Las Cinco Canciones de JakeSnake (I): «Homeland» (Europe)

Hace poco más de un año este blog estaba inmerso en las fases previas correspondientes a la X edición de los «Premios 20Blogs», que anualmente convoca el periódico 20 Minutos. El día tres de marzo de 2016 publicaba una entrada con motivo del segundo aniversario de esta bitácora, en la que aproveché para poner en marcha «Las Cinco Canciones de tu Vida» y para comunicar mi segundo puesto provisional -en la fase de votación popular- dentro de la categoría «Música», a la que concurrimos un total de 162 webs. Aún era pronto para cantar victoria, ya que correspondía al jurado la nominación de los tres finalistas por categoría que habrían de disputar los premios. Estaba francamente contento por haber recibido vuestro apoyo y vuestros votos, y también por los cariñosos comentarios que me dedicasteis en aquel post; tras las palabras de los amigos habituales, recibí el siguiente comentario firmado con el nick JakeSnake: «Hola Raúl. Lo primero felicidades por tu estupendo blog y felicidades por el 2do aniversario (con retraso, eso sí). Llegué aquí mediante el concurso 20blogs, te deseo lo mejor, estoy seguro que estarás entre los tres finalistas. Si es así, no dudes en asistir a la gala, es una experiencia estupenda (doy fe). Lo dicho, enhorabuena y suerte». Cuando el jurado del concurso me incluyó entre los tres primeros, Jake entró para un nuevo comentario: «Te lo dije, estaba seguro que estarías en la terna final del concurso 20Blogs. Enhorabuena Raúl, bajo mi punto de vista esta nominación es más que merecida. Como ya te dije, no dudes en asistir a la gala si puedes, es una experiencia bastante especial y única. Mucha suerte Raúl, te deseo lo mejor». JakeSnake es, junto con sus compañeros Oloman y Nostromo, el responsable de Musicae Memorandum, un excelente blog de música que había sido distinguido, justo el año anterior, con el mismo premio al que yo optaba. Os lo podéis imaginar; para mí fue algo importante, los vigentes ganadores pensaban que La Guitarra de las Musas se merecía estar entre los finalistas, era como si Jake me hubiera apadrinado y marcado para la ocasión.

Hace poco JakeSnake tuvo la gentileza de invitarme a participar en la fiesta correspondiente al cuarto aniversario en la blogosfera de Musicae Memorandum; por supuesto, no lo dudé y, como ya sabéis, quise participar con uno de los grandes temas de Pink Floyd: «Dogs«. Cuando os adelanté que participaría de esta iniciativa os describí este blog como un espacio de gran calidad por sus excelentes contenidos, por la música que nos proponen y por la exquisita manera que tienen de contarlo, con abundantes enlaces y referencias, por no hablar de su impecable formato, muy atractivo desde el punto de vista visual y bien ajustado a sus intereses. Os animo a que os paséis por allí, estoy seguro que no os va a defraudar.

Jake nos ha preparado cinco preciosas entradas, escritas con el corazón y con toda la generosidad que caracteriza su trabajo en Musicae Memorandum. Los metaleros vais a disfrutar de lo lindo, y los demás casi tanto como ellos. Comenzamos con un tema de Europe, «Homeland», perteneciente a su álbum titulado «Prisoners in Paradise» (1991), con el que Jake nos recuerda sus inicios como bloguero y, de paso, rinde homenaje a una de sus pasiones musicales: las power ballads.

«Nunca logré recordar cuál fue el momento exacto en el que decidí que JakeSnake sería mi alter ego y que Power Ballads sería mi primer blog. Aunque, ahora que lo pienso y siendo sincero, en realidad nunca fue tal, me explico: No lo fue, ni de hecho lo es, porque nunca fue un espacio ideado para ser actualizado regularmente, su creación respondió más a una suerte de impulso reivindicativo en defensa de este tipo de canciones que yo tanto estimo y que tan desprestigiadas y denostadas en general advierto, con especial ensañamiento (esto es una percepción muy personal) de muchos de aquellos que parecen jactarse de albergar en sí mismos una cultura musical considerablemente codiciada e inalcanzable por el resto de los mortales. Todo ello unido a que, por aquel entonces, no hacía otra cosa sino investigar en multitud de blogs en busca de ignotas e infravaloradas bandas de AOR, dio como resultado mi conato de testimonio perenne en forma de particular legado a la humanidad y por ende, mi primera incursión en el universo bloguero.

Algunos años después, una llamada telefónica ejecutada por un compañero de trabajo y sin embargo gran amigo, bloguero musical también, alteró mi rutina vespertina para citarme urgentemente en un garito rockero de nuestra ciudad -Cartagena- para comentar «el email» «¿A qué email se refiere este chalado?», me preguntaba yo de camino al lugar en cuestión. Pues a uno enviado a una dirección errónea en el que me proponía unirme de inmediato a un nuevo proyecto junto con un maestro bloggero amigo suyo. ¿Qué cuál fue mi respuesta ante aquella atropellada proposición? Musicae Memorandum.

Centrándome ya en la primera de las cinco canciones de mi vida, he de reconocer que voy a aprovechar la impagable oportunidad que me brinda Raúl para rendir homenaje a aquellos temas que, por pertenecer a bandas ya reseñadas en nuestra propia bitácora con otras canciones, no he podido personalmente honrar como entiendo se merecen. ¿Significa eso que son peores que las titulares? En absoluto, incluso en algunos casos lo contrario.

Y como no hay nada mejor que comenzar por el principio, esta primera contribución empieza en el mercadillo semanal de mi pueblo una lejana y fresca mañana de invierno en la que, hastiada por la inquebrantable insistencia de un criajo de 8 años, mi madre accedió finalmente a comprarme «The Final Countdown», la cassette con la que se inició mi caótica y obsesiva pasión por la música. Y por las Power Ballads.

Tal fue el impacto de aquella cinta en mi inocente existencia que, si tuviera que escoger la canción más importante de mi vida, aquella que elegiría como última voluntad para escuchar justo antes de morir, esa sería «Carrie«. Y no sólo porque fue la primera que me erizó la piel, si no porque, pasados unos años, «Carrie» pasó de ser mi canción a ser nuestra canción.

El nuevo estatus de custodia compartida con María ocurrió años después, en tiempos de instituto, esos que tan rápidos transcurren y que tan lentos abandonan tu memoria. Tiempos esos, en los que las canciones de «Prisoners en Paradise«, entre otras, ambientaban aquellas tardes en las que me era demencialmente imposible evitar rememorar una y otra vez la conversación de 10 segundos que había mantenido con Ella esa misma mañana, jornadas aquellas en las que un súbito y casi imperceptible cruce de miradas entre ambos desde nuestros respectivos pupitres podía durar horas y horas en mi cabeza…

Podían haber sido otras como «I´ll cry for you«, «Dreamer«, «Open your heart» o «Tomorrow», muy presentes todas ellas en aquella dichosa, radiante e inolvidable etapa en las que las mariposas revoloteaban tan fuerte que en ocasiones temiera sufrir una úlcera estomacal. Pero finalmente me decidí por «Homeland», a pesar de que sus líricas tratan sobre un amor veraniego, pasajero, un amor diametralmente opuesto a aquel que comenzó un invernal día de febrero y que aún perdura tras justo ahora 20 años

¿Por qué «Homeland» y no las otras? Pues porque acaso sea la que mejor y de manera más enérgica simboliza eso que en nuestro blog hemos tenido a bien en denominar como «el milagro de la música», o sea, la capacidad que posee una canción en transportarte a otro lugar en el tiempo y hacerte revivir sensaciones que creíste ya olvidadas; aquel beso, aquella mirada, aquella sonrisa, aquel olor… incluso aquel trago tan duro.

Y es que todavía me estremezco cuando la guitarra inicial de Kee Marcello sacude mi cordura y el litúrgico órgano de Mic Michaelli acaricia mi alma justo antes de que Joey Tempest entone esa primera estrofa (que asombrosamente supe entender en inglés casi a la primera) añorando lejanos e interminables días de verano en los que se podían escuchar olvidadas canciones, se hacían promesas eternas y se sentía una libertad tan absoluta, que únicamente podía ser turbada por la tristeza tan intrínsecamente ligada a las despedidas. Yo también creí equivocadamente que el mañana era un tiempo muy lejano, igualmente me perdí en el tiempo y sentí que los días pasaban muy rápidos, casi tanto como el escalofrío que recorre mi columna vertebral al escuchar ese sonido que acompaña a la búsqueda de la «peace of mind» del estribillo.

Sin embargo y paradójicamente, hoy y siempre, se me sigue deteniendo el tiempo al compás de la emocionante ralentización del final de la canción de igual manera que se detuvo hace justo ahora 20 años en el anfiteatro del instituto durante nuestro primer beso».

Jefferson Airplane. «Somebody to Love»

Hace cuatro o cinco años tuve la inmensa suerte de pasar el mes de agosto en los Estados Unidos; la primera semana estuvimos en Nueva York, una ciudad de esas que abandonas con pena, una vez que te has adaptado a ella y empiezas disfrutar de todo lo que es capaz de ofrecerte; después volamos a la costa Oeste, a California, donde estuvimos casi tres semanas, con visita relámpago incluida a Las Vegas y El Gran Cañón. Vivíamos en Berkeley, población muy bien comunicada con San Francisco, una maravillosa ciudad aún más turística que Nueva York, en la que sus habitantes destacan por su simpatía y hospitalidad; siempre quiero creer, tal vez por un irresistible impulso romántico, que es una tradición que se consolidó a finales de los sesenta, cuando San Francisco se convirtió en el epicentro del movimiento hippie, de la cultura y contracultura, la música, las drogas, el amor y la amistad. Evidentemente, el barrio de Haight-Ashbury es uno de los lugares de visita obligada; allí se puede comprar ropa usada, entrar en sus bares, y uno se sorprende con la cantidad de mendigos que pueblan el barrio, algo que, en líneas generales, sucede en toda la ciudad. En 1967, esa zona, y en general todo el área de influencia de San Francisco, acogieron al «Verano del Amor«, una gran cita cultural a la que acudieron miles de personas deseosas de libertad, con ganas de protestar por la Guerra del Vietnam, que acudieron con flores en el pelo, tal y como nos decía la canción «San Francisco (Be Sure to Wear Flowers in Your Hair)«, de John Phillips, miembro del grupo The Mamas & The Papas. La música fue la protagonista, con los Beatles más psicodélicos, además de darse a conocer artistas como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Pink Floyd, los Doors o Jefferson Airplane, grupo creado en 1965 que, con su segundo álbum de estudio («Surrealistic Pillow«), fue la verdadera sensación de aquel «Verano del Amor». Acababan de incorporar a una nueva vocalista, Grace Slick, autora de una de las canciones emblemáticas de esta banda, «White Rabbit«, y responsable de llevar un tema como «Somebody to Love» -escrito por su cuñado Darby Slick- que ya cantaba en su anterior formación (The Great Society) bajo el título de «Someone to Love«. Aquí os dejo dos de sus interpretaciones en directo más clásicas, en el Festival de Monterrey (1967) y en el Festival de Woodstock (1969); y en éste otro vídeo una de las versiones más exitosas de este tema, la de la banda Ramones.

The Kingston Trio / Johnny Cash / Donovan. «Remember the Alamo»

El 6 de marzo de 1836 las tropas del General Antonio López de Santa Anna, Presidente de México, entraron en la antigua misión española de El Álamo, convertida en fortificación militar por los secesionistas texanos, en su mayor parte inmigrantes estadounidenses. Según narran las crónicas, el asedio duró trece días, en los que unos mil quinientos soldados mexicanos sitiaron un fuerte defendido por menos de doscientos sesenta hombres que, días antes, habían ido llegando ante la petición desesperada de ayuda efectuada por los co-comandantes texanos James Bowie y William Barret Travis. Pese a la negativa -por razones tácticas- del mando secesionista texano a defender lo que consideraban un puesto indefendible, los sitiados en El Álamo decidieron defender el fuerte hasta el final, tal vez en la creencia de que finalmente llegarían los refuerzos. La batalla se saldó con una cifra de muertos y heridos, en el bando mexicano, que probablemente estuvo entre los cuatrocientos y los seiscientos; mientras que los texanos fallecieron casi todos, bien en la batalla, bien tras el «toque a degüello» ordenado por Santa Anna con el objeto de no hacer prisioneros. Tras la toma de El Álamo los mexicanos siguieron avanzando; el 21 de abril, mientras estaban acampados cerca del río San Jacinto, el ejército de Santa Anna se dejó sorprender por los hombres de Samuel Houston, Mayor General del ejército de Texas. Santa Anna fue capturado y obligado a firmar el Tratado de Velasco, que supuso, de hecho, la independencia de Texas, estado finalmente incorporado a los Estados Unidos en diciembre de 1845. A pesar de la decisiva implicación gringa en estos episodios históricos, la tradición estadounidense ha convertido la batalla de El Álamo en un ejemplo de resistencia contra la opresión y de defensa de determinados valores, como la libertad, la lealtad, el sacrificio o la justicia. El grito de «Remember the Alamo» se hizo habitual para recordar la crueldad de Santa Anna y la heroicidad de los defensores de El Álamo.

Ya sabemos cómo se las gastan los estadounidenses en materia propagandística … El cine es un buen ejemplo, con películas como «El Álamo» (1960) o «El Álamo: La Leyenda» (2004); y, por supuesto, la música, con temas como el que hoy nos ocupa: «Remember the Alamo», escrito por Jane Bowers y grabado por primera vez por Tex Ritter en 1955. Sin embargo, la versión más famosa fue la The Kingston Trio, con algunos cambios en la letra probablemente con el beneplácito del autor; fue incluida en su álbum «At Large» (1959). El segundo vídeo de esta entrada tiene a Johnny Cash como protagonista, en concreto la versión incluida en su disco «Ring of Fire: The Best of Johnny Cash» (1963). Existen más adaptaciones country de esta canción, como la de Willie Nelson, sin embargo he preferido finalizar en tono folk, con la versión de Donovan, que formó parte de su primer Lp de estudio, titulado «What’s Bin Did and What’s Bin Hid» (1965).

Crack. «Descenso en el Mahëllstrong»

«Popgrama, Revista de Rock & Rollo» fue un programa musical emitido por la segunda cadena de Televisión Española durante los años 1977-1981. Estuvo conducido por Carlos Tena, Ángel Casas y Diego A. Manrique, y podría decirse que fue uno de los órganos de expresión de la incipiente «Movida madrileña«. Sin embargo, también prestó atención al rock, como bien puede comprobarse en el vídeo que preside esta entrada. Los protagonistas son los asturianos Crack, banda formada en 1978 que contó con los siguientes músicos: Alberto Fontaneda (compositor, flauta, voz y guitarras), Mento Hevia (compositor, teclados, voz), Alex Cabal (bajo), Manolo Jiménez (batería) y Rafael Rodríguez (guitarra). Grabaron un único disco, «Si todo hiciera crack» (1979), que fue publicado por Chapa Records bajo la producción del Mariscal Romero y el apoyo vocal de Encarnación González «Cani». Lo cierto es que tuvo poco éxito; en 1979 empujaba con fuerza la new wave española y, a duras penas, sólo algunas bandas de rock urbano y heavy metal consiguieron resistir; un grupo como Crack, de rock progresivo clásico, estilo que ya apenas interesaba, tenía los días contados. Si a esto unimos las zancadillas de las discográficas y las habituales disensiones entre los integrantes de estas formaciones, es fácil comprender por qué se disolvió este excelente grupo cuando apenas iniciaba su andadura. Con todo, aquellos que amamos el rock progresivo tenemos a este disco en los altares; en mi opinión es uno de los mejores álbumes españoles de rock sinfónico que existen, y probablemente aún hubiese podido ser mejor si, como señalan algunas fuentes, no hubiesen cercenado la creatividad reduciendo el minutaje de las canciones y dividiendo uno de los temas en tres: «Descenso en el Mahëllstrong», «Marchando una del Cid (Partes 1 y 2)» y «Epílogo«, que de haberlos mantenido unidos probablemente hubiesen conformado la mejor suite del rock progresivo hispano. Aquí podéis escuchar el álbum completo y aquí los dos primeros temas (la melodía protagonista de hoy y «Amantes de la irrealidad»), mientras que el vídeo destacado -que si no me equivoco ha sido proporcionado por el batería de la banda (Manolo Jiménez)- nos ofrece un documento único en el que primero vemos una presentación a cargo de Carlos Tena, después unas palabras de Alberto Fontaneda hablándonos de la banda, para dar paso a la interpretación de «Descenso en el Mahëllstrong», tema instrumental creativo y delicado basado en un relato de Edgar Allan Poe, y finalizar con la sintonía de «Popgrama«, el tema «Preludi i Record» de los catalanes Iceberg. En el año 2013 se realizó una interesante versión a cargo de The Samurai of Prog, una banda de versiones de rock progresivo formada por músicos de diferentes nacionalidades, entre ellos el teclista Eduardo García Salueña, miembro del grupo Senogul; en esta ocasión el violín sustituyó a la flauta y se escribió una parte de cello eléctrico, que fue tocada por el propio Mento Hevia, el teclista original de Crack.

King Harvest. «Dancing in the Moonlight»

Los amigos metaleros que hayan leído el título de esta entrada probablemente han pensado que me he equivocado porque «Dancing in the Moonlight» es, en realidad, un tema de Phil Lynott que formó parte de «Bad Reputation», el octavo álbum de estudio de la banda de hard rock Thin Lizzy; y efectivamente es así, pero se trata de una canción diferente a la que protagoniza el post de hoy. La mayor parte de vosotros habréis pensado en la conocida melodía de los británicos Toploader, que tanto éxito tuvo allá por el año 2000 y que, incluso, fue utilizada en una campaña de verano llevada a cabo por la compañía Movistar; y no os equivocáis, aunque se trata de una versión, ya que el original pertenece a la formación franco-americana King Harvest, y no a Van Morrison o a Elvis Costello, otra de las confusiones que persiguen a «Dancing in the Moonlight», elegida como «la canción más feliz del Mundo» de la década 2000-2009, según un estudio realizado por neurocientíficos de la Universidad de Groningen (Holanda), por supuesto en la versión de Toploader porque King Harvest parecen condenados al olvido. De hecho, no hay mucha información en internet sobre esta banda que, según nos cuenta el amigo Chus (El Espacio de Chus), se formó en 1970 y estuvo en activo hasta 1976 con continuos cambios en su formación, pero donde se puede identificar al núcleo fundacional: Dave «Doc» Robinson (bajo, teclados, voz), Ron Altbach (teclados), Ed Tuleja (guitarra) y Rod Novak (saxo), quienes se conocieron en la Universidad de Cornell. Si no estoy equivocado, publicaron tres álbumes: «I Can Tell» (1971), «Dancing in the Moonlight» (1972) y «King Harvest» (1975). El segundo es el que contiene el tema que nos ocupa; fue compuesto por Sherman Kelly, también miembro de King Harvest, cuando formaba parte de su anterior banda, Boffalongo, en la que también militó Dave «Doc» Robinson, líder de King Harvest. Os aconsejo que escuchéis este segundo Lp porque tiene de todo, desde temas pop-rock como el que da título al disco, hasta otros más psicodélicos, incluso algunos con elementos funk; desde esta web podéis acceder al disco. Por supuesto, existen más versiones, en diferentes estilos, y la canción ha sido utilizada en algunas películas y series de televisión, como «Bates Motel«, «Better Call Saul» o «The Blacklist«.