Es bien sabido que para triunfar en la Música hay que cantar en inglés; en anteriores ocasiones nos hemos ocupado de canciones, como «Sway» o «My Way«, que inicialmente fueron compuestas en otros idiomas; el tema conocido como «Autumn leaves» forma parte de este grupo de melodías adaptadas al idioma de Shakespeare. En este caso tiene su origen en «Les feuilles mortes», una canción de 1945 que fue escrita por el francés Jacques Prévert -autor de la letra- y el franco-húngaro Joseph Kosma -autor de la música- para la película «Les Portes de la nuit», ambientada en la París ocupada por los nazis; fue protagonizada por Yves Montand que, además, fue quien primero dio a conocer esta canción. En 1949, el compositor y cantante norteamericano Johnny Mercer adaptó la letra al inglés y cambió el título por el de «Autumn leaves»; a partir de aquel momento la canción empieza a incorporarse al repertorio de algunos artistas y, en 1956, recibe el espaldarazo definitivo con la versión que Nat King Cole hiciera para otra película, la dirigida por Robert Aldrich con el mismo título que la canción. Un año antes, el pianista Roger Williams ya la había convertido en todo un éxito en los Estados Unidos. «Autumn leaves» habla de un amor de verano al que se añora y se desea, especialmente en esos días de otoño, cuando se amontonan en la ventana las doradas hojas muertas. Las versiones que se han hecho de este tema son muchas y, a menudo, de calidad, por ejemplo las de Édith Piaf, Frank Sinatra, Eva Cassidy o las muy numerosas procedentes del jazz (Chet Baker, Bill Evans, Miles Davis, Eddie Higgins, Luigi Martinale, Gonzalo Rubalcaba, Keith Jarrett, David Shaw, Duke Ellington, Stéphane Grapppelli, Cannonball Adderley, Stanley Jordan, etc.) He ido dejando enlaces a las interpretaciones de Yves Montand, Nat King Cole y Roger Williams, muy importantes para poder entender la historia de esta canción, y os propongo estas tres: la de Jerry Lee Lewis, incluida en «The Jerry Lee Lewis Show» (2000); la de Iggy Pop, perteneciente a su álbum «Préliminaires» (2009), cantada en francés y bajo el título original de «Les feuilles mortes»; y la que nos regalara mi admirado Eric Clapton en su disco «Clapton» (2010) ¿Y a vosotros, cuál os gusta más?
Etiqueta: Canción melódica
Ella Fitzgerald. «I love Paris»
Ya he manifestado en alguna ocasión mi admiración por Billie Holiday, en mi opinión la mejor cantante que ha existido en registros intensos y dramáticos (véase, sin ir más lejos, su interpretación de “Strange Fruit”). Ella Fitzgerald, la otra gran figura del jazz melódico junto a Sarah Vaughan, tal vez brilló más en canciones optimistas, incluso con letras aparentemente banales; y en todo tipo de estilos, desde la canción melódica al jazz pasando por el swing, la samba, la bossa nova o el blues. Debutó como cantante a los dieciséis años y, tras algún tiempo integrada en orquestas, pronto comenzó una larga y fructífera trayectoria como solista. En el jazz fue una gran innovadora, sobre todo en lo relativo a la técnica conocida como scat, un tipo de improvisación vocal que se desarrolló en los años cuarenta a partir de la utilización de palabras y sílabas sin sentido, que se empleaban a modo de instrumento musical. Otra de sus principales aportaciones a la música fue la serie de Songbooks, discos donde se recogía lo mejor de los grandes compositores de la canción popular norteamericana, como Cole Porter, Duke Ellington, Johnny Mercer, George Gershwin, Jerome Kern o Harold Arlen. Se trata de una de las iniciativas más importantes que ha habido en el jazz y en la música melódica americana, una revisión de los grandes compositores de este país bajo la inigualable voz de una de las mejores cantantes que nos dejó el siglo XX. El primero de los ocho discos que dedicó a la canción americana tuvo a Cole Porter como protagonista, un doble LP con treinta y dos canciones de este reconocido compositor y letrista estadounidense. Fue uno de los discos elegidos, en el año 2003, para formar parte del National Recording Registry, una lista de grabaciones sonoras especialmente relevantes para la cultura, la historia y las costumbres de los Estados Unidos. El segundo disco de este “Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook” comienza con “I love Paris”, una canción inicialmente compuesta para el musical “Can-can”, que luego sería llevado al cine en 1960. Hay otras versiones muy interesantes, como las de Frank Sinatra, Andy Williams, Peter Cincotti o Charlie Parker, pero ninguna me gusta más que la que nos regaló “La Primera Dama de la Canción”.
Dooley Wilson / Jane Monheit / ZZ Top / «As time goes by»
Para un aficionado a la música y al cine no hay mejor regalo que escuchar una buena canción mientras disfrutas de una obra maestra del Séptimo Arte. El buen amigo Antonio, en su excelente blog «Diccineario«, describía la película «Casablanca» (1942) como un «carrusel de ideales patrióticos, pasiones reprimidas y sentimientos heridos, esenciales y eternos»; un film inmortal, del que todos recordamos alguna escena, en mi caso siempre será esa en la que Ingrid Bergman le pedía al pianista Sam que tocara y cantara «As time goes by». Este tema fue compuesto por Herman Hupfeld, en 1931, para el musical de Broadway «Everybody’s Welcome» y, aunque se grabó por varios artistas, no fue internacionalmente conocido hasta una década después, cuando se estrenó la película de Michael Curtiz. «As time goes by» es una canción que habla del amor como fuerza capaz de trascender pasiones, celos y glorias mundanas porque, al fin y al cabo, las cosas importantes adquieren valor con el paso del tiempo. Seguro que todos recordaréis los primeros compases de esta canción: «You must remember this, a kiss is still a kiss …» Todas las adaptaciones que se han hecho de este popular tema empiezan así, sin embargo la partitura original tenía una estrofa inicial que fue suprimida cuando se incluyó en la película y que, finalmente se ha perdido, en ella se habla de lo incierto de aquellos tiempos, incluso hay una alusión un tanto ingenua a Einstein y a «la cuarta dimensión»; aquí enlazo a la versión de Ruddy Vallée (1931), donde podéis constatar esta circunstancia. Como acabo de comentar, existen muchas versiones; yo voy a reivindicar, en primer lugar, la que Dooley Wilson interpretó para la película «Casablanca», y voy a tratar de huir de las más clásicas (éstas os las dejo a vosotros, por si os animáis a sugerir alguna); la segunda es la de la vocalista norteamericana de jazz Jane Monheit, una propuesta dulce, sosegada y elegante; la tercera corre a cargo del trío texano ZZ Top, con ese marchamo guitarrero, aguardentoso y canalla que caracteriza a este grupo.
Skeeter Davis / Vonda Shepard / Imelda May. «The End of the World»
De entre todas las canciones tristes siempre ha habido una que me ha conmovido especialmente, tanto por su preciosa melodía como por su desesperada letra. «The End of the World» fue escrita por Arthur Kent y Sylvia Dee, e interpretada por primera vez por la cantante country Skeeter Davis en 1962, un año después se incluyó en el álbum «Skeeter Davis sings the End of the World». Tan sólo dura dos minutos y medio, tiempo suficiente para transmitirnos la sensación de incredulidad, angustia y desesperación que se apodera de quien ha perdido a un ser querido o ha sido abandonado por un gran amor: «¿Por qué el sol sigue brillando? ¿Por qué el mar corre a la orilla?¿No saben que es el fin del Mundo porque tu ya no me quieres? ¿Por qué los pájaros siguen cantando? ¿Por qué las estrellas brillan arriba? ¿No saben que es el fin del Mundo? Acabó cuando perdí tu amor. Me despierto por la mañana y me pregunto ¿por qué todo es igual a como era antes? No puedo entender, no, yo no puedo entender cómo avanza la vida de la manera en que lo hace ¿Por qué mi corazón sigue latiendo? ¿Por qué mis ojos lloran? ¿No saben que es el fin del Mundo? Terminó cuando dijiste adiós». El final del tema ha llegado a ser interpretado como un planteamiento de suicidio, no en vano esta canción ha sido utilizada como recurso cinematográfico en películas donde se aborda esta temática, como «Inocencia interrumpida» (1999). Al parecer, «The End of the World» se inspiró en los sentimientos que se apoderaron de Sylvia Dee, una de las compositoras, tras la muerte de su padre. Además de la versión original de Skeeter Davis, propongo la de la cantante y pianista estadounidense Vonda Shepard -conocida por su participación en la serie Ally McBeal- y la de la rockera irlandesa Imelda May -otro día le dedicaré una entrada a ella sola-. No obstante, existen muchas versiones, como las de The Carpenters, Bobby Vinton, Dottie West, Julie London, Brenda Lee, incluso la televisiva Susan Boyle. Podéis añadir aquella que os guste más o que os parezca interesante y, por supuesto, os animo a que me digáis cuál es vuestra canción triste preferida.
Clooney & Pérez Prado / M. Bublé / P. Cincotti / Pussycat Dolls. «Sway»
“Sway” es otro ejemplo más de canción anglosajona construida a partir de una melodía original en otro idioma, en este caso en español. En realidad es la versión en inglés del mambo “Quién será” (1953), compuesto por los mexicanos Luis Demetrio y Pablo Beltrán Ruiz, que fue grabada por Dean Martín, en 1954, después de realizar una adaptación de la letra a cargo de Norman Gimbel. Mientras que el original mexicano tenía un concepto y un ritmo cláramente latinos, la versión de Dean Martín se adentraba en la canción melódica aunque sin perder el fundamento original. Cinco años después de esta primera versión en inglés, se incluyo en el disco “A Touch of Tabasco”, de la cantante de jazz estadounidense Rosemary Clooney y la orquesta del cubano Dámaso Pérez Prado. Ésta es la primera versión que ponemos hoy (he dejado enlaces a las dos primeras para aquellos que estén interesados), un mambo ejecutado por uno de los mejores del género (Pérez Prado) pero con un toque de swing (R. Clooney) interesantísimo y muy reconocible en versiones posteriores; además, aunque estaba cantado en inglés, tenía algunas partes en español. La segunda versión es la del canadiense Michael Bublé, a medio camino entre la vena melódica de Dean Martin y el swing de Perez Prado y R. Clooney. La transformación definitiva en un tema de jazz nos la ofrece el cantante y pianista Peter Cincotti. “Sway” se puso de moda hace algunos años gracias a la propuesta del grupo pop femenino Pussycat Dolls, incluida en la comedia romántica “Shall we dance?”; no es la versión que más me gusta pero es la más sensual, y atesora tal concentración de belleza que me ha sido imposible ignorarla.