Las Cinco Canciones de Itziar (I): “Abre la Puerta” (Triana)

¡Regresa “Las Cinco Canciones de tu Vida”! Tenemos una nueva colaboración, la número diecinueve. Os recuerdo que esta sección sigue abierta para todos aquellos que decidáis compartir vuestros recuerdos con nosotros; elegid cinco canciones, no necesariamente vuestras cinco canciones preferidas sino aquellas que, por una u otra razón, han sido importantes en vuestras vidas. Si queréis participar no tenéis más que enviar vuestros cinco temas, con sus recuerdos respectivos, al correo raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

A mis amigos, sobre todo a los más “musiqueros”, les he perseguido sin descanso pidiéndoles las cinco canciones de su vida; algunos ya han participado en esta sección pero otros se me siguen resistiendo, más que nada porque no están familiarizados con el mundo de los blogs, algunos tampoco están acostumbrados a escribir y, a menudo, sienten un cierto pudor por lo psicoanalítico de la situación. La colaboración de esta semana me hace especialmente feliz porque Itziar es una amiga con mayúsculas, con quien he compartido barrio, instituto, facultad, inquietudes profesionales y vivencias personales, incluso cuando se marchó a vivir a Holanda en busca de amor y oportunidades con las que satisfacer su vida. A pesar de los kilómetros la sigo sintiendo cerca, como a toda su familia (la española y la holandesa) ¡Mil gracias, amiga, por querer participar! Y comienza con un temazo, desde mi punto de vista una de las mejores canciones de Triana y, probablemente, el tema más progresivo de todo su repertorio; “Abre la Puerta” fue publicado en el primer álbum de los sevillanos (“El Patio”, 1975), del que ya hemos hablado en este blog a propósito de la canción “Luminosa Mañana”. Triana es una banda que me entusiasma; ya os puedo adelantar que, en breve, tendremos un nuevo post con otra de las canciones míticas de este grupo.

«Escoger cinco canciones es algo muy complicado, llevo varios meses pensando en ello, cada mañana cuando voy al trabajo en bicicleta. Sin embargo, cuando Raúl me hizo el encargo, pensé que sería un asunto bien fácil; en aquel momento ya pensé en cinco temas pero, a la semana siguiente, eran otros los que asomaban. Pasaban los días y, dependiendo del estado anímico, de las circunstancias o de lo que estuviera haciendo en cada momento, las canciones iban cambiando; ya vi que no era algo baladí y decidí, como con los vinos, dejar reposar la decisión durante un tiempo para observar qué temas se iban repitiendo en mi cabeza. Entonces me sucedió algo bastante curioso, surgió una especie de competición entre las canciones; me dio la sensación que no tenía opción de opinar y elegir. Las melodías habían tomado vida propia y pugnaban entre ellas por aflorar en mi memoria. Al igual que sucede con los libros que vas leyendo a lo largo de tu vida, me di cuenta que algunas canciones me habían cambiado como persona y habían actuado como catalizadores en mi formación musical, desde que empecé a escuchar música, gracias a la radio, durante la adolescencia, hasta nuestros días. Como vais a poder comprobar a lo largo de esta semana, desde siempre he mostrado una especial predilección por la fusión de estilos, creo que éste es el verdadero nexo de unión que tienen los cinco temas finalmente seleccionados.

El primero es “Abre la Puerta”, de Triana. Con ellos descubrí la fusión entre el flamenco y el rock; comprendí que no sólo era posible, sino que también se podían utilizar textos poéticos en las letras de las canciones, como hacía Jesús de la Rosa, el líder de esta formación. Esta experiencia iniciática en el mundo de la música sucedió en mi adolescencia, cuando mi vida y mis sentimientos me llevaban a fijarme en los valores, la cultura y el folclore andaluz».

Mezquita. «Recuerdos de mi Tierra»

«Recuerdos de mi Tierra» es uno de los mejores discos de rock progresivo que se han hecho en España. Pertenece a los cordobeses Mezquita, banda que tiene su origen a finales de 1969, cuando José Rafa García (guitarra, voz), Randy López (bajo, voz), Rafael Zorrilla «El Pelucas» (batería) y Paco «Roscka» López (teclados), éste último incorporado algo después, crearon un grupo de rock llamado Expresión. Ensayaban en el céntrico barrio de Los Patios de San Francisco de su ciudad natal, aunque durante un período vivieron en Madrid; fue entonces cuando los descubrió el Mariscal Romero, quien incluso les llegaría a grabar una maqueta con Eurosonic. Ya de nuevo en Córdoba, y con el servicio militar cumplido, deciden modificar el nombre del grupo por el de Mezquita y añaden nuevos sonidos, arábigo-andaluces, al hard rock progresivo que ya venían practicando. Tras estos cambios fichan por Chapa Discos para grabar «Recuerdos de mi Tierra«, un álbum muy cuidado, con portada de Máximo Moreno, habitual en los trabajos de Triana, y arreglos de José Juan Almela, músico del departamento artístico de Zafiro. Publicaron un segundo álbum en 1981, titulado «Califas del rock», también muy interesante aunque, en mi opinión, no tanto como el primero, tal vez porque trataron de ajustarse (o ajustarlos) a lo que tenía tirón en aquella época: Barón Rojo y Obús; de hecho, mientras que su primer trabajo recuerda a Triana y a Medina Azahara, el segundo se acerca más a la propuesta de estos últimos. Tras este disco se separaron; en palabras de Randy López, «preparamos un tercer disco que nunca llegó a grabarse por el poco interés de la discográfica en invertir en rock, ya que fue en aquella época cuando llegaron los modernos a Madrid y se cargaron todo lo que con mucho trabajo habíamos conseguido los rockeros» (Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 437). Aunque «Recuerdos de mi Tierra» merece una escucha en su totalidad, os recomiendo el corte que da nombre al disco, una pieza fabulosa, llena de cambios, como si en siete minutos y medio hubieran querido resumir una suite progresiva de veintitantos minutos; a destacar toda la instrumentación y la evocadora parte cantada, que comienza hacia el minuto cinco.

Cai. «Noche abierta» / «La Roca del Diablo»

Cai fue una de aquellas formaciones que, a finales de los años setenta, llenaron la escena española de sonidos que recordaban a los grandes grupos británicos de la época dorada del rock progresivo, pero con el aroma de las guitarras y los quejíos flamencos. Fue creado en Cádiz, durante 1977, en torno al pianista Chano Domínguez, uno de nuestros músicos de jazz más afamados y valiosos, y de los que mejor han sabido ensamblar este estilo con el flamenco, de hecho, fue el único español que participó en la película de Fernando Trueba “Calle 54”, dedicada al jazz latino. Los dos primeros discos de Cai creo que son los más interesantes: “Más allá de Nuestras Mentes Diminutas” (1978), quizás el más progresivo de todos y hoy una pieza de coleccionista difícil de conseguir; y “Noche abierta” (1980), el disco que les hizo famosos, con canciones más cortas y mayor presencia flamenca. En 1981 grabaron “Canción de la Primavera” y un año después se separaron, aunque se volvieron a unir en 2007, incluso han vuelto a sacar algún disco. Hoy os propongo dos temas, ambos pertenecientes a su segundo disco: “Noche abierta”, creo que su tema más conocido y menos progresivo, y la canción con la que se cierra el LP: “La Roca del Diablo”, donde se puede apreciar bien el estilo sinfónico andaluz del grupo. Acabo con la interesantísima visión de Chano Domínguez en torno a la figura del productor musical y su influencia en la creatividad musical:
“En este disco [el primero] utilicé tres teclados italianos. Un órgano Krumer, de un solo teclado, al que le ponía efectos de phase, flanger, distorsion … También usaba un mellotrón Le Logan, sin cinta, y un sintetizador monofónico Korg (…) Algún tiempo después de grabar el disco, Javier García Pelayo se interesa por nosotros y hace de mánager nuestro. Es entonces cuando su hermano Gonzalo nos produce. Él quería que estructuráramos de una manera más sencilla y lógica las canciones: introducción, estrofa, estribillo, estrofa … Simplificamos las estructuras en relación a nuestro primer disco, que era más volado, con muchas modulaciones y temas de largo desarrollo, que eran los procedimientos musicales típicos de aquella época. Nosotros entramos en ese juego, que fue beneficioso para todos, porque se vendieron varios miles de discos. Eso sí, Gonzalo recortó un poco el espíritu de la música por la música, no enfocada simplemente como un producto. Pero así es esto” (tomado del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 429).

Gualberto. «Tarantos (para Jimi Hendrix)»

Gualberto es uno de los genios más brillantes que ha dado el rock patrio, sin embargo es poco conocido, tal vez algo más por los aficionados al rock progresivo. Nació en Sevilla y fue uno de los principales pioneros del rock andaluz, mucho antes de que fuera popularizado por grupos como Triana. Junto con Julio Matito, fundó el mítico grupo Smash en 1968, un arriesgado experimento en el que convivieron el rock psicodélico, el rock progresivo, el blues-rock y el flamenco; un ejemplo del derroche creativo de esta banda fue su tema titulado «El Garrotín«, tal vez el más exitoso en la trayectoria de esta formación. Tras su disolución, Gualberto viajó a Estados Unidos donde adquirió formación musical, contactó con diferentes músicos, asistió al Festival de Woodstock y casi llegó a tocar con Jefferson Airplane. Ya en España, firmó dos excelentes trabajos: «A la vida / Al dolor» (1974) y «Vericuetos» (1976), el primero más psicodélico y el segundo más progresivo, dos obras geniales plenas de atrevimiento y experimentalidad; os dejo estas palabras suyas, para que valoréis su irreprimible capacidad creativa: «En la época de Vericuetos mandé quitar el mástil de una Fender Stratocaster y poner el de mi guitarra flamenca, una Alhambra, con clavijas de palo y cuerdas de nailon para eléctrica. De este modo, podía arpegiar y tocar con los dedos usando las técnicas del flamenco, pero con un sonido eléctrico. Me ponía la púa en la boca y podía hacer rasgueos fuertes» (tomado del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 60). El tema que he seleccionado es «Tarantos (para Jimi Hendrix)», una pieza instrumental contenida en el primero de los discos comentados. En este álbum intervinieron dos cantantes, uno lo hacía en inglés (Todd Porcell) y el otro en español (el cantaor Enrique Morente). No os perdáis este homenaje a Jimi Hendrix, ejecutado con guitarra española, violín, palmas y la expresiva guitarra eléctrica de Gualberto (alucinante a partir del minuto dos). Su legado es variado y extenso: ha sido arreglista, productor y asesor musical, compositor y músico de piezas clásicas y de flamenco, pionero de la informática musical que utilizó en la grabación de piezas para cine y televisión, buen conocedor de diversos instrumentos (guitarras, sitar, sarod, dilruba, etc.) y aún hoy sigue en activo, siempre en proyectos variopintos y rodeado de los mejores talentos. Si queréis saber más sobre este músico, aquí os dejo una interesante entrevista realizada en el año 2006.

Triana. «Luminosa mañana»

Algunos viernes los suelo dedicar al rock progresivo, normalmente grandes temas de grupos extranjeros. Sin embargo, para esta primera entrada del año quiero traer a una formación española a compartir cartel con lo más granado de este estilo musical. Triana es el máximo exponente del llamado rock sinfónico andaluz, movimiento del que formaron parte grupos como Alameda, Mezquita, Guadalquivir, Cai, Granada o Azahar y que, muy probablemente, tuvieron en Smash (1968-1973) al antecedente más claro de esta manera de entender el rock, exclusiva de nuestro país (véase, por ejemplo, la versión que realizó este grupo del conocido tema popular «El Garrotín«). Pero volvamos a Triana; fue una banda de la que formaron parte J.J. Palacios «Tele» (batería), Eduardo Rodríguez (guitarra española) y su líder indiscutible, Jesús de la Rosa (voz, teclados y autor de la mayor parte de los temas). Desde mi punto de vista es el mejor grupo de rock progresivo que ha habido en España; sus tres primeros discos de estudio («El Patio», 1975; «Hijos del Agobio», 1977; y «Sombra y Luz», 1979) son tres joyas del rock patrio; algo así como escuchar a King Crimson, Genesis o Pink Floyd pero mezclando el órgano y el mellotrón con la guitarra española y la voz singular e inigualable de Jesús de la Rosa. El primer disco carece de título pero habitualmente nos referimos a él como «El Patio», debido a la portada donde se muestra un dibujo de los tres componentes del grupo en el interior de un patio. Fue la primera cinta de casete que me compré, cuando aún era un chaval, aprovechando que mi hermana trabajaba en una tienda de electricidad que tenía un cacharro de esos, como los que había en las gasolineras, para comprar las cintas de Camela o El Fary. Son siete canciones a cual mejor; la primera, «Abre la Puerta», con sus casi diez minutos de duración, es tal vez la mejor de todas; sin embargo, yo voy a proponeros el tema con el que comenzaba la cara B, «Luminosa Mañana», por su existencial letra, por el brillo de Jesús de la Rosa en voz y teclados y por los buenos recuerdos que me trae, de cuando la intentaba cantar a pleno pulmón, acompañado de una amiga al piano y aupado por los vapores etílicos. Aquí también os dejo la versión que hizo Lluis Llach en catalán.