Slade / Quiet Riot / Devin Townsend. «Cum on feel the noize”

Purpurinas, peinados imposibles, calzados con plataformas, vestimentas brillantes, estampados de leopardo, maquillaje a raudales y una deliberada reivindicación del travestismo y la ambigüedad sexual son algunas de las señas de identidad que caracterizaron a los grupos de glam-rock, un estilo musical que tuvo su apogeo durante los primeros años de la década de los setenta y que, en cierta manera, fue la antesala del movimiento punk. En lo musical, se caracterizó por la sencillez y la frescura a partir de composiciones en las que predominaba el rock & roll y el hard rock. Uno de los grupos que podríamos englobar dentro de esta tendencia -yo diría que pioneros- fueron los británicos Slade, descubiertos y lanzados a la fama por Chas Chandler, el que fuera antiguo bajista de The Animals y productor musical de Jimi Hendrix. Comenzaron su andadura en 1969 bajo el nombre de “Ambrose Slade”; su primer disco fue publicado en 1969, aunque el que les acabó por encumbrar fue el titulado “Sladest” (1973), donde se incluyó su gran éxito “Cum on feel the noize”. La provocación típica del glam, en el caso de Slade, trascendió lo meramente estético; sus faltas de ortografía premeditadas fueron una constante en su carrera y, en este caso, es habitual ver esta canción bajo el título “Come on feel the noise”, probablemente escrito correctamente y sin la implicación eyaculatoria que tiene la primera palabra. Diez años después, esta canción fue rescatada por la banda estadounidense de heavy metal y glam metal Quiet Riot, al incluirla en su tercer trabajo de estudio (“Metal Health”, 1983); fue todo un éxito e, incluso, ayudó a que los propios Slade fueran más conocidos en los Estados Unidos. Además del original de Slade y de la conocidísma versión de Quiet Riot, os voy a proponer otra que, en realidad, no sé si realmente es una versión; me refiero al tema acústico “Quiet Riot”, del músico canadiense Devin Townsend, que formó parte de su álbum “Ki” (2009). Por supuesto que existen más versiones, quizás la más conocida sea la de Oasis (aquí la dejo), pero si os gusta alguna otra no tenéis más que incluirla en vuestros comentarios.

Blue Öyster Cult. «Joan Crawford»

Un par de blogs de los que acostumbro a seguir (365 RadioBlog y rock telegram) han tenido el buen gusto de ocuparse de la banda neoyorquina Blue Öyster Cult, uno de esos grupos que, desde el rock psicodélico, más han hecho por consolidar el hard rock. Sin embargo, y pese a ser un grupo de culto entre ciertos ambientes musicales, no han tenido el éxito y el reconocimiento de formaciones como Led Zeppelin o Deep Purple. Tuvieron su período de esplendor durante la década de los setenta y, aunque en teoría siguen en activo, su actividad fue en declive durante los noventa para cesar prácticamente entre los años 2001 y 2002. Algunas de sus principales señas de identidad son la querencia por el ocultismo y los asuntos de índole esotérica, su particular simbología (la cruz de Blue Öyster Cult, una adaptación del símbolo del Titán Cronos), que les causó más de un disgusto por confundirla con la iconografía nazi, y sus letras enigmáticas y, en ocasiones, confusas. No quiero ser repetitivo y volver a relatar lo mismo que, tan acertadamente, han contado mis compañeros, por eso os animo a que os paséis por sus respectivas entradas. Durante los años ochenta empezó su decadencia, aunque aún lograrían firmar algún disco interesante, como «Fire of Unknown Origin» (1981), el último trabajo con su formación original (Eric Bloom, Buck Dharma, Albert Bouchard y Alien Lanier) y que contó con la colaboración de la cantante Patti Smith y el escritor de Ciencia-ficción Michael Moorcock; el disco fue inicialmente concebido para formar parte de la película de animación «Heavy Metal» (1981), sin embargo finalmente sólo se incluyó el tema «Veteran of the Psychic Wars». La canción más conocida de este álbum fue «Burnin’ for you», aunque yo me voy a quedar con un homenaje cinematográfico: «Joan Crawford», y no va ser la última vez que me ocupe de ella; según he podido leer, está inspirada en el libro «Mommie Dearest», las memorias de la hija adoptiva de la actriz, Cristina Crawford, quien no duda en retratar a la diva como una mujer cruel, dominante y alcohólica ¿Qué pasaría si Joan Crawford se levantara de su tumba?

Triana. «Luminosa mañana»

Algunos viernes los suelo dedicar al rock progresivo, normalmente grandes temas de grupos extranjeros. Sin embargo, para esta primera entrada del año quiero traer a una formación española a compartir cartel con lo más granado de este estilo musical. Triana es el máximo exponente del llamado rock sinfónico andaluz, movimiento del que formaron parte grupos como Alameda, Mezquita, Guadalquivir, Cai, Granada o Azahar y que, muy probablemente, tuvieron en Smash (1968-1973) al antecedente más claro de esta manera de entender el rock, exclusiva de nuestro país (véase, por ejemplo, la versión que realizó este grupo del conocido tema popular «El Garrotín«). Pero volvamos a Triana; fue una banda de la que formaron parte J.J. Palacios «Tele» (batería), Eduardo Rodríguez (guitarra española) y su líder indiscutible, Jesús de la Rosa (voz, teclados y autor de la mayor parte de los temas). Desde mi punto de vista es el mejor grupo de rock progresivo que ha habido en España; sus tres primeros discos de estudio («El Patio», 1975; «Hijos del Agobio», 1977; y «Sombra y Luz», 1979) son tres joyas del rock patrio; algo así como escuchar a King Crimson, Genesis o Pink Floyd pero mezclando el órgano y el mellotrón con la guitarra española y la voz singular e inigualable de Jesús de la Rosa. El primer disco carece de título pero habitualmente nos referimos a él como «El Patio», debido a la portada donde se muestra un dibujo de los tres componentes del grupo en el interior de un patio. Fue la primera cinta de casete que me compré, cuando aún era un chaval, aprovechando que mi hermana trabajaba en una tienda de electricidad que tenía un cacharro de esos, como los que había en las gasolineras, para comprar las cintas de Camela o El Fary. Son siete canciones a cual mejor; la primera, «Abre la Puerta», con sus casi diez minutos de duración, es tal vez la mejor de todas; sin embargo, yo voy a proponeros el tema con el que comenzaba la cara B, «Luminosa Mañana», por su existencial letra, por el brillo de Jesús de la Rosa en voz y teclados y por los buenos recuerdos que me trae, de cuando la intentaba cantar a pleno pulmón, acompañado de una amiga al piano y aupado por los vapores etílicos. Aquí también os dejo la versión que hizo Lluis Llach en catalán.

Europe / The Bluegrass Tribute / Chiara Galiazzo. «The Final Countdown»

No sabéis las ganas que tenía de poner este tema, me he aguantado y esperado a hoy, unas horas antes de que acabe este año 2014, que ha resultado especialmente agrio para todas aquellas personas que han perdido su dignidad y se han visto abocadas a la miseria con la excusa de la crisis, los mercados internacionales y aquello de “tranquilo, que es por tu bien, deja que te robe y te exprima un poquito más”. Creo que no podemos ni debemos esperar más; las actitudes pasivas y complacientes deben pasar a mejor vida, tenemos que recuperar el control de nuestras vidas. Como dice este tema: partimos juntos y nos despedimos, tal vez no regresemos y no habrá nadie a quien culpar, las cosas ya nunca serán igual, comienza la cuenta atrás. “The Final Countdown” es, tal vez, la canción más conocida del grupo sueco de hard rock, Europe; fue el primer single de su álbum homónimo, publicado en 1986, y el tema inicialmente concebido para ser tocado al comenzar los conciertos. La letra está inspirada en “Space Oddity”, uno de los trabajos más conocidos de David Bowie, y su principal seña de identidad es esa intro de teclado electrónico mil veces tarareada por todos. Desde mi punto de vista, ninguna de las versiones que se han hecho después ha podido igualar la original, por eso he querido huir de las interpretadas por otros grupos de hard rock y heavy metal y, por contra, os quiero mostrar algunas propuestas atrevidas y singulares. Además de aquellas diseñadas desde la seriedad más absoluta, como la de la Orquesta Sinfónica de Londres, o pseudo-clásicas, como la del trío de violonchelos Melo-M, existen otras ciertamente curiosas, por ejemplo la del colectivo The Bluegrass Tribute, incluida en la serie “Dickin’ On”, o la de la italiana Chiara Galiazzo, ganadora en su país de la sexta edición del show X Factor, a ritmo de tango. Mis mejores deseos para el año entrante, quien sabe, tal vez para alguno de vosotros puede ser el del inicio de la cuenta atrás que cambie el curso de vuestras vidas para siempre.

Mike Oldfield. «Tubular Bells»


La protagonista de este blog es la canción; a veces es muy breve y en otras ocasiones puede llegar a superar los quince o veinte minutos, algo que acabó siendo habitual en el rock progresivo, me refiero al hecho de ver temas que ocupaban toda una cara del Lp. La canción de hoy dura casi 49 minutos, es decir, todo el disco. “Tubular Bells” fue el primer álbum del británico Mike Oldfield, lo compuso cuando apenas tenía diecisiete años y fue publicado en 1973, tras un tortuoso y artesanal proceso de grabación que culminó con una obra maestra, uno de esos discos atemporales, imprescindibles, capaces de trascender modas y gustos musicales. Todo en él es singular; la concepción y ejecución misma de la obra, en la que su autor tuvo que hacer frente a la mayor parte de los instrumentos, más de veinte (piano de cola, órganos, bajo, todo tipo de guitarras, percusiones, campanas tubulares, etc.); el derroche de arte e ingenio al que tuvieron que recurrir para grabar una obra tan compleja, prácticamente con un sólo músico y con unos medios muy alejados de los que disponían las grandes multinacionales; el nacimiento, casi sobre la marcha, de un sello discográfico que acabaría convirtiéndose en uno de los gigantes de la música: Virgin Records -su primer disco fue precisamente éste-; la portada del álbum, esa famosísima campana tubular, es todo un símbolo, una marca que identifica, no sólo este trabajo sino toda la obra de Mike Oldfield; y su carácter de obra innovadora e imperecedera, entre el rock progresivo y lo que luego se llamaría new age, incluso podría decirse que es pionera en el concepto de “música indie”, tan de moda en nuestros días. Estamos, en definitiva, ante la obra de un genio que dejó atónitos tanto a público como a crítica especializada, y que acabó por hacerse muy popular gracias a su inclusión en la película de William Friedkin, “El Exorcista”. “Tubular Bells” ha sido reeditado en varias ocasiones e, incluso, se han publicado una segunda y tercera partes además de otros subproductos derivados. Ya se que, en esta ocasión, es mucho pedir pero os animo a que volváis a disfrutar con este álbum, no os va a defraudar porque no tiene fecha de caducidad, jamás envejecerá.