“Sway” es otro ejemplo más de canción anglosajona construida a partir de una melodía original en otro idioma, en este caso en español. En realidad es la versión en inglés del mambo “Quién será” (1953), compuesto por los mexicanos Luis Demetrio y Pablo Beltrán Ruiz, que fue grabada por Dean Martín, en 1954, después de realizar una adaptación de la letra a cargo de Norman Gimbel. Mientras que el original mexicano tenía un concepto y un ritmo cláramente latinos, la versión de Dean Martín se adentraba en la canción melódica aunque sin perder el fundamento original. Cinco años después de esta primera versión en inglés, se incluyo en el disco “A Touch of Tabasco”, de la cantante de jazz estadounidense Rosemary Clooney y la orquesta del cubano Dámaso Pérez Prado. Ésta es la primera versión que ponemos hoy (he dejado enlaces a las dos primeras para aquellos que estén interesados), un mambo ejecutado por uno de los mejores del género (Pérez Prado) pero con un toque de swing (R. Clooney) interesantísimo y muy reconocible en versiones posteriores; además, aunque estaba cantado en inglés, tenía algunas partes en español. La segunda versión es la del canadiense Michael Bublé, a medio camino entre la vena melódica de Dean Martin y el swing de Perez Prado y R. Clooney. La transformación definitiva en un tema de jazz nos la ofrece el cantante y pianista Peter Cincotti. “Sway” se puso de moda hace algunos años gracias a la propuesta del grupo pop femenino Pussycat Dolls, incluida en la comedia romántica “Shall we dance?”; no es la versión que más me gusta pero es la más sensual, y atesora tal concentración de belleza que me ha sido imposible ignorarla.
Categoría: Jazz-Bossa Nova
The Manhattan Transfer. “Java Jive” / “Heart’s desire” / “Baby come back to me”
En 1976 triunfaba una pegadiza canción, «Speak up mambo (Cuéntame)», interpretada por un cuarteto vocal estadounidense que tomaba prestado su nombre de una conocida novela de John Dos Passos: Manhattan Transfer (1925). Me acuerdo perfectamente de aquello, por aquella época yo tenía trece años y ya trasteaba con el radiocasete de mis padres grabando canciones de la radio. The Manhattan Transfer se habían formado, en Nueva York, durante el año 1969, aunque hasta 1972 no contaron con su primera formación clásica (Tim Hauser, Alan Paul, Janis Siegel y Laurel Massé), apenas modificada en 1978 tras el grave accidente de tráfico sufrido por Laurel Massé, que acabaría siendo sustituida por Cheryl Bentyne. Es cierto que este grupo bebe de viejas fuentes musicales: el gosspel, el swing, las grandes orquestas de los años 30’ y 40’ o los grupos “a capella” que triunfaron en los años 50’, con el estilo conocido como Doo Wop (du duá). Sin embargo, aún nos ofrecen más: Jazz, Bossa Nova, ritmos latinos como el Mambo y un sinfín de recursos musicales que hacen de Manhattan Transfer un cocktail bien agitado y delicioso, que se sirve con elegancia y armonía. Sus temas de mayor calado jazzístico son un ejemplo de utilización de la técnica conocida como “Vocalese”, es decir, el uso de la voz y la letra en piezas inicialmente concebidas como instrumentales. Me ha sido difícil elegir una canción, así que dejo tres: “Java Jive”, su primer éxito, aparecido en el disco “Jukin’” (1971); “Heart’s Desire” y “Baby come back to me”, incluidas en el álbum “Bop-Doo-Wopp” (1985).
Stanley Jordan. «The Sound of Silence» / «Stairway to Heaven»
Casi todos los que amamos el rock no podemos concebir nuestra música sin un buen guitarrista, y cuando nos piden quiénes son nuestros favoritos no dudamos en dar una retahíla de nombres, todos a cuál más rockero. Sin embargo hay otros estilos musicales, como el blues, el jazz o el flamenco, donde campan a sus anchas guitarristas que quitan el hipo. El estadounidense Stanley Jordan es uno de esos genios de las seis cuerdas. Grabó su primer disco («Touch sensitive») en 1982 y pronto se hizo famoso por su singular manera de tocar la guitarra, basada en una técnica conocida como «tapping» que, en líneas generales, consiste en presionar las cuerdas con las dos manos, en lugar de presionar y rasgar; con ello se consigue el efecto de dos guitarras, sonidos similares a los de piano y un irresistible atractivo estético, habida cuenta que las dos manos se sitúan sobre el mástil. Stanley Jordan no es, ni mucho menos, el inventor del «tapping»; otros guitarristas ya lo habían venido utilizando con anterioridad, pero fueron Eddie Van Halen y Stanley Jordan quienes comenzaron a utilizarlo con asiduidad, éste último prácticamente no toca de otra manera. Para muestra un botón, aquí tenéis una versión del clásico de Paul Simon «The Sound of Silence». Si os apetece seguir escuchando algo más de él os recomiendo el segundo video, donde interpreta el conocidísimo tema de Led Zeppelin «Stairway to Heaven», para el que se vale de dos guitarras que ejecuta de manera simultánea.
Tom Waits. «Alice»
El otro día comentaba con Salva, del blog amigo Mentalparadise que, como en otros ámbitos de la vida, los genios no abundan; y, en este sentido, hablábamos de Sting, Neil Young y Van Morrison. Desde mi punto de vista, Tom Waits también merece estar en este selecto grupo. En otra ocasión animaba a escuchar la maravillosa «Tom Traubert’s Blues«, compuesta por el californiano a partir de la canción tradicional australiana «Waltzing Matilda», pero en la voz de Rod Stewart; esta vez propongo el tema «Alice», perteneciente a su decimoquinto álbum de estudio (2002), con temas compuestos para la obra teatral sobre Alicia en el país de las maravillas. Es una canción bellísima, donde la cavernosa, rugosa y atormentada voz de Waits se regula y equilibra gracias al solvente saxo de Colin Stetson, un instrumento que, desde la timidez de la penumbra, acaba por enseñorearse de la canción.
Billie Holiday. «Strange fruit»
«Strange fruit» es el primer tema de Jazz de este blog. Esta canción protesta fue compuesta por Abel Meeropol y acabó convirtiéndose en uno de los emblemas contra el racismo y el linchamiento de negros en los estados del sur de EE.UU. He tardado un poco pero, de ahora en adelante, espero seguir incluyendo algún que otro corte de este estilo, sobre todo del que prefiero: el Swing. Por eso precisamente, comenzar con Billie Holiday es, para mi, una obligación. Hay cantantes que tienen una voz portentosa, otras que basan su éxito en la personalidad y su peculiar manera de cantar, algunas que son capaces de transmitir como las mejores actrices y, por último, está Billie Holiday que cuando la oyes cantar te atrapa y te obliga dejar lo que estés haciendo para vivir con ella la canción. Si, además, se enfrenta a una historia visceral y comprometida como ésta el resultado no puede ser más arrebatador (os dejo este vídeo subtitulado, que pone los pelos de punta).