Los Secretos / J. Sabina / G. Parsons. “Ojos de gata” / “Y nos dieron las diez” / “Drug store truck drivin man”

“Ojos de gata”, “Y nos dieron las diez” y “Drug store truck drivin man” son las canciones elegidas para este miércoles de versiones, tres temas que parecen tener un tronco común, tres manifestaciones de un mismo patrón melódico, como acostumbran a decir los especialistas en copla española cuando quieren designar aquellas canciones creadas, del mismo molde, a partir de una determinada copla matriz. En el caso que nos ocupa, lo verdaderamente llamativo es que son tres canciones con tres autores diferentes: Enrique Urquijo, Joaquín Sabina y Roger McGuinn & Gram Parsons. Detrás de ello hay una historia curiosa, que se ha explicado muy bien en los blogs “En clave de recuerdo” y “El primer cruce”; de ellos he obtenido la información que paso a compartir con vosotros.
A comienzos de 1991, Enrique Urquijo y Joaquín Sabina, quienes mantenían una excelente relación, coinciden en un bar de copas madrileño; comienzan a charlar y, en un momento dado, Urquijo le pregunta a Sabina si dispondría de algún material que pudiera utilizar para su próximo disco, dado que no estaba especialmente inspirado en aquellos días. Sabina le muestra unos versos que, al parecer, había escrito esa misma mañana y Enrique toma nota de ellos; de regreso a casa, en el mismo taxi, escribe el primer borrador de “Ojos de gata”; se lo presenta a sus compañeros de Los Secretos y deciden incluirlo, incluso como single, en su próximo álbum, “Adiós Tristeza”, que acabaría publicándose en septiembre de 1991. Mientras tanto, Sabina finaliza la canción por su cuenta y la titula “Y nos dieron las diez”, tema que formó parte de su disco “Física y Química”, lanzando en abril de 1992, apenas unos meses después del álbum de Los Secretos. Esta es la parte más o menos objetiva, con la que casi todo el mundo está de acuerdo; el resto son especulaciones y testimonios contradictorios. Las similitudes melódicas son evidentes, “Ojos de gata” en clave country-pop y la de Sabina al estilo ranchera mexicana, por lo que parece posible que el jienense conociera el tema de Urquijo y le sirviera como patrón o matriz. Sea como fuere, “Ojos de gata” tiene como autores a Urquijo y Sabina, mientras que “Y nos dieron las diez” declara un único autor: Joaquín Sabina. Para rizar aún más el rizo, es bastante probable que Enrique Urquijo se valiera de un tema de The Byrds (“Drug store truck drivin man”), grupo por el que siempre manifestó admiración, para componer su tema. Y no es un hecho aislado, el compañero Ángel Maíllo, en su blog “El Gramófono”, ya nos alertaba del gran parecido que tiene el tema “Agárrate a mi María” con “Carmelita”, del cantautor Warren Zevon. Las versiones más conocidas de “Drug store truck drivin man” son las de The Byrds y la de Joan Baez, interpretada en el Festival de Woodstock, sin embargo he preferido la de Gram Parsons y Emmylou Harris (aunque la calidad del sonido sea pésima) porque es en la que mejor se aprecia su parentesco con “Ojos de gata”.

Aphrodite’s Child. «Rain and tears»

La música clásica fue una compañera inspiradora para los pioneros del rock sinfónico; grupos como Procol Harum o The Moody Blues -éstos especialmente- a menudo arroparon sus novedosas propuestas musicales con elementos procedentes de la música culta. Si el disco “Days of Future Passed”, de esta última formación británica, nace como un intento de llevar al ámbito del rock la sinfonía “El Nuevo Mundo”, de Dvorak, la canción que hoy nos ocupa, “Rain and tears”, es una adaptación del “Canon en re mayor” del músico barroco Joahnn Pachelbel. Esta versión pop-rock fue arreglada por el griego Evangelos Odysseas Papathanassiou, más conocido como Vangelis, un autor muy importante en la historia del rock progresivo, la música electrónica y la new age, que tiene en su haber bandas sonoras de películas tan populares como “Carros de Fuego” (1981), “Blade Runner” (1982) o “1492: La Conquista del Paraíso” (1992). Vangelis dio sus primeros pasos como teclista en el grupo The Forminx hasta que entró a formar parte, en 1967, de la banda “Aphrodite’s Child”, en la que también estaban el batería Loukas Sidera, el guitarrista Anargyros Kolouris (incorporado más tarde) y el bajista y vocalista Demis Roussos quien, tras la disolución del grupo en 1972, disfrutó de un gran éxito como cantante melódico. Los Aphrodite’s Child tan sólo grabararon tres discos, de los cuales el último, el conceptual y progresivo “666” (1972), quizás fue el más importante de todos. “Rain and tears”, sin embargo, fue incluida en su primer álbum, “End of the World” (1968), en el que el pop psicodélico aún predominaba sobre el rock progresivo. El disco apareció en Francia, en pleno movimiento de Mayo del 68, país al que tuvieron que marchar ante el ambiente hostil que se había generado tras la llegada al poder de los militares en Grecia; el destino inicial era Londres pero una huelga de transportes les obligó a permanecer en París, donde acabarían firmando un contrato con la discográfica Mercury Records. “Rain and tears” fue un gran éxito en Francia y otros países, incluso fue versionada en español por el grupo gallego Los Sprinters (aquí tenéis su propuesta).
El pasado domingo fallecía Demis Roussos, a los 68 años de edad, una triste noticia para todos los que amamos la música. Los compañeros de Good Rocking Tonight ya le han dedicado una emotiva entrada; desde aquí también quiero unirme a este homenaje. Su música y su singular manera de cantar siempre estará con nosotros.

Electric Light Orchestra. «Confusion»

¿Es Electric Light Orchestra un grupo de rock progresivo? Desde luego si nos limitamos a juzgar por esta canción, no. Pero lo cierto es que, cuando se crea esta banda, allá por 1970, su intención fue la de fusionar el pop y el rock con elementos e instrumentos procedentes de la música clásica, como violines, chelos e instrumentos de viento. Los líderes fundadores de ELO fueron Roy Wood y Jeff Lynne, quienes acometieron juntos los trabajos que dieron lugar a su primer álbum (“The Electric Light Orchestra / No Answer”) y, en parte también, los de su segundo trabajo (“ELO2”). Durante la grabación de este último disco, Roy Wood abandonó la formación dejándola en manos de Lynne que, poco a poco, fue reduciendo el peso de los instrumentos clásicos y acercando el sonido hacia posiciones más cercanas al pop. Puede decirse que los primeros discos de ELO tienen un cierto tono sinfónico pero, a pesar de lo que opinan algunos seguidores del rock progresivo, para mi gusto suenan algo raro; las guitarras, los violines y violonchelos juntos no llegan a empastar y el resultado final es un pastiche algo indigesto. Tiene gracia que con los estilos musicales ocurra como con los géneros cinematográficos; un drama, aunque sea un pestiño, siempre tiene mejor prensa que una película de acción o una comedia, aunque éstas sean excelsas. Con ELO ha pasado algo parecido; sus primeros trabajos suelen tener mejores críticas, tal vez por tener esa etiqueta de pop-rock sinfónico, mientras que su disco más pop, “Discovery” (1979), a menudo es tildado de producto comercial y de poca calidad. Yo no estoy de acuerdo, a mi me parece que es su mejor álbum; tiene un sonido propio, tal vez algo grandilocuente pero bien equilibrado y, lo que es más importante, incluye un puñado de interesantes canciones que se sitúan entre el pop-rock y la música disco, temas como “Shine a little love”, “Don’t bring me down”, “Last train to London”, “The Diary of Horace Wimp” o la que os propongo: “Confusion”, compuesta por Jeff Lynne y con una importante presencia de los teclados y el “vocoder” -o codificador de voz-, un artilugio inicialmente diseñado para las telecomunicaciones que acabó siendo utilizado como instrumento musical por grupos de klautrock, como los alemanes Kraftwerk.

Héroes del Silencio. «Héroe de Leyenda»

No es muy habitual que los libros sobre rock se ocupen de grupos españoles, salvo que sean textos de temática específicamente hispana. David Roberts, en su libro Crónicas del Rock. Una historia visual de las 250 mejores bandas de todos los tiempos (Barcelona: Lunwerg, 2013) ha tenido a bien considerar a formaciones europeas, e incluso de otros lugares como China, Japón o América del Sur, como dignas de merecer un hueco entre los doscientos cincuenta grupos más importantes de la historia del rock; no es fácil pero hay alguna banda española que lo ha conseguido, como los aragoneses Héroes del Silencio. Así se expresa David Roberts cuando habla de ellos: «Los Héroes del Silencio fueron una de las bandas de rock más populares surgidas en Europa continental. Formados en Zaragoza en 1984, su lealtad a su idioma natal los convirtió en pieza importante del movimiento Rock en español de los noventa. Su estilo dramático y grandilocuente les proporcionó popularidad duradera en Europa y América Latina. Su sonido con toques góticos y su imagen visual provocaron comparaciones con bandas postpunk británicas como The Cult y The Mission». Sus cuatro discos de estudio han sido incluidos, por la revista musical Al Borde, entre los doscientos cincuenta mejores álbumes de rock iberoamericano de todos los tiempos; la revista Rolling Stone los ha considerado como el segundo mejor grupo de rock español de la historia, tras El Último de la Fila; y, en 2007, fueron homenajeados en reconocimiento a sus más de seis millones de discos vendidos. Tuvieron actividad entre 1984 y 1996, no sólo en España, también fuera de nuestras fronteras, quizás más en su última etapa, la más cercana al hard rock. Su primer disco, en cambio, está más próximo al pop-rock; fue publicado, bajo el título de «El mar no cesa», en 1988 y finaliza con «Héroe de Leyenda», un tema que ya había sido grabado un año antes en un EP con cuatro canciones. Fue su primer éxito y en él ya podemos reconocer el estilo ampuloso y épico característico de este grupo, sus letras ambiguas y trascendentales, y el liderazgo de una de nuestras más reconocidas figuras del pop-rock actual: Enrique Bunbury. Aquí os dejo, también, la versión realizada por el grupo de rock mexicano Zoé.

Els Pets. «Jo vull ser Rei»

Quien haya vivido algún tiempo fuera de su Hogar, sin el abrigo de su familia, amigos, costumbres, incluso de su idioma, sabrá que lo más importante para llevarlo bien y que aquello no se convierta en una experiencia antipática y hostil, es no sentirse solo, buscar la complicidad y la compañía de otros que están en la misma situación que tú. Al menos a mí siempre me ha dado muy buen resultado. Recuerdo con mucho cariño la etapa de mi vida en la que viví en Poitiers (Francia); la experiencia profesional fue muy interesante, pero lo verdaderamente enriquecedor tuvo que ver con las relaciones personales, el contacto humano y la amistad. Llegué a Francia sin apenas conocer el idioma, más allá de unos rudimentos básicos adquiridos en un apresurado curso de francés realizado meses antes; mis primeras horas en Poitiers transcurrieron en la Oficina de Relaciones Internacionales donde, a duras penas, logré enterarme de la residencia que me habían adjudicado, y con mi tutor, una de las mejores personas que conocí allí. Me presentó a un colega, nos fuimos a comer y, finalmente, llegué a mi alojamiento. Éste era el momento clave, sabía que no podía quedarme solo, así que no lo dudé: me quedé sentado en la puerta hasta que escuchara a alguien hablar español. Y así fue, mi estrategia dio resultado, aunque no fue castellano lo que oí sino catalán; era un grupito de erasmus de la Universidad de Girona, a quienes me pegué inmediatamente. En dos o tres días ya éramos unos cuantos, pronto empezó a sumarse gente de Valladolid, Madrid, Zaragoza y de otras zonas de España, además de franceses y estudiantes de otras nacionalidades. Aquello sucedió en 1994, en plena efervescencia del pop-rock español. De hecho, la música siempre estaba con nosotros: en las habitaciones, en la cantina de la residencia, incluso en las fiestas. Así fue como conocí a Els Pets, gracias a mis amigos catalanes, mientras que ellos aprendieron un juego tan poco habitual en su Tierra como el Mus, al que se engancharon igual que yo a su música. De todas las canciones que escuchábamos siempre recordaré, de manera especial, «Jo vull ser Rei», un pegadizo tema de pop-rock con una letra políticamente incorrecta para aquella España, en la que aún se reverenciaba a la Monarquía y todo lo que ella representaba. Os recomiendo que prestéis atención a su estimulante, irónica y demoledora letra (aquí lo podéis hacer, en catalán y en castellano). No quiero acabar sin dedicar esta canción a todos los amigos y amigas que hice en Poitiers, siempre os llevaré en mi corazón.