Las Cinco Canciones de Rockologia (V): «Shock Me» (Baroness)

La verdad es que esta banda, Baroness, no lo conocía. Según he podido leer, se formó en 2003 a partir de un grupo punk anterior llamado Johnny Welfare and the Paychecks. Han grabado algunos EPs y cuatro albumes; precisamente al último («Purple», 2015) pertenece «Shock Me», el tema que ha elegido Rockologia para finalizar su semana en La Guitarra de las Musas, prácticamente como símbolo de la resistencia del rock y de su capacidad para seguir innovando y ofreciéndonos nuevas posibilidades. Como muchos de nosotros, nuestro invitado de esta semana también se resiste a la idea generalizada de que el rock ha muerto. Creo que hemos pasado una bonita semana, donde Rockologia nos ha seducido con la manera de acercarse a sus recuerdos y con su amor por el rock. Muchas gracias por todo, un fuerte abrazo.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

«Si la primera canción de la semana hablaba de mis inicios en esto de la locura musical, la última quiero dedicarla al ahora: esta canción cambia mi vida cada vez que la escucho porque me devuelve la fe en el futuro del rocanrol. Contaba hace pocos años Klaus Meine (cantante de Scorpions) que a finales de los setenta, cuando no eran casi famosos, tras la explosión punk en las Islas Británicas y con la música disco de moda en Estados Unidos, la compañía, los críticos, todo el mundo, con los “viejos dinosaurios” dando tumbos, les decía que el rock estaba muerto. “No les hicimos caso, porque no sabíamos hacer otra cosa y ya no éramos jóvenes para cambiar”. Afortunadamente, el rock lleva muriendo casi cuarenta años para disfrute de los que crecemos y nacemos un poco cada día con él. Baroness, que publicó este corte en su último Purple, es esa clase de grupo donde reposar mi fe y “Shock me” es ese tipo de canciones donde sonreír cuando alguien recuerda que el rock se está muriendo. Amén».

 

Las Cinco Canciones de Rockologia (I): «Tocaba correr» (Ñu)

El mundo bloguero del rock cuenta con una web que haríais bien en seguir todos los que améis este género; Rockologia es un espacio consolidado, con varios años de experiencia, donde tienen cabida los diferentes sub-estilos en los que se organiza el rock a través de una serie de secciones que vertebran los contenidos de esta bitácora: «Algunos discos que sigo escuchando», «Arte-Rock», «Blues para novatos», «Casi famosos», «Crítica: Ahora estoy escuchando …», «Crítica: discos míticos y pequeños tesoros», «Discos que cumplen años», «Escuchando libros», «Guerra de Décadas», «Las mejores canciones de …», «Lugares míticos», «Productores, compositores y otros personajes», «Sexo en el rock», «Versioneando: las mejores versiones de …» y «Versioneando: Versión Española». Sé que muchos de vosotros ya conocéis Rockología, sólo espero que os animéis alguno más porque se trata de un blog hecho con conocimiento y rigor, donde se aprenden muchas cosas, además de ser ameno y divertido. Esta semana podremos disfrutar de cinco canciones rockeras llenas de recuerdos, tres de ellas a cargo de grupos españoles; por ejemplo ésta primera, el tema «Tocaba correr» de Ñu, la banda de Jose Carlos Molina, una de las más longevas y reconocidas del panorama patrio, con la que nuestro invitado ha querido personalizar sus inicios en el R&R.

«Con la canción del lunes quiero transportaros a mis inicios en esto del rocanrol. Por una vez comencemos por el origen: mi primer concierto. Fue, quizá el año 86, en una carpa de Leganés, Madrid, con Ñu como cabeza de cartel. Bien es cierto que en aquella ocasión no pudo sonar “Tocaba correr”, la canción de hoy, porque fue editada dos años más tarde. Sin embargo, al elegir un tema he intentado fundir dos historias en una, dos historias iniciáticas, la de mi primer concierto y la de mis horas de colegas, recreativos, cigarros robados, litronas, parque, bares de barrio y mucha, mucha música ruidosa. Horas de girar casetes, leer revistas de música y compartir. “Tocaba correr” me lleva a aquella comodidad juvenil y, de paso, sirve de homenaje a una generación de músicos únicos, los que cambiaron mi vida incendiando la hoguera del rocanrol. Para quien le interesen los datos, se publicó en 1988 cerrando el disco ‘Vamos al lío'».

Rainbow. «Spotlight Kid»

 

La mayor parte de aficionados al heavy metal, purplemaniacos y seguidores de Rainbow -la banda creada en 1975 por el líder de Deep Purple Ritchie Blackmore- coinciden en indicar su preferencia por los primeros trabajos de esta formación, en particular aquellos en los que coincidieron Cozy Powell, Ronnie James Dio y Ritchie Blackmore: «Rising» (1976), «Long Live Rock’ n’ Roll» (1977) y «On Stage» (1977); o en los que intervinieron al menos dos de ellos: «Ritchie Blackmore’s Rainbow» (1975) y «Down to Earth» (1979). Sin embargo, a mí siempre me ha gustado mucho el que fue grabado después de todos los que acabo de mencionar: «Difficult to Cure» (1981), un álbum con el que Blackmore quiso acercar Rainbow a un mayor número de oyentes, para lo cual suavizó su sonido, lo hizo más comercial y trató de aproximarlo al AOR. Ronnie James Dio ya había abandonado el grupo en el disco anterior («Down to Earth», 1979); fue sustituido por Graham Bonnet, un interesante cantante que, sin embargo, no se ajustaba al perfil deseado por Blackmore para su grupo. Cuando ya estaba grabándose «Difficult to Cure«, Bonnet abandonó Rainbow y, en su lugar, entró Joe Lynn Turner, ex-vocalista de la banda Fandango, portador de un registro vocal parecido al del cantante de Foreigner, justo lo que buscaba Ritchie. Tal y como nos cuenta Jordi Bianciotto (Deep Purple. La Saga. Barcelona: Quarentena Ediciones, 2012), el batería Cozy Powell -que acabaría siendo uno de los músicos de referencia del heavy metal que habría de llegar-, decidió abandonar Rainbow cuando escuchó «I Surrender», uno de los temas estelares de «Difficult to Cure«. Sin Dio ni Powell, el sustrato metalero se suavizó y, de paso, Blackmore se quitó de en medio a dos pesos pesados que, si hubieran seguido en el grupo, probablemente le habrían restado protagonismo. A pesar de mis simpatías por este álbum, he de reconocer que se trata de un trabajo un tanto deslabazado, donde tan pronto podemos encontrar temas de clara inclinación AOR («Magic» o «Freedom Fighter«), otros con influencias del funk («No Release«), piezas rocanroleras («Can’t Happen Here«), baladas para el lucimiento de Blackmore («Vielleicht Das Nächste Mal«) o canciones que nos recuerdan a Deep Purple, como «Difficult to Cure» o el tema destacado de hoy: «Spotlight Kid», probablemente mi preferido de Rainbow -junto con «Stargazer»-, con ese fabuloso duelo guitarra/teclados a ritmo de speed metal que está en la base de lo que, poco tiempo después, habría de llamarse power metal, y esa letra de Roger Glover que nos habla de alguien al que el público adora, el centro de atención, un artista enamorado de los focos, ¿tal vez Ritchie Blackmore?

Las Cinco Canciones de Alex (III): «Heaven and Hell» (Black Sabath)

¿Pero por qué pones la música tan alta? La de veces que habré oído esa pregunta, desde luego retórica porque mi madre, en realidad, nunca esperaba a que le contestara. Cuando conseguías un volumen miserable aún había que soportar los paseítos de mi madre y de mi hermana por delante del radiocasete; cada vez que eso sucedía, una o la otra bajaban un poquito el volumen, entonces me levantaba y lo subía, ellas lo volvían a bajar y volvían a hacer la misma pregunta. Seguro que vosotros también habréis pasado por situaciones así; por lo menos Alex tenía un buen equipo de música y ¡podía subir el volumen hasta el 5! Que alguien me explique cómo puede escucharse «Heaven and Hell», una de esas canciones frontera entre el hard rock y el heavy metal,  como si fuera un susurro o como quien oye una melodía de ascensor. Así que, ya sabéis, subid el volumen y disfrutad con esta maravilla de Tony Iommi cantada por Ronnie James Dio, de lo mejorcito de Black Sabath. Alex ha querido titular este recuerdo como «Heaven and Hell, días de vinilo / Transylvania, días de radio».

 

«Cuando tenía alrededor de 10 u 11 años mis padres, hartos de tanto oírmelo pedir, compraron por fin un equipo de música serio, un SABA que sonaba como si los mismos Dioses del Rock lo hubieran ensamblado pieza a pieza. Atrás quedaban los pequeños radio casetes y las cintas regrabadas. Para mi comenzaba la era del vinilo. Gloriosa y mítica, poblada de héroes melenudos armados de guitarras, bajos, baquetas, teclados, micros…

A lo largo de aquellos años cientos, seguramente miles, de canciones se deslizaron bajo la aguja de aquel tocadiscos. Fueron horas y horas en el salón de la casa familiar escuchando una y otra vez joyas que, por supuesto, aún conservo.

Y cuando Raúl  me pidió destacar cinco canciones de mi vida, supe que tendría que escoger alguna de aquellas con las que tanto disfruté en aquel equipo cuya rueda de volumen mis padres no me permitían subir más allá del cinco. Pero, de entre tantas, ¿cuál? En un principio pensé en Transylvania de Iron Maiden que sirvió de sintonía para mi programa de radio durante muchos años, pero luego me quedé con la impresionante Heaven and Hell porque un recuerdo muy ligado a esa canción me sitúa allí, frente al equipo, tocando una guitarra imaginaria, absolutamente transportado a un escenario fabuloso, convertido en la estrella de Black Sabbath…  ¿Y quién puede olvidar haber sido, aunque solo fuera en un sueño, el mismísimo Tony Iommi?»

Las Cinco Canciones de Alex (II): «The Trooper» (Iron Maiden)

Como contaba en una entrada que dediqué hace unos meses a esta canción, «The Trooper» fue incluida en «Piece of Mind» (1983), uno de los mejores álbumes de la banda Iron Maiden. Fue compuesta por el bajista del grupo, Steve Harris, a partir del poema de Alfred Tennyson en el que se recordaba la heroica y estéril carga de la Brigada Ligera británica en la Batalla de Balaclava, en el contexto de la Guerra de Crimea (1853-1856). Con ella, Alex nos quiere recordar su «vida en los futbolines», esos lugares que nuestras madres siempre querían evitar, la quintaesencia de lo lumpen, donde se fumaba, se decían tacos, jugabas al billar y al futbolín y, a menudo, compartías espacio con individuos no excesivamente recomendables.

«Como buen niño de los 80, parte importante de mi infancia transcurrió en una sala de juegos recreativos, futbolines y billares. En mi pueblo sólo había un local de este tipo en el que nos juntábamos toda la chavalada desde los 10 ó 12 años hasta los 18 ó 20 y, por supuesto, era el antro del vicio al que los padres de los más pequeños procuraban retrasar la inevitable entrada todo lo posible. Pero era eso, inevitable… Y yo no fui una excepción, salvo porque el hijo del encargado,  de mi edad, era un buen amigo de mi panda de entonces y todos juntos nos bautizamos en el Hard o el Metal más o menos a la vez.

Sin un motivo en especial es The Trooper, el tema de Iron Maiden, el que se ha quedado en mis circuitos como el abanderado de una serie de canciones que se colocaban en la gramola de singles del local y que no se cambiaron en años gracias a nuestra influencia, bueno, más bien la de mi amigo Juan, el hijo del encargado. También estaban Go to Hell de Motorhead, la cara B de este Trooper, que era la versión del Cross Eyed Mary de Tull (cosa que no sabría hasta algo más tarde), Deep Purple y Led Zeppelin, el Resistiré de Barón Rojo…, y un montón de temas que fueron rotando con el paso del tiempo.

Ahora, como si de una película acelerada se tratase, me puedo ver al pasar de los años alrededor de aquella gramola sucediéndose los primeros cigarros, las primeras litronas, con el pelo cada vez más largo y más cargado de cuero y metal, robando un beso con sabor a tabaco y regaliz… Tardes, noches, mañanas, billares y marcianitos, pero siempre esa inmutable banda sonora de fondo: Metal y Hard Rock ochentero y setentero administrados en grandes dosis que fueron una de las mejores medicinas para crecer que nunca he probado».