Whitesnake. «Bloody Mary»

David Coverdale ha cultivado durante muchos años la imagen de rockero sexy, de esos que poseen un irresistible atractivo para las mujeres; por si hubiera alguna duda, el nombre de su banda (Whitesnake) es un recurso metafórico con evidentes implicaciones sexuales. Pero lo cierto es que, cuando inició su carrera como cantante en Deep Purple en sustitución de Ian Gillan, allá por 1973, era más bien un «patito feo» (os animo a que lo comprobéis en alguna fotografía de aquella época); Jordi Bianciotto, en su interesante y documentado libro Deep Purple. La Saga (Barcelona: Quarentena ediciones, 2012), describe así a David Coverdale: «(…) era más bien gordo, tenía rastros de acné, bizqueaba y lucía un bigotito que Paice calificaría de ‘tonto’. Era un muchacho de aspecto lácteo y torpe, que vestía de un modo hippy-pueblerino. Blackmore, muy en particular, se mostró horrorizado con su look«. Eso sí, en poco más de dos años con Deep Purple se consolidó como cantante de hard rock y adquirió las suficientes tablas en el escenario como para iniciar un proyecto musical propio, primero en solitario (1976-1978) y luego como patrón de Whitesnake, grupo que, tras muchos altibajos y cambios continuos en su formación, aún sigue en activo. La etapa tal vez más conocida de esta banda se inicia en 1987, con la publicación de su séptimo álbum («Whitesnake»), del que formó parte la conocida balada «Is this love«. Sin embargo, no es el Whitesnake que más me gusta; Coverdale quiso adaptarlo al gusto norteamericano y a las listas de ventas, olvidando sus raíces próximas al blues-rock, precisamente lo que le hizo triunfar en Deep Purple y lo diferenció de Ian Gillan. Yo, particularmente, prefiero sus primeros discos: «Lovehunter» (1979), «Ready an Willing» (1980) y, también los dos primeros trabajos: «Trouble» (1978) -del cual ya hemos tenido oportunidad de escuchar aquí su versión del conocido tema «Day Tripper«, de los Beatles- y el EP titulado «Snakebite» (1978), con el que Whitesnake se estrenó. La edición original de «Snakebite» incluía cuatro canciones que, en el año 2006 con motivo de la remasterización de «Trouble», fueron añadidas como bonus track. Ya sabéis que tengo debilidad por los grupos de hard rock cuando se deciden a tocar rock & roll clásico; por ello, a los que conocéis bien la obra de Whitesnake, os animo a que recordéis «Bloody Mary», un tema compuesto por el propio David Coverdale; y a los que simplemente os guste el rock & roll, y no conozcáis este grupo, os recomiendo que no os lo perdáis.

Ian Gillan / Ted Neely / Camilo Sesto. «Gethsemane»

La ópera-rock «Jesucristo Superstar» se estrenó en España el 6 de noviembre de 1975, en el madrileño Teatro Alcalá Palace de Madrid (el actual Nuevo Teatro Alcalá), una lujosa producción en la que Camilo Sesto -también cantante principal de la obra, en el papel de Jesús- invirtió una suma considerable. Aquello fue todo un acontecimiento en nuestro país, no acostumbrado a espectáculos de este calibre y aún anclado en la dictadura franquista; de hecho, se estrenó unos días antes de la muerte de el Caudillo, consiguiendo salvar la censura que, en cambio, si sufrió la versión cinematográfica. No pude ver este espectáculo, apenas tenía doce años, pero me acuerdo perfectamente del revuelo que se formó, y del debate en torno a si «Jesucristo Superstar» era una blasfemia o, por el contrario, una respetuosa actualización, más humana y carnal, del mito de Jesús de Nazaret. Había opiniones para todos los gustos, desde las típicas críticas inmovilistas procedentes de lo más profundo del búnker, hasta planteamientos aperturistas, incluso con defensores de la obra dentro del propio seno de la Iglesia católica. Además, estaba el debate musical: Camilo Sesto vs Ted Neely, el protagonista de la película de Norman Jewison, estrenada en 1973 en los Estados Unidos y, posteriormente, en España. La fiebre Jesucristo Superstar, sin embargo, comenzó antes, a raíz de un álbum conceptual publicado en 1970, en el que participaron Ian Gillan -el mítico vocalista de Deep Purple-, como Jesús, y otros artistas de rock tan destacados como Murray Head, Yvonne Elliman, Mike d’Abo (líder de Manfred Mann) o Gary Glitter. En julio de 1971 se celebró el primer concierto oficial, que dio paso a una gira por más de cincuenta ciudades americanas; a estos eventos no asistió Ian Gillan; rechazó esta propuesta seducido por su proyecto con Deep Purple, que en aquella época se encontraba en plena ebullición. A Gillan lo sustituyó Jeff Fenholt pero, para la película, se prefirió a Ted Neely, el suplente de Fenholt. Por lo tanto, aunque ha habido muchos cantantes que han interpretado a Jesús en las diferentes adaptaciones que se han realizado, en esta ocasión voy a proponer a sus figuras quizá más destacadas: Ian Gillan, Ted Neely y, por supuesto, Camilo Sesto, una de nuestras mejores voces aunque a menudo desaprovechada. La Semana Santa pasada proponía un tema de Extremoduro, «Jesucristo García«, para algunos tal vez algo blasfemo; este año, sin abandonar el rock, os propongo una canción más ajustada a estas fechas: la oración de Jesús en el Huerto, «Gethsemane».

King Crimson. «Starless»

De todos los grandes grupos setenteros de rock progresivo hay uno que siempre me ha sorprendido y emocionado a partes iguales. Hablo de King Crimson, la banda del genial Robert Fripp. No son, excepto para los buenos aficionados al rock sinfónico, un grupo fácil de escuchar; a menudo esconden sus melodías en complejos desarrollos experimentales, plagados de sugerentes y atrevidos sonidos distorsionados e impregnados de una atmósfera depresiva y oscura. Puede costar entrar en su mundo pero, cuando se consigue, te felicitas por ello y los escuchas una y otra vez tratando de descifrar el código que gobierna su intrincada y enigmática propuesta musical. No obstante, y a pesar de todo lo que acabo de comentar, es bien fácil comenzar con King Crimson si nunca has escuchado nada de este grupo; en una entrada anterior recomendaba el tema “Epitaph”, incluido en su primer álbum (“In the Court of the Crimson King”, 1969), una poética y triste reflexión sobre la naturaleza humana; hoy os traigo “Starless”, que forma parte del séptimo disco de los británicos, “Red”, lanzado al mercado en 1974. “In the Court of the Crimson King” y “Red” son el primer y último disco de su etapa gloriosa, un período creativo y fértil pero también convulso, caracterizado por una ida y venida constante de músicos, aunque siempre con Robert Fripp como timonel del barco. “Red” es, junto con el álbum de debut, el disco que más me gusta de King Crimson y, también, de los más asequibles y fáciles de escuchar; canciones como “Fallen Angel” o “Starless”, el tema con el que se cierra el álbum, son aptas para todos los paladares. Los primeros cuatro minutos y medio de “Starless” son de una belleza fuera de lo común; estamos ante una suave, pausada y depresiva melodía construida con mellotron y maravillosamente conducida por la guitarra, la voz del bajista John Wetton -que se ajusta como un guante a las necesidades del tema- y el saxo, que salpica la composición con una suave fragancia de jazz. Tras estos primeros minutos inolvidables, pasamos a la parte más experimental, intrigante y oscura, con un crescendo del que acaba apoderándose un saxo enérgico, vibrante y cautivador; entonces se acelera y endurece hasta volver a retomar, en el último minuto, su mágica melodía. Si al acabar os ha gustado un poco, escuchad este tema otra vez, estoy seguro que os encantará. Si lo hacéis una tercera vez os enamorará.

Cai. «Noche abierta» / «La Roca del Diablo»

Cai fue una de aquellas formaciones que, a finales de los años setenta, llenaron la escena española de sonidos que recordaban a los grandes grupos británicos de la época dorada del rock progresivo, pero con el aroma de las guitarras y los quejíos flamencos. Fue creado en Cádiz, durante 1977, en torno al pianista Chano Domínguez, uno de nuestros músicos de jazz más afamados y valiosos, y de los que mejor han sabido ensamblar este estilo con el flamenco, de hecho, fue el único español que participó en la película de Fernando Trueba “Calle 54”, dedicada al jazz latino. Los dos primeros discos de Cai creo que son los más interesantes: “Más allá de Nuestras Mentes Diminutas” (1978), quizás el más progresivo de todos y hoy una pieza de coleccionista difícil de conseguir; y “Noche abierta” (1980), el disco que les hizo famosos, con canciones más cortas y mayor presencia flamenca. En 1981 grabaron “Canción de la Primavera” y un año después se separaron, aunque se volvieron a unir en 2007, incluso han vuelto a sacar algún disco. Hoy os propongo dos temas, ambos pertenecientes a su segundo disco: “Noche abierta”, creo que su tema más conocido y menos progresivo, y la canción con la que se cierra el LP: “La Roca del Diablo”, donde se puede apreciar bien el estilo sinfónico andaluz del grupo. Acabo con la interesantísima visión de Chano Domínguez en torno a la figura del productor musical y su influencia en la creatividad musical:
“En este disco [el primero] utilicé tres teclados italianos. Un órgano Krumer, de un solo teclado, al que le ponía efectos de phase, flanger, distorsion … También usaba un mellotrón Le Logan, sin cinta, y un sintetizador monofónico Korg (…) Algún tiempo después de grabar el disco, Javier García Pelayo se interesa por nosotros y hace de mánager nuestro. Es entonces cuando su hermano Gonzalo nos produce. Él quería que estructuráramos de una manera más sencilla y lógica las canciones: introducción, estrofa, estribillo, estrofa … Simplificamos las estructuras en relación a nuestro primer disco, que era más volado, con muchas modulaciones y temas de largo desarrollo, que eran los procedimientos musicales típicos de aquella época. Nosotros entramos en ese juego, que fue beneficioso para todos, porque se vendieron varios miles de discos. Eso sí, Gonzalo recortó un poco el espíritu de la música por la música, no enfocada simplemente como un producto. Pero así es esto” (tomado del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 429).

Chicago. «If you leave me now»

Las grandes orquestas de jazz, habitualmente conocidas como «Big Bands», aparecen en los años veinte para consolidarse entre 1935 y 1950. Además de su ámbito de actuación natural, el swing, también tuvieron presencia e influencia en otros estilos, como el blues, el R&B, las orquestas latinas, incluso el rock. El acercamiento del jazz al rock se evidencia con la inclusión de instrumentos de viento que, hasta mediados de los sesenta, eran poco habituales, como trompetas, saxos o trombones. Estas big bands de rock solían tener entre siete y diez miembros, pocos para el estándar habitual de una big band de jazz pero muchos para lo que solía ser un grupo de rock. Entre ellas podemos destacar a CCS, Blood Sweat & Tears y, en determinadas épocas, formaciones tan conocidas como Santana o la protagonista de hoy: Chicago. Inicialmente se llamó Chicago Transit Authority, nombre con el que sacaron su primer disco, en 1969, aunque acabarían abandonándolo debido a problemas de índole legal. En 1970 lanzaron su segundo álbum («Chicago II»), donde se incluyó su gran éxito «25 or 67 to 4». Esta es la época dorada del Chicago big band, tal vez su etapa de mayor calidad, donde el rock y el jazz convivían en perfecta armonía gracias a la inclusión de la sección de viento, que se acoplaba con eficacia y naturalidad a la instrumentación típica del rock. Tras algunos discos dentro de estos parámetros, comienza su etapa de mayor éxito comercial y, con ella, un nuevo sonido más próximo al soft rock o al AOR, en el que la balada se erigió en su recurso estrella. A esta época pertenece uno de sus temas más conocidos, «If you leave me now», una canción compuesta por el bajista y cantante de la banda, Peter Cetera, que apareció en el álbum «Chicago X» (1976). Estamos ante una de las canciones preferidas para acompañar momentos románticos, una melosa historia de amor contada por alguien que se resiste a perder a su amada. Para los que preferís los directos, aquí tenéis una de sus actuaciones en la que interpretan este tema. Por cierto, existen muchas versiones a cargo de otros intérpretes, ¿hay alguna que os guste especialmente?