The Band / Al Kooper & Mike Bloomfield / The Allman Brothers Band. «The Weight»

A mediados de los sesenta Bob Dylan quiso dar un giro a su estilo; el folk fue cediendo protagonismo en la misma medida que el rock se hacía cada vez más presente en los nuevos trabajos del estadounidense. Para este viaje echó mano de un grupo canadiense creado a finales de los cincuenta, The Hawks, en realidad la banda de acompañamiento de Ronnie Hawkins; en 1964 le abandonan y cambian sucesivamente de nombre hasta que adquieren su definitiva denominación: The Band; poco después se asocian con Bob Dylan y se incorporan a la primera «gira eléctrica» que dio el cantautor por Norteamérica y Europa. En julio de 1966 Dylan sufre un grave accidente de motocicleta que le obliga a recluirse en Woodstock, en un lugar llamado «Big Pink» donde también residieron, durante unos cuantos años, los miembros de The Hawks. Las grabaciones realizadas en el sótano de este chalet acabaron dando lugar, en 1975, al álbum «The Basement Tapes», aunque algunos temas ya habían aparecido en discos pirata. Mientras The Hawks ayudaban a Dylan en su conversión hacia lo eléctrico y el rock, Bob insuflaba creatividad e inspiración a los integrantes de este grupo; en este productivo ambiente, los ya denominados The Band grabaron un disco, «Music from Big Pink» (1968), que la mayor parte de críticos musicales consideran como uno de los álbumes de folk-rock más importantes de la historia.

Este trabajo cuenta con once canciones, bastantes escritas por Richard Manuel o Robbie Robertson, aunque en tres de ellas también intervino Bob Dylan, como autor o coautor. El tema más conocido de este Lp, y de los que mejor representan a The Band, es «The Weight», una críptica y surrealista historia de tintes buñuelianos con la muerte, la culpa, el pecado, el diablo y un viajero que llega a Nazareth (Pensilvania) en busca de un hotel como protagonistas. Formó parte de la banda sonora de «Easy Rider» y ha sido muy versionado, tanto desde el soul (Diana Ross & The Supremes, The Staple Singers, Aretha Franklin y Duane Allman), el country (Jackie DeShannon, Marty Stuart, Lee Ann Womack), el rock (Bruce Springsteen, Joe Cocker, North Mississipi All Stars, Grateful Dead), el blues-rock (Jeff Healey, Karise Eden), el indie folk-rock (Mumford and Sons) o el pop (Travis, Jimmy Barnes & The Badloves, Weezer, Taxi -en español-). Para la segunda versión destacada de hoy he pensado en una adaptación instrumental a cargo del pianista Al Kooper y del guitarrista Mike Bloomfield -ambos músicos que colaboraron con Bob Dylan-, incluida en el álbum «The Live Adventures of Mike Bloomfield and Al Kooper» (1968). La tercera corre a cargo de la Allman Brothers Band, perteneciente a su disco «Live at Jazz Fest 2007», y cuenta con Chuck Leavell al piano y con Susan Tedeschi como cantante. Y finalizo con la versión que nos dejó The Band -con la colaboración de las Staple Singers- para la película «The Last Waltz«, de Martin Scorsesse, donde ellos eran los homenajeados.

La Guardia. «Blues de la Nacional II»

Durante los ochenta y los noventa en España triunfó el pop; pero no todo lo que se hizo en este estilo se circunscribió a ámbitos como el tecno-pop, la new wave, el post-punk de carácter jocoso y festivo o el pop desenfadado y sin pretensiones. En aquellos años también proliferó el country-rock, un género que no procedía de Europa sino de America. Bandas como Los Secretos, La Frontera, Gatos Locos o La Guardia, por mencionar algunos de los más conocidos, trataron de condimentar aquel pop y, en menor medida también el rock, con ingredientes y sabores de la norteamérica fronteriza. La Guardia, banda granadina creada hacia 1982 en torno a Manuel España (guitarra y cantante), inició su andadura bajo el nombre de «La Guardia del Cardenal Richelieu», con un primer single («Las Mil y una Noches», 1983) publicado por el sello independiente La Sepulvedana. Acabaron acortando el nombre y, en 1985, consiguieron ganar el Primer Certamen de Rock de Fuengirola, lo que les permitió grabar un maxi-single y acudir a Londres a trabajar en su primer álbum («Noches como ésta», 1986). Según ha comentado el propio líder de la banda en alguna entrevista, decidieron pasarse al country-rock cuando alguien que trabajaba en su compañía discográfica (Zafiro) les regaló «una colección de discos de música vaquera. Nos dejó alucinados y a partir de ese momento dimos un giro en nuestra música. Pero si hay que poner un nombre, el culpable es Ricky Scaggs. De él salió nuestro «Blues de la Nacional II», que es una versión de una canción suya («Highway 40 Blues«)». El «Blues de la Nacional II» formó parte de su disco «Vámonos» (1988), todo un éxito de ventas y con él se consagraron como nuevas estrellas del pop-rock patrio; esta canción es la que les proporcionó su identidad, aunque hubo otras aún más conocidas, como «Mil calles llevan hacia ti«, compuesta por Miguel España mientras paseaba por el granadino barrio del Albaicín, «Vámonos» o «El Mundo tras el cristal«. En el año 2008 se editó un disco de homenaje en el que diferentes artistas interpretaron los grandes éxitos de La Guardia con el propio grupo; el «Blues de la Nacional II» contó con la colaboración de Los Delinqüentes (aquí podéis escuchar esta versión). Quiero dedicar esta canción a camioneros, transportistas y conductores profesionales y, por supuesto, a mi padre que dedicó gran parte de su vida profesional a esta actividad.

Las Cinco Canciones de Rockologia (V): «Shock Me» (Baroness)

La verdad es que esta banda, Baroness, no lo conocía. Según he podido leer, se formó en 2003 a partir de un grupo punk anterior llamado Johnny Welfare and the Paychecks. Han grabado algunos EPs y cuatro albumes; precisamente al último («Purple», 2015) pertenece «Shock Me», el tema que ha elegido Rockologia para finalizar su semana en La Guitarra de las Musas, prácticamente como símbolo de la resistencia del rock y de su capacidad para seguir innovando y ofreciéndonos nuevas posibilidades. Como muchos de nosotros, nuestro invitado de esta semana también se resiste a la idea generalizada de que el rock ha muerto. Creo que hemos pasado una bonita semana, donde Rockologia nos ha seducido con la manera de acercarse a sus recuerdos y con su amor por el rock. Muchas gracias por todo, un fuerte abrazo.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

«Si la primera canción de la semana hablaba de mis inicios en esto de la locura musical, la última quiero dedicarla al ahora: esta canción cambia mi vida cada vez que la escucho porque me devuelve la fe en el futuro del rocanrol. Contaba hace pocos años Klaus Meine (cantante de Scorpions) que a finales de los setenta, cuando no eran casi famosos, tras la explosión punk en las Islas Británicas y con la música disco de moda en Estados Unidos, la compañía, los críticos, todo el mundo, con los “viejos dinosaurios” dando tumbos, les decía que el rock estaba muerto. “No les hicimos caso, porque no sabíamos hacer otra cosa y ya no éramos jóvenes para cambiar”. Afortunadamente, el rock lleva muriendo casi cuarenta años para disfrute de los que crecemos y nacemos un poco cada día con él. Baroness, que publicó este corte en su último Purple, es esa clase de grupo donde reposar mi fe y “Shock me” es ese tipo de canciones donde sonreír cuando alguien recuerda que el rock se está muriendo. Amén».

 

Las Cinco Canciones de Rockologia (IV): «Un papel morao y un submarino amarillo» (Manolo Kabezabolo)

Manolo Kabezabolo es el nombre artístico del zaragozano Manuel Méndez Lozano, podríamos decir que un cantautor punk de letras descaradas, sencillas y explícitas. Sacó su primera maqueta en 1990, publicó su primer disco en 1995 y aún sigue en activo, aunque también estuvo internado en un centro psiquiátrico de Madrid víctima de un ataque esquizofrénico. La historia que hoy nos cuenta Rockologia es muy divertida y está muy bien contada, tan sólo os adelanto que es un relato romántico, todo lo romántico que puede ser «Un papel morao y un submarino amarillo» ¿Diríais vosotros que es una buena canción para ligar? ¿En qué se parece un papel morao a un submarino amarillo? ¿Son compatibles los Beatles y Manolo Kabezabolo?

«Colocar una canción de Manolo Kabezabolo en este blog de tan buen gusto es como pegar un moco en la pantalla, soy consciente, pero no puedo dejar de incluir esta canción aquí. Gracias a ella besé por primera vez a la mujer que se convirtió en MI mujer (machistas, aplauso). Tranquilidad, que en el fondo os va a inundar el romanticismo. Para quienes no lo sepáis, Manolo Kabezabolo lanzó en 1995 una casete autoproducida con canciones irreverentes y simplísimas, con su voz y una guitarra, un personaje que vivía la mitad del año entrando y saliendo de un psiquiátrico. La letra retrata en parte la vida que yo llevaba por entonces: pillar, beber, fiesta. Nos caló al grupo de amigos y aburríamos al personal con ella. A mí me gustaba una chica mucho y coincidimos en una fiesta casera, donde el personal llevaba casetes y cedés que sonaban al gusto de quien era capaz de ponerlos y quitarlos. Sonó “Un papel morao” y yo hablaba con esta chica: era muy mona y un tanto pija y odiaba el rollo que llevábamos con esta cantinela, así que discutimos cordialmente. A algún animal sin gusto se le ocurrió que era buena idea poner “Yellow submarine” de The Beatles justo detrás de este energúmeno, y ella dijo, cómo no, que eso sí era una canción. Yo, cantarín, me esforcé en canturrear la letra de “Un papel morao” con la melodía del submarino. A ella le dio tal ataque de risa que acabó abrazándome. Ahora poned un centenar de velas y una luna gigantesca al fondo y ya está la escena melosa. En ese momento nos besamos. No fue espectacular, vale, ni largo, pero una tarjeta de presentación. Ahí empezó todo. Esa canción de Manolo KabezaBeatle, el submarino morao, cambió mi vida de la manera más estúpida y casual posible. Ahí os la dejo. Barman póngame un DYC».

 

Las Cinco Canciones de Rockologia (III): «Hasta que se acostumbre a la oscuridad» (M-Clan)

«Para no ver el final» (2010) es el séptimo álbum de estudio de los murcianos M-Clan; allí se incluyó «Hasta que se acostumbre a la oscuridad». En una entrevista concedida por el vocalista de M-Clan (Carlos Tarque) a Juan Puchades, para la revista Efe Eme, éste le preguntaba sobre el significado del tema, tal vez el menos evidente del disco en opinión del periodista; Tarque respondió así: «Sí, tiene su cosa, está dedicada a un amigo que murió justo en los días de grabación. La letra era un poco opaca, sugería cosas. Y nos sucedió esta historia con Cristóbal, que era un amigo, también era técnico, un gran amigo, se murió a la semana de estar grabando. Y dije, ‘hostia, pero si esto lo puedo redirigir’. La canción tomó otro sentido». Nuestro invitado de esta semana nos habla de las sensaciones que se tienen cuando se ha perdido a un ser querido, del miedo a la oscuridad y de la muerte como tránsito hacia un lugar diferente donde, seguro, alguien siempre podrá salir a recibirte. Una manera de entender el final de la vida y el deseo de trascender que no necesita de religiones ni de planteamientos filosóficos, ni siquiera de soluciones pseudo-místicas como las planteadas en algunas novelas de ciencia-ficción como El Palacio de la Eternidad (1969), de Bob Shaw, una obra que os recomiendo a todos los amantes de la Space Opera de especulación metafísica.

«Una canción de despedida, una canción de muerte. En el fondo este hermoso tema de M-Clan es tan dulce como tétrico: la canción del que se queda para el que se va, el tranquilo llamado a aquellos que le aguardan al otro lado: “hasta que se acostumbre a la oscuridad os pido que le hagáis un lugar, no cerréis la puerta, no dejéis de hablar”. A principios de 2011 falleció mi última abuela, la que me crió de pequeño, mi grandmother (mi gran madre, qué acertada palabra). Y este tema de M-Clan daba vueltas por ahí. E irremediablemente lo asocié. Lo escucho, aún hoy, y la recuerdo aquellos últimos días. El tema tiene un crescendo delicioso donde el protagonismo acaba recayendo en quien se va: “eh, vosotros, no sé si estáis ahí, por qué no contestáis o es que no me oís, hasta que me acostumbre a la oscuridad…”. Esta canción cambió mi forma de entender la muerte. Ahora me imagino, más o menos, el otro mundo. Gente esperándome. Grabada por los murcianos en su álbum ‘Para no ver el final'».