Genesis. “The Cinema Show”

Selling England by the Pound” (1973) es el quinto trabajo de estudio de los británicos Genesis, de los mejores y más representativos álbumes de esta banda, al menos durante el periodo que muchos consideramos como el más interesante, es decir, aquel en el que Peter Gabriel lideró (1970-1975) aquella mítica formación integrada por Tony Banks (teclados), Steve Hackett (guitarra), Mike Rutherford (bajo), Phil Collins (batería) y el propio Peter Gabriel (voz, flauta). El título fue idea de Gabriel, en respuesta a quienes decían que habían abandonado Inglaterra para centrar su carrera en los Estados Unidos; para ello, utilizó un eslogan manejado por el Partido Laborista británico, que les venía muy bien para reivindicar otra manera de entender lo que era ser inglés. La portada (“The Dream”) es obra de Betty Swanwick, artista que había diseñado carteles para London Transport durante las décadas de 1930 y 1950; parece que inicialmente no incluía la cortadora de césped, ésta fue agregada posteriormente, en alusión a las letras del tema “I Know What I Like (In Your Wardrobe)”. “Selling England by the Pound” contiene uno de los temas más bellos y emocionantes del rock sinfónico, el titulado “Firth of Fifth” -ya hablamos de él en una entrada anterior-, con ese memorable solo de guitarra a cargo de Steve Hackett, que adoramos los seguidores de este género.

El otro gran tema de este álbum, al menos desde mi punto de vista, es “The Cinema Show”, una compleja e intelectual composición que, en lo que respecta a la letra (de Tony Banks y Mike Rutherford), nos plantea una inconexa y simbólica historia de amor y sexo, con alusiones a Romeo y Julieta, y referencias a las culturas clásicas y, sobre todo, al poema The Wate Land (1922), de T.S. Eliot (si queréis elucubrar un poco sobre la letra de esta canción, podéis entrar aquí). La parte musical es sensacional; comienza con el sonido celestial que transmiten las guitarras de doce cuerdas, un inicio conmovedor, de reminiscencias medievales, que nos prepara para escuchar el resto de la composición de manera relajada. Las voces de Peter Gabriel y Phil Collins mueven la melodía con sensibilidad y precisión, desde los característicos planteamientos folk de Genesis a pasajes más cercanos al pop. Hacia el minuto 3:20 entra la flauta de Peter Gabriel, que nos acompaña durante unos cuarenta segundos, después la composición recupera ese ambiente sosegado y pastoril, que vuelve a dar paso al contrapunto rítmico de hechuras pop-rock. La segunda parte de la canción, que comienza hacia el minuto 5:21, tiene un protagonista absoluto: Peter Banks; sus teclados, acompañados de la sección rítmica, transforman esta pieza casi en un tema de jazz, con esa inolvidable melodía, entre los minutos 7 y 8, tan característica de esta memorable composición. Finalizo con dos versiones, la del grupo de rock progresivo sueco The Flower Kings, y la del pianista barcelonés Jaume Vilaseca, ésta última en clave jazz.

Como viene siendo habitual por estas fechas, este blog yo nos tomamos unas vacaciones. Volveremos en septiembre ¡Feliz verano!

Focus. “Hocus Pocus”

De los orígenes de la banda neerlandesa de rock progresivo Focus ya hablamos en una entrada anterior, dedicada al tema titulado “Sylvia”. En su momento de mayor esplendor, estaba liderada por Jan Akkerman (guitarra) y Thijs Van Leer (teclados, flauta); de este último músico quizás o acordéis porque acompañó a Miguel Ríos en la gira “Rock & Ríos” (1982), que dio lugar a uno de los álbumes más recordados del granadino y uno de los mejores directos del rock patrio. Volviendo a Focus, comenzaron a ser famosos gracias a su segundo disco de estudio (“Focus II”, 1971), conocido como “Moving Waves” fuera de los Países Bajos. Compuesto en su mayor parte por Akkerman y Van Leer, este disco se compone de seis temas: “Hocus Pocus”, “Le Clochard (Bread)”, “Janis”, “Moving Waves”, “Focus II” y “Eruption”, una suite en quince movimientos, inspirada en la ópera “Eurídice” de Jacopo Peri, que ocupa toda la cara B.

El corte más recordado de este disco es “Hocus Pocus”, una desconcertante composición que se sitúa entre la parodia y el virtuosismo, en la que -en menos de siete minutos- nos encontramos de todo: hard rock potente (casi heavy metal), rock progresivo, elementos de opereta clásica, cantos tiroleses, scat, eefing, silbidos, rifs de flauta, … Todo ello envuelto en un complejo desarrollo instrumental, con bajo, batería y guitarra eléctrica rayando a gran altura; el compañero Antonio Chico, responsable de la web Música y Oxígeno, califica de “deleite escuchar ese bajo que al combinarse con ese riff en la guitarra producen unas pulsaciones que se sienten en el cuerpo”. A muchos, “Hocus Pocus” nos parece una genialidad; pero también hay quien se queda en la superficie de la canción, es decir, en ese hilo conductor realmente hilarante, ejecutado a través de una voz en falsete -a modo de canto yodel– que, conviene reconocer, es realmente la principal seña de identidad de esta melodía.

Presente en películas, programas de televisión, anuncios publicitarios, juegos, etc., “Hocus Pocus” ha sido versionada por grupos punk como The Vandals, por violinistas como Vanessa Mae y, por supuesto, por grandes bandas de heavy metal y de metal progresivo, como Iron Maiden, Helloween o Marillion. Y no puedo acabar sin que veáis en acción a Akkerman, Van Leer y compañía; os propongo dos directos, uno de 1971 y una actuación en televisión de 1973.

Pink Floyd. «Dogs»

En 1976, los miembros de Pink Floyd se pusieron manos a la obra con un nuevo proyecto tras los éxitos rotundos de «Dark Side of the Moon» (1973) y «Wish You Were Here» (1975). «Animals» fue publicado en 1977, con esa famosa portada diseñada por Roger Waters, en la que se ve a un cerdo flotando entre dos de las chimeneas de la estación eléctrica Battersea Power Station. El bajista dirigió con manu militari todas las operaciones relacionadas con este trabajo; Richard Wright y Nick Mason se transformaron en peones al servicio del jefe y sólo David Gilmour logró sacar la cabeza y hacer frente a la situación; en palabras de Wright:

Animals fue un trabajo duro. No fue un álbum divertido de hacer, pero esto fue en la época en la que Roger se creía el único compositor de la banda. Pensaba que solo era por él que la banda seguía adelante y, obviamente, cuando comenzó a sacar el ego a pasear, con quien la pagaba era conmigo.

Richard Wright

Como bien saben todos lo seguidores de Pink Floyd, la situación empeoró con «The Wall» (1979), hasta desembocar en la disolución de la banda. Con «Animals» Roger Waters quiso representar su propia visión del universo orwelliano de Rebelión en la granja (1945), sustituyendo el protagonismo totalitario comunista de George Orwell por el sistema capitalista e individualista de la sociedad occidental; así, los cerdos, perros y ovejas que titulan los temas de este disco representan, respectivamente, a quienes tienen el poder, a los que lo hacen posible y a aquellos sobre los que se ejerce, generalmente gente mediocre que acepta sin ningún tipo de discusión el orden establecido.

«Animals» reflexiona sobre los autoritarismos, la corrupción, las ortodoxias, las normas y los individualismos que caracterizaban la sociedad capitalista de los años setenta, elementos que acabarían facilitando -poco después de que fuera publicado este álbum- los gobiernos de Margaret Thatcher (Reino Unido) y Ronald Reagan (Estados Unidos). Lo paradójico del asunto es que mientras Waters utilizaba Rebelión en la Granja como elemento inspirador, su comportamiento se parecía al de uno de los protagonistas de esta novela, el cerdo Napoleón, que se erigió en dictador y eliminó las normas democráticas establecidas en la Granja, sustituyéndolas por un único mandamiento: «Todos los animales son iguales, pero algunos animales más iguales que otros».

Por supuesto, todos los temas fueron compuestos por el bajista, a excepción de la suite «Dogs» que tiene su origen en una canción titulada «You’ve Got to Be Crazy«, compuesta por David Gilmour y descartada durante el proceso de grabación de «Wish You Were Here». En esta ocasión los perros son los ególatras, implacables e insensibles hombres de negocios, portadores de maldad y destrucción, capaces de cualquier cosa con tal de ver aumentadas sus ganancias pero, a la larga, igual de vulnerables y débiles que las personas a las que explotan y someten.

En lo que respecta a lo musical, «Dogs» –al igual que ocurre con el resto de «Animals»- es una de las piezas más progresivas de Pink Floyd, con diferentes fases, llena de efectos y sonidos conseguidos gracias a los sintetizadores, con un buen trabajo de teclados y la participación estelar de David Gilmour, que lleva el peso vocal de la canción y firma uno de los mejores trabajos que jamás haya realizado a la guitarra, más expresivo e intenso que nunca, y eso que la mejor toma fue eliminada por Waters durante el proceso de grabación debido a un error. Para finalizar, os dejo un directo de 1977, y dos versiones, a cargo de The Samurai of Prog y de la banda tributo Which One’s Pink?

Esta entrada fue inicialmente publicada en el blog Musicae Memorandum, en febrero de 2017. Quiero dar las gracias a Jakesnake, Nostromo y Olomán por invitarme a participar en aquella bonita iniciativa.

New Trolls. “Adagio (Shadows)”

Los que hayáis cumplido cierta edad quizás os acordéis de una canción titulada “Che idea”, comercializada en 1979 por el grupo New Trolls; se trata de la típica canción melódica italiana, en la que se abusa un poco del falsete con el propósito de imitar a los Bee Gees, que entonces triunfaban con la banda sonora de “Saturday Night Fever” (1977). Los New Trolls continuaron con este estilo sencillo, cercano al pop-rock melódico, durante los años ochenta, incluso más allá. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de este grupo está en sus inicios, allá por 1967, cuando tomaron este nombre tras reorganizar una primera formación conocida como The Trolls. Después de unos comienzos cercanos al beat y al pop psicodélico, fueron los elegidos para actuar como teloneros en los conciertos que los Rolling Stones dieron por Italia. Participaron en algunos festivales, grabaron su primer single en 1967 y, también, su primer Lp (“Senza orario senza bandiera”, 1968).

Pero el trabajo que les encumbró fue su segundo álbum de estudio, el titulado “Concerto grosso per i New Trolls” (1971), una de las obras fundamentales del rock sinfónico italiano, pionera en el uso de orquestas junto a instrumentos de rock; con este disco, New Trolls seguía la estela de bandas como The Moody Blues, Procol Harum o Barclay James Harvest, que habían sentado las bases del rock progresivo más apegado al sinfonismo clásico. Se compone de dos partes claramente diferenciadas: la cara B está ocupada por una pieza en directo, de unos veinte minutos, sin orquesta, y con un solo de batería que dura unos siete minutos. En la cara A, al menos desde mi punto de vista, es donde se concentra lo más interesante de este excelente álbum; está formada por cuatro movimientos -“Allegro”, “Adagio (Shadows)”, “Cadenza-Andante con moto” y “Shadows (per Jimi Hendrix)”-, que son los que realmente conforman el “Concerto grosso …”, compuesto por el italo-argentino Luis Enriquez Bacalov para la película “La víctima designada” (1971); de hecho, en la película se utiliza una versión preliminar de lo que, posteriormente, fue el “Concerto grosso …” publicado por los New Trolls. La idea era crear un concierto de música barroca italiana, en el que se entremezclaran la orquesta dirigida por Bacalov y los sonidos eléctricos de la banda italiana, entonces compuesta por Vittorio De Scalzi (guitarra, flauta), Nico Palo (guitarra, voz principal), Gianni Belleno (batería, voz), Giorgio D’Adamo (bazo, voz) y Maurizio Salvi (teclados).

Una obra así merece la pena escucharla en su totalidad (al menos el concierto, la cara A). Para convenceros, os sugiero que oigáis primero el segundo movimiento -“Adagio” (Shadows)”-, en el que se incluye el tema “My Shadow in the Dark” que, en la película mencionada anteriormente, fue interpretado por el protagonista del film, Tomas Milian; la letra, en inglés, fue escrita por el productor Sergio Bardotti, con un último verso en el que se cita un fragmento del monólogo de “Hamlet”. Para finalizar, os recomiendo la versión que, de esta pieza, hiciera la cantante Patty Pravo, con un arreglo muy parecido y cantada en italiano ; también fue publicada en 1971, en su álbum titulado “Per aver visto un uomo piangere e soffrire Dio si trasformò in música e poesía”.

Jethro Tull. “Locomotive Breath”

Aqualung” (1971) es el cuarto disco de estudio de Jethro Tull, la banda del multiinstrumentista Ian Anderson; de este álbum ya hablamos en una entrada anterior, dedicada al tema titulado “My Good”, os recomiendo su lectura para que os hagáis una idea de lo que supuso este disco para Jethro Tull y la polémica que suscitó en algunos países debido a su provocador e irreverente planteamiento, con canciones que hablan de vagabundos pedófilos, prostitutas infantiles, alcohólicos y de temas religiosos alejados del dogma de la Iglesia. No hubo edición española hasta el año 1975, y entonces se publicó sin los textos alusivos a Dios y sin la canción “Locomotive Breath”, que fue sustituida por el tema “Glory Row”.

No sé muy bien qué les pudo pasar por la cabeza a los censores para eliminar una canción que ya había sido publicada en nuestro país unos años antes, concretamente en el álbum en directo “Living in the Past” (1972), me imagino que no se debieron dar cuenta. Lo que parece claro es que a alguien no le gustó el tema, tal vez porque creyó que aludía a Dios de manera blasfema, ya fuera de manera directa (con la Biblia no se bromea) o metafórica (esto me cuesta más, salvo que el censor fuera un intelectual); quizás fue por emplear la palabra “cojones” o, tal vez, por sus alusiones al suicidio, representadas en un hombre al que han abandonado sus hijos y su mujer -después de que ésta última lo engañara con su mejor amigo-, que se dirige a un precipicio, como una locomotora sin frenos. Para que nos hagamos una idea de lo difícil que resulta la interpretación de estos temas setenteros deudores de la psicodelia y los planteamientos filosófico-existenciales, parece que el autor de la canción (Ian Anderson) dijo que, en realidad, se inspiró en su fijación personal por los trenes y en la preocupación que tenía por el fenómeno de la sobrepoblación mundial: un alocado tren que, en lugar de felicidad, prosperidad y una distribución razonable de la riqueza, avanza a toda velocidad hacia un final apocalíptico.

Locomotive Breath” se registró a partir de grabaciones individuales; es decir, cada miembro de Jethro Tull grabó en solitario sus partes instrumentales o vocales y, después, se mezcló todo para dar lugar a la grabación final; según cuenta Anderson, intentaron grabar tocando todos juntos, como hacían habitualmente, pero resultó un fracaso y no consiguieron ese efecto rítmico de locomotora que pretendía Anderson. Debió ser una obcecación pasajera porque es uno de los temas habituales en los directos; a modo de ejemplo, os dejo las grabaciones para los discos en vivo “Living in the Past” (1972) y “Bursting Out” (1978), y otro directo más del año 1982. Aunque no es un tema largo -yo diría que corto para una pieza de rock sinfónico-, presenta una estructura progresiva bien marcada: comenzamos con el piano de John Evans, en tono jazzístico, que da paso a la guitarra y la voz de Ian Anderson para construir la característica melodía de esta canción; hacia el minuto 1:21 comienza la parte hardrockera, incrementando la velocidad de la locomotora, que también se mantiene cuando hace su aparición el solo de flauta de Anderson; el tema finaliza con el regreso de los teclados, que nos ayudan a alcanzar nuestro destino.

“Locomotive Breath” es un tema que adoran los grupos de hard rock y heavy metal; por eso, no quiero acabar esta entrada sin mencionar algunas versiones de esta melodía realizadas por bandas próximas al metal, como Rabbitt, Helloween, Wasp o Styx.