Crucis. «La triste visión del entierro propio»

Crucis fue una banda argentina de rock progresivo creada en 1974 por un grupo de amigos y compañeros del colegio: Daniel Oil (teclados), José Luis Fernández (bajo), Daniel Frenkel (batería) y Gustavo Montesano (guitarra y voz); antes de grabar ningún disco ya habían abandonado los tres primeros, siendo sustituidos por Pino Marrone (guitarra), Aníbal Kerpel (teclados) y Gonzalo Farrugia (batería), mientras que Gustavo Montesano acabaría asumiendo las labores de bajista. Con esta formación grabaron, con RCA, su primer disco en 1976 (“Crucis”) y, un año después, su segundo y último trabajo, “Los delirios del Mariscal”, para muchos su obra más madura, aunque yo prefiero la espontaneidad del primero. Las portadas de estos álbumes (al final de la entrada los podéís ver) fueron diseñados por Juan Oreste Gatti, un artista argentino bien conocido por su trabajo de diseño gráfico para las películas de Pedro Almodóvar, aunque también ha colaborado con otros cineastas, como John Malkovich, Fernando Trueba o Alex de la Iglesia y, por supuesto con grupos españoles de “La Movida” y con buena parte de las bandas juveniles de rock argentino anteriores a la Dictadura. Ésta es, precisamente, una de las razones que influyeron en la temprana disolución de la banda, allá por 1977-1978; Gustavo Montesano ha manifestado en alguna occasion que la Dictadura les obligó a escapar de su país, algunos se fueron a México, otros a Los Ángeles (California) y él mismo emigró a España para trabajar con el productor Jorge Álvarez. Lo que más llama la atención de Crucis es la calidad instrumental de sus componentes, la gran riqueza melódica de sus composiciones y su original propuesta, donde se pueden observar influencias de varios de los grupos británicos de rock progresivo más conocidos (ELP, Camel, Genesis, etc.) pero siempre con un marchamo propio, un sonido made in Crucis. Los temas instrumentales son soberbios aunque no puedo decir lo mismo de las partes cantadas, de hecho, tal vez sean el talon de aquiles de esta formación. Aquí podéis escuchar su primer disco, “Crucis”; siete canciones a cual mejor, que no os van a defraudar. Si antes preferís escuchar algún tema concreto, os propongo “La triste vision del entierro propio”, creo que apta para amantes del progresivo y, también, para los que no lo son tanto, donde se puede apreciar un gran trabajo de teclados y guitarra.

Crucis_1976_Crucis

Crucis-LosDeliriosDelMariscal

Camel. «Rhayader» / «The Snow Goose» / «La Princesse Perdue»

La música que llevo escuchando desde mi adolescencia, con sus lógicos e inevitables encuentros y desencuentros, es la que más estimula mis recuerdos y, también, con la que menos objetivo soy; por eso, si os digo que el disco «The Snow Goose» (1975) es una de las obras de referencia del rock progresivo, a lo mejor pensáis que es una exageración. Fue el tercer álbum de la banda británica Camel, que editó su primer trabajo homónimo en 1973; del segundo ya nos hemos ocupado en una entrada anterior, dedicada al conocido tema «Lady Fantasy» y al concepto de «Escena Canterbury». En abril de 1975 publicaban su álbum quizás más importante, «The Snow Goose», un trabajo conceptual y totalmente instrumental basado en la obra homónima del escritor Paul Gallico; en un principio se pensó en incluir una parte narrada a partir del propio texto original, sin embargo el autor no lo permitió al creer, erróneamente, que el grupo tenía relación con la marca de cigarrillos Camel. Incluso hubo que abandonar la idea de llamarlo como el cuento; no se obtuvieron los permisos, por lo que acabó titulándose «Music Inspired by The Snow Goose». En España se publicó como álbum doble, incluyéndose su anterior trabajo («Mirage») y con la portada de éste, la de la cajetilla de tabaco. Héctor Mario Gómora ha realizado un excelente trabajo descriptivo de esta obra, tanto de los aspectos relativos a la percepción que esta maravilla musical ejerce en el oyente, como en lo tocante a la preciosa historia del farero Rhayader, la joven Fritha y el malherido «Ganso de las Nieves» que, tras su curación, acabaron llamando «La Princesa Perdida». Hoy más que nunca, os sugiero que escuchéis el disco entero, para que os podáis imaginar esta preciosa historia y disfrutéis con la música de Camel. Si no lo habéis hecho nunca, os va a sorprender por su profundidad y delicadeza; no obstante, y aunque tengo la sensación de mutilar esta obra, os propongo que vayáis escuchando estos tres cortes: «Rhayader», dominado por la flauta y la melodía que irá apareciendo en otros temas del disco; «The Snow Goose», donde la guitarra de Andrew Latimer -uno de los guitarristas más elegantes y sensibles que conozco- es la protagonista; y «La Princesse Perdue», en el que se pueden apreciar los arreglos de la Orquesta Sinfónica de Londres. En el año 2013, Camel realizó una gira donde volvieron a tocar íntegramente este disco, después de treinta y cinco años o más sin hacerlo; el amigo Alex (RockTelegram) tuvo la suerte de verlos en Londres, imagino que no lo olvidará nunca.

The Moody Blues. «The Voice»

Cuando el pasado octubre me ocupaba del tema «Nights in White Satin«, de los británicos The Moody Blues, mi amiga Begoña, desde facebook, me expresaba su admiracion por este grupo y los buenos recuerdos que tenía de ellos, en especial del tema «The Voice». En aquel momento me comprometí con ella a incluirlo en este blog; además, es un placer dedicárselo, fue una de las primeras seguidoras que tuve cuando empecé a aparecer en internet y, desde entonces, ha venido siguiendo, y participando, de este proyecto musical. Tras la publicación de «Days of Future Passed» (1967), el álbum más importante de esta formación y en el que se incluyó la mencionada «Nights in White Satin», realizaron algunos trabajos meritorios, como «In Search of the Lost Chord» (1968), «To our Children’s Children’s Children» (1969) o «On the Threshold of a Dream» (1969), recientemente adquiridos en vinilo por el amigo Vidal, responsable del blog Territorio Sonoro. Tras estos fértiles años sesenta, se disolvieron en 1974 y volvieron a reunirse en 1977, aunque pronto les abandonaría el teclista Mike Pinder, uno de los miembros fundadores de la banda. Fue sustituido por el suizo Patrick Moraz, un músico muy interesante que ya había formado parte de la banda progresiva Yes entre 1974 y 1976; entró a reemplazar al gran Rick Wakeman y, con él, Yes nos dejó uno de sus mejores discos: «Relayer» (1974). La mano del suizo se hizo notar en «Long Distance Voyager» (1981), con el que los Moody Blues regresaron a la calidad musical y, también, al necesario reconocimiento de los aficionados, que convirtieron este Lp en un gran éxito. Sin abandonar sus señas de identidad sinfónicas, supieron adaptarse a los nuevos gustos musicales y ofrecieron a su público un disco muy interesante, en el que el pop, los elementos acústicos y las bellas melodías vocales compartían espacio con los teclados, las flautas y los recursos electrónicos. En algunos temas me recuerdan a los californianos Eagles y, otras veces, su sonido se acerca al de la Electric Light Orchestra, como en el tema «Gemini Dream«, uno de los más conocidos de este disco; el otro fue «The Voice», con esa inolvidable intro a cargo de Patrick Moraz. Os recomiendo que escuchéis todo el disco (aquí lo podéis hacer); además de estos dos temas comentados, hay otros muy interesantes, como «Meanwhile«, «Talking out of Turn«, «In my World» o «Nervous«.

Pegasus. «Tema del Müll»

No es la primera vez que declaro mi admiración por los grupos catalanes que poblaron la escena española durante los años setenta, ya lo hice cuando me ocupé de Gótic, una de las mejores bandas de rock progresivo que hubo en aquella época; en esa entrada mencionábamos (también lo hacían algunos compañeros en sus comentarios) algunos de los grupos que constituyeron el movimiento conocido como rock laietano. Una de aquellas bandas, pionera del rock progresivo en España, fue Iceberg, que funcionó entre 1974 y 1980. Tras su disolución, el guitarrista Max Sunyer, tal vez su líder más carismático, creó Max Sunyer Trío, el germen de lo que acabaría siendo Pegasus, un verdadero supergrupo que, tras la sustitución de Carles Benavent y Salvador Niebla, quedó constituido por Max Sunyer (guitarra) y Kitflus (teclados) procedentes de Iceberg; Santi Arisa (batería), antiguo integrante de otro de los grupos de referencia del rock sinfónico catalán, «Fusioon»; y, finalmente, Rafael Escoté (bajo) del ya mencionado Gótic. En febrero de 1982 empezaron a ensayar en una casa del Pirineo propiedad de Albert Boadella, amigo de Santi Arisa; allí prepararon su primer disco bajo la supervisión del productor ejecutivo Alain Milhaud; y, en junio de aquel año, entraban en el estudio de grabación para hacer frente a su primer trabajo de estudio: «Nuevos encuentros». Estuvieron en activo hasta 1997, actuando en lugares tan importantes como el Festival de Jazz de Montreaux, el Carnegie Hall de Nueva York, el Palau de la Música de Barcelona o el Festival Internacional de Cine de Miami; en 2007 retomaron su actividad y aún hoy día la mantienen. Hoy nos vamos a centrar en uno de los temas de su primer álbum (en total tienen diez): «Tema del Müll», aunque os recomiendo que escuchéis aquí el disco entero. Para quien esto escribe, Pegasus atesora la mayor concentración de talento que ha habido nunca en un grupo español; cuatro músicos excepcionales haciendo la música que les motiva y les divierte, básicamente jazz-rock impregnado de una intensa fragancia mediterránea, en ocasiones aderezado con elementos de rock progresivo. Éste es otro de los grupos que me traen muy buenos recuerdos, de tardes y noches escuchandolos en los Colegios Mayores de la Ciudad Universitaria de Madrid, en ocasiones como Pegasus y, otras veces, cada uno de sus componentes por separado.

 

Änglagård. «Jordrök»

Änglagård es una banda sueca creada durante el verano de 1991 en torno al guitarrista Tord Lindman, que nos ofrece un sonido muy influenciado por grupos como Yes, King Crimson, Camel y tantos otros de aquella época pero, a la vez, adaptado a los años noventa, con mucha presencia de ambientes oscuros y enigmáticos perfectamente conseguidos gracias a la notable calidad instrumental de sus componentes. La guitarra, el órgano y la batería (no os perdáis a este músico: Mattias Olsson) contribuyen al endurecimiento de los temas, mientras que la flauta es el contrapunto a este derroche de energía; su sonido es dulce y sosegado, ofreciendo un contraste que, desde mi punto de vista, es uno de los aspectos más interesantes de este grupo. No es muy habitual ver a mujeres en el rock progresivo, ésta es una de las excepciones; Anna Holmgren es la responsable de la flauta y, en gran medida, de los elementos de folk nórdico habituales en la obra de Änglagård. Tuvieron su período dorado entre 1992 y 1994, cuando grabaron “Hybris” (1992) y “Epilog” (1994); después se separaron, aunque siguieron ofreciendo actuaciones en directo (incluso algún disco en vivo, como «Buried Alive» -1996-) de manera esporádica; en el año 2012 volvieron a reunirse para grabar “Viljans Öga” (2012), su último trabajo de estudio hasta ahora, aunque recientemente ha sido publicado otro álbum en directo («Prog på svenksa – Live in Japan», 2014). «Epilog» es un disco fabuloso, pero el primero es una de las obras maestras del rock progresivo de todos los tiempos, a la altura de los mejores discos de los setenta. “Hybris” se compone de cuatro temas, aunque en una reedición posterior se añadió una cuarta pista (aquí lo podéis escuchar entero); yo os voy a proponer el primero de ellos, “Jordrök”, un tema instrumental de algo más de once minutos muy representativo de este grupo, de una belleza fuera de lo común. Comienza con una enigmática melodía de piano, ideal para una película de terror o intriga, después toman el mando la guitarra y la batería, protagonistas en este tema, al igual que la flauta; os recomiendo que tampoco os perdáis la explosiva entrada del órgano en el minuto 4:48.