Emerson, Lake & Palmer. «Tarkus»

Hace algo más de un año dedicaba una entrada al tema «From the Beginning«, incluido en «Trilogy» (1972), el tercer álbum de estudio de los británicos Emerson, Lake & Palmer; antes habían publicado «Tarkus» (1971), con el que el «power trío» consolidó su sonido y cosechó un éxito importante de crítica y público. Como muchas obras de aquella época, se trata de un disco conceptual dominado, yo diría que maniatado, por la pieza homónima que ocupaba toda la cara A del Lp; en ella se nos cuenta una delirante historia distópica o futurista en la que un gigantesco híbrido, entre carro de combate y armadillo, es expulsado de un volcán en erupción. Tarkus es una potente máquina de destrucción capaz de vencer a casi cualquier enemigo, como el pterodáctilo/avión, el saltamontes mutado en arma con cañones o la bestia con forma de edificación futurista; en su camino victorioso se cruza con una mantícora -animal mitológico con cabeza humana, cuerpo de león y cola de dragón o escorpión- que acaba venciéndolo. Sin embargo, cuando parece definitivamente muerto por el veneno de la mantícora, resurge de entre las aguas para dar lugar a «Aquatarkus», iniciándose así un nuevo ciclo de guerra y destrucción. Esta historia, así como la portada del disco, fue dibujada por el artista escocés William Neal a petición del propio Keith Emerson. En cuanto a lo musical, «Tarkus» es una obra arte del rock progresivo, en la que el virtuosismo y la sensibilidad conviven en perfecto equilibrio. Esta suite, dividida en siete movimientos, es la pieza que consagró definitivamente a Keith Emerson como uno de los grandes genios del órgano Hammond y de los sintetizadores. A pesar de que «Tarkus» es un monumento a los teclados, omnipresentes en toda la composición, hay partes de esta pieza donde brillan los tres miembros del grupo, como el movimiento titulado «Manticore» (del minuto 10:56 al 12:47), uno de mis preferidos, en el que se puede disfrutar de un espectacular duelo entre los teclados, el bajo y la batería, dando la sensación de una cabalgada épica verdaderamente alucinante. Hay otro fragmento de «Tarkus» que me encanta, el que continúa a «Manticore», el titulado «Battlefield» (del minuto 12:48 al 16:54); es la parte más emotiva, donde la voz y la guitarra de Greg Lake nos sumergen en una bella melodía en la que, a pesar de lo críptico del mensaje, se deja sentir un grito de protesta, un cántico contra lo absurdo de las armas y la guerra.

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Luis Eduardo Aute / Barón Rojo / Rosendo. «Anda suelto Satanás»

En 1978 España estaba en pleno proceso de Transición, se iban recuperando derechos y libertades pero aún continuaban intactos los engranajes y el organigrama franquista. El mundo de la cultura y la intelecturalidad trató de acelerar este proceso de Dictadura a Democracia a través de propuestas atrevidas, imaginativas y, sobre todo, combativas. En este contexto, Luis Eduardo Aute publicó «Albanta» (1978), un disco cuyo título tenía que ver con un lugar mítico, un espacio para la imaginación en libertad. Para mi gusto, es uno de los mejores álbumes de Aute; en él se incluyeron canciones de temática variada aunque predominaban las que tenían que ver con la situación de aquella España y la vida en libertad; varias de ellas ya habían sido grabadas por otros intérpretes, como Ana Belén o Rosa León, de hecho, me acuerdo perfectamente de ver a ésta última cantando en televisión «Al Alba», un tema dedicado a los últimos condenados a muerte por el franquismo y, probablemente, el éxito más grande que ha tenido este cantautor a lo largo de su longeva carrera. Lo más novedoso e interesante de este álbum, además de las excelentes canciones que contiene, es que se abandonó el arreglo orquestal, presente en sus discos anteriores, en beneficio de un sonido más rockero liderado por músicos como Teddy Bautista, a cargo de la producción, los teclados y la armónica; o Armando de Castro, que se ocupó de la guitarra eléctrica. «Albanta» comenzaba con «Anda suelto Satanás», una canción que habla del Maligno, utilizando los nombres de Satanás, Lucifer y Belcebú, en un tono sexual, surrealista y algo sacrílego, con guiño incluido a Bob Dylan. Cuando, en 1980, los hermanos Armando y Carlos de Castro abandonaron Coz fundaron, junto con Jose Luis Campuzano («Sherpa») y Hermes Calabria, la mítica banda Barón Rojo; al año siguiente editaban su primer disco, «Larga Vida al Rock & Roll«, título pionero del heavy metal hispano; junto a las canciones compuestas por los miembros del grupo, se coló una versión de «Anda suelto Satanás», imagino que a petición de Armando de Castro. La tercera versión de hoy es la de otro rockero de tronío: Rosendo Mercado, que grabó este título para un disco homenaje a Luis Eduardo Aute («¡Mira que eres Canalla, Aute!«, 2000). Para finalizar, aquí tenéis un par de versiones más, una cargo de Teddy Bautista y la otra con Miguel Ríos y Barón Rojo.

Lionel Hampton. «Flying Home»

En los años cuarenta aún no existía el rock & roll, sin embargo hay algunas canciones que actuaron a modo de precursores; eran piezas adelantadas a su tiempo, con elementos que, en la década de los cincuenta, se acabarían incorporando al naciente R&R. A menudo me sorprendo con estos sonidos, en la mayoría de las ocasiones procedentes del blues o del country, casi siempre melodías aceleradas, con un ritmo más vivo de lo habitual para estos géneros, sobre todo en aquellos años. Otro de los estilos musicales que actuaron como catalizadores del R&R fue el jazz, en concreto el swing practicado por las grandes orquestas. Uno de esos temas inspiradores del R&R fue «Flying Home», una pieza compuesta por Lionel Hampton, Benny Goodman y Eddie DeLange, grabada por primera vez en 1939 por el célebre Benny Goodman Sextet. Sin embargo, «Flying Home» es un tema que habitualmente se asocia a la carrera musical de Lionel Hampton, debido a la versión que éste, con su propia orquesta, hiciera en 1942. Hampton comenzó su carrera como batería aunque lo que le hizo verdaderamente famoso fue el vibráfono, un instrumento poco habitual en el jazz, al menos como solista, que él convirtió en su elemento distintivo. Comenzó a tocarlo cuando era miembro de la banda Les Hite que, durante algún tiempo, acompañó a Louis Armstrong, incluso llegó a realizar algún solo de vibráfono con este grupo. Tras abandonar Les Hite, se estableció con su propia banda hasta que, en 1936, el clarinetista Benny Goodman lo incorporó a su cuarteto, del que ya formaban parte Teddy Wilson y Gene Krupa. En 1940 abandonó esta banda para formar su big band propia, por la que han pasado músicos tan importantes como Illinois Jacquet, Dexter Gordon, Clifford Brown, Charles Mingus, Dinah Washington, Wes Montgomery, etc. «Flying Home» fue compuesta a partir de un silbido nervioso, el que Lionel Hampton empezó a hacer cuando el grupo de Benny Goodman esperaba un avión con destino a Atlantic City. Ésta es la versión original, dentro de los parámetros habituales del swing; cuando Hampton se independizó de Goodman convirtió esta pieza en una de las habituales de su repertorio; la nueva versión -la que podéis ver en el vídeo correspondiente esta entrada-, de 1942, era más alegre, más rápida y con un solo a cargo del saxofonista Illinois Jacquet que ha pasado a la historia de la música. Los especialistas y críticos musicales entienden que esa manera de tocar el saxo, a modo de bocinazos, es un claro antecedente del rock & roll y, probablemente, el primer solo de saxo en la historia del rhythm & blues.

Blackfoot. «Highway Song»

Los “Pies Negros” son una tribu indígena de los Estados Unidos, llamados así por el color con el que pintaban sus mocasines; actualmente viven, como parte de la “Nación Pies Negros”, en el noroeste de Montana; se estima que en 1900 había unos 20.000, en la actualidad aproximadamente 25.000. También es el nombre de un grupo de rock sureño (Blackfoot) formado en Florida, tal vez no tan conocido como The Allman Brothers Band o Lynyrd Skynyrd pero con muy buenos trabajos en la década de los sententa y a principios de los ochenta. Tras unos inicios dubitativos en cuanto a los componentes que habrían de formar parte de la banda y la denominación del grupo (“Fresh Garbage” y, posteriormente, “Hammer”), se organizan definitivamente en 1970 con la siguiente formación: Rickey Medlocke (guitarra, voz), Jakson Spires (batería), Charlie Hargrett (guitarra) y Greg T. Walker (bajo). Decidieron cambiar el antiguo nombre del grupo por el de Blackfoot en recuerdo de la herencia india presente en tres de sus componentes: Spires era parte Cherokee, Medlocke parte Sioux y Walker tenía sangre de la tribu de Florida conocida como Eastern Creek. Aún siguen en activo, aunque la formación clásica se desmembró en 1985; el propio Rickey Medlocke es el guitarrista actual de Lynyrd Skynyrd, banda en la que ya había militado durante los años setenta. Blackfoot hacen un rock sureño duro, de hecho muchas veces se les ha etiquetado como grupo de hard rock. Los álbumes que más me gustan son los primeros, en especial “Strikes” (1979), “Tomcattin’” (1980) y “Marauder” (1981). La canción de hoy, “Highway Song” tal vez sea su tema más conocido y exitoso; formó parte del mencionado “Strikes”, que también recogió otro de los grandes éxitos de la banda: “Train, Train”, y un par de versiones, una de Spirit (“I got a Line on You”) y otra de Free (“Wishing Well”). “Highway Song” es una de sus canciones más reposadas y, también, una gozada guitarrera, algo que ya se evidencia desde el principio y que se confirma a partir del minuto 4:20, con un duelo de guitarras que nos lleva hasta el final de la canción. Aquí os dejo una versión en directo, grabada en 1982, y aquí podéis escuchar “Strikes” en su totalidad.

The Shirelles / Carole King / Graham Bonnet. «Will you love me tomorrow»

En 1960 Carole King apenas tenía dieciocho años y ya se había casado con Gerry Goffin, para desesperación de Neil Sedaka, compañero de clase de Carole, quien sólo un año antes le había expresado su amor en la conocida canción “Oh, Carol”. Hasta su divorcio en 1969, Carole y Gerry formaron, además de pareja sentimental, un excelente tándem artístico; durante esta época (los años sesenta) compusieron juntos (él la letra y Carole la música) temas tan populares como “The Loco-Motion”, “You make me feel like a natural woman”, “One fine day” o la canción que traemos hoy a este miércoles de versiones: “Will you love me tomorrow”. La primera grabación de esta melodía, de 1960, fue la del grupo pop femenino The Shirelles, formado en 1958. Parece que, cuando la canción fue ofrecida a este grupo, la cantante principal (Shirley Allston-Reeves) se negó a cantarlo porque le parecía demasiado country; no obstante, tras algunos arreglos musicales, al final transigió y, en unos meses, acabó convirtiéndose en un éxito rotundo. Y eso a pesar de que fue prohibido en algunas emisoras de radio por considerarlo excesivamente sexual y comprometedor para la moral puritana de la época. “Will you love me tomorrow” es un poema musical lleno de interrogantes, en el que una joven le pregunta a su novio si la seguirá queriendo después de haber realizado el acto sexual; si el placer, los suspiros y la dulzura del momento tendrán continuación, en definitiva si “mañana” la continuará amando. Hay muchas versiones de este tema, os animo a que digáis cuál es la vuestra; yo voy a descatar algunas, como las de The Prophets (el grupo en el que militó Ronnie James Dio, el mítico cantante de heavy metal), Brenda Lee, Cher, Roberta Flack, Mauren Tucker, Linda Rondstad, Laura Nyro, Bryan Ferry, Norah Jones o Amy Winehouse. Sin embargo, desde mi punto de vista, ninguna supera a la de la propia autora, grabada para su álbum “Tapestry” (1971), uno de sus mejores trabajos y al que ya hemos prestado atención a través del tema “You’ve got a friend”. Para finalizar, os propongo una versión algo diferente, la que grabó el cantante de hard rock Graham Bonnet en 1977; aquí tenéis otra versión, en este caso en directo, cantada por el propio Bonnet cuando formaba parte de Rainbow.