A comienzos de los ochenta Lola Flores continuaba siendo una de nuestras folclóricas de más éxito; buena parte de los españoles de aquella época la adoraban, creo que por su temperamento, su entrega en el escenario y, tal vez, por representar cierto concepto anticuado de lo español. También conocíamos a su hija mayor, Lolita, cuyo primer single (“Amor, amor”) fue todo un éxito; parecía seguir la estela de la madre, aunque con un estilo más cercano a la canción melódica que a la copla. Un día vi aparecer en la tele al único hijo varón de La Faraona, Antonio Flores; alguien de mi familia, probablemente mi madre, dijo que había oído hablar de él, que también cantaba aunque era hippy, rockero o algo por el estilo. La verdad es que su aspecto no tenía nada que ver con el de su madre y su hermana mayor; tenía unos 19-20 años, llevaba el pelo largo y, efectivamente, iba vestido de modo hippy-rockero, además salía con su guitarra y cantando el conocido tema “Pongamos que hablo de Madrid”, de Joaquín Sabina. A mi me agradó mucho (a mi madre no tanto, no se le veía el “quejío” flamenco por ningún lado), así que me enteré que había sacado su primer disco (“Antonio”, 1980), en el que también se incluía “No dudaría”, una comprometida canción contra la violencia, sobre los remordimientos y la tristeza, en la que él mismo también se involucraba como partícipe de la historia: “Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más usar la violencia”. Pese a la declaración de intenciones subyacente en este atormentado y desgarrado canto, y a los intermitentes deseos de agarrarse a la vida, Antonio Flores falleció a los treinta y tres años de edad en la propia finca de la familia, el 31 de mayo de 1995, víctima de las drogas y el alcohol. El pasado domingo se cumplieron veinte años de su muerte. Su obra quedó inconclusa pero, aún así, está cargada de poesía urbana, de canciones sinceras que hablan del amor y de la nostalgia. “No dudaría” es un clásico del pop-rock nacional; han hecho versiones, entre otros, intérpretes y grupos como The Valdemembra’s, Iguana Tango, Los Lebreles, Saratoga y, por supuesto, su propia hermana Rosario; yo os voy a proponer, además de la original, la del grupo granadino La Guardia, con Manuel España a la cabeza, y la que hizo Rosendo, la más rockera y vibrante de todas.
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Tequila. «Dime que me quieres»
Los setenta fueron una buena década para el rock hispano, sobre todo para el progresivo y el rock urbano, donde también encontraron cabida grupos de hard rock y heavy metal. Sin embargo, no lo fue tanto para el rock & roll o, simplemente, para el rock sin etiquetas. Tequila hizo su aparición en 1976 y prolongó su actividad hasta 1982, un período especialmente adverso para el estilo de música que ellos proponían, con claras influencias de los Rolling Stones y de los pioneros del R&R. A pesar de que, en alguna ocasión, compartieron disco y cartel con grupos como Ñu, Leño, Cucharada o Asfalto, no puede decirse que participaran de este movimiento, ni tampoco del pop-punk de «La Movida» que, a finales de los setenta, ya empezaba a despuntar. Los dos componentes argentinos (Ariel Rot y Alejo Stivel) se conocieron, cuando eran unos niños, en un concierto de Paco Ibáñez en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires, al que fueron con sus madres y con la hermana de Ariel, la conocida actriz Cecilia Roth. Cuatro años después de este evento, en 1976, decidieron probar fortuna en España; aquí conocieron a Julián Infante y Felipe «Lipe» Gutiérrez, creando Tequila a partir de un grupo anterior llamado Spoonful Blues Band. Aunque para algunos aficionados y críticos musicales, no fueron más que un producto comercial, el prestigioso promotor Gay Mercader los calificó como el mejor grupo de rock español que, hasta entonces, él había visto. Publicaron cuatro trabajos de estudio («Matrícula de Honor», 1977; «Rock & Roll», 1979, «Viva! Tequila!, 1980 y «Confidencial», 1981); el tercero de estos álbumes fue grabado en Londres bajo la supervision del ingeniero de sonido Peter McName, mientras que las imágenes de portada, interior y contraportada fueron fotografiadas por Javier Vallhonrat; la discográfica Zafiro, por su parte, lanzó el Lp con distintos colores, lo que aumentó el valor coleccionista y su reconocimiento artístico. «Viva! Tequila!» se cerraba con «Dime que me quieres», que cuenta con uno de los riff de guitarra más conocidos del rock español; según cuenta rollingstone.es, fue compuesto en la cama por Ariel Rot, cuando se recuperaba de una hepatitis. Como curiosidad, os diré que existe una versión de esta canción en inglés, que se incluyó en un disco que este grupo editó en Japón, y algunas otras debidas a bandas como La Rabia del Milenio, Los Piratas, Los lunes que quedan, o el grupo infantil Parchis.
The Bobby Fuller Four / The Clash / Loquillo. «I Fought the Law»
En 1978, la banda británica de punk-rock The Clash estaba preparando su segundo álbum de estudio («Give ‘Em Enough Rope») cuando, en un viaje a San Francisco, se topó con un disco de «I Fought the Law», interpretado por el grupo The Bobby Fuller Four. Poco después decidirían grabar una versión de esta cancion en el EP «The Cost of Living» (1979). Estamos ante uno de los temas más conocidos de los británicos -junto a otros como «Should I Stay or Should I go» o «London Calling«-, una de esas canciones que muchos aficionados piensan que fue compuesta por ellos. Sin embargo, «I Fought the Law» fue escrita por Sonny Curtis, el guitarrista que sustituyó a Buddy Holly en The Crickets cuando el texano falleció en 1959. El tema fue publicado a finales de 1960 aunque apenas tuvo apoyo radiofónico, de tal manera que pasó despercibido hasta que, cinco años más tarde, fuera grabado por otro grupo de R&R, el liderado por Bobby Fuller. Sin embargo, su éxito fue efímero; apenas seis meses después de situar esta versión en las listas de éxitos, Fuller fue hallado muerto dentro de un automóvil en extrañas circunstancias, con muestras de haber recibido una paliza y de haber ingerido gasolina. Además del original a cargo de The Crickets, que podéis escuchar aquí, y de las dos versiones ya comentadas, la de The Bobby Fuller Four y The Clash, os voy a proponer una tercera en español, la que nos ofrece Loquillo en su disco «Arte y Ensayo» (2004) y, también, en su último trabajo -grabado con el grupo de rockabilly The Nu Niles-, titulado «Código Rocker» (2015); en este caso he optado por un directo en el que «El Loco» canta esa canción con Fito Cabrales. La lista de versiones es abultada, tanto en el ámbito del R&R, del country como, por supuesto, del punk: Hank Williams Jr., Sam Neely, Nitty Gritty Dirt Band, Stray Cats, Bryan Adams, Bruce Springsteen, Grateful Dead, Status Quo, Ska-P, Mano Negra, Green Day, Dead Kennedys, Sex Pistols, Tom Petty and the Heartbreakers, etc. No quiero acabar sin agradecer al amigo Juanlu (365 RadioBlog) su generosidad y buen gusto musical; él ha sido el motor de esta entrada, quien me propuso esta canción e, incluso, el que me sugirió los tres vídeos que, de manera habitual, articulan estos miércoles de versiones.
Los Ronaldos. «Sí, sí»
«Violencia simbólica contra las Mujeres: el Folclore» es el título de una entrada perteneciente al blog de Yolanda Jiménez, en la que esta escritora repasa algunos de los refranes más machistas y de peor gusto de nuestra cultura popular. También se ocupa de grupos y artistas que tienen canciones de esta misma índole, como «Un ramito de violetas» (Cecilia), «Libertad sin ira» (Jarcha), «Me llaman mala persona» (Académica Palanca), «Eres una puta» (Ilegales), «Hoy voy a asesinarte» (Siniestro Total), «Atrapados en el ascensor» (Un Pingüino en mi ascensor), «Mi Marylin particular» (Nacho Vegas), «La Mataré» (Loquillo y los Trogloditas) o el tema de hoy: «Sí, sí», de Los Ronaldos. Todas estas canciones contienen frases que pueden resultar perturbadoras, hirientes y ofensivas, pero también es verdad que no son más que historias de ficción; en una entrada anterior dedicada a «La Mataré«, el propio Loquillo pedía una lectura de este tema en los mismos términos que habitualmente se aplican a la literatura o el cine; es decir, una novela o una película sobre un violador o un asesino no es, precisamente, un acto de apología de la violencia; de la misma manera que «La Mataré» es sólo la historia de un maltratador. «Sí, sí» fue uno de los primeros éxitos de Los Ronaldos, grupo madrileño de rock formado en 1987; formó parte de su primer álbum («Los Ronaldos», 1987), en el que también se incluyeron títulos tan conocidos como «Ana y Choni«, «Guárdalo» o «Si os vais«. Unos meses más tarde de que saliera este disco a la calle, las asambleas de mujeres de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa y la Coordinadora Feminista de Navarra presentaron una denuncia en el juzgado de guardia de Bilbao contra este grupo, la discográfica Emi-Odeón y las emisoras de radio que programaran la canción «Sí, sí», por lo que entendían era incitación a la violación. Según he podido leer en algunos medios, desde enero de 2005 esta canción debería interpretarse en España omitiendo la frase de la discordia: «Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte»; sin embargo, en el disco en directo que grabaron en el año 2008 esta frase está presente en la canción (aquí lo podéis escuchar). Eso sí, en su página web entrecomillan las dos palabras más fuertes: «pegarte» y «violarte», probablemente como recurso irónico o para mostrar un sentido especial en el significado de estas palabras, latiguillo que, lamentablemente, cada vez está más presente en el lenguaje popular ¿Alguien podría explicarme la diferencia entre violarte y «violarte»?
Pat Benatar. «Fire and Ice»
Pat Benatar es una de las grandes voces femeninas del rock, con una tesitura vocal de varias octavas y una gran capacidad para cantar con naturalidad rock duro, incluso heavy metal, balada melódica o pop-rock. Nacida en 1953, en Brooklyn (Nueva York), con el nombre de Patricia Mae Andrzejewski, cambió de apelido cuando tenía diecinueve años al casarse con su novio de juventud, Dennis T. Benatar, del que acabaría divorciándose para casarse nuevamente, en 1982, con el guitarrista y productor de su banda, Neil Giraldo, un personaje clave en su vida profesional y privada; con él ha tenido dos hijas, aún continúan casados y siguen teniendo proyectos musicales en común. Inició su carrera musical alternándola con su trabajo de cajera en un banco, hasta que fue descubierta en un concurso y, poco después, causara sensación por su sugerente disfraz en una fiesta de Halloween. Su primer álbum, publicado en 1979, se tituló «In the Heat of the night» y comenzaba con «Heartbreaker«, su primer éxito. Uno año después se editaba su segundo Lp, «Crimes of Passion», y en 1981 lo hacía «Precious Time», uno de los mejores trabajos de la neoyorkina. De hecho, estos tres primeros discos son fabulosos, tal vez los más rockeros de su carrera, con una importante presencia de la guitarra y su cristalina voz rayando a gran altura. José Ramón Pardo, en su excelente libro La discoteca ideal de la Música Pop. Los 1000 mejores discos del pop-rock (Barcelona: Planeta, 1997; págs. 444-445), define a Pat Benatar como «la más rockera de las chicas del AOR norteamericano de los ochenta, [que comenzó] cantando ópera, lo que, según dice, le enseñó a cantar a plena potencia sin desafinar. Ese era su mejor bagaje: una voz que nada tenía que envidiar a la de las ‘bestias’ masculinas del rock metálico». Sin embargo, con el paso de los años suavizó su sonido hasta acercarlo al pop-rock, donde tal vez logró sus mayores éxitos, con temas tan conocidos como «Love is a Battlefield», «We belong», «Shadows of the night», etc. Me imagino que cada uno de vosotros tendréis vuestra canción de Pat Benatar preferida, os animo a que me digáis cuál es; la mía es «Fire and Ice», fue el primer sencillo del ya mencionado «Precious Time» y con él ganó su segundo Grammy; por cierto, es poseedora de cuatro Grammys consecutivos (1980-1983), además de otras tantas nominaciones a lo largo de los años ochenta.