Me llamo Raúl Rodríguez, me dedico a la docencia universitaria y a la investigación en el ámbito de la Historia de la Ciencia, actividades que forman parte de mi vida desde que acabé la carrera, allá por 1986. Sin embargo, la música está conmigo desde mucho antes, desde mi infancia y primera adolescencia, y ha sido siempre una leal compañera. Decidí abrir un blog de canciones con el propósito de encauzar mis inquietudes musicales a través de un canal que pudiera ser sintonizado por otras personas con intereses similares y que, además, sirviera como foro de opinión para todos aquellos que quisieran compartir su pasión por la música. Decidí llamar a este espacio "La Guitarra de las Musas", en honor de las diosas griegas de las Ciencias y las Artes, especialmente de la Poesía y la Música. Quiero pensar que si hubieran tenido guitarras –y baterías, bajos, teclados y demás instrumentos de nuestro tiempo- hubieran sonado como la música propuesta en este blog. En este espacio, el rock en casi todas sus vertientes será el protagonista pero, también, otros estilos como el blues, el jazz, el pop, el soul y las melodías más pegadas a nuestra cultura: cantautores, canción melódica, boleros, corridos mexicanos, tangos, rumbas e, incluso, copla. Por favor, que nadie se enfade conmigo si no encuentra aquí la música que le gusta; la selección de los temas y los comentarios realizados responden, únicamente, a mis intereses particulares que, como bien puede verse, están un poco anticuados. Todos aquellos que busquen música actual no la encontrarán en este sitio.
Lesley Gore (1946-2015) fue una cantante, actriz y compositora estadounidense, que se inició en el mundo de la música con apenas dieciséis años; a esa edad, grabó el tema titulado “It’s My Party”, compuesto -como muchas de sus canciones- por Quincy Jones, con el que llegó al número uno en las listas de éxitos. La otra canción más conocida de Lesley Gore es “You Don’t Own Me”, compuesta por John Madara y David White, producida por Quincy Jones y comercializada en 1963, cuando Lesley apenas contaba con diecisiete años. Encadenó canciones más o menos exitosas durante las décadas de 1960 y 1970, mientras alternaba con su trabajo como actriz en el cine y en programas de televisión. También compuso canciones para la banda sonora de “Fama” (1980) y de otras películas. Falleció de un cáncer de pulmón, el 16 de febrero de 2015.
“You Don’t Own Me” es una canción de corte melódico-pop, aparentemente dulce e inofensiva, que contiene un mensaje feminista explícito y contundente, coincidiendo en el tiempo con la que se ha venido en denominar “Segunda Ola Feminista del Movimiento de la Mujer”. En esta canción no hay espacio para metáforas o sutilezas, nos habla una chica de diecisiete años, con todo por vivir y las mismas ansias de libertad que los muchachos de su edad: no eres mi dueño, no me digas que no puedo ir con otros chicos, no me digas qué hacer ni qué decir -de la misma manera que yo no te lo digo a ti-, no me trates como un juguete ni me exhibas cuando salga contigo, no trates de cambiarme, no me ates porque soy joven y amor ser joven.
No es extraño que, con esta letra, los creadores de “El Cuento de la Criada” pensaran en “You Don’t Own Me” para cerrar la cuarta temporada de esta excelente serie (no cuento más para no hacer spoilers). Pero no es la única vez que se ha utilizado esta melodía (en versiones diferentes) para películas, series o anuncios publicitarios; por ejemplo, la podemos escuchar en “Riverdale”, “Escuadrón suicida” (2016), “Dirty Dancing” (1987), “Hairspray” (1998), “El Club de las primeras esposas” (1996) o el anuncio publicitario para el Ford Mustang VI. Sin ánimo de ser exhaustivo, porque hay bastantes versiones, os sugiero las interpretaciones a cargo de Dusty Springfield, Brian Poole & The Tremeloes, Joan Jett, The Blow Monkeys, Michèle Richard (en francés) y Grace, con la colaboración del rapero G-Eazy y la producción de Quincy Jones, que fue quien habló a Grace de Lesley Gore y del trasfondo feminista que tiene esta canción.
Stan Jones fue un compositor y actor estadounidense, que entró en el cine gracias a su amigo John Ford, uno de los directores más importantes que ha dado el Séptimo Arte. A Stan Jones se debe la música de westerns inolvidables como “Río Grande” o “Centauros del Desierto”, aunque su canción más recordada es “(Ghost) Riders in the Sky: a Cowboy Legend”, también conocida con otros títulos: “Riders in the Sky”, “Ghost Riders”, “Ghost Riders in the Sky” y “A Cowboy Legend”. Este tema, cuya melodía recuerda a la canción popular de la Guerra Civil Americana “When Johnny Comes Marching Home”, fue compuesto por Jones a partir de una historia que escuchó de un anciano nativo americano cuando tenía doce años; según este relato, los indios americanos -quizás apaches del condado de Cochise- creían que, cuando las almas abandonaban los cuerpos físicos, se quedaban vagando por el cielo, como si fueran jinetes fantasmas. La canción, probablemente influenciada por la mitología escandinava, nos habla de cómo un rebaño de vacas con los ojos rojos cruza el cielo perseguido por unos jinetes fantasmas; uno de ellos le advierte al narrador que, si no cambia su comportamiento, acabará por unirse a ellos en una persecución eterna de esta manada demoniaca a través de los cielos.
Stan Jones debió grabar la copia original a finales de 1948 o comienzos de 1949; de este año son también las versiones de Burl Ives, Peggy Lee, Bing Crosby o Gene Autry. Obviamente, el género country atesora buena parte de las interpretaciones que se han hecho de esta canción; véanse, por ejemplo, las debidas a artistas como Jimmie Rodgers, The Brothers Four o Johnny Cash (tal vez la versión más conocida de todas), por citar sólo algunos ejemplos. También hay versiones melódicas (como la de Bobby Vinton), pop (como la de Tom Jones), en idiomas distintos del inglés (como la de Milton Nascimento, en portugués, o la de Pedro Vargas, en español) y otras verdaderamente curiosas, como la de Tom Jones y Raphael, cantada en español e inglés.
Sin embargo, para esta ocasión nos vamos a quedar con tres versiones dentro del ámbito del rock, dos de ellas instrumentales y la última cantada. Comenzamos con la de los españoles Pekenikes, recogida en su primer EP (“Madrid”, 1961); continuamos con la de Dick Dale & His Del-Tones, que formó parte del álbum titulado “King of the Surf Guitar” (1963); y finalizamos con la de la banda estadounidense Outlaws para el disco “Ghost Riders”, publicado en 1980. Pero hay más versiones rockeras, tanto instrumentales (The Ventures, The Shadows, Los Iracundos, Bert Weedon o The Trashmen) como cantadas (Sleepy LaBeef, Elvis Presley o Children of Bodom), seguro que cada uno de vosotros tendréis vuestra versión preferida. Recordamos que esta canción inspiró uno de los temas emblemáticos de los psicodélicos The Doors, “Riders on the Storm”, al que ya dedicamos una entrada en el año 2014.
Se acaban de cumplir veinticinco años del disco “Devil Came To Me” (1997), todo un fenómeno musical con el que el grupo español Dover demostró que en España, con canciones cantadas en inglés, el grunge también podía rugir como con Nirvana o Pearl Jam. Tal y como señalan las biografías de esta banda, la idea de Dover partió de Cristina Llanos (voz, guitarra), cuando apenas tenía diecisiete años; pronto se unió al proyecto su hermana Amparo (guitarra), diez años menor que Cristina y, en 1992, Jesús Antúnez (batería) y Álvaro Díez (bajo) -después sustituido por Álvaro Gómez-; ese mismo año nacía Dover, cuyo nombre surgió a partir de una marca de ropa que se vendía en la tienda que tenía la madre de las hermanas Llanos en Majadahonda (Madrid). Se dieron a conocer en el programa de radio “Disco Grande”, de RNE Radio 3; en 1995 publicaron su primer álbum (“Sister”), con la discográfica independiente Everlasting-Caroline; tras finalizar el contrato con esta compañía, firmaron con Subterfuge Records, con ellos grabaron el mencionado “Devil Came To Me”, en tan sólo diez días y con un presupuesto de apenas ochenta mil pesetas, se vendieron quinientas mil copias. Los siguientes álbumes (“Late at Night”, 1999; “I Was Dead For 7 Weeks In The City of Angels”, 2001; y “The Flame”, 2003) fueron grabados por su propia productora discográfica, Loli Jackson Records, con el apoyo de la multinacional EMI (en dos de ellos a través de Chrysalis Records).
Aquí comienza el principio del fin de Dover, una banda que pasó de congregar a multitudes de jóvenes enfervorecidos por las buenas canciones y la sinceridad que mostraban en el escenario -con esa desgarrada y sucia manera de tocar la guitarra de Amparo, la entrega absoluta de Cristina y la agresividad de Álvaro y Jesús en la sección rítmica- al olvido más absoluto a partir del disco titulado “Follow the City Lights” (2006), con el que, inexplicablemente, decidieron abandonar el rock alternativo y el grunge para hacer algo así como electropop. Para que comprendáis mejor cómo se desarrolló el fenómeno Dover, os recomiendo la lectura del artículo escrito por Carlos Marcos para El País, titulado “Dover: la luz y la oscuridad de lo nunca visto en el rock español”, en el que se incluyen testimonios de miembros de Dover; reproduzco algunos fragmentos:
“Todo el mundo nos decía que era muy difícil triunfar porque cantábamos en inglés, tocábamos con las guitarras a todo trapo y Cristina pegaba alaridos. Estábamos mentalizadas para que fuera difícil, pero Cris y yo teníamos una fe ciega en lo que hacíamos. No ya sobre adónde íbamos a llegar, sino en la música que estábamos grabando. Creíamos mucho en nosotras mismas como compositoras, cantantes y letristas. Una mezcla de no creerte el ombligo del mundo, pero a la vez considerar que lo que haces es lo más grande”
Amparo Llanos.
“La que se montó no lo he vuelto a vivir. Era un grupo nuevo que acababa de sacar un disco. Con el primer acorde la gente comenzó a hacer una ola de cabezas, saltando. 5.000 personas brincando a las siete de la tarde. Chicos metidos en un lago que había por allí y subidos a los árboles. 45 minutos así. Yo estaba en un lateral del escenario y pensé: ‘Esto es muy fuerte”
Carlos Mariño, representante de Dover, tras la actuación de Dover en el Festimad de 1997.
“Eran dos escenarios separados por 60.000 personas, entregadísimas. Cuando acabamos de tocar, en el otro escenario empezó Muse. Esa era el nivel en el que estábamos. Pero luego…”
Jesús Antúnez, principios de los años 2.000, en pleno éxito.
“Fue un concierto organizado por una radio, en Galicia. Había cuatro gatos viéndolo. Tocamos en la plaza del pueblo y el escenario era un camión. Compartimos escenario con Rebeca, la de Duro de pelar. Estábamos en el fango”
Jesús Antúnez. Habla del año 2010, cuando publicaron su disco “I Ka Kené”.
[«Cristina] terminó aburrida de todo. Bueno, aburrida no es la palabra. Pensó que ya había hecho lo que tenía que hacer con Dover. Y una vez que se bajó del escenario decidió que no quería volver a saber nada. No sé si en el futuro cambiará. Pero será en un futuro muy lejano, a lo ABBA”
Amparo Llanos.
“Éramos una banda grunge que escupíamos en el escenario y de repente nos convertimos en Madonna haciendo playback”
Jesús Antúnez.
«He trabajado 40 años en compañías de discos y nunca había visto un odio tan grande hacia una banda (…) Fue una sorpresa que grabaran ese álbum [“I Ka Kené”, 2010], porque rompía con todo lo que habían hecho. Parecía que había cierta influencia de un novio de Amparo en la onda africana. A mí me gustaban las canciones, pero se convirtió en el grupo más odiado de España. En ese momento las redes sociales estaban comenzando y se llenaron de insultos. Ahí supe lo que era un hater. También la prensa los destrozó. No vendimos nada”
Carlos López, presidente de Sony España.
“Tenía que suplicar para que nos contrataran. Fue un suicidio musical. La gente se descojonaba de nosotros. Perdimos el norte. Y cuando lo recuperamos ya fue tarde (…) Fuimos unos privilegiados porque vivimos algo grande, pero nos dimos algún hostiazo importante”
Jesús Antúnez.
Tras unos años muy difíciles, sin el apoyo del público y con fuertes disensiones entre algunos miembros del grupo, el 23 de noviembre de 2016, Amparo Llanos comunicaba el final de la banda. Volviendo a “Devil Came to Me”, fue reeditado -en varios formatos- para conmemorar el 15 aniversario. Parece que pronto veremos en el mercado una nueva reedición 25 Aniversario, junto con un documental sobre la banda titulado “Die for Rock and Roll”, dirigido por Miguel L. Garrido. Mientras tanto, os dejo con la grabación de estudio de “Serenade”, la canción de Cristina Llanos que acabó convirtiéndose en el primer número uno de esta formación. Y aquí tenéis un directo de este mismo tema, una actuación ofrecida en uno de los, ya desaparecidos, festivalesEspárrago Rock.
Los que hayáis cumplido cierta edad quizás os acordéis de una canción titulada “Che idea”, comercializada en 1979 por el grupo New Trolls; se trata de la típica canción melódica italiana, en la que se abusa un poco del falsete con el propósito de imitar a los Bee Gees, que entonces triunfaban con la banda sonora de “Saturday Night Fever” (1977). Los New Trolls continuaron con este estilo sencillo, cercano al pop-rock melódico, durante los años ochenta, incluso más allá. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de este grupo está en sus inicios, allá por 1967, cuando tomaron este nombre tras reorganizar una primera formación conocida como The Trolls. Después de unos comienzos cercanos al beat y al pop psicodélico, fueron los elegidos para actuar como teloneros en los conciertos que los Rolling Stones dieron por Italia. Participaron en algunos festivales, grabaron su primer single en 1967 y, también, su primer Lp (“Senza orario senza bandiera”, 1968).
Pero el trabajo que les encumbró fue su segundo álbum de estudio, el titulado “Concerto grosso per i New Trolls” (1971), una de las obras fundamentales del rock sinfónico italiano, pionera en el uso de orquestas junto a instrumentos de rock; con este disco, New Trolls seguía la estela de bandas como The Moody Blues, Procol Harum o Barclay James Harvest, que habían sentado las bases del rock progresivo más apegado al sinfonismo clásico. Se compone de dos partes claramente diferenciadas: la cara B está ocupada por una pieza en directo, de unos veinte minutos, sin orquesta, y con un solo de batería que dura unos siete minutos. En la cara A, al menos desde mi punto de vista, es donde se concentra lo más interesante de este excelente álbum; está formada por cuatro movimientos -“Allegro”, “Adagio (Shadows)”, “Cadenza-Andante con moto” y “Shadows (per Jimi Hendrix)”-, que son los que realmente conforman el “Concerto grosso …”, compuesto por el italo-argentino Luis Enriquez Bacalov para la película “La víctima designada” (1971); de hecho, en la película se utiliza una versión preliminar de lo que, posteriormente, fue el “Concerto grosso …” publicado por los New Trolls. La idea era crear un concierto de música barroca italiana, en el que se entremezclaran la orquesta dirigida por Bacalov y los sonidos eléctricos de la banda italiana, entonces compuesta por Vittorio De Scalzi (guitarra, flauta), Nico Palo (guitarra, voz principal), Gianni Belleno (batería, voz), Giorgio D’Adamo (bazo, voz) y Maurizio Salvi (teclados).
Una obra así merece la pena escucharla en su totalidad (al menos el concierto, la cara A). Para convenceros, os sugiero que oigáis primero el segundo movimiento -“Adagio” (Shadows)”-, en el que se incluye el tema “My Shadow in the Dark” que, en la película mencionada anteriormente, fue interpretado por el protagonista del film, Tomas Milian; la letra, en inglés, fue escrita por el productor Sergio Bardotti, con un último verso en el que se cita un fragmento del monólogo de “Hamlet”. Para finalizar, os recomiendo la versión que, de esta pieza, hiciera la cantante Patty Pravo, con un arreglo muy parecido y cantada en italiano ; también fue publicada en 1971, en su álbum titulado “Per aver visto un uomo piangere e soffrire Dio si trasformò in música e poesía”.
Los hermanos Don y Phil Everly se iniciaron en la música gracias a su padre, guitarrista como ellos, que inculcó en sus hijos el gusto por el country a través de la escucha de programas radiofónicos. Tal y como nos cuenta Eduardo Izquierdo en su libro titulado Country rock. Historia, cultura, artistas y álbumes fundamentales (Barcelona: Ma Non Troppo, 2016; págs. 85-86), llegaron a actuar alguna vez en la radio, junto a su padre, y pronto consiguieron grabar un sencillo (“The Sun Keeps Shining”, 1956) con Columbia, aunque sin mucho éxito. Sin embargo, este trabajo llamó la atención del guitarrista Chet Atkins, quien se quedó enamorado con la manera que tenían de ejecutar las melodías mientras tocaban sus guitarras acústicas. Su primer álbum, titulado “The Everly Brothers”, fue publicado en 1958; en él se incluyó su primer gran éxito, “Bye Bye Love”, tema protagonista de hoy, con el que se presentaron ante la comunidad musical, con ese estilo tan característico, entre el rockabilly edulcorado y el country “rockerizado”. Consiguieron sus principales éxitos durante la década de 1950; no les fueron tan bien las cosas en los sesenta, quizás el repertorio tuvo la culpa, pero también sus adicciones, los roces, las incompatibilidades y las discusiones entre los hermanos. Se separaron en 1973, volvieron a trabajar juntos durante los años ochenta y, finalmente, abandonaron su actividad como dúo en el año 2006; en enero de 2014 falleció Phil y, más recientemente Don, el pasado mes de agosto.