Opeth. «Var Kommer Barnen In»

Los suecos Opeth, a pesar de que comienzan su andadura musical en 1991, se encuentran en pleno proceso de madurez creativa. Sus primeros discos se podrían englobar dentro del metal progresivo, incluso del death metal progresivo, con esas voces guturales tan típicas que son todo un símbolo para sus seguidores más metaleros. En el año 2003 publicaron «Damnation», con el que inician un viaje hacia el rock progresivo que tendrá su confirmación, en 2011, con el lanzamiento de «Heritage». El siguiente trabajo («Pale Communion») salió al mercado hace apenas unos meses y en él podemos disfrutar de los Opeth más progresivos, al estilo de las grandes bandas de los años setenta, y ya sin esos guturales tan característicos de otros tiempos. En noviembre pasado, el compañero Adrián, responsable del interesantísimo blog «Tu Crítica Musical«, elegía un tema de Opeth como una de las «Cinco Canciones que cambiaron su vida«. Consideraba a esta banda como una de las mejores del «metal de la actualidad y quizás de todos los tiempos», y añadía que «la combinación de pasajes de death metal progresivo con otros de tintes folk de rock suave junto a melodiosas y sedosas voces son para mí de lo más original». En el animado diálogo que hubo tras esta sugerente entrada, Alex los calificaba de «revelación en el mundo del Metal», aunque pensaba que sus dos últimos trabajos ya estaban «más cerca del progresivo clásico», de hecho ha escrito recientemente sobre este asunto (aquí lo podéis leer). Fue entonces cuando Adrián me recomendó su último álbum, el mencionado «Pale Communión»; «creo que no te decepcionarán», fue lo que me dijo. No solo no me han decepcionado, sino que es el disco que más me gusta de los suecos. Aquí lo podéis escuchar, con los dos bonus track que finalmente acabarían formando parte de este producto. Precisamente os voy a proponer uno de esos dos temas, en concreto «Var Kommer Barnen in», grabado en vivo en el año 2012. Se trata de una versión del grupo -también sueco- Hansson de Wolfe United (1979-actualidad), que fue grabado en su álbum «Existens maximum» (1981). Así sonaba el tema original, para que lo podáis comparar con la versión de Opeth, en la que la guitarra, hacia la mitad de la canción, se acaba apoderando de esta bella y antibélica melodía.

Yes. «Close to the Edge»

Jon Anderson (voz), Chris Squire (bajo), Steve Howe (guitarra), Rick Wakeman (teclados) y Bill Bruford (batería) son cinco músicos de lo mejor que ha dado el rock; lamentablemente, sólo permanecieron juntos en dos álbumes de estudio: «Fragile» (1971), del que nos hemos ocupado anteriormente a través del tema «Mood for a Day«, y «Close to the Edge«; para mi gusto son sus dos mejores trabajos, aunque casi todos sus discos de la década de los setenta son de una gran calidad. Es verdad que, en 1991, se volvieron a unir en un proyecto conocido como «Union», en el que también participaron otros antiguos miembros de esta formación, pero la verdad es que esto se producía casi veinte años después del lanzamiento de «Close to the Edge» y, obviamente, ya nunca fue lo mismo. «Close to the Edge» es una de las cimas del rock progresivo, un disco imprescindible para cualquiera que desee entender el rock sinfónico, una obra conceptual con influencias religiosas, filosóficas y literarias (Hermann Hesse. Siddharta, 1922), con un elevado sentido de lo alegórico, lo espiritual y lo trascendente. La cara B está ocupada por dos canciones: «And you and I» y «Siberian Khatru», absolutamente maravillosas por sí solas, dos de los mejores temas de este estilo musical; la cara A contiene la suite «Close to the Edge» -dividida en cuatro movimientos-, aún superior a los dos cortes anteriormente citados, para muchos el mejor tema de rock progresivo de todos los tiempos; para mí también, si no existiera «Shine on you Crazy Diamond» de Pink Floyd. Comienza con unos suaves sonidos de pájaros y agua, y con la expresiva guitarra de Steve Howe; hacia el minuto cuatro entra la mágica (y también controvertida) voz angelical de Jon Anderson, construyendo una preciosa melodía que actúa a modo de espina dorsal durante toda la composición; de esta manera se da paso a una enigmática y sosegada parte central, gobernada por la voz de Anderson y los teclados de Rick Wakeman, con un fragmento especialmente emocionante entre los minutos 12 y 15; a partir de ahí, el tema comienza a emerger, culminando con una parte final cantada, épica y apoteósica. He de decir que, en 1989, tuve la oportunidad de presenciar esta maravilla; fue en la actuación que dieron, en el antiguo Pabellón de Deportes del Real Madrid, cuatro de los cinco músicos de «Close to the Edge», en una banda reunida bajo el explícito nombre de Anderson, Bruford, Wakeman & Howe. A los que nunca habéis escuchado este tema, os recomiendo que os relajéis, cerréis los ojos y os dejéis llevar al borde del abismo.

King Crimson. «Starless»

De todos los grandes grupos setenteros de rock progresivo hay uno que siempre me ha sorprendido y emocionado a partes iguales. Hablo de King Crimson, la banda del genial Robert Fripp. No son, excepto para los buenos aficionados al rock sinfónico, un grupo fácil de escuchar; a menudo esconden sus melodías en complejos desarrollos experimentales, plagados de sugerentes y atrevidos sonidos distorsionados e impregnados de una atmósfera depresiva y oscura. Puede costar entrar en su mundo pero, cuando se consigue, te felicitas por ello y los escuchas una y otra vez tratando de descifrar el código que gobierna su intrincada y enigmática propuesta musical. No obstante, y a pesar de todo lo que acabo de comentar, es bien fácil comenzar con King Crimson si nunca has escuchado nada de este grupo; en una entrada anterior recomendaba el tema “Epitaph”, incluido en su primer álbum (“In the Court of the Crimson King”, 1969), una poética y triste reflexión sobre la naturaleza humana; hoy os traigo “Starless”, que forma parte del séptimo disco de los británicos, “Red”, lanzado al mercado en 1974. “In the Court of the Crimson King” y “Red” son el primer y último disco de su etapa gloriosa, un período creativo y fértil pero también convulso, caracterizado por una ida y venida constante de músicos, aunque siempre con Robert Fripp como timonel del barco. “Red” es, junto con el álbum de debut, el disco que más me gusta de King Crimson y, también, de los más asequibles y fáciles de escuchar; canciones como “Fallen Angel” o “Starless”, el tema con el que se cierra el álbum, son aptas para todos los paladares. Los primeros cuatro minutos y medio de “Starless” son de una belleza fuera de lo común; estamos ante una suave, pausada y depresiva melodía construida con mellotron y maravillosamente conducida por la guitarra, la voz del bajista John Wetton -que se ajusta como un guante a las necesidades del tema- y el saxo, que salpica la composición con una suave fragancia de jazz. Tras estos primeros minutos inolvidables, pasamos a la parte más experimental, intrigante y oscura, con un crescendo del que acaba apoderándose un saxo enérgico, vibrante y cautivador; entonces se acelera y endurece hasta volver a retomar, en el último minuto, su mágica melodía. Si al acabar os ha gustado un poco, escuchad este tema otra vez, estoy seguro que os encantará. Si lo hacéis una tercera vez os enamorará.

Cai. «Noche abierta» / «La Roca del Diablo»

Cai fue una de aquellas formaciones que, a finales de los años setenta, llenaron la escena española de sonidos que recordaban a los grandes grupos británicos de la época dorada del rock progresivo, pero con el aroma de las guitarras y los quejíos flamencos. Fue creado en Cádiz, durante 1977, en torno al pianista Chano Domínguez, uno de nuestros músicos de jazz más afamados y valiosos, y de los que mejor han sabido ensamblar este estilo con el flamenco, de hecho, fue el único español que participó en la película de Fernando Trueba “Calle 54”, dedicada al jazz latino. Los dos primeros discos de Cai creo que son los más interesantes: “Más allá de Nuestras Mentes Diminutas” (1978), quizás el más progresivo de todos y hoy una pieza de coleccionista difícil de conseguir; y “Noche abierta” (1980), el disco que les hizo famosos, con canciones más cortas y mayor presencia flamenca. En 1981 grabaron “Canción de la Primavera” y un año después se separaron, aunque se volvieron a unir en 2007, incluso han vuelto a sacar algún disco. Hoy os propongo dos temas, ambos pertenecientes a su segundo disco: “Noche abierta”, creo que su tema más conocido y menos progresivo, y la canción con la que se cierra el LP: “La Roca del Diablo”, donde se puede apreciar bien el estilo sinfónico andaluz del grupo. Acabo con la interesantísima visión de Chano Domínguez en torno a la figura del productor musical y su influencia en la creatividad musical:
“En este disco [el primero] utilicé tres teclados italianos. Un órgano Krumer, de un solo teclado, al que le ponía efectos de phase, flanger, distorsion … También usaba un mellotrón Le Logan, sin cinta, y un sintetizador monofónico Korg (…) Algún tiempo después de grabar el disco, Javier García Pelayo se interesa por nosotros y hace de mánager nuestro. Es entonces cuando su hermano Gonzalo nos produce. Él quería que estructuráramos de una manera más sencilla y lógica las canciones: introducción, estrofa, estribillo, estrofa … Simplificamos las estructuras en relación a nuestro primer disco, que era más volado, con muchas modulaciones y temas de largo desarrollo, que eran los procedimientos musicales típicos de aquella época. Nosotros entramos en ese juego, que fue beneficioso para todos, porque se vendieron varios miles de discos. Eso sí, Gonzalo recortó un poco el espíritu de la música por la música, no enfocada simplemente como un producto. Pero así es esto” (tomado del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 429).

Kansas. «Carry On Way Ward Son»

Antes de escribir esta entrada he estado repasando los temas de rock progresivo que han aparecido en La Guitarra de las Musas. Lo cierto es que aún faltan muchos de los títulos más representativos de este estilo, esas largas suites conceptuales que hacen las delicias de los buenos aficionados al rock sinfónico pero que se le suelen atragantar a quienes no participan de este entusiasmo. Consciente de esta realidad, a veces he seguido la «estrategia Kansas», es decir, proponer temas de este género, limítrofes con el rock melódico, la balada y el AOR, para tratar de vender el producto. Por ejemplo, canciones como «Silence and I», «Don’t Cry», «Nights in White Satin» o «Elegy», por mencionar sólo algunas, se han alternado en este blog con clásicos como «Epitaph», «Lady Fantasy», «Echoes», «Firth of Fifth», «Nine feet underground», «Tubular Bells», etc. Como se dice coloquialmente, «entre col y col, lechuga».

Kansas es una banda originaria de aquel estado americano, creada en 1973 y que, tras un parón entre los años 1984-1985, aún continúa en activo. Nacen como una banda de rock sinfónico influenciada por los grandes grupos británicos, pero con un sonido muy americano, plagado de elementos de rock sureño, blues-rock y hard-rock; a la personalísima voz de Steve Walsh se suma el protagonismo de las guitarras y del violín, así como una potente orquestación. El viaje de Kansas se inició por senderos claramente sinfónicos para ir encaminándose, con el paso de los años, hacia el AOR. Tal vez su disco más conocido sea «Point of Know Return» (1977), en el que se incluyó el popular tema «Dust in the wind»; fue el quinto trabajo de estudio (una interesante reseña puede leerse en el blog «Tu Crítica Musical«). Un año antes se había publicado «Leftoverture» (1976), con su primer gran éxito: «Carry On Way Ward Son». Tanto este disco como «Point of Know Return» son dos excelentes trabajos de rock progresivo, sin embargo casi todo el mundo conoce a Kansas por los dos temas anteriormente citados, más bien de corte melódico-AOR; dos ganchos para tratar de vender un producto musical más elaborado y complejo de lo que cabría esperar. He optado por un versión en directo de «Carry On Way Ward Son» pero, si preferís la de estudio, aquí la tenéis. Por ultimo, comentar que existen algunas versiones interesantes de este tema, como la de Dream Theater o la de Yngwie Malmsteen.