Mama Cass. “It’s Getting Better”

Cass Elliot, quizás más conocida como “Mama Cass”, es una de las grandes voces femeninas de la música popular, fallecida a los treinta y dos años de un infarto de miocardio. En We Are Rock, el imprescindible blog dedicado a las mujeres y el rock, Marta nos habla de la vida de Ellen Naomi Cohen, nombre con el que nació, el 19 de septiembre de 1941 en Baltimore (Maryland -EE.UU.-), y de su carrera como cantante en diversos grupos: The Triumvirate (The Big 3), The Mugwumps, The New Journeymen y, por supuesto, The Mamas & The Papas, grupo al que ya prestamos atención en una entrada anterior. Cass Elliot comenzó su carrera en solitario en 1968, tras la ruptura de The Mamas & The Papas, la banda que cantaba al amor y que, sin embargo, no pudo soportar los secretos y las infidelidades que se generaron entre los componentes de esta formación. El primer álbum de Mama Cass se tituló “Dream a Little Dream” (1968); en el se incluyeron temas de Graham Nash, Leonard Cohen, Richard Manuel (The Band), John Sebastian o el clásico de los años 30 “Dream a Little Dream of Me”.

Su segundo Lp se grabó tras la crisis sufrida por esta cantante durante un show en Las Vegas, en octubre de 1968; según nos cuenta Marta: “todo comenzó con una dieta que Cass siguió para perder peso antes de su debut, por lo visto su rango vocal y garganta se resintieron y acabó perdiendo voz a pesar de los cuidados en los días previos al debut en las Vegas. La actuación fue desastrosa y su voz no estuvo a la altura, por lo que fue duramente castigada por la prensa. Más tarde se demostró que Cass había estado consumiendo drogas antes del debut, motivo por el que no cantó como es debido”. El episodio dejó muy afectada a Cass, de ahí que, en el segundo álbum, titulado “Bublegum, Lemonade & … Something for Mama” (1969), el control fuera totalmente asumido por la discográfica Dunhill, ellos eligieron las canciones y el estilo de la mano del productor Steve Barri. Sea como fuere, es un álbum precioso, en el que se recogen canciones de Delaney Bramlett, Laura Nyro o Barry Mann y Cynthia Weil, entre otros; temas pop muy bien arreglados, zambulléndose entre otros estilos como el jazz, el country o el cancionero americano. El disco comienza con la melodía titulada “It’s Getting Better”, compuesta por el matrimonio Mann-Weil, un homenaje al amor tranquilo, sereno, a esas relaciones en las que el sentimiento crece con el paso del tiempo, justo lo contrario que suele suceder con el amor apasionado y romántico, tan habitual en la literatura y la música. La primera grabación fue realizada por el grupo estadounidense The Vogues, en 1968, después lo harían otros artistas, como Leonard Nimoy (el “señor Spock” de Star Trek), Paul Jones o, evidentemente, Mama Cass, suya es la versión más conocida de esta canción y, probablemente, la mejor. Finalizamos con una actuación de Cass Elliot para televisión, fechada hacia 1970.

The Trashmen / Ramones. “Surfin’ Bird”

El R&R nació como género mestizo, desenfadado y frenético, ideal para una juventud que buscaba diversión y pocas complicaciones vitales. El rockabilly -procedente del country, mayoritario entre la población blanca- y el R&B -originario del blues y, por lo tanto, de la comunidad afroamericana- están en el origen de este movimiento musical, cultural y social, que vivió sus mejores momentos durante las décadas de 1960 y 1970, y también una gran evolución que, en realidad, es la que explica la grandeza de este género. Durante estos años, el viejo R&R, sencillo y sin pretensiones intelectuales, fue transformándose en un género rico en matices y complejo en sus planteamientos musicales, gracias a la incorporación de tendencias como la psicodelia, el hard rock o el rock progresivo. A mediados de los setenta, el rock había endurecido sus planteamientos: las composiciones musicales eran complejas, a menudo virtuosas, las letras rayaban en la intelectualidad pretenciosa y, quienes tocaban o cantaban rock, habían renegado de su juventud para transformarse en estrellas del espectáculo, en definitiva, gente rica y famosa. El punk nació como respuesta a lo que algunos consideraban una traición a la propia esencia del R&R; de tal manera que este estilo es, esencialmente, un movimiento revival, un intento de rescatar la vieja esencia del R&R a partir de unos planteamientos independientes y contraculturales, en los que se intentaba reivindicar un R&R agresivo y sencillo, de canciones cortas, sin florituras instrumentales y con unas letras intrascendentes y desenfadadas, es decir, una vuelta a los orígenes.

Casi todos los grupos punk homenajean al antiguo R&R, y a subgéneros sesenteros como el garage rock o el surf rock, a través de adaptaciones o versiones. El tema de hoy, “Surfin’ Bird”, es un ejemplo de ello; todo un clásico del surf rock garagero más alocado, que ha sido interpretado por grupos como The Cramps, The Bannamen, Frenzy, Tokyo Cramps, Nobunny, Os Cascavelletes, Sodom (éstos aún más ásperos, muy adecuados para los seguidores del trashmetal) o Ramones, una de las bandas punk más importantes en la historia de este género, que incluyeron esta canción en su álbum titulado “Rocket To Russia” (1977). Para que veáis que el sonido punk, al menos el primigenio de los años 70, no era algo tan novedoso o rompedor como a menudo se piensa, os aconsejo que escuchéis el original de esta canción, grabado en 1963 por el grupo estadounidense The Trashmen, una de esas bandas one-hit wonder que apenas tuvo más éxitos que este “Surfin’ Bird”. Y no fueron los únicos, otros grupos del momento, como The Strollers, The Hep Stars o The Iguanas (la banda donde empezó Iggy Pop) también versionaron esta canción dentro de unos parámetros que podríamos calificar como proto-punk.

Esta melodía onomatopéyica, alocada, sin apenas letra, fue inicialmente atribuida a Steve Wahrer, miembro de los Trashmen, aunque realmente es una adaptación de los temas “Papa-Oom-Mow-Mow” y “The Bird’s the Word” del grupo de doo-wop The Rivingtons quienes, al parecer, se habían inspirado en la canción “What’s the Word Thunderbird”, compuesta en 1957 por el saxofonista Red Prysock. Los Trashmen escucharon una de estas canciones de los Rivingtons en una actuación en directo del grupo Sorensen Brothers, que la llevaba en su repertorio; así fue como los Trashmen adaptaron la canción y la hicieron suya. En una de sus actuaciones en directo fueron descubiertos por el disc-jockey local Bill Diehl; él los hizo participar en algunos concursos (que ganaron) y consiguió que grabaran la canción. En cuanto a la autoría, finalmente figuran Steve Wahrer y los integrantes de los Rivingtons, que no dudaron en amenazar con una demanda por plagio a los Trashmen si no se les reconocía como autores.

Lone Star. “Pájaro de fuego”

«Yo había estudiado la carrera de piano en el Conservatorio del Liceo de Barcelona. Recibía premios y diplomas, pero en 1959 me fui a vivir durante un año a Inglaterra. Allí conocí la explosión del rock & roll y todo aquello cambió mi mente. Volví a España mentalizado de formar un grupo, y fue todo un shock convencer a mi familia. Le di un serio disgusto a mi padre, que pensaba que yo estaba destinado a ser un nuevo Rubinstein, aunque en mi interior yo sabía perfectamente que no iba a ser así de fácil. Tuvieron que aceptar el cambio de la música clásica por el rock”

Pedro Gené, cantante de Lone Star. Consultado en: Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock … Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; pág. 183.

El autor de estas palabras es Pedro Gené, fundador de una de las bandas pioneras del rock más importantes, y de mayor calidad, de cuantas existieron en España durante los años sesenta y setenta. A este viaje, desde la música clásica al rock, se unieron algunos de sus compañeros de conservatorio. Iniciaron su andadura con el nombre de Lone Star, un homenaje de Gené a los Estados Unidos, muy presentes en él, sobre todo por el blues y por la Guerra de Secesión americana, de la que era un enamorado; además, así evitaban denominar a la banda comenzando por el típico “Los …”, tan habitual en aquella época. El grupo se formó en Barcelona, hacia 1960; ensayaban en la calle Conde de Asalto (Carrer Nou), cerca del Liceo, y actuaban en locales y clubs como Kit Kat, Texas, Jamboree, Pan Ams, La Cabaña del Tío Tom o el Tropical, en Casteldefells, donde tocaban versiones de R&R y R&B. En 1963 ficharon para la discográfica EMI (divisiones “La Voz de su Amo” y, posteriormente, “Odeón”), donde grabaron un buen número de discos (Eps y Lps), en los que al principio predominaban las versiones de Ray Charles, The Animals, The Rolling Stones y otros artistas. Poco a poco fueron introduciendo temas propios en sus discos, uno de los más conocidos es “Mi Calle” (1968), del que ya nos hemos ocupado en una entrada anterior. Ese mismo año de 1968 publicaron el álbum “Lone Star en jazz”, sorprendiendo así a todo el mundo, pues no era habitual que, en España, un grupo de rock también tocara jazz:

“Nosotros, paralelamente al rock y al rhythm and blues, teníamos un desdoblamiento y hacíamos jazz. Debutamos con ese concepto en el teatro Beatriz, de Madrid, cogimos mucha fuerza, y entonces la Dirección General de Cultura Popular nos incluyó en los Festivales de España. Así estuvimos un año tocando jazz. El público estaba acostumbrado a oír cantantes de corte folclórico, por lo que supongo que su impresión al oírnos sería la misma que tenían al ver Las mujeres sabias, de Moliére, en vez de una obra de Arniches”

Pedro Gené, cantante de Lone Star. Consultado en: Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock … Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; pág. 188.

En 1972 publicaron el disco titulado “Es largo el camino”, un trabajo excelente en el que tienen cabida planteamientos cercanos al rock psicodélico-progresivo, incluso al hard rock y al jazz-rock. Si tenéis una idea bastante clara de lo que fue el pop y el rock durante la década de 1960 y principios de los setenta en España, os recomiendo que escuchéis este disco, tal vez os llevéis una sorpresa (sobre todo los más rockeros). Entre los buenos temas que tiene este álbum, os recomiendo “If by Night I Call Your Name”, “Máquina infernal”, “Nathalie” y, sobre todo, “Pájaro de fuego”, un potente tema en la frontera con el rock progresivo, con una soberbia sección rítmica de esas que no se olvidan; en palabras de Julián Molero,

“Pájaro de fuego” es un “espectacular tema de ritmo trepidante y percusión de regusto selvático cargado de abruptos y bien medidos cambios de ritmo conducidos por la guitarra. La voz derrocha facultades y recorre todo lo abarcable y lo inabarcable, arrastrando las sílabas unas veces, gritándolas, otras. Mención aparte dos detalles: la intervención de la flauta y la parte en que este pájaro abandona su trópico y se adentra en el más exquisito jazz neoyorquino con el piano dirigiendo las operaciones

Julián Molero, consultado en La Fonoteca.

Aunque con altibajos, Lone Star ha permanecido en activo hasta aproximadamente el año 2000; acabo, precisamente, con una interpretación en directo de “Pájaro de fuego” de los años noventa.

Cactus. “Bro. Bill”

Vanilla Fudge fue una formación estadounidense de blues-rock, rock psicodélico y, de algún modo, pionera del hard rock, cuya propuesta musical influyó en grupos de este estilo, como Deep Purple, Uriah Heep o Black Sabbath, habitualmente considerados como fundamentales e imprescindibles en la evolución del género hacia el heavy metal. La formación primigenia se disolvió en 1970, aunque meses antes el batería Carmine Appice y el bajista Tim Bogert ya habían formado otro grupo denominado Cactus, en el que también se integrarían el guitarrista Jim McCarty y el vocalista Rusty Day. Estos cuatro músicos grabaron tres álbumes (“Cactus”, 1970; “One Way … or Another”, 1971; y “Restrictions”, 1971) con ese sonido tan característico de esta formación, entre el blues-rock sucio y el hard rock. Se disolvieron en 1972, después de grabar el disco titulado “’Ot ‘n’ Sweaty” (1972), con Carmine Appice y Tim Bogert como únicos miembros pertenecientes a la formación original. Ese mismo año, Appice y Bogert se unirían al guitarrista Jeff Beck para constituir el power trio Beck, Bogert & Appice, una vieja aspiración que no pudo llevarse a cabo en 1969, debido a un grave accidente automovilístico sufrido por Jeff Beck, que le impidió entrar a formar parte de este proyecto, en el que también debería haber estado el cantante Rod Stewart. Por lo tanto, Cactus realmente se creó como segunda opción, para tratar de paliar este contratiempo. Parece que aún siguen en activo, después de superar años de separación, reencuentros y refundaciones, la última con Carmine Appice al frente como único integrante de la formación setentera.

El primer álbum de esta interesante banda (“Cactus”, 1970) incluía ocho canciones, seis atribuidas a los cuatro miembros de la banda y dos versiones: “Parchman Farm”, de Mose Allison, y “You Can’t Judge a Book by the Cover”, de Willie Dixon. Ni tengo este disco ni he podido ver ningún ejemplar, pero las páginas de internet habituales (Wikipedia, Discogs o Allmusic) coinciden en otorgar la autoría del tercer corte del álbum, el titulado “Bro. Bill”, a Appice, Bogert, Day & McCarty. Sin embargo, estamos ante un caso que, desde luego, supera la categoría de “parecido razonable”; en este sentido, os recomiendo que escuchéis el tema de Charles Otis, Jerry Leiber y Mike Stoller titulado “Brother Bill (The Last Clean Shirt)”, cuya primera grabación, de 1964, corresponde a The Honeyman; aunque existen otras posteriores, como las de The Rockin’ Berries (1965), Dig Richards (1966), The Original Animals (1977) o T-Bone Walker (1973), éstas dos últimas grabadas con posterioridad al “Bro. Bill” de Cactus. Y no estamos hablando solamente de una coincidencia melódica, las letras de ambas canciones, en torno a la lamentable vida y muerte del hermano Bill, son prácticamente idénticas.

Glenn Miller / The Manthattan Transfer / Cluster Sisters. “Tuxedo Junction”

En España llamamos “esmoquin” al traje de noche masculino, concebido como conjunto de etiqueta semiformal, utilizado para lucir en fiestas nocturnas como cócteles, entregas de premios y otros actos sociales de cierta relevancia; para actos más formales, como bodas, recepciones oficiales o cenas de gala, están reservadas otras prendas, como el chaqué (ceremonias diurnas), el frac (ceremonias nocturnas) o el traje típico de una determinada región, cultura o nación. Sin embargo, la denominación española es errónea porque el nombre proviene de otra prenda diferente, el smoking jacket, que los británicos solían poner encima del traje, a modo de bata, para evitar que el humo del tabaco se impregnara en la vestimenta. El esmoquin es una prenda de origen angloestadounidense, conocida en Reino Unido como black tie o dinner jacket, y en Estados Unidos como “tuxedo”. Parece que el primero en utilizar una prenda de este tipo fue Eduardo VII de Inglaterra, cuando aún era Príncipe de Gales, pero quienes la popularizaron fueron los norteamericanos, ellos fueron quienes decidieron diseñar una prenda, parecida a la que lucía el Príncipe de Gales en actos privados, para las cenas del “Tuxedo Club”, un lujoso club social situado a las afueras de Tuxedo (Estado de Nueva York); fue durante el primer baile de otoño, en octubre de 1886, el día en el que se decidió por primera vez que todos los hombres deberían ir ataviados con esta singular prenda; a partir de aquella fecha, el “tuxedo” comenzó a hacerse popular, y habitual, en todo el mundo.

En Birmingham (Alabama -EE.UU.-) hay actualmente un edificio que, en principio, no llama la atención, pero es historia del jazz. En la intersección entre Ensley Avenue y la 20th Street se encuentra ubicado el Nixon Building, un edificio donde hubo un local, conocido como “Junction”, en el que la comunidad negra comía y bailaba en su elegante salón; aquello ocurrió entre mediados de la década de 1920 y mediados de los cincuenta. Al restaurante se podía ir con la ropa de trabajo, pero no al salón de baile, donde se exigía ir correctamente vestido; “sabedor el dueño del ‘Junction’ de los problemas económicos de su público”, tal y como nos cuentan en la web Megahone, “abrió una tienda de alquiler de ropa junto al local. Allí se podían alquilar por horas, elegantes vestidos de noche arropados por blancos collares de perlas para las señoras, seductores vestidos largos llenos de lentejuelas que brillaban bajo los focos de la pista de baile para las más atrevidas y elegantes ‘tuxedos’ para los caballeros. Por más de treinta años el ‘Junction’ se convirtió en la meca para sus parroquianos tanto desde un punto social como de entretenimiento”.

En 1939, los músicos Erskine Hawkins, Bill Johnson y Julian Dash, junto con el letrista Buddy Feyne, escribieron una canción en homenaje al “Junctión”, que titularon “Tuxedo Junction”. Inicialmente instrumental, el tema fue grabado por primera vez por Erskine Hawkins & His Orchestra (1939), aunque quien lo hizo famoso fue Glenn Miller, apenas unos meses después; llegó a vender 115.000 copias en la primera semana y la melodía animó a los soldados americanos que combatían en la II Guerra Mundial. Ni que decir tiene que es un tema con muchas interpretaciones (no todas en el ámbito del jazz); véanse, por ejemplo, las de The Andrews Sisters, Gene Krupa, Stan Kenton, Tito Puente, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Frankie Avalon, Duane Eddy, Quincy Jones, Joe Jackson o The BBC Big Band Orchestra. Para acompañar a Glenn Miller, os propongo dos versiones cantadas, la clásica de Manhattan Transfer (a quienes ya hemos tenido en una entrada anterior), incluida en su excelente segundo álbum, el titulado “The Manhattan Transfer” (1975); y la del grupo brasileño Cluster Sisters, de quienes sólo conozco un bonito álbum (“Cluster Sisters”, 2015), con un sonido que homenajea a las míticas Andrews Sisters.

Nixon Building (Alabama -EE.UU.-), lugar donde estuvo ubicado el restaurante, local y tienda de alquiler de ropa ‘Junction’