Crowded House. «Don’t Dream it’s Over»

El pop es a la música como la comedia al cine, un género a menudo criticado y minusvalorado por sus planteamientos amables, su cercanía con el gran público y su aparente simplicidad artística y vital. Los prejuicios, y algunas actitudes de pretendida superioridad intelectual, a menudo contribuyen a condenar a comedias y grupos de pop que, sin siquiera poder demostrar su valía, ya cuentan con el desprecio inicial de aquello que alegremente se etiqueta como «obra menor». Ya comentaba algo parecido con ocasión de la entrada dedicada a la canción «True«, del grupo Spandau Ballet; entonces trataba de poner en valor este tema y, en general, a esta banda, hoy me gustaría hacer algo parecido con Crowded House, una formación creada durante 1985 en Nueva Zelanda, con miembros de aquel país y de Australia. Liderada en torno a la figura de Neil Finn (guitarrista, cantante y compositor de la mayoría de los temas), Crowded House nace de las cenizas dejadas por un grupo anterior, Split Enz -creado en 1972- que, a su vez, dio lugar a otro conocido como The Mullanes; éstos, al trasladarse a Los Ángeles (EE.UU.), acabarían llamándose Crowded House, en alusión al lugar donde, de manera apretada, convivieron durante la grabación de su primer álbum. «Crowded House» (1986) es un excelente disco de pop, pop-rock y new wave, elegante y de una gran calidad; su mejor trabajo, el que los encumbró y también el que acabó por lastrar, casi desde sus inicios, su carrera. Está lleno de buenas canciones, de esas que has escuchado mil veces pero no sabes muy bien de quién son; de entre todas ellas me voy a quedar con «Don’t Dream it’s Over», un poético tema que nos habla de la grandeza de la libertad, del amor, de la complicidad en la lucha y de la fuerza de los sentimientos. He elegido un vídeo en el que podéis ver la letra en español, no obstante, os animo también a que veáis el sugerente videoclip que, en su día, fue utilizado como herramienta promocional. Tal vez conozcáis alguna versión interesante de esta canción que queráis compartir; a mí, por ejemplo, me gustan las de Paul Young, Diana Krall o la del español Pedro Javier Hermosilla, titulada «Un agujero en el alma».

Opeth. «Var Kommer Barnen In»

Los suecos Opeth, a pesar de que comienzan su andadura musical en 1991, se encuentran en pleno proceso de madurez creativa. Sus primeros discos se podrían englobar dentro del metal progresivo, incluso del death metal progresivo, con esas voces guturales tan típicas que son todo un símbolo para sus seguidores más metaleros. En el año 2003 publicaron «Damnation», con el que inician un viaje hacia el rock progresivo que tendrá su confirmación, en 2011, con el lanzamiento de «Heritage». El siguiente trabajo («Pale Communion») salió al mercado hace apenas unos meses y en él podemos disfrutar de los Opeth más progresivos, al estilo de las grandes bandas de los años setenta, y ya sin esos guturales tan característicos de otros tiempos. En noviembre pasado, el compañero Adrián, responsable del interesantísimo blog «Tu Crítica Musical«, elegía un tema de Opeth como una de las «Cinco Canciones que cambiaron su vida«. Consideraba a esta banda como una de las mejores del «metal de la actualidad y quizás de todos los tiempos», y añadía que «la combinación de pasajes de death metal progresivo con otros de tintes folk de rock suave junto a melodiosas y sedosas voces son para mí de lo más original». En el animado diálogo que hubo tras esta sugerente entrada, Alex los calificaba de «revelación en el mundo del Metal», aunque pensaba que sus dos últimos trabajos ya estaban «más cerca del progresivo clásico», de hecho ha escrito recientemente sobre este asunto (aquí lo podéis leer). Fue entonces cuando Adrián me recomendó su último álbum, el mencionado «Pale Communión»; «creo que no te decepcionarán», fue lo que me dijo. No solo no me han decepcionado, sino que es el disco que más me gusta de los suecos. Aquí lo podéis escuchar, con los dos bonus track que finalmente acabarían formando parte de este producto. Precisamente os voy a proponer uno de esos dos temas, en concreto «Var Kommer Barnen in», grabado en vivo en el año 2012. Se trata de una versión del grupo -también sueco- Hansson de Wolfe United (1979-actualidad), que fue grabado en su álbum «Existens maximum» (1981). Así sonaba el tema original, para que lo podáis comparar con la versión de Opeth, en la que la guitarra, hacia la mitad de la canción, se acaba apoderando de esta bella y antibélica melodía.

Emmylou Harris / Roy Buchanan / C. Atkins & M Knopfler. «Sweet dreams»

River of Country es un espacio de imprescindible visita y consulta para todos los aficionados a este estilo musical. Hoy traemos una canción englobada dentro de este género, que ya ha sido tratada por Eduardo en su web; esto me permite, como se dice habitualmente en el argot ciclista, comenzar mi entrada «chupando rueda». «Sweet dreams» es una hermosa balada compuesta en 1956 por Don Gibson, un artista que tal vez tuvo más éxito como compositor que como cantante, una vez que Chet Atkins impulsara su carrera allá por 1957. De hecho, la canción que hoy nos ocupa tuvo que competir con la versión de Faron Young, que fue todo un éxito en su momento. Con todo, la interpretación estándar de este tema es la de Patsy Cline, una de las mejores voces del country, fallecida a los treinta años en un accidente de avión. El original de Don Gibson y la versión alternativa de Faron Young las podéis escuchar en sus respectivos enlaces, mientras que la de Patsy Cline está disponible en River of Country. De tal manera que mi primera propuesta va a ser la de Emmylou Harris, otra de las grandes damas del country, a la que ya hemos escuchado en esta web con motivo del tema de Gram Parsons «Return of the Grievous Angel«; tras el fallecimiento de Parsons consolidó su carrera en solitario, sobre todo a raíz del disco «Elite Hotel», uno de sus mejores trabajos y en el que se incluyó esta versión de «Sweet dreams», grabada en directo con anterioridad. Por supuesto, existen más versiones, como las de Tommy McLain, Tammy Wynette, Reba McEntire o incluso Elvis Costello; yo me voy a inclinar por dos instrumentales (hay alguna más, como la del grupo The Hellecasters), la del guitarrista de blues Roy Buchanan, un músico que ha influido en otros guitarristas bien conocidos como, por ejemplo, Gary Moore. Os dejo una actuación en directo, para que apreciéis su arte y su técnica pero, si queréis, aquí tenéis también el original de estudio («Roy Buchanan», 1972), que formó parte de la B.S.O. de la película «Infiltrados«, dirigida por Martin Scorsese; este tema aparece justo al final de la película, al finalizar la última escena. Y para cerrar el círculo, finalizamos con otra versión instrumental, la ejecutada por Chet Atkins que, como ya hemos comentado, fue el descubridor de Don Gibson, autor de esta canción; forma parte de un disco que os recomiendo escuchéis entero: «Neck & Neck» (1990), en el que Atkins cuenta con un socio de excepción, nada más y nada menos que Mark Knopfler.

Los Ronaldos. «Sí, sí»

«Violencia simbólica contra las Mujeres: el Folclore» es el título de una entrada perteneciente al blog de Yolanda Jiménez, en la que esta escritora repasa algunos de los refranes más machistas y de peor gusto de nuestra cultura popular. También se ocupa de grupos y artistas que tienen canciones de esta misma índole, como «Un ramito de violetas» (Cecilia), «Libertad sin ira» (Jarcha), «Me llaman mala persona» (Académica Palanca), «Eres una puta» (Ilegales), «Hoy voy a asesinarte» (Siniestro Total), «Atrapados en el ascensor» (Un Pingüino en mi ascensor), «Mi Marylin particular» (Nacho Vegas), «La Mataré» (Loquillo y los Trogloditas) o el tema de hoy: «Sí, sí», de Los Ronaldos. Todas estas canciones contienen frases que pueden resultar perturbadoras, hirientes y ofensivas, pero también es verdad que no son más que historias de ficción; en una entrada anterior dedicada a «La Mataré«, el propio Loquillo pedía una lectura de este tema en los mismos términos que habitualmente se aplican a la literatura o el cine; es decir, una novela o una película sobre un violador o un asesino no es, precisamente, un acto de apología de la violencia; de la misma manera que «La Mataré» es sólo la historia de un maltratador. «Sí, sí» fue uno de los primeros éxitos de Los Ronaldos, grupo madrileño de rock formado en 1987; formó parte de su primer álbum («Los Ronaldos», 1987), en el que también se incluyeron títulos tan conocidos como «Ana y Choni«, «Guárdalo» o «Si os vais«. Unos meses más tarde de que saliera este disco a la calle, las asambleas de mujeres de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa y la Coordinadora Feminista de Navarra presentaron una denuncia en el juzgado de guardia de Bilbao contra este grupo, la discográfica Emi-Odeón y las emisoras de radio que programaran la canción «Sí, sí», por lo que entendían era incitación a la violación. Según he podido leer en algunos medios, desde enero de 2005 esta canción debería interpretarse en España omitiendo la frase de la discordia: «Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte»; sin embargo, en el disco en directo que grabaron en el año 2008 esta frase está presente en la canción (aquí lo podéis escuchar). Eso sí, en su página web entrecomillan las dos palabras más fuertes: «pegarte» y «violarte», probablemente como recurso irónico o para mostrar un sentido especial en el significado de estas palabras, latiguillo que, lamentablemente, cada vez está más presente en el lenguaje popular ¿Alguien podría explicarme la diferencia entre violarte y «violarte»?

Pat Benatar. «Fire and Ice»

Pat Benatar es una de las grandes voces femeninas del rock, con una tesitura vocal de varias octavas y una gran capacidad para cantar con naturalidad rock duro, incluso heavy metal, balada melódica o pop-rock. Nacida en 1953, en Brooklyn (Nueva York), con el nombre de Patricia Mae Andrzejewski, cambió de apelido cuando tenía diecinueve años al casarse con su novio de juventud, Dennis T. Benatar, del que acabaría divorciándose para casarse nuevamente, en 1982, con el guitarrista y productor de su banda, Neil Giraldo, un personaje clave en su vida profesional y privada; con él ha tenido dos hijas, aún continúan casados y siguen teniendo proyectos musicales en común. Inició su carrera musical alternándola con su trabajo de cajera en un banco, hasta que fue descubierta en un concurso y, poco después, causara sensación por su sugerente disfraz en una fiesta de Halloween. Su primer álbum, publicado en 1979, se tituló «In the Heat of the night» y comenzaba con «Heartbreaker«, su primer éxito. Uno año después se editaba su segundo Lp, «Crimes of Passion», y en 1981 lo hacía «Precious Time», uno de los mejores trabajos de la neoyorkina. De hecho, estos tres primeros discos son fabulosos, tal vez los más rockeros de su carrera, con una importante presencia de la guitarra y su cristalina voz rayando a gran altura. José Ramón Pardo, en su excelente libro La discoteca ideal de la Música Pop. Los 1000 mejores discos del pop-rock (Barcelona: Planeta, 1997; págs. 444-445), define a Pat Benatar como «la más rockera de las chicas del AOR norteamericano de los ochenta, [que comenzó] cantando ópera, lo que, según dice, le enseñó a cantar a plena potencia sin desafinar. Ese era su mejor bagaje: una voz que nada tenía que envidiar a la de las ‘bestias’ masculinas del rock metálico». Sin embargo, con el paso de los años suavizó su sonido hasta acercarlo al pop-rock, donde tal vez logró sus mayores éxitos, con temas tan conocidos como «Love is a Battlefield», «We belong», «Shadows of the night», etc. Me imagino que cada uno de vosotros tendréis vuestra canción de Pat Benatar preferida, os animo a que me digáis cuál es; la mía es «Fire and Ice», fue el primer sencillo del ya mencionado «Precious Time» y con él ganó su segundo Grammy; por cierto, es poseedora de cuatro Grammys consecutivos (1980-1983), además de otras tantas nominaciones a lo largo de los años ochenta.