New Trolls. “Adagio (Shadows)”

Los que hayáis cumplido cierta edad quizás os acordéis de una canción titulada “Che idea”, comercializada en 1979 por el grupo New Trolls; se trata de la típica canción melódica italiana, en la que se abusa un poco del falsete con el propósito de imitar a los Bee Gees, que entonces triunfaban con la banda sonora de “Saturday Night Fever” (1977). Los New Trolls continuaron con este estilo sencillo, cercano al pop-rock melódico, durante los años ochenta, incluso más allá. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de este grupo está en sus inicios, allá por 1967, cuando tomaron este nombre tras reorganizar una primera formación conocida como The Trolls. Después de unos comienzos cercanos al beat y al pop psicodélico, fueron los elegidos para actuar como teloneros en los conciertos que los Rolling Stones dieron por Italia. Participaron en algunos festivales, grabaron su primer single en 1967 y, también, su primer Lp (“Senza orario senza bandiera”, 1968).

Pero el trabajo que les encumbró fue su segundo álbum de estudio, el titulado “Concerto grosso per i New Trolls” (1971), una de las obras fundamentales del rock sinfónico italiano, pionera en el uso de orquestas junto a instrumentos de rock; con este disco, New Trolls seguía la estela de bandas como The Moody Blues, Procol Harum o Barclay James Harvest, que habían sentado las bases del rock progresivo más apegado al sinfonismo clásico. Se compone de dos partes claramente diferenciadas: la cara B está ocupada por una pieza en directo, de unos veinte minutos, sin orquesta, y con un solo de batería que dura unos siete minutos. En la cara A, al menos desde mi punto de vista, es donde se concentra lo más interesante de este excelente álbum; está formada por cuatro movimientos -“Allegro”, “Adagio (Shadows)”, “Cadenza-Andante con moto” y “Shadows (per Jimi Hendrix)”-, que son los que realmente conforman el “Concerto grosso …”, compuesto por el italo-argentino Luis Enriquez Bacalov para la película “La víctima designada” (1971); de hecho, en la película se utiliza una versión preliminar de lo que, posteriormente, fue el “Concerto grosso …” publicado por los New Trolls. La idea era crear un concierto de música barroca italiana, en el que se entremezclaran la orquesta dirigida por Bacalov y los sonidos eléctricos de la banda italiana, entonces compuesta por Vittorio De Scalzi (guitarra, flauta), Nico Palo (guitarra, voz principal), Gianni Belleno (batería, voz), Giorgio D’Adamo (bazo, voz) y Maurizio Salvi (teclados).

Una obra así merece la pena escucharla en su totalidad (al menos el concierto, la cara A). Para convenceros, os sugiero que oigáis primero el segundo movimiento -“Adagio” (Shadows)”-, en el que se incluye el tema “My Shadow in the Dark” que, en la película mencionada anteriormente, fue interpretado por el protagonista del film, Tomas Milian; la letra, en inglés, fue escrita por el productor Sergio Bardotti, con un último verso en el que se cita un fragmento del monólogo de “Hamlet”. Para finalizar, os recomiendo la versión que, de esta pieza, hiciera la cantante Patty Pravo, con un arreglo muy parecido y cantada en italiano ; también fue publicada en 1971, en su álbum titulado “Per aver visto un uomo piangere e soffrire Dio si trasformò in música e poesía”.

Premiata Forneria Marconi. «Appena un po'»

Per un Amico” (1972) es el segundo álbum de la banda italiana de rock sinfónico Premiata Forneria Marconi (PFM), una de las mejores -si no la mejor- de entre las que poblaron la escena progresiva en el país transalpino durante la década de 1970, la edad dorada de este estilo. En una entrada anterior, centrada en el tema “La Carroza di Hans”, perteneciente al primer álbum (“Storia de un Minuto”, 1972), dedicábamos unas líneas a los inicios del grupo en la panadería Forneria Marconi, donde ensayaban; como ya dijimos en su momento, compartieron escenario con las mejores bandas del momento (Yes, Procol Harum, Santana, Deep Purple, etc.) y consiguieron una notoriedad fuera de Italia nunca vista antes para un grupo de rock de aquel país. “Per un Amico” es un álbum soberbio, probablemente el mejor de PFM -junto a “Storia de un Minuto”-, un trabajo plagado de instrumentos musicales diversos, de buenos desarrollos progresivos, con ese sinfonismo barroco tan característico de esta formación. En definitiva, una obra elegante y armoniosa, que acabó por posicionar a este grupo entre los mejores del rock progresivo setentero, lo cual es mucho decir.

El buen hacer de PFM llamó la atención de Greg Lake, uno de los tres integrantes de la mítica banda Emerson, Lake & Palmer (ELP); parece que Franco Mamone, promotor de la gira de ELP por Italia, entregó a Greg Lake una cinta con mezclas y temas del primer álbum de PFM; en cuanto lo escuchó, no dudó en buscar el momento adecuado para verlos en directo, lo cual sucedió el 20 de diciembre de 1972, en Roma, en plena gira promocional del disco “Per un Amico”. Tras la finalización del concierto, Lake les ofreció la posibilidad de viajar a Londres para grabar un disco con el sello Manticore, recientemente creado por ELP; el resultado fue “Photos of Ghost” (1973), el álbum que les abrió definitivamente las puertas de Europa y Estados Unidos, no en vano fue el primer disco de rock italiano que consiguió aparecer en las listas de éxitos estadounidenses. “Photos of Ghost” es, esencialmente, la versión en inglés de “Per un Amico”, pues en el se incluyeron todas las canciones de este Lp, además de “Old Rain” y del tema del primer disco “É festa”, titulado “Celebration”. La mayor parte de las canciones de “Photos of Ghost” tienen letras nuevas, escritas por Peter Sinfield, letrista de King Crimson.

Tanto “Per un Amico” como “Photos of Ghosts” comienzan con el tema “Appena un po’”, en la edición de Manticora titulado “River of Life” (aquí tenéis esa grabación); desde mi punto de vista, una melodía muy representativa del sonido de esta banda, entre la quietud delicada y el barroquismo progresivo. Prestad atención al bucólico inicio, con guitarra acústica y flauta y, por supuesto, a los diferentes teclados con los que se construye la bellísima e inolvidable melodía de esta canción, a medio camino entre la solemnidad clásica y la contundencia progresiva. Aquí os dejo un directo del año 2002, en el que nuestros protagonistas de hoy interpretan esta magnífica composición de Mauro Pagani, Franco Mussida y Flavio Premoli, miembros de PFM.

Le Orme. “L’Equilibrio”

No es la primera vez que nos ocupamos de los grupos de rock sinfónico que poblaron la escena italiana durante la época dorada de este género, la década de 1970; si en anteriores ocasiones hemos tratado de poner en valor a formaciones como Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Dalton o Latte e Miele, hoy le toca el turno a Le Orme, banda que hizo su aparición a finales de los años sesenta, en la zona de Venecia, al principio con un sonido más cercano al pop, el beat y la psicodelia hippy que al rock progresivo. Tras publicar algunos singles y álbumes dentro de estas coordenadas, decidieron cambiar de estilo para acercarse a lo que ya venían haciendo grupos británicos como King Crimson o Emerson, Lake & Palmer. Ya como trío (Aldo Tagliapietra -voz, bajo, guitarra-, Tony Pagliuca -teclados- y Michi Dei Rossi -batería, percusiones-), publicaron “Collage” (1971) y “Uomo di Pezza” (1972), aunque el disco que les encumbró fue el siguiente: “Felona e Sorona” (1973), uno de los álbumes imprescindibles del rock progresivo italiano, del que incluso existe una versión en inglés a cargo de Peter Hammill, miembro fundador de Van der Graaf Generator.

Si queréis disfrutar con el lirismo y la delicadeza característicos de la escena progresiva italiana (aquí dábamos algunas pautas para caracterizar este movimiento musical), os recomiendo que escuchéis este disco (aquí lo podéis hacer), es tan bonito como su portada, obra del pintor y escultor italiano Lanfranco Frigeri. Todos los temas son fantásticos, desde “Sorona”, “La solitudine di chi protegge il mondo”, “Felona”, “Sospesi nell’incredibile” o “Ritratto di un mattino” hasta el tema elegido para ilustrar esta entrada, el titulado “L’Equilibrio” (aquí tenéis una versión en directo, creo que del año 2005), quizás el que mejor resume la propuesta musical de este álbum: gran protagonismo de los teclados, a lo Emerson, Lake & Palmer, interludios sinfónicos y una melodía que nos cuenta la historia de dos planetas opuestos, que comparten espacio y destino, uno desde la luz y el otro desde la oscuridad. Me he tomado la libertad de reproducir las palabras de Hernan Bertgni HerGus, recogidas en la web La Caja de Música, con las que nos relata la bonita historia narrada en este disco conceptual:

“Felona y Sorona son dos planetas que son vigilados por un mismo Dios que se encuentra en medio de los dos. Entre ambos hay una armonía, un equilibrio como entre las mitades de un reloj de arena (…) ‘Felona, cuenta la vida en ese planeta, en que todo es luminoso y la gente vive dentro de grandes burbujas (esferas transparentes) que les proveen a sus habitantes de todo lo que necesitan, y que se desplazan impulsadas por el viento durante el día, mientras que por la noche reposan en el suelo formando pequeños pueblos donde la gente se reúne a festejar y todo es alegría, hasta que el nuevo día otra vez se lleva por el aire a las casas-burbuja hasta la noche siguiente (…) [En] ‘L’Equilibrio’ (…) [se] habla sobre el gran vacío que hay entre ambos planetas, y como cada uno ignora la existencia del otro y del Creador, aunque los destinos de ambos están relacionados, ya que cuando uno está bien el otro está mal, pero con el paso del tiempo todo tiende a equilibrarse, aunque sea por un tiempo. Porque el Creador, cuando ve que uno de sus planetas (Felona en este caso) es un paraíso y ya no puede hacer más, siente curiosidad por saber que pasa en el otro. ‘Sorona fue una vez un planeta feliz, pero esos son recuerdos que se perdieron en el tiempo, y ahora todo es desolación y tristeza, tierra gris y pantanos, plantas y animales extraños, con viejas ciudades sin jardines y envueltas en la niebla. En Atessa Inerte (…) se habla de los habitantes del planeta, con caras endurecidas por un dolor eterno, que se juntan todos los días a rogar para que venga el Salvador a liberarlos y producir el milagro. Sus vidas son un eterno tormento, pero de repente aparece una que otra sonrisa, y se vislumbra una luz de esperanza. Ritratto di un Mattino () solo tiene una breve estrofa que dice que la felicidad no la encontraras dentro de ti sino en el amor que un día le darás a otros. De allí pasa a All’ Infuori del Tempo () donde se relata cómo llega la luz del Creador a Sorona y empiezan a aparecer las primeras hojas y el amor. En ese momento hay dos mundos felices, la tristeza olvidada en ambos, pero no puede durar mucho. Mientras en Sorona crece la felicidad, en Felona el viento se detiene y las burbujas se posan sobre el suelo y se disuelven, dejando a los que las habitaban librados a su suerte, y el equilibro se vuelve a terminar».

Hernan Bertgni HerGus, en La Caja de Música

Il Bacio de la Medussa. «Scorticamento di Marsia (Part I,II,III,IV)»

Il Bacio della Medusa es un grupo de rock progresivo italiano creado en septiembre de 2002 por Simone Cecchini (voz, guitarra acústica), Federico Caprai (bajo) y Diego Petrini (batería, teclados); en 2003 se unieron a la banda Simone Brozzetti (guitarra eléctrica) y Eva Morelli (flauta, saxo); y, en 2005, lo hizo el violinista Daniele Rinchi. Su primer álbum, publicado en 2004, se tituló igual que la banda; y, según consta en su página web, tienen otros tres discos de estudio (“Discesa agl’inferi d’un giovane amante”, 2008; “Deus lo vult”, 2012; y “SEMEX*”, 2018), además de algunas compilaciones y álbumes en directo, como el reciente “AnimAcustica” (2020).

Volviendo a su primer trabajo, fue reeditado por BWR en 2006 y por AMS Records en 2015; ésta última es, precisamente, la grabación que podéis escuchar a través de Spotify. Si lo hacéis, en seguida os daréis cuenta que Il Bacio della Medussa es una formación que bebe de los postulados musicales establecidos por el rock sinfónico italiano durante la década de los setenta, bien representado por bandas como Premiata Forneria Marconi, Le Orme, Banco del Mutuo Soccorso o Latte e Miele. “Il Bacio della Medusa” es un disco en el que tienen cabida la fusión y la crispación crimsoniana -especialmente manifiesta cuando el saxo entra en acción-, el folk al estilo de Jethro Tull -sobre todo cuando la flauta se apodera de la composición- y esa dulzura tan característica del rock progresivo italiano, heredada de la tradición melódica italiana.

En el tema que he elegido para ilustrar esta entrada, la suite “Scorticamento di Marsia (Part I,II,III,IV), compuesta por Simone Cecchini y Diego Petrini, se pueden apreciar bastante bien estas influencias que, además, ayudan al desarrollo cambiante que nos ofrece este sorprendente y bello tema. Empezamos con un cierto tono experimental y una melodía inquietante; apenas un minuto después entran la guitarra acústica y la flauta de Eva Morelli, a lo Jethro Tull; hacia el minuto 4:07 se incrementa el ritmo, mientras toman el mando la guitarra eléctrica y la parte cantada, que se alternan en el protagonismo a la vez que la flauta ayuda a coser la melodía; en el minuto 7 comienza una nueva parte cantada -acompañada por la guitarra acústica-, al estilo de la canción melódica italiana, en la que sobresale un emotivo solo de guitarra; la parte más crimsoniana la podemos apreciar a partir del minuto 10:24, cuando los riff de guitarra eléctrica se hacen más enérgicos, alternando con los sonidos jazzísticos del saxo. En el álbum “AnimAcustica” (2020), citado anteriormente, se ha incluido una muy lograda versión acústica en directo de esta melodía (aquí la podéis escuchar).

Latte e Miele. “Il Calvario”

De vez en cuando la escena progresiva italiana, una de las más importantes del rock sinfónico setentero, encuentra acomodo en este blog; tras Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso y Dalton, le toca el turno a Latte e Miele, una formación genovesa creada en 1971 en formato de trío, al estilo Emerson Lake & Palmer, con Olivero Lacagnina (teclados, voz), Marcello Giancarlo Dellacasa (guitarra, bajo, voz) y Alfio Vitanza (batería, flauta, voz) como integrantes. Su primer álbum fue “Passio Secundum Mattheum” (1972), del que hablaremos a continuación; en 1973 sacaron un nuevo disco al mercado (“Papillon”) y fueron teloneros de la banda Van Der Graaf Generator; en 1974, año de su separación, publicaron un álbum en vivo y algunos singles. Dos años después volverían a reunirse a partir de una formación liderada por el batería Alfio Vitanza, con un planteamiento más melódico y menos progresivo, sobre todo a medida que se adentraban en los años ochenta. La formación original, junto con Massimo Gori (bajo, guitarra, voz), que se incorporó al grupo en 1975, volvió a juntarse en 2008, a partir de entonces han ofrecido conciertos y han grabado discos, sin ir más lejos una revisión o reformulación (de 2014) de su primer álbum, con más arreglos y mejores medios técnicos de los que dispusieron en 1972 (aquí lo podéis escuchar).

Aunque la producción original de “Passio Secundum Matheum” (sólo he conseguido esta lista de reproducción para que podáis escuchar el disco entero) no es excesivamente brillante, estamos ante un trabajo creativo notable, en el que los autores consiguen ensamblar los textos del Evangelio de San Mateo con fragmentos de música clásica inspirados en la obra de Johann Sebastian Bach y con el habitual desarrollo instrumental del rock progresivo. En una edición anterior a la reformulación de 2014 citada anteriormente, cuando se digitalizó el trabajo para venderlo como CD, se incluyó un bonus track, en concreto el tema “Mese di Maggio”, una bonita melodía de corte pop-rock que, sin embargo, no casa bien en un Lp tan solemne y sombrío como éste. Aunque os recomiendo, dado su carácter narrativo y conceptual, que escuchéis el álbum completo, podéis comenzar con uno de los cortes que, al menos en mi opinión, me parecen más interesantes, el que lleva por título “Il Calvario”. Comienza con una breve introducción coral dramatizada que pronto da paso a un órgano majestuoso y sacro, de corte muy clásico y ambientación lúgubre. En el minuto 3:05 entra la batería con ritmo funerario, como si fuera una saeta, incorporándose después los coros; la tristeza ya nos invade. Un minuto después hace su aparición la guitarra eléctrica, a modo de incisivo lamento, que se apodera de la canción al incrementar la sensación de dramatismo y pérdida, en un crescendo al que se incorporan los coros. Después (minuto 6:07) entra la guitarra acústica sobre un fondo orquestado y un recitado del Evangelio.

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