Kansas. «Carry On Way Ward Son»

Antes de escribir esta entrada he estado repasando los temas de rock progresivo que han aparecido en La Guitarra de las Musas. Lo cierto es que aún faltan muchos de los títulos más representativos de este estilo, esas largas suites conceptuales que hacen las delicias de los buenos aficionados al rock sinfónico pero que se le suelen atragantar a quienes no participan de este entusiasmo. Consciente de esta realidad, a veces he seguido la «estrategia Kansas», es decir, proponer temas de este género, limítrofes con el rock melódico, la balada y el AOR, para tratar de vender el producto. Por ejemplo, canciones como «Silence and I», «Don’t Cry», «Nights in White Satin» o «Elegy», por mencionar sólo algunas, se han alternado en este blog con clásicos como «Epitaph», «Lady Fantasy», «Echoes», «Firth of Fifth», «Nine feet underground», «Tubular Bells», etc. Como se dice coloquialmente, «entre col y col, lechuga».

Kansas es una banda originaria de aquel estado americano, creada en 1973 y que, tras un parón entre los años 1984-1985, aún continúa en activo. Nacen como una banda de rock sinfónico influenciada por los grandes grupos británicos, pero con un sonido muy americano, plagado de elementos de rock sureño, blues-rock y hard-rock; a la personalísima voz de Steve Walsh se suma el protagonismo de las guitarras y del violín, así como una potente orquestación. El viaje de Kansas se inició por senderos claramente sinfónicos para ir encaminándose, con el paso de los años, hacia el AOR. Tal vez su disco más conocido sea «Point of Know Return» (1977), en el que se incluyó el popular tema «Dust in the wind»; fue el quinto trabajo de estudio (una interesante reseña puede leerse en el blog «Tu Crítica Musical«). Un año antes se había publicado «Leftoverture» (1976), con su primer gran éxito: «Carry On Way Ward Son». Tanto este disco como «Point of Know Return» son dos excelentes trabajos de rock progresivo, sin embargo casi todo el mundo conoce a Kansas por los dos temas anteriormente citados, más bien de corte melódico-AOR; dos ganchos para tratar de vender un producto musical más elaborado y complejo de lo que cabría esperar. He optado por un versión en directo de «Carry On Way Ward Son» pero, si preferís la de estudio, aquí la tenéis. Por ultimo, comentar que existen algunas versiones interesantes de este tema, como la de Dream Theater o la de Yngwie Malmsteen.

Barclay James Harvest. «Mockingbird»

A finales de los setenta no existía internet y apenas había libros interesantes sobre música rock, por lo que nos las teníamos que apañar con otras fuentes de conocimiento. Una posibilidad era tu grupo de amigos, sobre todo si había alguno con hermanos mayores que pudiera asesorar; otra opción eran ciertos programas de televisión, como «Popgrama. Revista de rock & rollo» (1977-1981) o «Musical Express» (1980-1983); la tercera posible vía de sabiduría venía de la mano de las revistas especializadas, como «Vibraciones», donde supe de la existencia de un grupo británico de rock sinfónico conocido como Barclay James Harvest, nombre elegido tras escoger tres palabras al azar. Comenzaron a tocar en 1967 y se disolvieron en 1997, en realidad se separaron en dos grupos con nombres muy parecidos. No publicaron su primer disco, homónimo, hasta 1970, un trabajo pop con arreglos sinfónicos al estilo Moody Blues, de hecho a este grupo a menudo se le ha comparado con ellos, principalmente en su primera etapa con el sello discográfico Harvest, donde publicaron cuatro álbumes de estudio en los que se utilizó, de manera habitual, una orquesta sinfónica. Tras estos discos con Harvest fichan por Polydor, y comienza así una nueva época sin apenas arreglos orquestales, con un sonido más eléctrico y con fuerte presencia del mellotron, al igual que hicieran otros grupos de rock progresivo coetáneos. A esta época pertenecen sus trabajos tal vez más conocidos, ambos muy buenos: «Time Honoured Ghosts» (1975) y «Octoberon» (1976). El tema que traigo hoy pertenece a su excelente segundo Lp, «Once again» (1971) y, por lo tanto, a su etapa sinfónico-orquestal; es el corte número 5 y se titula «Mockingbird». Probablemente sea su tema más conocido, el que nunca falta en sus conciertos (aquí puede verse una versión en directo y sin orquesta); en poco más de seis minutos y medio, este grupo nos deleita con una pieza épica que comienza con una parte melódica protagonizada por voz y teclados, un poco antes del minuto 2 entra la orquesta sinfónica, perfectamente ajustada con los instrumentos eléctricos, en un crescendo que tiene su clímax a partir del minuto 4 con la entrada de la guitarra; hacia el minuto 5 y medio el tema comienza a suavizarse, otra vez con la inestimable ayuda de la orquesta, hasta que finalmente se consume.

Aphrodite’s Child. «Rain and tears»

La música clásica fue una compañera inspiradora para los pioneros del rock sinfónico; grupos como Procol Harum o The Moody Blues -éstos especialmente- a menudo arroparon sus novedosas propuestas musicales con elementos procedentes de la música culta. Si el disco “Days of Future Passed”, de esta última formación británica, nace como un intento de llevar al ámbito del rock la sinfonía “El Nuevo Mundo”, de Dvorak, la canción que hoy nos ocupa, “Rain and tears”, es una adaptación del “Canon en re mayor” del músico barroco Joahnn Pachelbel. Esta versión pop-rock fue arreglada por el griego Evangelos Odysseas Papathanassiou, más conocido como Vangelis, un autor muy importante en la historia del rock progresivo, la música electrónica y la new age, que tiene en su haber bandas sonoras de películas tan populares como “Carros de Fuego” (1981), “Blade Runner” (1982) o “1492: La Conquista del Paraíso” (1992). Vangelis dio sus primeros pasos como teclista en el grupo The Forminx hasta que entró a formar parte, en 1967, de la banda “Aphrodite’s Child”, en la que también estaban el batería Loukas Sidera, el guitarrista Anargyros Kolouris (incorporado más tarde) y el bajista y vocalista Demis Roussos quien, tras la disolución del grupo en 1972, disfrutó de un gran éxito como cantante melódico. Los Aphrodite’s Child tan sólo grabararon tres discos, de los cuales el último, el conceptual y progresivo “666” (1972), quizás fue el más importante de todos. “Rain and tears”, sin embargo, fue incluida en su primer álbum, “End of the World” (1968), en el que el pop psicodélico aún predominaba sobre el rock progresivo. El disco apareció en Francia, en pleno movimiento de Mayo del 68, país al que tuvieron que marchar ante el ambiente hostil que se había generado tras la llegada al poder de los militares en Grecia; el destino inicial era Londres pero una huelga de transportes les obligó a permanecer en París, donde acabarían firmando un contrato con la discográfica Mercury Records. “Rain and tears” fue un gran éxito en Francia y otros países, incluso fue versionada en español por el grupo gallego Los Sprinters (aquí tenéis su propuesta).
El pasado domingo fallecía Demis Roussos, a los 68 años de edad, una triste noticia para todos los que amamos la música. Los compañeros de Good Rocking Tonight ya le han dedicado una emotiva entrada; desde aquí también quiero unirme a este homenaje. Su música y su singular manera de cantar siempre estará con nosotros.

Triana. «Luminosa mañana»

Algunos viernes los suelo dedicar al rock progresivo, normalmente grandes temas de grupos extranjeros. Sin embargo, para esta primera entrada del año quiero traer a una formación española a compartir cartel con lo más granado de este estilo musical. Triana es el máximo exponente del llamado rock sinfónico andaluz, movimiento del que formaron parte grupos como Alameda, Mezquita, Guadalquivir, Cai, Granada o Azahar y que, muy probablemente, tuvieron en Smash (1968-1973) al antecedente más claro de esta manera de entender el rock, exclusiva de nuestro país (véase, por ejemplo, la versión que realizó este grupo del conocido tema popular «El Garrotín«). Pero volvamos a Triana; fue una banda de la que formaron parte J.J. Palacios «Tele» (batería), Eduardo Rodríguez (guitarra española) y su líder indiscutible, Jesús de la Rosa (voz, teclados y autor de la mayor parte de los temas). Desde mi punto de vista es el mejor grupo de rock progresivo que ha habido en España; sus tres primeros discos de estudio («El Patio», 1975; «Hijos del Agobio», 1977; y «Sombra y Luz», 1979) son tres joyas del rock patrio; algo así como escuchar a King Crimson, Genesis o Pink Floyd pero mezclando el órgano y el mellotrón con la guitarra española y la voz singular e inigualable de Jesús de la Rosa. El primer disco carece de título pero habitualmente nos referimos a él como «El Patio», debido a la portada donde se muestra un dibujo de los tres componentes del grupo en el interior de un patio. Fue la primera cinta de casete que me compré, cuando aún era un chaval, aprovechando que mi hermana trabajaba en una tienda de electricidad que tenía un cacharro de esos, como los que había en las gasolineras, para comprar las cintas de Camela o El Fary. Son siete canciones a cual mejor; la primera, «Abre la Puerta», con sus casi diez minutos de duración, es tal vez la mejor de todas; sin embargo, yo voy a proponeros el tema con el que comenzaba la cara B, «Luminosa Mañana», por su existencial letra, por el brillo de Jesús de la Rosa en voz y teclados y por los buenos recuerdos que me trae, de cuando la intentaba cantar a pleno pulmón, acompañado de una amiga al piano y aupado por los vapores etílicos. Aquí también os dejo la versión que hizo Lluis Llach en catalán.

Mike Oldfield. «Tubular Bells»


La protagonista de este blog es la canción; a veces es muy breve y en otras ocasiones puede llegar a superar los quince o veinte minutos, algo que acabó siendo habitual en el rock progresivo, me refiero al hecho de ver temas que ocupaban toda una cara del Lp. La canción de hoy dura casi 49 minutos, es decir, todo el disco. “Tubular Bells” fue el primer álbum del británico Mike Oldfield, lo compuso cuando apenas tenía diecisiete años y fue publicado en 1973, tras un tortuoso y artesanal proceso de grabación que culminó con una obra maestra, uno de esos discos atemporales, imprescindibles, capaces de trascender modas y gustos musicales. Todo en él es singular; la concepción y ejecución misma de la obra, en la que su autor tuvo que hacer frente a la mayor parte de los instrumentos, más de veinte (piano de cola, órganos, bajo, todo tipo de guitarras, percusiones, campanas tubulares, etc.); el derroche de arte e ingenio al que tuvieron que recurrir para grabar una obra tan compleja, prácticamente con un sólo músico y con unos medios muy alejados de los que disponían las grandes multinacionales; el nacimiento, casi sobre la marcha, de un sello discográfico que acabaría convirtiéndose en uno de los gigantes de la música: Virgin Records -su primer disco fue precisamente éste-; la portada del álbum, esa famosísima campana tubular, es todo un símbolo, una marca que identifica, no sólo este trabajo sino toda la obra de Mike Oldfield; y su carácter de obra innovadora e imperecedera, entre el rock progresivo y lo que luego se llamaría new age, incluso podría decirse que es pionera en el concepto de “música indie”, tan de moda en nuestros días. Estamos, en definitiva, ante la obra de un genio que dejó atónitos tanto a público como a crítica especializada, y que acabó por hacerse muy popular gracias a su inclusión en la película de William Friedkin, “El Exorcista”. “Tubular Bells” ha sido reeditado en varias ocasiones e, incluso, se han publicado una segunda y tercera partes además de otros subproductos derivados. Ya se que, en esta ocasión, es mucho pedir pero os animo a que volváis a disfrutar con este álbum, no os va a defraudar porque no tiene fecha de caducidad, jamás envejecerá.