«River Deep – Mountain High» es una de las canciones más importantes del dúo Ike & Tina Turner, fue comercializada como single e incluida en el álbum homónimo publicado en 1966. Sin embargo, en su grabación no intervino Ike Turner y, en cambio, fue el productor Phil Spector el que acumuló todo el protagonismo, junto con la propia Tina Turner. Tal y como nos cuenta Emilio de Gorgot en un excelente artículo publicado en Jot Down, en 1965 Phil Spector buscaba «algo más robusto, más gigantesco, más colosal que nunca», un tema acorde a la espectacularidad y complejidad de su «muro de sonido» que volviera a reconducir su megalomaniaca manera de entender la producción musical. Partieron de tres canciones compuestas por él y por la pareja Jeff Barry y Ellie Greenwich, y las unieron en una única pieza; convencido como estaba de tener entre sus manos un tema excepcional, contrató a cuarenta y dos personas, entre músicos y coristas, un impresionante despliegue de medios que, por supuesto, necesitaba de una intérprete capaz de mantenerse en pie ante semejante vendaval. Phil Spector lo tenía claro, debía ser Tina Turner. Pero había un pequeño problema: su posesivo e irascible marido; asumiendo que la grabación habría de ser costosísima, unos veintidós mil dólares, ofreció otros tantos a Ike Turner para que no pisara el estudio. Tina cantó una y otra vez la canción, durante varias horas; al parecer, Phil Spector sólo quedó conforme cuando, asfixiada por el calor que había en el estudio, se quitó la blusa y cantó una vez más el tema, esta vez en sujetador; aquella fue la toma definitiva, la única que dejó satisfecho al exigente productor. Sin embargo, «River Deep – Mountain High» no funcionó bien desde el punto de vista comercial, para desesperación de Spector que veía como el público empezaba a apreciar otra manera de entender la música, la de grupos como los Beatles o los Beach Boys, más limpia y donde los instrumentos se podían identificar claramente. Un par de años después aparecieron dos versiones fuertemente impregnadas de la psicodelia de la época; me refiero a la de Deep Purple -la segunda destacada de hoy-, incluida en su segundo álbum de estudio («The Book of Taliesyn», 1968), de diez minutos de duración y en la que cuesta reconocer la melodía, y la de Eric Burdon & The Animals, de siete minutos, que formó parte de su álbum «Love is» (1968). Las versiones de este tema se cuentan por docenas; especialmente numerosas son las realizadas en las décadas de los sesenta y setenta (Harry Nilsson, Toni Wine, The Badd Boys, Leslie Uggams, The Easybeats, The Supremes & The Four Tops, The Shadows, Meat Loaf, etc.), aunque también las hay posteriores: Neil Diamond, Jimmy Barnes, Annie Lennox, Flamin’ Groovies, The Overtones o Katrina & The Waves, el tercer vídeo elegido para ilustrar esta entrada.
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Las Cinco Canciones de JakeSnake (V): «A man I’ll never be» (Boston)
Hoy día los chavales de catorce o quince años tienen de todo, incluso modernos y costosos smartphones, donde pueden escuchar la música que les dé la gana. En los años setenta la cosa era más complicada, al menos para los que procedíamos de familias humildes como la mía; me acuerdo que grababa en cintas de marca completamente desconocidas (y así me iba …) y medité mucho antes de comprar mis primeras casetes; aún me acuerdo cuáles fueron: «El Patio» (Triana), «Relayer» (Yes), «Aqualung» (Jethro Tull) y «Boston» (Boston). De este último disco ya me ocupé en su momento, a través del tema «More Than a Feeling» o «Más que un sentimiento», el título que aparece en mi cinta. Desde hace tiempo tenía ganas de que esta banda volviera a aparecer en La Guitarra de las Musas; de hecho, tengo preparada una entrada con el tema tal vez más conocido de su segundo álbum: «Don’t look back»; por eso, cuando vi que JakeSnake elegía otra canción de ese mismo disco me llevé una alegría. En concreto, ha elegido la balada «A man I’ll never be», un tema precioso con el que ha querido recordar y homenajear a su abuelo; no os perdáis su relato porque os va a emocionar, ni su penúltima frase donde se condensa, de manera brillante, todo el amor y el respeto que puedes sentir hacia quien quieres y admiras. Muchas gracias, Jake, por esta semana tan intensa y emotiva que nos has regalado, y por todas las elogiosas, más bien «ruborizantes», palabras que me has dedicado. Recordad que el blog de Jake es Musicae Memorandum. Un abrazo muy fuerte.
Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).
«Por fin, que pensarán algunos, llega mi última colaboración en La Guitarra de las Musas. En primer lugar he de pedir disculpas por haber tardado tanto en realizar las 5 canciones de mi vida, creedme cuando os digo que dispongo de poco tiempo y que me ha costado una barbaridad decidir el quinteto sobre el que referir, de verdad que se me quedan decenas de bandas y cientos de canciones de mi vida en el tintero. Y en segundo y último, me gustaría recordar que, la primera vez que entré por estos lares, tan sólo me hicieron falta 15 minutos para darme cuenta de que estaba ante un gran blog; tanto, que me permití el lujo de afirmar que estaría entre los tres finalistas (asegurar que finalmente vencería me pareció una falta de respeto hacia los demás participantes) de aquel concurso del que es actual ganador. Por la parte que me toca, y sin ánimo ninguno de parecer petulante en absoluto, es el mejor sucesor, en lo que a palmarés de concurso se refiere, que uno pudiera imaginar y/o desear. A ver si me expreso bien, que un blog como éste tenga el Premio 20Blogs revaloriza el que nosotros conseguimos justamente un año antes. Dicho queda.
No he sido capaz de encontrar un tamaño de fuente tan grande como para poder expresar de manera justa el enorme GRACIAS que me gustaría transmitir. Quizá no sea necesario, estoy seguro que Raúl sabe cuán agradecido y orgulloso me siento de poder intervenir en La Guitarra de las musas. Para mí ha sido un honor, un privilegio, un lujo… de todo corazón.
En este sentido, mi agradecimiento va más allá al hecho de poder escribir unas líneas en un lugar tan prestigioso como lo es éste, va más bien dirigido hacia la oportunidad de poder plasmar todos los sentimientos, inquietudes, recuerdos, miedos que uno tiene a través de la música, esa pasión que nos une, y que algunos, mediante el formato Blog, usamos muchas veces a modo de desahogo. Y es que la de hoy es sin ningún género de duda, la entrada más dura que escribí jamás.
Llegados a este punto, me es imposible no rememorar la entrada de Salva en esta misma bitácora sobre «Back in black». Y no, no es por AC/DC, sino por la figura del abuelo. Me encantó aquello de «nada más alejado del Rock que mi abuelo«, algo que yo sin duda también pudiera afirmar. No sé si las casualidades existen o si el destino está ya escrito, lo cierto es que la noche en la que falleció mi abuelo, mientras me dirigía hacia la casa de mi Tete, se oyó la canción de hoy. En verdad que no recuerdo muy bien de cómo pude llegar, las lágrimas en mis ojos y las imágenes de mi abuelo Paco en mi cabeza apenas sí me permitían ver la carretera. Lo que sí puedo asegurar es que en aquel preciso momento, en la radio de mi coche, sonaba «A man I´ll never be».
Cuando comentaba anteriormente lo de las casualidades, no lo hacía porque a mi Tete también le encanten Boston, sino más bien por aquello de el hombre que nunca seré. Soy perfectamente consciente de que la letra del tema poco o nada tiene que ver con mi experiencia en concreto, realmente habla sobre la impotencia de un hombre por no ser capaz de colmar las expectativas de su chica, de como, por muy duro que lo intente, él nunca será el hombre que ella imagina en su mente, pero entenderéis que yo haya asimilado la canción como un recuerdo indeleble hacia ese gran hombre que fue mi abuelo, alguien que sólo supo responder a todas las dificultades e injusticias que la vida le planteó con amor hacia sus seres más queridos y con respeto y educación hacia todos los demás.
No sé, a veces tengo la sensación de que esa noche marcó un punto de inflexión en mi vida, un antes y un después. Si bien, hasta que mi abuelo se marchó tenía la impresión de estar viviendo la vida, tras Él (y Ellas dos), parece que sólo la recuerdo. Sería injusto afirmar, especialmente para las personas que me quieren y me acompañan en mi vida, que no soy feliz, pero lo cierto es que sin ellos tres ya nunca será lo mismo.
Y es que aquella noche de 2007, súbitamente, pasé de ser un chico a ser un hombre. Pero no como mi abuelo, pues Él fue el hombre que yo nunca seré, o mejor dicho, el hombre que yo nunca seré capaz de ser.Gran abrazo a todos, nos seguimos leyendo, hasta siempre».
Las Cinco Canciones de JakeSnake (IV): «Mystery» (Dio)
España suspendió el Servicio Militar Obligatorio en 1996 aunque, en realidad, siguió funcionando hasta 2001, cuando fue sustituido por un modelo de ejército profesional en el que las mujeres también tuvieron, y siguen teniendo, cabida. Obviamente, yo no me libré y, como ya he comentado en alguna ocasión, me tocó hacer la «mili» en Melilla (dicen que fue por sorteo …), previo paso por el CIR de Camposoto, en San Fernando (Cádiz), donde realicé la instrucción. Fue un año en total, del que guardo buenos y malos recuerdos, aunque realmente los malos momentos no fueron tantos; lo peor fue tener que dejar mi trabajo para incorporarme a filas, los primeros momentos de desconcierto cuando abandonas la vida civil para incorporarte a la disciplina y la vida militar, y los malos días que pasé, ya en Melilla, hasta que me dieron el destino definitivo en el botiquín del Regimiento de Caballería Acorazado «Alcántara 10», como soldado agregado de la Compañía del Cuartel General, mi destino inicial. Os cuento todo este rollo porque nuestro invitado de esta semana fue militar profesional durante cuatro años de su vida, precisamente el período que protagoniza la entrada de hoy, unos años en los que JakeSnake no abandonó su pasión por la música y, en particular, por el heavy metal. Ha querido que «Mystery» sea la canción que represente aquella etapa de su vida, un tema de Ronnie James Dio y Jimmy Bain publicado en el segundo álbum de estudio de la banda Dio, el titulado «The Last in Line» (1984).
«Tal y como comentaba en mi segunda aportación a esta enorme bitácora, siempre consideré la música, además de como una de las grandes pasiones de mi vida -por no decir la que más-, como un eficaz y casi infalible recurso para trasladarme por distintos momentos, felices y no tanto, de mi particular existencia. Hablaba también en el mencionado post, de ese tan maravilloso como extraño, por desgracia, fenómeno de sentirse plenamente bienaventurado, y sobre todo, de tener absoluta constancia de ello.
Bien, pues hoy voy a trasladar esa sensación 5 años más allá, o sea, a mis 19 años. Resulta que, por circunstancias varias, en una decisión que aún a día de hoy me sigue sorprendiendo a mí mismo, ingresé en el ejército como soldado profesional. Destaco lo sorpresivo del asunto porque nunca fui yo alguien que sintiera una especial vocación militar, casi que lo contrario. Cuatro años fueron los que permanecí sirviendo a la patria, algo de lo que no me arrepiento si bien tampoco me provoca un orgullo especial.
El caso es que, antes de ser enviado a destino, era necesario pasar un periodo de aprendizaje de tres meses en un centro de formación, en Rabasa (Alicante) en mi caso. Así que imaginaros, 19 años, 500 chic@s en aquel regimiento y una ciudad tan maravillosa como Alicante… una mezcla explosiva en la que era imposible no pasarlo bien. En esta ocasión la impresión de felicidad que anteriores aportaciones describía no respondía a ese aroma tan fresco, inquieto e ingenuo de los 14 años, olía más bien a alcohol, a garitos oscuros, a hormonas adolescentes en plena ebullición y a noches que tan solo la salida del sol podía poner fin.
Varios, muchos, fueron los discos que ambientaron aquella inolvidable e irrepetible época, pero tres son los que no tengo más remedio que destacar por su especial incidencia: «Wild Frontier» de Gary Moore, el mejor acompañante durante los innumerables viajes en bus desde Cartagena a Alicante y viceversa, «Images and Words» de Dream Theater, un inesperado regalo de mi chica que desde ese preciso instante pasó a ser mi álbum favorito forever and ever, y «The Last in line«, el discarro de Dio que tanto me hizo disfrutar cuando, mediante un discman, lo escuchaba todas y cada una de las noches (que no se nos permitía salir, claro) en la litera de aquel viejo barracón, evitando así el jaleo que ochenta tíos adolescentes en plena efervescencia dentro de un mismo espacio pueden acarrear. Creedme, nunca un somnífero fue tan placentero y tan poco tranquilizante.
Nada más finalizar mi etapa alicantina descubrí «Holy Diver«, seguramente la joya de más quilates de Ronnie James Dio en solitario, y hasta el último instante he dudado si «Caught in the middle«, una de mis grandes debilidades, debería ser la destacada hoy, pero finalmente he comprendido que hubiera sido injusto no hacerlo sobre una canción de The Last in line. Pudieron haber sido «Evil eyes«, «We rock«, «I speed at night» o «Breathless«, pero sin duda esta «Mystery» es la con la que mejor vuelvo a sentir esa fragancia que antes describía. Ya sabéis, el milagro de la música …»
Las Cinco Canciones de JakeSnake (III): «Think about you» (Guns N’ Roses)
Hoy más que nunca, estaría bien contar con los comentarios de las chicas en relación al tema planteado por JakeSnake. Tal vez algunas de vosotras intentéis convencernos de que siempre os han gustado los chicos tranquilitos y bien educados, los que sacaban buenas notas en clase, los que no fumaban y los que trataban a las chicas con educación y dedicación; pero, por qué será que nunca he conocido a nadie, con este perfil, que haga estragos entre las mujeres, y más a los dieciséis años. Si en la entrada anterior Jake nos contaba cómo se resistió al «bakalao», hoy hace lo propio con el grunge, sobre todo desde que entraron en escena los potentes Guns N’ Roses y su carismático líder, Axl Rose. «Think About You», el tema elegido por JakeSnake, fue escrito por el guitarrista Izzy Stradlin y pertenece a uno de los mejores álbumes de los estadounidenses: «Appetite for Destruction» (1987).
«Recuerdo, como si fuera ayer mismo, la tarde en la que mi madre, ante mi negativa a acompañarla al hipermercado para realizar la compra, me convenció mediante la promesa de comprarme un CD. Inmediatamente acepté el soborno, Ella me conocía mejor de lo que nadie me conocerá jamás. Por favor, no penséis que era un mal hijo, tan sólo que tenía 16 años y temía que algún compañer@ de instituto me sorprendiera en tan «embarazosa situación». Mi reputación de rebelde oficial de clase podía irse al garete fulminantemente si era descubierto…
Y es que esa era seguramente mi máxima preocupación en aquel momento, ser un malote. Porque desde bien temprano comprendí que ellas se sentían irresistiblemente atraídas por el tipo malo, que se derretían por el chico salvaje e impulsivo que aparenta una seguridad aplastante en sí mismo y que muestra una total indiferencia por todo lo que le rodea; excepto él mismo, claro.
En este sentido, quizá nunca logre entender ese magnetismo femenino hacia el tipo duro, la contradicción en la que ellas suelen caer al desear al granuja que representa todo lo contrario a lo que predican, la irreprimible erótica que sienten hacia el macho alfa que va por libre y se sienta en la fila de atrás, pero lo cierto es que funciona, es casi un hecho demostrado científicamente. Pudiera decirse pues, que la principal motivación que me movía era aparentar ser un rebelde, sin moto pero con causa, la de ligar 😉
Visto desde la perspectiva que otorga la lejanía más de 20 años después, dejarse los pelajos largos, llevar chaqueta de (semi) cuero con 35 grados a la sombra, mostrar una permanente actitud interesante (o sea, ceño fruncido y cara de dolor de estómago crónico) y provocar día sí día también al profesor para ganarse la atención general, bien pudiera parecer una completa sandez, pero en aquel momento era casi una forma de vida.
Mi particular sublevación hacia todo lo que no fuera yo mismo, como no podía ser de otra manera, también incumbía a la música. Porque cuando la inmensa mayoría, súbitamente, se convirtió a la religión Grunge con Kurt Cobain como único y todopoderoso Dios renunciando flagrantemente a sus divinidades anteriores, yo preferí seguir profesando la doctrina Hard Rock. Tan sólo me faltaba una figura a la que aferrarme para que interpretara el rol antagónico respecto a Cobain y así concretar mi personal insurrección: Bon Jovi, Ozzy y Joey Tempest aparentaban ser demasiados endebles y, sobre todo, estaban muy manidos frente a la imponente y fresca imagen del Rey de Seattle, mientras que Bruce Dickinson, Michael Kiske o Eric Adams resultaban bastante desconocidos para la mayoría.
Fue entonces cuando, de repente, apareció en mi vida Axl Rose en el videoclip de «Sweet child o´mine«. Era exactamente lo que andaba buscando, esa estética, esa arrogancia, esa voz, ese carisma. Comprenderéis entonces que el CD que elegí aquella tarde en el hipermercado fuera «Appetite for destruction», un álbum que devoré con una avidez demencial, obsesiva, casi alucinógena, hasta el punto de emplear los siguientes 6 meses de mi vida escuchando única y exclusivamente esta obra magna sin parangón.
Cortes más conocidos como «Paradise city«, «Welcome to the jungle» o «Rocket Queen» junto con el mencionado «Sweet child o’mine» fueron los que más alcance mediático obtuvieron permitiendo la supervivencia del Hard Rock en tiempos favorables a lo alternativo, siendo además, los grandes responsables de derrocar la comercialidad rockera de la segunda mitad de los ochenta en favor de un estilo más callejero, salvaje y macarra. Sin embargo yo siempre sentí una especial inclinación a otros temas menos renombrados como «It´s so easy«, «Nightrain» o «You´re crazy«. De entre todas, me quedo con «Think about you», porque fue (aún lo sigue haciendo) la que más violentamente voló mi cabeza adolescente, porque -junto a «Kickstart my heart«- es la canción que más veces he cantado junto a mis amigos en un perfecto y etílico spanglish y sobre todo, porque quizá sea el final de canción -esa doble voz de Axl y ese conmovedor «youuuuuu only youuuuuu«- más acojonante que yo haya escuchado nunca».
Las Cinco Canciones de JakeSnake (II): «Wasted Years» (Iron Maiden)
Jake nos habla hoy de cómo era su vida a los catorce años, de la intensidad con la que se viven las relaciones sociales, los juegos, el aprendizaje de lo cotidiano y, en general, todo lo que tiene que ver con la amistad y el sentido eufórico de la existencia. Pero también de algo que es bien difícil a esta edad, como es tener juicio crítico e ideas propias; de cómo amar el heavy metal cuando el resto de tus amigos pierden el sentido por el «bakalao«, un invento surgido en la zona de Levante durante los años noventa que triunfó en las discotecas españolas, en los coches de algunos de sus seguidores y entre todos los deseosos de agitación «makinera». El tema que nos propone Jake para ilustrar estas vivencias es «Wasted Years», escrito por el guitarrista Adrian Smith, incluido en el sexto álbum de estudio de la banda británica Iron Maiden, titulado «Somewhere in Time» (1986).
«Una vez iniciada mi recalcitrante e irreversible devoción musical, siempre he considerado a la música como una fiel compañera de mi vida y sobre todo, como una especie de banda sonora de todas y cada una de las etapas que he ido quemando a lo largo de mi existencia. Algo así como una especie de recurso para trasladarme a distintos y remotos momentos vitales, un vehículo (¿acaso un DeLorean?) en el que viajar en sentido contrario al que sigue la inexorable línea de mi vida.
Si en mi primera contribución hacía alusión a mi más tierna infancia, hoy voy a referir sobre el verano de los 14 años. Hubieron otros, el de los 17, el de los 19, el de los 22… pero guardo un cariño muy especial al del año ´94, supongo que por ese aroma tan fresco, inquieto e ingenuo inherente a esas tempranas edades. Además ocurrió en aquel intervalo estival un fenómeno que, aún a día de hoy, o mejor dicho, especialmente hoy, me sigue pareciendo tan sorprendente como maravilloso: Era feliz y era consciente de ello. Recuerdo que incluso, mientras íbamos en bus hacia la playa, disputábamos apasionantes e interminables partidos de fútbol o jugábamos eternas partidas de cartas en las aceras hasta altas horas de la madrugada, había momentos en los que me era imposible evitar interrumpir mentalmente mi frenética actividad social para reflexionar ante tan radiante estado de ánimo.
No sé si me explico, aunque quizá tampoco haga falta, esa sensación puede resultar tan difícil de argüir para el que suscribe como fácil de reconocer para el que lee. Supongo que todos, de un modo u otro, hemos experimentado esa maravillosa sensación de libertad plena totalmente exenta de responsabilidad más allá de pasarlo bien, esa creencia ciega de que aquellos amigos eran los mejores que se podían tener y que permanecerían ahí el resto de tus días, ese descaro casi insolente por probarlo todo y no tener que arrepentirte de nada excepto de no haberlo intentado, esa palpitante impresión ante nuevas y fascinantes vivencias, ese convencimiento absoluto de que nada podría salir mal… Si una leve sonrisa se dibuja ahora mismo en tu rostro, no hay duda, tú también has tenido 14 años.
En aquellas primeras épocas de devoción musical mi punto de mira apuntaba única y directamente hacia todo lo relacionado con el Rock y Heavy ochentero (intereses, actitudes, vestimentas, peinado 😆), a pesar de que la mayoría de los colegas del barrio se inclinaron más hacia lo que se denominó como Bakalao, con especial mención hacia Las Cantaditas, muy de moda en aquel entonces por la zona levantina. Tan sólo unos pocos valientes en la barriada osamos a desafiar el dominio makinero mediante un juramento que particularmente aún mantengo con más vigencia que nunca. ¿Qué fue de los otros audaces retadores? Desconozco si rompieron sus promesas. En nuestro caso, y a pesar de lo que uno cree con 14 años, para siempre resultó ser demasiado tiempo…
No obstante, quiero pensar que el invisible lazo que nos unió mientras escuchábamos «Shot Through The Heart» o «Born to be my baby«, o cuando descubríamos conjuntamente temas como «On Broken Wings«, «Hail and kill» o «I want out«, en cierto modo, nunca se romperá. Mención especial a nuestro primer concierto, nada menos que Iron Maiden, algo así como desvirgarse con Sharon Stone (nuestra musa por aquel entonces). Volvimos a ver a Steve Harris, Dickinson y compañía tres o cuatro veces más, incluyendo un inolvidable (a pesar de las lagunas que produjeron en nuestra memoria ciertas sustancias) viaje de pirados a La Cubierta de Leganés junto a Megadeth, pero nunca pudo ser lo mismo. Jamás podré olvidar (esta vez el recuerdo sí es muy nítido) nuestras sonrisas bobaliconas mezcla entre incredulidad y felicidad plena tras el «desvirgador» concierto en Los Alcázares mientras corríamos como dementes en pleno éxtasis de locura hacia el lugar acordado con el hermano mayor de uno de ellos para recogernos.
Y es que si hubo una banda más especial en aquella etapa, esa fue sin duda Iron Maiden, con especial relevancia hacia «Live after death» y «Somewhere in time«. He estado a punto de elegir «Hallowed be thy name«, por ser mi preferida de siempre de la doncella, o «Heaven can wait«, la que mejor logro evocar del mencionado concierto. Sin embargo voy a destacar «Wasted Years» por dos motivos: El primero porque, al contrario de lo que aquí estoy haciendo, sus líricas tratan acerca de no quedarse anclado en el pasado, de no desperdiciar nuestro tiempo buscando irrecuperables y lejanos años, quizás estos sean los mejores y no nos estamos dando cuenta de que lo que realmente cuenta es el eterno presente; y el segundo porque, aquella madrugada en la que interrumpimos la partida de Cuatrola para colarnos en el salón de la casa de mi amigo mientras sus padres dormían para visualizar en VHS el videoclip expuesto a continuación, comprendí que amaría el Heavy el resto de mis días. A veces, con 14 años, uno no se equivoca tanto como se pudiera creer…»