico, os traslado algunas preguntas surgidas a partir de lo que pudimos ver y vivir, y de las conversaciones que teníamos durante el concierto; entiendo que muchas no podrán ser respondidas, otras sí; en cualquier caso resumen lo que, a nuestro parecer, fue esta inolvidable noche de rock:

1.- ¿Por qué hemos tenido que esperar treinta y ocho años para resucitar esta iniciativa? Además de a los músicos, por supuesto, ¿a quién hay que darle las gracias?

2.- Lo de los cacheos a la entrada es algo verdaderamente curioso, exento de cualquier protocolo y sometido al criterio de cada vigilante ¿Por qué a algunos les metían mano hasta llegar a sus partes más pudendas y a otros sólo les miraban los bolsos y las chaquetas? Afortunadamente yo fui de los segundos, del magreo al que le sometieron a mi hermano prefiero no hablar … ¿Qué habrá sido de aquel grupo, con las camisetas de Iron Maiden, que pretendían entrar con una nevera con ruedas?

3.- ¿Cómo narices pudimos aguantar siete horas de pie? Y lo que es aún más enigmático teniendo en cuenta lo duro del cemento y la estrechez de las plazas de asiento, ¿cómo lograron aguantar sentados siete horas los de la grada?

4.- El misterio de la tarde-noche: ¿Cómo es posible que los litros de cerveza costasen 9,5 euros y las latas de Mahou Cinco Estrellas 2,5 euros?

5.-  Misterio número dos: ¿Cómo es posible que la cola para ir a los servicios de caballeros fuera más larga que la de las señoras? Y que conste que no he querido hacer ningún juego de palabras de carácter sexual …

6.- ¿Por qué los micrófonos suenan tan poco en los conciertos de rock?

7.- Dada la edad del público y de muchos de los músicos participantes, ¿podría decirse que el rock es un género musical pre-geriátrico? ¿Es para nosotros, los que tenemos entre cuarenta y sesenta años, lo que fue para nuestros padres la copla, el flamenco o el bolero?

8.- ¿Cuál era la verdadera intención de Molina (Ñu) al tocar “El Tren”, tema emblemático de Leño creado cuando Rosendo aún pertenecía a Ñu? ¿Tal vez invocar la presencia de Rosendo en el escenario?

9.- ¿Dónde estaba Rosendo mientras se celebraba el concierto?

10.- ¿Es auténtica la espectacular melena de Molina? Y no es un juego cacofónico …

11.- La barba de Paul Castejón, hijo del líder de Asfalto Julio Castejón, es “hipster”, “ermitaña” o tirando a “homeless“. Y que conste que me gustan las tres opciones.

12.- ¿Por qué se tocó una misma canción (“Días de Escuela”) dos veces, una por Asfalto y otra por Topo? Está claro que, dada la historia de ambas formaciones, ambas tienen derecho a hacerla suya pero, ¿no hubiese sido mejor que se hubiesen puesto de acuerdo? ¿Conocía cada grupo la lista de canciones que iban a interpretar las otras bandas participantes en el evento?

13.- ¿Por qué no salieron los músicos de Barón Rojo (al menos nosotros no los vimos) en el fin de fiesta, cuando todos los grupos juntos tocaron “Sábado en la Noche”, en recuerdo del argentino Moris, otro de los elementos imprescindibles del rock hecho durante la Transición?

14.- ¿Cerró el “Cocodrilo Rock Bar“, propiedad de Johhny Cifuentes (Burning), durante el concierto? Si finalmente abrió, ¿quién puso la música?

 

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El festival, presentado por “El Pirata” y el incombustible “Mariskal Romero”, comenzó con Coz, banda en la que militaron los hermanos de Castro antes de que salieran de ella para formar Barón Rojo. Estuvieron entregados, comunicativos y sonaron bastante bien; tal vez tenían el repertorio menos conocido, de algún modo maniatado por sus éxitos “Más Sexy” y “Las Chicas son Guerreras”, y fueron los que abrieron el evento cuando el público aún estaba llegando a la plaza, lo cual tiene mucho mérito.

 

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Hacia las siete hacía su aparición Topo, banda formada en 1978 cuando Lele Laina y José Luis Jiménez decidieron abandonar Asfalto. Para mi gusto una de las mejores actuaciones de la noche por sonido, actitud, repertorio y capacidad de transmisión; la interpretación que hicieron de “Días de Escuela” fue maravillosa, sonó muy auténtica, como si aún estuviéramos en los setenta.

 

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Ñu, la banda de Molina, comenzó su actuación una hora más tarde que Topo. Y al igual que éstos últimos, estuvieron muy bien, con el jefe en plenitud de facultades, como si fuera un chaval de veinte años. Para su tema estrella, “El Flautista“, contó con la participación estelar de Judith Mateo, que encandiló a la parroquia en cuanto salió a escena con su violín. Al final pasó una cosa un poco rara, con la actuación acabada Molina intentó cantar algo con una guitarra que, al parecer, no se escuchaba, lo cierto que es que no pareció gustarle mucho y se marchó sin más. Molina en estado puro.

 

Los siguientes fueron Asfalto, con Julio Castejón al frente. Son una formación de mucha calidad; dieron el toque progresivo a la noche, sobre todo al comienzo de su actuación y estuvieron potentes e intensos; desde nuestro punto de vista subieron demasiado el sonido, lo cual no les favorecía demasiado a su estilo, a Castejón apenas se le escuchaba y, en general, sonaba todo muy grave. Me gustaron más en enero.

 

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En nuestra opinión la decepción de la noche la protagonizó Barón Rojo; nos parecieron como distantes, aparentemente poco ilusionados, el sonido eran un tanto sucio y, en ocasiones, costaba identificarlos con aquellos Barón Rojo del “Volumen Brutal”. Tampoco tocaron todos sus temás más característicos y, al menos así nos pareció a nosotros, no estuvieron en el fin de fiesta con el resto de grupos.

 

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La sensación que dio Burning fue la de grupo grande, consolidado y con todo un despliegue de medios: dos guitarristas, un bajista, dos baterías, creo que cuatro músicos en la sección de viento, un par de chicas en el coro y seguro que se me olvida alguien. Al frente de todos ellos Johnny Cifuentes (voz, teclados). No defraudaron y tocaron la mayor parte de sus grandes éxitos, aunque falto la balada “Una Noche sin ti“.

 

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El Pirata y Mariskal Romero prometieron otro concierto para el año que viene; si finalmente se celebra, no os lo perdáis. Animo a los jóvenes a que se enganchen al rock, a éstos grupos o a los que existen ahora que, aunque muchos de ellos son mioritarios y poco conocidos, se merecen también su oportunidad. No estaría mal que, en próximos eventos como éste, se fueran incorporando estas bandas, que fueran compartiendo cartel con los veteranos con el fin de que Rocktiembre tenga continuidad y siga llenando la plaza de Toros de Las Ventas, el año que viene y mientras interese la música ¡Larga Vida al Rock & Roll!

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Concierto de Asfalto. Sala Penélope. Madrid, 23-I-2016


Los tópicos viven y se alimentan de un discurso de intransigencia totalitaria que nunca me ha gustado. Sin embargo, todos nos reímos con ellos porque, en el fondo, retratan con trazo grueso una determinada realidad. Uno de esos tópicos, que escuchamos a menudo entre aficionados a la música, tiene que ver con el poco apego de los españoles hacia rock, y algo de razón hay en ello. Por supuesto que siempre ha habido -y espero que siga habiendo- buenos grupos de rock en nuestro país, pero en casi ningún período de nuestra historia reciente han liderado la escena musical española; en los años sesenta el pop consiguió acabar con la hegemonía de la copla, durante los setenta fueron los cantantes melódicos, en los ochenta y noventa triunfó de nuevo el pop -que consiguió integrar al punk y a la new wave- y en estas últimas décadas ha emergido con fuerza la canción melódica latina, el reggaeton y el fenómeno “indie”, casi siempre en un tono sosegado y lánguido poco adecuado para el rock.

Pero hubo una época, unos pocos años, en los que el rock se apoderó de la escena musical, sobre todo en algunas ciudades como Madrid y, también, en algunas zonas rurales. Este fenómeno, conocido como “rock urbano”, en el que posteriormente se integrarían algunas bandas de heavy metal, tuvo lugar durante la Transición y, de algún modo, trató de ensamblar el hard rock, el blues rock y, en menor medida, el rock progresivo con un posicionamiento comprometido, crítico y de progreso social. Era un rock cargado de letras que hablaban de política, de derechos sociales, de tristes recuerdos de la España franquista y de la necesidad de construir un país más limpio, solidario, justo y democrático. Es como si la música de Raimon, Paco Ibañez, Serrat o Lluís Llach se hubiera infiltrado en el rock casi desprovista de poesía, como si fueran cantos apasionados y desgarrados armados de un lenguaje directo y sencillo, el mismo que utilizaba la gente de la calle.

Buena parte del rock que se ha hecho en España a partir de los ochenta (Barricada, Los Suaves, Platero y tú, Extremoduro, Porretas, La Fuga, Marea y hasta los más actuales, como Pan de Higo o Rulo y la Contrabanda) deben mucho a este movimiento setentero, del que formaron parte bandas tan conocidas como Leño, Asfalto, Topo, Ñu, Cucharada, incluso Barón Rojo que, en algunos aspectos, también participaba de estos planteamientos.

El sábado 23 de enero la Sala Penélope de Madrid se vistió de gala para recibir a Asfalto, la banda más progresiva y de las de mayor calidad de todas la que conformaron el rock urbano; tal y como ellos mismos publicitaban en su página web, nos ofrecieron un viaje a la nostalgia y dos horas de rock excelente. Poco queda de aquel Asfalto primigenio, apenas su líder Julio Castejón, aunque también tuvimos el privilegio de escuchar, en 4 ó 5 canciones, a Miguel Oñate, el vocalista de Asfalto durante los años ochenta. Junto a ellos, los más veteranos, estuvieron Paul Castejón (guitarra, flauta), Nacho de Lucas (teclados), Arturo García (batería, voz) y Pablo Ruiz (bajo).

Sin duda, era una noche especial todos los que estábamos allí y, por supuesto, para los miembros de Asfalto, que iniciaban así la gira de presentación de su álbum “Antología Casual“: treinta y dos canciones que forman parte de la historia del rock español. Se vendieron todas las entradas (setecientas u ochocientas), lo que animó a organizar un nuevo evento para el día 5 de febrero en la misma sala. En esta ocasión la iniciativa para asistir al concierto vino de mi amiga Begoña, a la que también se sumaron Andrea y Óscar, dos chicos muy jóvenes, de los pocos que había en un concierto con una media de edad que superaba los cincuenta y tantos años.

La velada fue presentada por el Mariskal Romero; periodista, locutor de radio, productor, cantante ocasional y, ante todo, uno de los pilares fundamentales del rock urbano gracias a su conocido lema “Viva el Rollo”, su apoyo mediático y la creación del mítico sello discográfico Chapa, que acogió a la mayoría de estos músicos y a otros englobables en la categoría de rock progresivo. Fueron unas breves y emotivas palabras que dieron paso a Asfalto, con Julio Castejón al frente.

El concierto tuvo tres partes bien diferenciadas; en la primera tocaron, en su mayor parte, temas de sus últimos discos; en la segunda hizo su aparición Miguel Oñate que, con su entrega y buen humor -en ocasiones tal vez algo histriónico-, animó la fiesta con las canciones más representativas de su paso por este grupo; de nuevo con la formación inicial, se fueron sucediendo los grandes éxitos de sus dos primeros discos, uno detrás de otro: “Días de Escuela”, “Mujer de plástico”, “Capitán Trueno”, “Rocinante” y “Ser Urbano”, la canción elegida para cerrar el concierto; tan sólo faltó “El Viejo”, uno de los temas más entrañables y que más me gustan de Asfalto. Uno de los momentos más emocionantes de la noche se produjo al finalizar la interpretación de “Capitán Trueno”, cuando el Mariskal Romero recordó su implicación en la producción de ese tema e hizo salir al escenario a otro de los miembros históricos de Asfalto, el batería Enrique Cajide quien, visiblemente emocionado, con lágrimas en los ojos, apenas pudo aguantar unos segundos compartiendo la alegría con sus compañeros.

En lo que a la parte técnica se refiere, desde mi punto de vista, lo más deficiente fueron los micrófonos. Unicamente se escuchaba bien a Julio Castejón y a Miguel Oñate; al hijo del primero, Paul Castejón, apenas se le oía, lo mismo que al batería Arturo García, quien incluso llegó a ser el solista en una canción compuesta por él; por el contrario, el resto de instrumentos sonaron muy bien, en especial las guitarras que estuvieron a un gran nivel.

En definitiva, una preciosa y nostálgica noche de rock, disfrutada en buena compañía y rematada con cervezas, conversación tras el concierto y la compra del libro de Julio Castejón: Asfalto. Manual de Uso (Madrid: Éride, 2015), en el que su autor nos habla de todas las canciones de este gran grupo; sin duda, una lectura muy recomendable y de gran utilidad para quienes deseen conocer la historia de Asfalto. Os dejo con un vídeo de aquella noche, el momento en el que tocaron “Días de Escuela”, tal vez su tema más conocido, algunas fotos tomadas por nosotros y un deseo -el mismo que reivindicó el Mariskal Romero-: volver a ver a este grupo en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid o en la plaza de Toros de las Ventas.

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