Crosby, Still & Nash. «Suite: Judy Blue Eyes»

Finalizando la década de los sesenta, las fronteras entre el folk, el country y el rock no estaban bien delimitadas; artistas como Bob Dylan, Gram Parsons, Neil Young, Chris Hillman, Roger McGuinn, Richie Furay o los protagonistas de hoy -David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash- fueron capaces de estimular y revitalizar dos géneros tan tradicionales como el country y el folk, utilizando herramientas y recursos característicos del rock. David Crosby procedía de la banda The Byrds, Stephen Stills de Buffalo Springfield y Graham Nash de los británicos The Hollies. Aprovechando una estancia de éste último en California y, al parecer, con la inestimable colaboración como anfitriona de Judy Collins, en aquella época novia de Stephen Stills, se creó el trío Crosby, Stills & Nash que, en 1969, publicaba su primer trabajo con el mismo título que el grupo. En mi opinión estamos ante un disco único, de esos que deben ser escuchados con calma y todos los sentidos puestos en él, dejándonos llevar por su exquisitez, dulzura e inmensa calidad. Los egos, las voces y las guitarras de Crosby, Stills y Nash se ensamblan de manera milagrosa, como si fuera un encaje de bolillos o un castillo de naipes de inestabilidad amenazante. Los dos mayores éxitos de este Lp fueron «Marrakesh Express«, obra de Graham Nash, y «Suite: Judy Blue Eyes», con ese característico final en español y a ritmo cubano, que fue escrito por Stephen Stills pensando en Judy Collins. Con este tema abrieron su participación en el Festival de Woodstock (aquí podéis escucharlo), ya como cuarteto al que se había incorporado Neil Young -ex-compañero de Stills en Buffalo Springfield-, que aportó mayor presencia eléctrica y una voz diferente. Crosby, Stills, Nash & Young publicaron otro disco maravilloso: «Dejà vu», más rockero que el anterior e igualmente imprescindible. Su historia posterior está llena de idas y venidas, encuentros y desencuentros, aunque quienes les han visto en directo aseguran haber participado de una experiencia sinigual.

Roy Orbison. «In Dreams»

La mayor parte de los crooners y cantantes de Rock & Roll de los años sesenta se distinguían por su atractivo físico, su personalidad dentro y fuera y del escenario, su capacidad interpretativa y, sobre todo, por su voz. Cantantes poco agraciados y más bien sositos, como Roy Orbison, lo tenían bastante difícil para competir en estas condiciones ¿Por qué y cómo consiguió hacerse un hueco entre estrellas tan rutilantes como Elvis Presley, Carl Perkins o Jerry Lee Lewis? En mi opinión se debió a dos motivos: a su peculiar y valiosísima voz, capaz de ocupar un rango vocal de tres octavas, y porque la mayor parte de las canciones que interpretaba eran suyas. De hecho, Roy Orbison fue uno de los grandes cantautores de la época dorada del Rock & Roll. A él se deben títulos tan conocidos como «Only the lonely«, «Claudette», «Oh Pretty Woman», «Blue Bayou«, «Crying» (de estas dos últimas se ha ocupado el amigo Eduardo, en su interesantísimo blog «River of Country») o el tema elegido para hoy: «In Dreams».

Roy Orbison vivió su período de esplendor durante los años sesenta, pero su estrella se fue apagando a lo largo de los setenta para iluminarse de nuevo, casi de manera milagrosa, a finales de los ochenta. En 1988 fue invitado a participar en el supergrupo Traveling Wilburys, proyecto que apenas duró un par de años y del que también formaron parte Bob Dylan, George Harrison, Jeff Lynne y Tom Petty. En 1990 su tema «Oh, Pretty Woman» fue rescatado para una de las películas más taquilleras de la historia: «Pretty Woman». Antes, en 1986, «In Dreams» se convirtió en parte fundamental de la perturbadora, surrealista y onírica «Terciopelo Azul», film del realizador David Lynch, que fue capaz de transformar esta inocente canción en un instrumento de violencia y perversión (al final del texto podéis ver las dos escenas de esta película en las que aparece el tema de Roy Orbison). La versión que he elegido pertenece al álbum en vivo «A Black & White Night Live», grabado en 1988, en el que participaron artistas tan importantes como Jackson Browne, Elvis Costello, Bonnie Raitt, Bruce Springsteen o Tom Waits. Sin embargo, el éxito le duró bien poco; el 6 de diciembre de ese mismo año falleció víctima de un infarto, a la temprana edad de 52 años.

Aphrodite’s Child. «Rain and tears»

La música clásica fue una compañera inspiradora para los pioneros del rock sinfónico; grupos como Procol Harum o The Moody Blues -éstos especialmente- a menudo arroparon sus novedosas propuestas musicales con elementos procedentes de la música culta. Si el disco “Days of Future Passed”, de esta última formación británica, nace como un intento de llevar al ámbito del rock la sinfonía “El Nuevo Mundo”, de Dvorak, la canción que hoy nos ocupa, “Rain and tears”, es una adaptación del “Canon en re mayor” del músico barroco Joahnn Pachelbel. Esta versión pop-rock fue arreglada por el griego Evangelos Odysseas Papathanassiou, más conocido como Vangelis, un autor muy importante en la historia del rock progresivo, la música electrónica y la new age, que tiene en su haber bandas sonoras de películas tan populares como “Carros de Fuego” (1981), “Blade Runner” (1982) o “1492: La Conquista del Paraíso” (1992). Vangelis dio sus primeros pasos como teclista en el grupo The Forminx hasta que entró a formar parte, en 1967, de la banda “Aphrodite’s Child”, en la que también estaban el batería Loukas Sidera, el guitarrista Anargyros Kolouris (incorporado más tarde) y el bajista y vocalista Demis Roussos quien, tras la disolución del grupo en 1972, disfrutó de un gran éxito como cantante melódico. Los Aphrodite’s Child tan sólo grabararon tres discos, de los cuales el último, el conceptual y progresivo “666” (1972), quizás fue el más importante de todos. “Rain and tears”, sin embargo, fue incluida en su primer álbum, “End of the World” (1968), en el que el pop psicodélico aún predominaba sobre el rock progresivo. El disco apareció en Francia, en pleno movimiento de Mayo del 68, país al que tuvieron que marchar ante el ambiente hostil que se había generado tras la llegada al poder de los militares en Grecia; el destino inicial era Londres pero una huelga de transportes les obligó a permanecer en París, donde acabarían firmando un contrato con la discográfica Mercury Records. “Rain and tears” fue un gran éxito en Francia y otros países, incluso fue versionada en español por el grupo gallego Los Sprinters (aquí tenéis su propuesta).
El pasado domingo fallecía Demis Roussos, a los 68 años de edad, una triste noticia para todos los que amamos la música. Los compañeros de Good Rocking Tonight ya le han dedicado una emotiva entrada; desde aquí también quiero unirme a este homenaje. Su música y su singular manera de cantar siempre estará con nosotros.

Eagles / Jackson Browne / Travis Tritt. «Take it easy»

Al igual que los hijos cuando deciden independizarse de sus padres, el rock dio sus primeros pasos de manera independiente al country hasta que, a finales de los sesenta, se empieza a concretar un movimiento de confluencia entre ambos estilos. El country-rock nace a partir de grupos y artistas como The Byrds, The Flying Burrito Brothers, Buffalo Springfield o Gram Parsons, probablemente influenciados por cantautores de la talla de Bob Dylan, Warren Zevon o Jackson Browne, y por algunos de los integrantes (Buck Owens, Merle Haggard, etc.) del movimiento country conocido como «Sonido Bakersfield«. Sin embargo, el grupo que más hizo por popularizar este género fue Eagles, una banda de origen californiano creada en torno a Don Henley y Glenn Frey, después de que éstos decidieran crear su propio grupo a partir de su experiencia como banda de acompañamiento de Linda Rondstad. Si en otra ocasión proponía la balada «Lyin’ Eyes», perteneciente a su magnífico cuarto álbum de estudio, «One of these nights» (1975), para ésta os invito a escuchar «Take it easy», su primer gran éxito, incluido en su disco de debut («Eagles», 1972). La autoría de la canción pertenece a Jackson Browne y Glenn Frey; la idea original, así como la primera y tercera estrofa, pertenecen al primero que, ante las dificultades que estaba teniendo para acabar el tema, decidió pedir ayuda a su amigo Glenn Frey; éste escribió la segunda estrofa y arregló la canción de acuerdo a los parámetros estilísticos del country-rock. Un año más tarde, Jackson Browne contó con ella para su álbum «For Everyman» (1973) y para su repertorio de temas en directo (aquí podéis ver una versión acústica grabada en España). Además de las versiones originales (Eagles y Jackson Browne), os recomiendo la grabada por el cantautor country Travis Tritt para el disco homenaje a Eagles, titulado «Common Thread: The Songs of the Eagles» (1993), en cuyo vídeo participaron los miembros de Eagles. Existen otras versiones, algunas en otros idiomas, como la interpretación libre del español Kiko Veneno, en la que cuesta reconocer la melodía; aquí lo podéis comprobar, en una actuación en directo de Kiko Veneno que contó con la participación del propio Jackson Browne.

The Grateful Dead. «Truckin'»

Si hace unos meses ponía a Steely Dan como ejemplo de grupo cuyo hábitat natural era el estudio de grabación, los californianos The Grateful Dead representan lo contrario, es decir, estamos ante una banda cuyas principales virtudes siempre lucieron mejor en sus numerosas actuaciones en directo y, por supuesto, en sus discos en vivo. Esta banda fue creada en 1965 con el nombre de The Warlocks, aunque pronto tendrían que abandonarlo por pertenecer a otra, la que finalmente sería conocida como The Velvet Underground. Estuvieron en activo hasta 1995, año en que falleció su líder Jerry García, nieto de un coruñés emigrado a los Estados Unidos. “The Dead”, como habitualmente eran conocidos por sus fieles seguidores, fueron un grupo realmente singular. En primer lugar por su ecléctico estilo, un cocktail –convenientemente mezclado, no agitado, como diría James Bond- de rock, folk, pop, blues e, incluso, country, rectificado de sabor y textura gracias a la emanaciones psicodélicas que habitualmente acompañaban a esta formación. En segundo lugar por el concepto familiar o comunal que tenían del grupo y sus actividades; sus seguidores, conocidos como “Deadheads”, eran casi una familia, seguían a la banda allá donde actuara, grababan los conciertos con su beneplácito y bien podría decirse que eran de los aficionados más fieles y entusiastas que había en aquellos años hippies; os recomiendo la película “La música nunca dejó de sonar” (2011), la historia de un enfermo de tumor cerebral que sólo reacciona ante la música rock de los Dead y de otros grupos de la época. La tercera característica que hacía de The Grateful Dead una banda singular era, como ya hemos comentado, su apego por el directo, lo que les llevaría a crear su propia infraestructura de sonido, su “Wall of Sound”, un grandioso sistema -especialmente diseñado para ellos- de más de veintiséis mil vatios de potencia, capaz de abarcar cuatrocientos metros y con un excelente sonido a menos de ciento ochenta metros. “Truckin’” es el tema con el que se cerraba su disco “American Beauty” (1970), uno de sus mejores trabajos de estudio; aquí tenéis la versión original de esta canción, no obstante, como no podía ser de otra manera, yo he optado por una de sus versiones en directo. La versión de estudio duraba poco más de cinco minutos, ésta más de doce; así eran los conciertos de esta banda, pura improvisación alucinatoria.