Mike Oldfield. «Tubular Bells»


La protagonista de este blog es la canción; a veces es muy breve y en otras ocasiones puede llegar a superar los quince o veinte minutos, algo que acabó siendo habitual en el rock progresivo, me refiero al hecho de ver temas que ocupaban toda una cara del Lp. La canción de hoy dura casi 49 minutos, es decir, todo el disco. “Tubular Bells” fue el primer álbum del británico Mike Oldfield, lo compuso cuando apenas tenía diecisiete años y fue publicado en 1973, tras un tortuoso y artesanal proceso de grabación que culminó con una obra maestra, uno de esos discos atemporales, imprescindibles, capaces de trascender modas y gustos musicales. Todo en él es singular; la concepción y ejecución misma de la obra, en la que su autor tuvo que hacer frente a la mayor parte de los instrumentos, más de veinte (piano de cola, órganos, bajo, todo tipo de guitarras, percusiones, campanas tubulares, etc.); el derroche de arte e ingenio al que tuvieron que recurrir para grabar una obra tan compleja, prácticamente con un sólo músico y con unos medios muy alejados de los que disponían las grandes multinacionales; el nacimiento, casi sobre la marcha, de un sello discográfico que acabaría convirtiéndose en uno de los gigantes de la música: Virgin Records -su primer disco fue precisamente éste-; la portada del álbum, esa famosísima campana tubular, es todo un símbolo, una marca que identifica, no sólo este trabajo sino toda la obra de Mike Oldfield; y su carácter de obra innovadora e imperecedera, entre el rock progresivo y lo que luego se llamaría new age, incluso podría decirse que es pionera en el concepto de “música indie”, tan de moda en nuestros días. Estamos, en definitiva, ante la obra de un genio que dejó atónitos tanto a público como a crítica especializada, y que acabó por hacerse muy popular gracias a su inclusión en la película de William Friedkin, “El Exorcista”. “Tubular Bells” ha sido reeditado en varias ocasiones e, incluso, se han publicado una segunda y tercera partes además de otros subproductos derivados. Ya se que, en esta ocasión, es mucho pedir pero os animo a que volváis a disfrutar con este álbum, no os va a defraudar porque no tiene fecha de caducidad, jamás envejecerá.

Supertramp. «School»


Supertramp fue uno de los primeros grupos de rock sinfónico que conocí, en concreto sus trabajos titulados «Crisis? What Crisis?» (1975), del que guardo muy buenos recuerdos de mis años de adolescente; «Even in the Quietest Moments» (1977), cuyo tema «Fool’s Overture» ya ha tenido cabida en este blog; y «Crime of the Century» (1974), desde mi punto de vista el mejor de esta banda inglesa, que practicaba un rock progresivo -a menudo envuelto en melodías pop y jazz- muy cercano a los planteamientos del rock melódico o AOR. Más tarde pude disfrutar con su último gran trabajo, «Breakfast in America» (1979), y fue también cuando me enteré que, en realidad, «Crime of the Century» no era su primer álbum sino el tercero; antes habían sacado a la luz dos LPs, «Supertramp» (1970) e «Indelibly Stamped» (1971), que no obtuvieron el respaldo esperado. De hecho, el grupo se fracturó y sus líderes, Rick Davies y Roger Hodgson, tuvieron que buscar nuevos componentes bajo la presión de una disolución definitiva del grupo. En estas circunstancias se unieron a la banda el bajista Dougie Thomson, el batería estadounidense Bob Siebenberg y el saxofonista John Heliwell. «Dreamer», la canción con la que empezaba la cara B de «Crime of the Century», fue su gran éxito de público, mientras que la última, con el mismo nombre del disco, siempre ha sido la mejor valorada por los propios integrantes de Supertramp; sin embargo, mi preferida es la primera: «School». El compañero Adrián, en su excelente blog «Tu Crítica Musical«, nos hablaba así de este corte: «La canción con la que se abre esta joya del rock es “School”, uno de los temas más progresivos del grupo y sin duda uno de los más emblemáticos. Comienza con una introducción de armónica de tintes bluseros, pronto llega la voz de Hodgson acompañada por una guitarra y voces de niños en el patio de un colegio añadidas. Después se incorpora la batería y algo más tarde el piano que es el va a desarrollar la mejor parte de la canción con un bajo que empasta perfectamente con la melodía principal. Esta canción es sin duda una de las cumbres musicales de Supertramp». Me sumo a las palabras de Adrián y os dejo con esta exquisitez, que si peca de algo es de brevedad.

Caravan. «Nine feet underground»

Estoy convencido de que todo buen aficionado a la música tiene algún artista, grupo o álbum que, en su opinión, ha sido inexplicablemente olvidado, que a pesar de su calidad y relevancia parece no existir eclipsado por las grandes figuras que dominan el estilo en el que se enmarca. Si a un amante del rock progresivo le preguntáramos por sus grupos preferidos, creo que no incluiría a los ingleses Caravan entre sus elegidos; sin embargo, esta banda grabó un disco, «In the Land of Grey and Pink» (1971) que, para algunos críticos profesionales y seguidores de este estilo -entre los que me incluyo-, está considerado como uno de los mejores trabajos de rock progresivo que existen. Caravan es un grupo creado en 1968, tras la disolución de otra banda, «Wilde Flowers», de la que también formaron parte algunos componentes de «Soft Machine», el grupo del conocido batería Robert Wyatt. Ambas formaciones constituyen el núcleo de lo que se consideró como «sonido Canterbury» o «escena Canterbury», una corriente del rock progresivo donde el jazz y la psicodelia impregnaban ese tipo de música; el pasado mayo me ocupaba de Camel, tal vez el grupo más conocido de esta corriente, aunque no el más representativo.

«In the Land of Grey and Pink» es un disco de rock sinfónico muy fácil de escuchar, pleno de melodía, elegancia y de una gran belleza, en el que los teclados de David Sinclair y los instrumentos de viento nos conducen por un bucólico paisaje donde, con frecuencia, el rock se deja seducir por melodías pop, folk y suaves desarrollos instrumentales que harán la delicia de aquellos que encontráis sosiego en la delicadeza y la armonía. La portada de este Lp también contribuye a ello, un paisaje en tonos rosas que recuerda la obra de Tolkien. La cara A del disco tiene cuatro temas, todos fabulosos, mientras que la B está ocupada por una suite progresiva dividida en ocho movimientos. Éste es, precisamente, el tema de hoy: «Nine feet underground»; en mi opinión, la obra cumbre del «sonido Canterbury», un derroche de creatividad, dulzura, elegancia y sensibilidad que, por razones que desconozco, no es suficientemente conocido y que espero no os deje indiferentes

The Alan Parsons Project. «Silence and I»

El liderazgo en los grupos de rock suele recaer en aquellos integrantes que tienen un mayor carisma, un peso más destacado en la composición de los temas o una importancia capital en el desarrollo vocal o instrumental del repertorio; en ocasiones, esta responsabilidad se reparte y, otras veces, el grupo parece estar, únicamente, al servicio de su líder. Lo que resulta menos habitual es que una banda de rock gire en torno a la figura del productor-director, que compone los temas y elige a los músicos necesarios para la ejecución de su obra. Este es el caso del músico e ingeniero de sonido inglés Alan Parsons, cuyos primeros pasos en la música profesional los dio como técnico de grabación para grupos y solistas tan importantes como los Beatles (participó en «Abbey Road» o «Let it Be»), Paul McCartney y Wings, Pink Floyd («The Dark side of the Moon»), Al Stewart, etc. Hacia 1974 entró en contacto con el músico Eric Woofson y juntos crearon «The Alan Parsons Project»; el primero sería el responsable del concepto musical, la composición y la contratación de artistas; Woofson, por su parte, contribuiría en la composición, en los aspectos más creativos y, también, como vocalista en algunos temas. El primer disco, «Tales From Mystery and Imagination», un álbum conceptual basado en la obra de Edgar Allan Poe, vio la luz en 1976; después publicaron «I Robot» (1977), «Pyramid» (1978), «Eve» (1979), «The Turn of a Friendly Card» (1980) y el disco que contiene la canción de hoy: «Eye in the Sky». Después hubo más pero, desde mi punto de vista, tienen menos interés. Aún gustándome «Eye in the Sky» (1982), prefiero los tres primeros y por ese orden; sin embargo, con este disco el proyecto de Alan Parsons consiguió llegar a todo el Mundo, fue un gran éxito de ventas y temas como «Sirius» o «Eye in the Sky» son bien conocidos. El secreto del éxito fue mezclar hábilmente un producto de calidad -con arreglos orquestales y maneras de rock progresivo- con melodías sencillas al oído en clave pop-rock, algo así como un rock melódico progresivo o AOR progresivo. La canción elegida, «Silence and I» es una buena muestra de lo que acabo de comentar; el vídeo está subtitulado en español, os recomiendo que también prestéis atención a la letra, francamente sugerente.

Asia. «Don’t Cry»

Hace algunas semanas tenía cabida en este blog un guitarrista controvertido en el entorno del heavy metal: Yngwie Malmsteen, para algunos un genio y para otros un músico sin alma. Al grupo de hoy le sucede algo parecido, gusta mucho y es muy bien valorado por seguidores del rock melódico -también llamado AOR o Arena rock- pero no tienen muy buena prensa entre ciertos partidarios del rock progresivo clásico, que suelen tildar a esta banda de montaje comercial y de ser poco fieles a sus orígenes sinfónicos. Puedo entender a los que opinan así, aunque no comparta su opinión; este grupo nació en 1981, después de algunos intentos previos fallidos, con la vocación de convertirse en una superbanda de rock progresivo: John Wetton (King Crimson, voz y bajo), Carl Palmer (Emerson, Lake & Palmer, batería), Geoff Downes (Buggles y Yes, teclados) y Steve Howe (Yes, guitarra). Lo sorprendente es que, con estos mimbres -todos músicos excepcionales, procedentes del rock sinfónico excepto, quizás, Geoff Downes-, la apuesta de Asia se encaminó hacia el AOR, sobre todo en sus temas más conocidos. El primer álbum, llamado igual que el grupo, se publicó en 1982, con portada del dibujante Roger Dean, y fue todo un éxito de ventas, incluyendo varios discos de platino en los Estados Unidos; sin embargo, la crítica especializada fue durísima, al igual que sucedió con su segundo trabajo («Alpha», 1983). Para mi gusto son los dos mejores discos de Asia, en el siguiente («Astra», 1985) ya no estaba Steve Howe, al que siempre he considerado uno de mis guitarristas preferidos. Aún siguen en activo, aunque sea de forma esporádica; de hecho han sacado disco este año, titulado «Gravitas». El super-éxito del primer LP fue «Heat of the moment» y la canción tal vez más conocida del segundo álbum, la que hoy traemos aquí, fue «Don’t Cry», compuesta por John Wetton y Geoff Downes.