Jean-Michel Jarre. “Oxygène (Part IV)”

Jean-Michel Jarre es un compositor e intérprete francés conocido por su trabajo en el ámbito de la música electrónica, de la que fue uno de sus principales impulsores a partir de la década de 1970. Hijo del compositor Maurice Jarre, conocido autor de bandas sonoras para películas (“Lawrence de Arabia”, “Doctor Zhivago”, “El año en que vivimos peligrosamente”, “El Club de los poetas muertos”, etc.), y de Francette Pejot, miembro de la resistencia francesa durante la II Guerra Mundial y superviviente de un campo de concentración, pasó la infancia junto a su madre (se separó de Maurice cuando Jean-Michel tenía cinco años) y sus abuelos. Precisamente su abuelo debió inculcarle el gusto por los inventos, los dispositivos electrónicos y los mezcladores de audio, materias de las que era un experto. Se familiarizó con la música gracias a su madre, a quien acompañaba a escuchar jazz a uno de los clubs más conocidos de Lyon, su ciudad natal, donde a menudo tocaban músicos como Archie Shepp, John Coltrane o Chet Baker. Al conocimiento de lo electrónico aplicado a la música que le proporcionó su abuelo, y al convencimiento de que ésta no tenía por qué tener letra para comunicar y expresar sentimientos, algo que aprendió con el jazz, Jean-Michel sumó su afición por la pintura (incluso llegó a ganarse la vida con ella), lo que le llevaría a apreciar y valorar la obra del pintor Pierre Soulages, como si fuera una especie de revelación de lo que podría llegar a conseguir con la música: ser una especie de pintor de sonidos y frecuencias.

Tomó lecciones de música mientras estudiaba en el instituto, también formó parte de algún grupo musical, aunque lo que más le gustaba era experimentar con los sonidos, los instrumentos convencionales y, sobre todo, los aparatos electrónicos aplicados a la música. Todo ello le llevaría a montar un pequeño estudio de grabación en la cocina de su casa. Tras publicar su primer single y trabajar como compositor para ballets, programas y anuncios de televisión, películas, teatro y festivales, publicó sus primeros Lps: “Deserted Palace”, 1972; “Les Granges Brúlées”, 1973; y “Oxygène”, 1976. Éste último es su disco más conocido, con el que consiguió el éxito; con este álbum Jean-Michel acercaba el pop y el rock electrónico al gran público, gracias al esfuerzo melódico que transmitió a su propuesta musical, algo más difícil de encontrar en la obra de quienes le antecedieron en este género, como Kraftwerk o Tangerine Dream. En pleno auge de la música disco y el punk, “Oxygène” tuvo muchas dificultades para ser publicado por una discográfica convencional; no se sabía muy bien lo que era, no tenía instrumentos ni cantantes, tampoco títulos para las canciones y, por si esto fuera poco, estaba hecho por un francés. Con todo, logró publicarlo y, desde entonces, vender entre quince y dieciocho millones de copias. La portada del álbum es obra de Michel Granger, artista que quiso expresar el daño que se le estaba haciendo a nuestro planeta.

Oxygène” se compone de seis cortes, numerados del I al VI; los únicos instrumentos utilizados en él son dispositivos y teclados electrónicos: sintetizadores, mellotrón, órganos y cajas de ritmo de tipo Korg Mini Pops. En 1997 se publicó la segunda parte de esta obra, titulada “Oxygène 7-13” y, en 2016, la tercera parte de esta trilogía: “Oxygène 3”, donde se recogieron las partes 14 a la 20. Os dejo con “Oxygène (Part IV)”, tal vez el tema más popular del disco, de la trilogía y de toda la obra de Jean-Michel Jarre; una pieza que, en opinión de ciertos medios, está basada en el tema “Popcorn” de Gershon Kingsley. Si queréis escuchar alguna versión, podéis probar con las de Hank Marvin, Ed Starink, Koto, Timescape o Jet Set Swe.

Henry Mancini / Andy Williams / Slash. “(Where Do I Begin?) Love Story»

Love Story” (1970) es una de las películas románticas por excelencia. No es mi intención elogiar o denostar este trabajo de Arthur Hiller, con Ali McGraw y Ryan O’Neal en los papeles protagonistas. Un largometraje que, para algunos, es la quintaesencia del amor, perfecto para llorar a lágrima llena mientras se piensa en lo bonito que es amar el amor; para otros, no es más que un melodrama folletinesco, caduco, lacrimógeno y cursi. También es de esas películas que se disfrutan como placer culpable, en soledad, durante uno de esos días de invierno, grises, fríos y lluviosos, en los que nos reconciliamos con nuestra tristeza; que levante la mano el que haya visto la película y no haya soltado alguna lagrimilla. “Love Story” ganó varios Oscars y Globos de Oro en 1971, entre ellos los relativos a la mejor banda sonora; fue escrita por el francés Francis Lai, al que también recordaremos por ser el responsable musical de trabajos cinematográficos como “Un hombre y una mujer”, “Ojos negros”, “Mayerling” o “El imperio del León”, por citar sólo algunos largometrajes de los que Lai fue responsable musical.

El tema central de “Love Story”, titulado “(Where Do I Begin?) Love Story”, fue compuesto por Francis Lai como melodía instrumental, aunque la productora (Paramount) pidió al compositor estadounidense Carl Sigman que escribiera una letra, cosa que hizo tras recibir la partitura y el guion de la película. Sin embargo, no gustó mucho a los responsables de la productora, y pidieron a Sigman que la volviera a escribir. Pese a la negativa inicial, herido en su orgullo de compositor, reelaboró la letra; finalmente, en la película sólo se incluyó la versión original instrumental a cargo de Francis Lai & His Orchestra. Poco antes del estreno en los cines (25/12/1970), fue lanzada la versión de Henry Mancini -con la que hoy comenzamos nuestro recorrido a través de las versiones- y, el 15 de enero de 1971, se publicaron dos interpretaciones con la letra de Carl Sigman, la de Andy Williams y la de Tony Bennett. Parece que esto se hizo así con el propósito de preparar el oído del público potencial, es decir, la estrategia pasaba por acostumbrar a la audiencia con la melodía instrumental y, después, lanzar las versiones cantadas. Tanto las interpretaciones de Henry Mancini como la de Andy Williams fueron muy exitosas -tal vez algo menos la de Bennett-, y son las que abrieron paso a las numerosas versiones que vendrían después.

Sin ánimo de ser exhaustivo, entre las instrumentales, citaremos las de The Exotic Guitars, Hubert Laws, Bill Vaughn, Oladepo Ogomodede, Paul Mauriat, Fausto Papetti, Frank Pourcel, Buddy Rich, 2Cellos o Søren Bødker Madsen; y, entre las cantadas, destacaremos las de Johnny Mathis, Shirley Bassey, Vikki Carr, Glenn Campbell, Sarah Vaughan, Rick Astley, Barry Manilow, Mark Bautista, Paul Potts, Conchita Wurst, Mirelle Mathieu (en francés), Patty Pravo (en italiano), Moncho (en español) o Andrea Boccelli (en español). Como tercera opción destacada de hoy, os voy a proponer algo más reciente y más rockero: la versión instrumental que, en 2020, publicara como single el guitarrista Slash, al que muchos conoceréis por ser uno de los miembros integrantes de la banda de hard rock y heavy metal Guns N’ Roses.

Amy Winehouse. “You Know I’m No Good”

El 23 de julio de 2011, hacia las cuatro de la tarde, Amy Winehouse fue encontrada muerta en su apartamento de Londres. Tras muchas especulaciones, la forense encargada del caso dictaminó deceso por intoxicación etílica. Tenía 27 años, la misma edad a la que murieron otras leyendas del rock, como Jim Morrison, Jimi Hendrix, Brian Jones, Janis Joplin o Kurt Cobain. Ponía así fin a una vida cargada de excesos, con tormentosas relaciones personales que acabarían poniendo a Amy rumbo a la autodestrucción; bulimia, depresión, violentos cambios de humor, y todo ello acompañado de cuantas drogas pueda uno imaginar: crack, heroína, cocaína, ketamina, alcohol …

Nació en Londres, el 14 de septiembre de 1983, en el seno de una familia judía con tradición jazzística; sus padres se separaron cuando Amy tenía nueve años, para entonces ya conocía y cantaba las canciones de Frank Sinatra que su padre le había enseñado; con diez años tenía su propia banda de rap, a los trece recibió su primera guitarra y, poco tiempo después, cantaba en algunos pequeños bares de Londres mientras formaba una banda de jazz femenina; comenzó su carrera profesional a los dieciséis años. Su primer álbum se tituló “Frank” (2003), en homenaje a su admirado Frank Sinatra, y el segundo -y, lamentablemente, último- “Back to Black” (2006), con el que realmente triunfó y recibió el aplauso unánime de crítica y público.

Bajo un fuerte poso revival, con el jazz, el soul y el R&B como principales aliados, y un peinado “estilo colmena”, como los que lucían las Ronettes durante los años sesenta, la música de Amy Winehouse nos hace viajar al pasado a través de sonidos perfectamente contextualizados y adaptados al siglo XXI. “Back to Black” está repleto de excelentes canciones, en su mayoría compuestas por ella, como “Rehab”, “Back to Black”, “Me & Mr Jones” o “You Know I’m No Good”, el tema que he elegido para presentar a este talento musical tempranamente malogrado. En lo que respecta a las letras de las canciones incluidas en este Lp -realizado en un momento de lucidez-. son como una especie de autoexorcismo, una mirada desafiante a los problemas, miedos y fantasmas que la torturaban. Por ejemplo, en “You Know I’m No Good” nos recuerda cómo fue su relación con Blake Fielder-Civil, con quien finalmente acabaría casándose; juntos exploraron los excesos y las drogas, todo ello envuelto en un ambiente en el que no faltaron las agresiones mutuas.

La canción que hoy nos ocupa también fue incluida en el disco “More Fish” (2006), del rapero Ghostface Killah; se trata de otra grabación, con las voces de Amy y Ghostface. Aquí tenéis el videoclip oficial de esta canción y, en los siguientes enlaces, dos directos de Amy Winehouse interpretando este tema, uno de 2007 en Londres y otro de 2008 en Benicàssim. Finalizo con tres versiones, una a cargo de la cantante canadiense Coeur de Pirate, otra más rockera de los británicos Artic Monkeys, mientras que la tercera está protagonizada por Andrea Motis, uno de los grandes talentos españoles en el ámbito del jazz; en esta interpretación debería tener unos diecinueve años, y estuvo acompañada de Joan Chamorro, Ignasi Terraza y Josep Traver.

Janis Joplin / Slade / Barón Rojo. “Move Over”

Janis Joplin falleció en la madrugada del 3 al 4 de octubre de 1970, cuando tan solo tenía veintisiete años, víctima de una sobredosis de heroína -probablemente de una pureza extrema- mezclada con alcohol. Al día siguiente había quedado con el productor musical Paul A. Rothchild, el mismo que había trabajado para The Doors, con el propósito de continuar la grabación de su segundo disco de estudio en solitario: “Pearl”. Lo cierto que estaba casi terminado, se habían grabado las tres cuartas partes del álbum y Janis ya había dejado registradas el resto de las canciones, a excepción de “Buried Alive in the Blues”, un tema compuesto por Nick Gravenites, a quien se le ofreció la oportunidad de cantar la canción en homenaje a Janis Joplin; Nick se negó y, finalmente, esta melodía se incluyó en el disco como instrumental. La última sesión de grabación a la que acudió Joplin fue la que tuvo lugar el 1 de octubre, en la que dejó grabado -a capela- el tema “Mercedes Benz”, que fue incluida en “Pearl” sin acompañamiento instrumental. Este disco fue publicado por la discográfica Columbia en enero de 1971, tres meses después del fallecimiento de la cantante texana; participaron en él los miembros de su grupo, Full Tilt Boogie Band, una formación de origen canadiense que acompañó a de Janis una vez que ésta finalizó su compromiso con la Big Brother and the Holding Company, primero y después con la Kozmic Blues Band. “Pearl” es el disco definitivo de Janis Joplin, pergeñado entre la vida y la muerte, en el que se vació como persona y cantante, una obra maestra que aún lo es más debido a su condición de disco póstumo.

Las canciones quizás más conocidas de este Lp son “Cry Baby”, “Me and Bobby McGee” -que cuenta con una entrada en este blog- y “Move Over”, la única compuesta en su totalidad por nuestra protagonista de hoy. Este potente tema, en la frontera con el hard rock, ha sido versionado por algunos grupos que participan de este estilo. Es el caso, sin ir más lejos, de las dos bandas que proponemos para acompañar al original; en primer lugar, los británicos Slade, quienes incluyeron “Move Over” en su tercer álbum de estudio (“Slayed?”, 1972), uno de los más exitosos de los ingleses; en segundo lugar, los españoles Barón Rojo, que grabaron esta canción para el álbum de versiones titulado “Perversiones” (2003), del que nos ocuparemos en otra entrada. Si queréis seguir escuchando otras interpretaciones de este clásico del rock, os recomiendo las de Doc Sverinsen, Mary Burns, Celeste Carballo, Soul Asylum, Cinderella, Richie Arndt & The Bluenatics o Nina Hagen.

Lole y Manuel. “Tú mira”

El flamenco es uno de los más importantes valores culturales y antropológicos que tenemos en España. Por eso, no es de extrañar que muchos artistas hayan querido acercarse a él tratando de salvar la circunspecta ortodoxia que protege al género. En la actualidad, el movimiento conocido como “nuevo flamenco” fusiona, con total naturalidad -no siempre con acierto-, este estilo con otros como el jazz, el blues, la rumba, el rap o, incluso el reguetón. Ya casi ningún flamenco de pro se rasga las vestiduras por ello, aunque no ocurrió lo mismo cuando pioneros como Sabicas, Smash, Triana, Camarón, Paco de Lucía, Enrique Morente o Lole y Manuel sentaron las bases que sustentaron la revitalización y deconstrucción del flamenco.

Nuestros protagonistas de hoy, Lole y Manuel, apostaban por un flamenco que no era “el typical spanish”, que reivindicaba “no solo la cara triste, sino la viva; las flores, el sol y todos aquellos factores vitales tan importantes para comprender la esencia del pueblo andaluz. No olvidamos, eso sí, en ningún momento lo negativo, el puteo al cual ha sido sometido el pueblo gitano por parte de la cultura oficial. Pero esto lo tenemos tan presente, que a veces no queremos ni acordarnos de ello” (Manuel Molina, en La Fonoteca). En cuanto a las melodías, eran el resultado de la vieja tradición aprendida de sus padres y, también, de sus propias vivencias de juventud: “Está claro que yo no toco la guitarra como lo hace mi padre, ni Lole canta como lo hace su madre. Nuestros padres no oyeron a Janis Joplin ni a Jimi Hendrix, tampoco escucharon la música de los Beatles. Nuestro cambio está, sobre todo, en el ritmo… hemos renovado nuestra propia música, hemos intentado descubrirnos a nosotros mismos” (Manuel Molina, en La Fonoteca).

Desde luego, no puede decirse que esta pareja artística (también lo fueron en la vida real) desconociera el flamenco; ambos eran miembros de familias muy arraigadas en esta tradición artística, de ahí que, antes de conocerse, ya estuvieran familiarizados con el cante, la guitarra y el baile flamenco. Tal y como nos cuentan en la web La Fonoteca y en la página Canción con todos, comenzaron a actuar como dúo en 1973; su primera oportunidad les llegó de la mano de Ricardo Pachón -al que Manuel Molina conocía de su etapa en Smash- y del omnipresente Gonzalo García Pelayo, aunque parece que este último se metió por medio, imponiéndose como productor, algo que no gusto a Lole y Manuel. Sea como fuere, sin tener nada firmado, Gonzalo García Pelayo se apresuró a sacar un disco al mercado (“Nuevo Día”, 1975) con el sello Movieplay, que fue todo un éxito. Para evitar acabar en los tribunales, llegaron a un acuerdo para romper la relación que aún pudieran tener con Movieplay, y firmaron con CBS, donde grabaron el resto de sus discos hasta que se separaron en 1986; después tuvieron algunos reencuentros artísticos, de los que saldrían otros tres discos.

El segundo álbum del dúo, y primero con CBS, se tituló “Pasaje del Agua” (1976); en él se incluyeron ocho temas, compuestos en su mayoría por Manuel Molina y el poeta Juan Manuel Flores. El disco se abre con la canción “Tu mira”, que algunos conocieron en 2004 gracias a su aparición en la película “Kill Bill. Volumen 2”, de Quentin Tarantino (aquí podéis ver la escena). Si queréis ver a Lole y Manuel interpretando esta melodía, os aconsejo este vídeo y éste otro de 1995, con orquesta y coro de niños. También os dejo una interpretación a cargo de la hija de ambos, Alba Molina (con Joselito Acedo a la guitarra).