Los Pasos. “Anouschtka”

A mediados de los sesenta Los Brincos eran los reyes de la escena pop española. Con el fin de contrarrestar o nivelar esta supremacía, el productor francés Alain Milhaud trató de crear un supergrupo con músicos procedentes de otras formaciones madrileñas, como Los Diablos Rojos, Los Jets, Los Sonor o Los Flaps; esta nueva banda, liderada por el guitarrista Joaquín Torres (aquí tenéis una interesante entrevista a este músico y conocido productor musical), inició los ensayos en 1966, con un tema escrito por Manolo Díaz que llevaba por título “La Moto”. Sin embargo, en algún momento, Alain Milhaud les debió retirar su apoyo en favor de otro grupo que estaba creándose en torno a un cantante de origen alemán llamado Mike Kennedy, que formaba parte de la banda Mike & the Runaways. Este nuevo grupo, el que finalmente estaba llamado a competir con Los Brincos, acabaría siendo conocido como Los Bravos, mientras que los músicos que constituyeron el primer embrión anti-Brincos encontraron acomodo con el productor Rafael Trabuchelli y la compañía discográfica Hispavox, ya bajo la denominación de Los Pasos. “La Moto” acabó siendo grabada por ambas formaciones (ésta versión es la de Los Bravos y ésta otra la de Los Pasos), aunque Milhaud y Díaz hicieron valer sus derechos para que fueran Los Bravos los primeros en lanzarla al mercado.

Tal y como nos cuenta Salvador Domínguez en su libro Bienvenido Mr. Rock. Los primeros grupos hispanos 1957-1975 (Madrid: SGAE, 2002; págs. 322-326), Los Pasos “solían actuar con regularidad en la cadena de clubs Consulado, Caravell y Principado”, y en los festivales matinales que organizaba El Corte Inglés en el Palacio de los Deportes de Madrid, situado en la calle Felipe II; incluso llegaron a participar en el largometraje “Long Play” (1968), dirigido por Xavier Setó. Publicaron un buen número de singles y dos Lps: “Los Pasos” (1967) y “Los Pasos y Los Albas” (1972), éste último de manera conjunta con Los Albas. Se separaron en 1972, aunque posteriormente tuvieron algunas reuniones esporádicas, como la que tuvo lugar con motivo del programa de televisión de Miguel Ríos “¡Qué Noche la de aquel Año!”, a finales de los ochenta, o el concierto ofrecido –junto a otros grupos de los sesenta- en la sala Jácara de Madrid, en el año 1990. Aquí podéis escuchar todas sus grabaciones con Hispavox (1966-1969), el período tal vez más interesante de esta banda; de entre todos estos temas, he seleccionado el titulado “Anoutschka”, uno de los más conocidos, en el que se puede apreciar bien la calidad instrumental y los característicos juegos vocales de esta banda. Como podréis comprobar, la letra es sencilla; nos habla de un amor abandonado en la lejana Rusia:

“Ella se llamaba Anoutschka. Nunca la podré olvidar. Me dejó un bello recuerdo. Su inocencia y su bondad (…) Anoutschka vivía en la nieve. Una aldea sin cuidar. Sucia triste y olvidada. Muy lejos de la ciudad (…) Ella se llamaba Anoutschka. Nunca la podré olvidar. En mi caminar constante yo la tuve que dejar”.

Hay un par de detalles en esta canción que me parecen significativos, sobre todo para la época; en primer lugar, el tema finaliza con un fragmento de la canción folclórica rusa “Kalinka”; en segundo lugar, Joaquín Torres utilizó en este tema una guitarra de doce cuerdas Framus Sorento 5/012, algo verdaderamente innovador para aquella España de tecnócratas, censores y “yé-yés”.

maxresdefault.jpgLos integrantes de Los Pasos eran: José Luis «Joe» González (teclados, voz solista), Álvaro Nieto (guitarra rítmica), Luis Baizán (batería), Joaquín Torres (guitarra solista) y Martín Careaga (bajo)

 

Radio Futura. “Annabel Lee”

Edgar Allan Poe empieza a ser un habitual de este blog, a él recurrimos en las entradas dedicadas al tema “Descenso en el Mahëllstrong” (Crack) y al disco “Tales of Mystery and Imagination” (The Alan Parsons Project); desde el blog Rockologia nos hablan de otras canciones inspiradas en la obra de este autor. Falleció en 1849, aunque antes dejó escrito un poema completo que vio la luz poco después de morir. Con seis estrofas –tres con seis versos, una con siete y dos con ocho- “Annabel Lee” nos cuenta una bella historia de amor entre dos jóvenes, “en un reino junto al mar”. Su amor era tan fuerte y puro que desató la envidia de los ángeles del cielo, que se llevaron a Annabel Lee, helada por un viento que estalló de una oscura nube, para “encerrarla en un sepulcro en este reino junto al mar”. Sin embargo, era tan fuerte su amor que “ni los ángeles del cielo, ni los demonios del mar” lograron separar las almas de estos dos enamorados. En 1987, el grupo español Radio Futura, del que ya hemos hablado en las entradas dedicadas a las canciones “La estatua del jardín botánico” y “Divina”, decidió musicalizar este poema, con arreglos de Santiago Auserón (letra) y Luis Auserón (música).

“La sonoridad que tiene el poema de Poe en inglés es prácticamente rockera … cualquier autor contemporáneo podría agarrarla y hacer un rock ácido con ella, bien ácido. Creo que es un ejemplo de claridad, de medida, de sonoridad, que al pasarla al castellano, prácticamente, se conserva. Es de esas letras mágicas que tienen poder musical antes de ponerle música” (Santiago Auserón, consultado en wikipedia).

Incluyeron esta melodía en su cuarto álbum de estudio (“La Canción de Juan Perro”, 1987), uno de los mejores de esta banda, con canciones que hoy día ya son historia del pop y el pop-rock hispano, como “A cara o cruz”, “La negra flor”, “37 grados” o “En un baile de perros”; con él se confirmaron como el grupo español más importante del momento, iniciaron su despegue internacional en Latinoamérica y pusieron las bases para la creación de un estilo, el pop-rock latino, que acabaría triunfando en décadas posteriores. El vídeo de “Annabel Lee” que preside esta entrada fue estrenado en el programa “La Bola de Cristal”, de Televisión Española; en él se puede ver, en un ambiente gótico decimonónico, a Annabel Lee interpretada por la actriz Cristina Marcos, a Santiago Auserón como un noble en su mansión y a Enrique Sierra y Luis Auserón en representación de los ángeles del cielo y los demonios del mar aludidos en el poema. Acabo con dos versiones, una a cargo de Santiago Auserón (con la Original Jazz Orquestra) y otra interpretada por Enrique Bunbury, que fue incluida en el álbum “Arde la calle” (2004), publicado en homenaje a Radio Futura.

Hace muchos muchos años en un reino junto al mar
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee
y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mí.

Éramos sólo dos niños mas tan grande nuestro amor
que los ángeles del cielo nos cogieron envidia
pues no eran tan felices, ni siquiera la mitad
como todo el mundo sabe, en aquel reino junto al mar.

Por eso un viento partió de una oscura nube aquella noche
para helar el corazón de la hermosa Annabel Lee
luego vino a llevársela su noble parentela
para enterrarla en un sepulcro en aquel reino junto al mar.

No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos
y así paso la noche acostado con ella
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.

Nuestro amor era más fuerte que el amor de los mayores
que saben más como dicen de las cosas de la vida
ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar
separaran jamas mi alma del alma de Annabel Lee.

No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos
y así paso la noche acostado con ella
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.

En aquel sepulcro junto al mar
en su tumba junto al mar ruidoso.
Hace muchos muchos años en un reino junto al mar
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee
y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mí.

Aquí podéis leer el poema original de Edgar Allan Poe (en español e inglés).

_radiofuturalacanciondejuanperrodelantera_cfa7a90b.jpg

Manolo García. “Pájaros de barro”

Cuando estaba preparando esta entrada, buceando por internet, me encontré con una entrevista a Manolo García, realizada en junio de 2016, que a punto estuvo de hacerme abandonar la tarea. En ella, decía no querer criticar a quienes están metidos en las redes sociales (me imagino que también incluía a los blogs): “(…) pero lo que sí puedo constatar [es] que nos hace más solitarios, vacía nuestras vidas y nos aleja del sol, de la lluvia, del mar, del aire fresco, de una conversación en un bar, de una cerveza con un amigo, de una tarde de deambular o haraganear paseando por una ciudad”. Me dieron ganas de levantarme y tirarme a la calle, y eso que estaba lloviendo. Decidí, no obstante, acabar de leer la entrevista; lo que venía después acabó de rematarme: “Nadie me ha pedido permiso para meterme en la Wikipedia y no quiero estar en YouTube, estoy hasta los cojones de YouTube. Ahí hay miles de vídeos de El Último de la Fila, pero nadie nos ha pedido permiso. Alguien debería mandar una carta o llamarme por teléfono, pero nadie lo hace y se da por hecho que estar ahí es estupendo ¿Estupendo para quién? Para ellos. Porque para mí lo sería por ejemplo estar en Fuerteventura. Pero nadie nos pregunta”.

Tengo tanta admiración por este autor que, a pesar de lo que acababa de leer, decidí continuar con mi idea inicial de dedicar una entrada a Manolo García, músico que ya había aparecido por aquí gracias a EvavillInsurrección«) y Luna («Nunca el tiempo es perdido«) y, hace tiempo, a través del tema “Querida Milagros”, también de El Último de la Fila al igual que «Insurrección». Como os podéis imaginar, cerré las páginas de la Wikipedia que tenía abiertas y fui a buscar un libro, en concreto un texto que suelo utilizar a menudo, el de Salvador Domínguez (Los Hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004); en él, Salvador nos cuenta cómo fueron los primeros proyectos musicales de Manolo García: Los Rápidos y Los Burros, dos formaciones que acabarían desembocando en El Último de la Fila, uno de los grupos más importantes que ha dado el pop-rock español. Manolo García y Quimi Portet, el otro cincuenta por ciento de El Último de la Fila, grabaron con esta denominación siete excelentes álbumes de estudio entre los años 1985 y 1995. Después, decidieron separarse e iniciar sus respectivas carreras en solitario.

El primer álbum de nuestro protagonista de hoy se tituló “Arena en los bolsillos” (1998), un trabajo de gran calidad, con cierto regusto a lo que fue El Último de la Fila pero con unos arreglos musicales y unas letras poéticas que, en algunos momentos, superaban a lo que Manolo había hecho junto a Quimi Portet. Seguro que muchos de vosotros os acordaréis de temas como “Prefiero el trapecio”, “Carbón y ramas secas”, “Sobre el oscuro abismo en que te meces”, “A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando” y, como no, “Pájaros de barro”, una de sus canciones más conocidas y valoradas. Os dejo la letra al final de la entrada porque me parece sugerente y bella, y de paso, si queréis, podéis elucubrar en torno al posible significado de la misma. En esta página echan el resto y la diseccionan a fondo; en esta otra, la utilizan como recurso de trabajo. Teniendo en cuenta que Manolo García no es muy partidario de wikipedias, redes sociales y plataformas como youtube o spotify, esta vez he preferido presentar la entrada limpia de enlaces musicales, excepto el vídeo de “Pájaros de barro” que preside la entrada, precisamente el que nos ofrece el canal de youtube de este artista.

Por si el tiempo me arrastra
a playas desiertas,
hoy cierro yo el libro
de las horas muertas.
Hago pájaros de barro.
Hago pájaros de barro y los echo a volar.
Por si el tiempo me arrastra
a playas desiertas,
hoy rechazo la bajeza
del abandono y la pena.
Ni una página en blanco más.
Siento el asombro de un transeúnte solitario.
En los mapas me pierdo.
Por sus hojas navego.
Ahora sopla el viento,
cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
Ya no subo la cuesta
que me lleva a tu casa.
Ya no duerme mi perro junto a tu candela.
En los vértices del tiempo anidan los sentimientos.
Hoy son pájaros de barro que quieren volar.
En los valles me pierdo,
en las carreteras duermo.
Ahora sopla el viento.
Cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
Cuando no tengo barca, remos ni guitarra.
Cuando ya no canta el ruiseñor de la mañana.
Ahora sopla el viento.
Cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
En los valles me pierdo,
en las carreteras duermo.

manolo_garcia-arena_en_los_bolsillos-frontal

Mike Oldfield. “Moonlight Shadow”

En 1983 se cumplían diez años del lanzamiento de “Tubular Bells”, uno de los trabajos fundamentales en la historia del rock sinfónico. Teniendo en cuenta lo bien que aún se vendía, la discográfica Virgin valoró la posibilidad de realizar una segunda parte del mismo, sin embargo Mike Oldfield prefirió embarcarse en otro proyecto: su octavo álbum de estudio, que tituló “Crises” (1983). Un Lp compuesto por dos caras bien diferentes una de la otra; en la A se recogía la suite “Crises”, de casi veintiún minutos de duración, una compleja pieza de rock progresivo de gran calidad, en la línea de “Tubular Bells” como si, a pesar de todo, al final hubiese decidido autohomenajearse. La cara B, aun siendo también muy buena, se conduce por sonidos más próximos al pop-rock que al rock sinfónico; está integrada por cinco canciones de minutaje convencional, todas ellas –al igual que la mencionada “Crises”- compuestas íntegramente por Mike Oldfield, excepto los cortes “In High Places” y “Foreign Affair”. En el primero de ellos intervino en la letra Jon Anderson, vocalista de Yes, que es quien interpreta la canción; en el segundo, la cantante escocesa Maggie Reilly, también encargada de la parte vocal, al igual que sucede con el tema que nos ocupa, “Moonlight Shadow”, una de las canciones más reconocibles de los años ochenta y de las más representativas del Mike Oldfield más popular. La cara B se completa con el instrumental “Taurus 3” y con “Shadow on the Wall”, en la voz de Roger Chapman, el otro gran éxito que tuvo este álbum. Volviendo a “Moonlight Shadow”, podemos decir que, a pesar de ser un éxito de masas y de su sencilla estructura, se trata de una buena canción pop, bien apoyada en la sección rítmica y los teclados, con un solo de guitarra interesante y, sobre todo, la milagrosa voz de Maggie Reilly, que transforma esta melodía en una experiencia verdaderamente singular. Existe un rumor en torno a esta canción; hay quien ha sugerido que la letra pudiera hacer alusión al asesinato de John Lennon, aunque lo cierto es que no hay muchas coincidencias en cuanto a los detalles (día de la semana, hora, estado de la luna, etc.) que rodearon aquella muerte. Sin embargo, Mike Oldfield tampoco lo ha desmentido categóricamente, si bien también ha reconocido que, al menos al principio, la canción estuvo inspirada en la película “El Gran Houdini”:

“En realidad no… bueno, tal vez, cuando la reviso, quizá lo fuese. Efectivamente llegué a Nueva York aquella terrible noche en la que le dispararon y me había quedado en la sede de Virgin Records en la Calle Perry, que está a unas cuantas manzanas calle abajo del Edificio Dakota donde ocurrió, así que aquello probablemente se hundió en mi subconsciente. Originalmente fue inspirada por una película que me gustaba, `Houdini´, protagonizada por Tony Curtis, que trataba acerca de los intentos por contactar con Houdini después de que hubiera muerto, a través del espiritismo… en su origen fue una canción influida por esto, pero muchas otras cosas debieron de introducirse en ella sin que me diese cuenta” (consultado en Sinfomusic).

118392476

The Box Tops / Joe Cocker / Neal Morse. «The Letter»

American Sound Studio fue un local de grabación ubicado en Tennessee (EE.UU.) que funcionó entre 1967 y 1972; allí grabaron artistas como Aretha Franklin, Elvis Presley, Neil Diamond, Dusty Springfield, Petula Clark o los Box Tops, una banda inicialmente llamada “The Devilles” que tomó su nombre definitivo con la grabación de su primer singlé, “The Letter”, uno de los éxitos más importantes que obtuvo este grupo durante los años en los que estuvieron juntos, entre 1967 y 1970, aunque en la década de los noventa volverían a reunirse, incluso podría decirse que aún permanecen en activo. “The Letter”, que cuenta la historia de un joven que, tras recibir una esperanzadora carta de un antiguo amor, no duda en viajar –cueste lo que cueste- para reunirse con ella, fue ofrecida por su autor (Wayne Carson) a Chips Moman, propietario de American Sound Studio; él fue quien sugirió al grupo local, De Devilles, que contaban con un cantante de dieciséis años llamado Alex Chilton, portador de una interesantísima voz grave, inusual para alguien de esa edad. Lo acompañaron en la grabación Danny Smythe (batería), Richard Malone (guitarra), John Evans (órgano) y Russ Caccamisi (bajo). Tras una treintena de tomas, en las que Alex Chilton no lo debió de pasar muy bien debido al tono de la canción, excesivamente alto para su color de voz, este grupo de novatos dejó grabada la pista base sobre la que trabajarían los productores; añadieron un sonido de avión y unos excelentes arreglos de cuerda y vientos a cargo de Mike Leach, y todo en menos de dos minutos de duración. Consiguieron facturar un producto notable, que llegó a alcanzar, en septiembre de 1967, el número 1 en la lista de singles de la revista Billboard.

Las versiones no se hicieron esperar: The Mindsbenders, The Shadows, Trini Lopez, Brenda Lee, Al Green o The Arbors, todas ellas durante el período 1967-1969. Joe Cocker, protagonista de nuestro segundo vídeo destacado de hoy, la grabó en 1970 como single y, poco después, la incluiría en su álbum en vivo “Mad Dogs & Englishmen” (1970). Tras la de Joe Cocker se han seguido haciendo versiones: Bob Marley, Peter Tosh, Barbara Mandrell, Sammi Smith, Dione Warwick, Eva Cassidy, Bachman Turner Overdrive, David Coverdale o, más recientemente, Haley Reinhart. La tercera destacada pertenece a alguien procedente del rock progresivo, me refiero a Neal Morse, antiguo integrante de bandas como Spock’s Beard o Transatlantic; en 2002 se convirtió al cristianismo y, desde entonces, ha grabado varios discos en solitario de rock progresivo cristiano que, sinceramente, no conozco. Esta versión de “The Letter” fue incluida, como bonus track, en la edición especial que se hizo de su disco “Lifeline” (2008). Los que tengáis una cierta edad tal vez recordéis la versión que, en los sesenta, realizara la formación catalana Los Mustang, cantada en español bajo el título de “La Carta”.