Las Cinco Canciones de Caito (II): “Procuro olvidarte” (Bambino)

Cuánto me alegra que Caito continúe por este palo. Como he comentado en alguna ocasión, con el flamenco y la copla he tenido siempre sentimientos encontrados. En mi juventud me lo autoprohibí, me imagino que por una simple cuestión de incompatibilidad familiar fácil de entender; era la música que le gustaba a mis padres, por lo tanto era impensable que me pudiera gustar a mí; además, qué hubieran pensado mis amigos si me pillaban escuchando aquello. Con el paso del tiempo me fui reconciliando con estos géneros (también con el bolero, los tangos, la música mexicana, etc.), incluso en alguna ocasión me han llegado a decir que sé mucho de copla, que me conozco todas la canciones, incluso a las intérpretes (hay hombres pero la mayoría son mujeres); me imagino que entrarían en mí por mecanismo osmótico o por posesión, como los espíritus y los demonios, a base de mucho contacto, muchas escuchas involuntarias y, por qué no decirlo, porque mi madre (a su manera) siempre ha cantado copla, y eso es difícil de olvidar. Os dejo, primero con Bambino y, después, con las palabras de Caito.

“Procuro Olvidarte es una canción compuesta por Manuel Alejandro y su esposa Ana Magdalena para el cantante nicaragüense Hernaldo Zúñiga.

Fue un éxito absoluto, alcanzando el nº 1 en casi todos los países de habla hispana, lanzando al estrellato a su intérprete. Son innumerables los artistas que la han cantado, pero yo me quedo con Bambino, por eso lo he puesto en primer lugar, porque la canción me gusta, y mucho, pero con Bambino me hechiza» 

Y este es el vídeo oficial que realizó Hernaldo Zúñiga de la misma, dónde la canta precedida de un bello poema de Ernesto Cardenal, “A Claudia”.

Ahora, una “breve” reseña de mi encuentro con Bambino, nombre artístico de Miguel Vargas Jiménez (Utrera, 1940-1999), y que fue, en palabras de Camarón, un artista de artistas.

Hace ya casi veinte años cayó en mis manos un doble CD en el que lo primero que llamaba la atención era un rostro duro y afilado, más propio de una ficha policial que de una portada musical. Era “Canciones de Amor Prohibido”, un recopilatorio de la obra de Bambino.

A los pocos minutos de comenzar a escucharlo, saltando de canción en canción para ver de qué iba aquello, llegué a “Procuro Olvidarte”, y ahí ya me paré y me rendí ante el artista.

Esa manera dramática de cantar, casi agónica, desgarrada, intensa, con un sentimiento que sale desde dentro… de verdad, me conquistó para siempre y hoy casi no pasa un día en el que escuche música en el que no acabe poniendo algún tema suyo.

Supuso además mi particular puerta de entrada a un género hasta entonces aparcado en mis gustos, el flamenco, aunque lo fuera por la parte menos ortodoxa del mismo.

Espero que haya sido de vuestro agrado, aunque su estilo musical no sea vuestro favorito. Os acabará gustando, estoy seguro.

Dejo unos cuantos temas más, una pequeña muestra de su inimitable arte, y os pido que les deis una oportunidad, no os arrepentiréis: ‘Adoro’, ‘Tengo Miedo’, ‘Cuando el destino/Pobre del pobre’.

Saludos”

 

Las Cinco Canciones de Caito (I): “Lily Was Here” (Candy Dulfer)

Creo que este blog es de todos los que participáis en él, y esta sección de “Las Cinco Canciones de tu Vida” es como fiesta, que hacemos de vez en cuando para conocernos un poco más mientras escuchamos música y conversamos entre nosotros; ni os cuento lo que podría ser esto con unas cervezas y unas tapas de por medio. No lo hacemos más porque cuesta convencer a los amigos para que se incorporen a esta experiencia, aunque siempre aprovechamos la celebración para seducir a alguien; dicen que de una boda sale otra boda, pues algo así pasa con esta sección. A Caito lo conocí gracias al último invitado que tuvimos, Nostromo, y desde entonces se ha quedado con nosotros; por la cerveza no ha sido, tampoco por las fiestas, así que quiero creer que ha sido por la música y el buen ambiente. Si al igual que me pasa a mí, Caito os parece divertido, inteligente y con un sentido del humor fuera de lo común, os recomiendo que no os perdáis la música que nos va a proponer y lo que nos va a contar a lo largo de esta semana; si no lo hacéis, siguiendo sus propias palabras, os tendré que encerrar en el calabozo del blog. Para que lo conozcáis mejor, él mismo se presenta a continuación. Después, nos quedaremos con la primera canción: una saxofonista, un guitarrista, un tema de smooth jazz y un directo memorable.

“No es difícil deducir que si ando por estos lares es que me gusta la música, y casi toda, sin entrar de momento en más detalles.

Nací en Puertollano, lugar que para mi familia era como un barrio alejado de Madrid, una ciudad muy presente también en los primeros años de mi vida.

Siendo ya un joven e intrépido mozalbete, intenté iniciar una trayectoria como rudo minero en Almadén, lo que conseguí a medias, pues al final lo fui, pero de bata blanca, lo que no viene precisamente a coincidir con lo que se entiende comúnmente como tal oficio, por eso digo lo de “a medias”.

Dada la escasa épica y la no muy alta remuneración de dicha ocupación, decidí encaminar mis pasos hacia otros menesteres más productivos, por lo que me reconvertí en ejecutivo agresivo, “ma non troppo”.

Y así, en un breve espacio de tiempo pasé de casi hippie a casi yuppie, pero por exigencias del guion.

Comencé entonces un periplo, poco interesante dada su impronta laboral, que me acabó llevando a Murcia, donde resido actualmente compartiendo tiempo con Almadén y Madrid, ciudad ésta última en bastante menor medida.

Me encuentro finalizando la sexta década de mi vida, casi un tercio de la misma, y espero aprovechar los dos tercios restantes como si no hubiera un mañana, pues ya me encuentro liberado del castigo bíblico de tener que ganarme el pan con el sudor de mi frente y toca disfrutar.

Acepté con agrado (y aprovecho para reiterarle mi agradecimiento) la invitación de Raúl a publicar en su blog las cinco canciones de mi vida, y aunque muchas de ellas ya se habían estrenado en el blog, quedaban otras cuantas decenas de millares sin hacerlo, por lo que aquí estoy manos a la obra.

He querido presentar temas de diversos estilos, y creo que la selección realizada responde bien a ello. Forman parte de la banda sonora de mi vida, alguna de ellas casi más por el artista que por el tema concreto en sí pero, en cualquier caso, las firmo todas.

Espero estar a la altura, que os gusten los temas y artistas que os voy a presentar, y que os entretenga mi manera de exponerlos. A ver si tengo suerte, invierto la tendencia, y acabo con más seguidores que perseguidores, que no suele ser lo habitual en mi caso.

Saludos”

“Hoy no os traigo un solo un tema, también os quiero presentar a la intérprete o, mejor dicho, a los intérpretes. Al autor, por ser todo un genio, le dejo que se tome el día libre, salvo el rato en que actúa en este segundo vídeo, la versión original del tema, y que traigo casi que por imperativo legal, pues si bien me gusta bastante, de por sí solo no hubiera formado parte esencial de la banda sonora de mi vida.

Lily Was Here es un tema instrumental compuesto y lanzado en 1989 como parte de la banda sonora de la película “De Kassière”, y ni más ni menos que por Dave Stewart, el que fuera mitad masculina y compositor del dúo Eurythmics.

Dave invitó a participar en la interpretación y grabación del tema a la holandesa Candy Dulfer, por entonces ya una reputada y extraordinaria saxofonista de smooth jazz y funk.

El tema tuvo un enorme éxito, como no podía ser menos, y a raíz del mismo Candy Dulfer se consagra definitivamente para el gran público, aprovechando el tirón del tema para componer y publicar su primer trabajo, Saxuality, que llegó a ser candidato a un Grammy.

Y hasta aquí la razón, ahora la emoción, la mía al menos.

No recuerdo ahora muy bien en dónde ni cómo, que uno ya está en esa edad en la que la vida empieza a cobrarse su presa y la memoria se resiente, pero lo bueno es que la vi… y la oí.

Escuché la interpretación realizada en el Levekusener Jazztage y me dejó profundamente impresionado. Se ha quedado conmigo para siempre, porque esta actuación, aparte de ser una “traca”, es una de esas pocas cosas que salen “redondas” en la vida y que son inmejorables.

Me gusta a rabiar y no me canso de escucharla, desde el comienzo del tema, con la “conversación” entre el saxo y la guitarra, al solo del “animal” de la Stratocaster (entre el minuto 4’ 55” y el 5’ 50” me parece escuchar al mismísimo Gilmour), y como no, el final apoteósico con toda la banda “enchufada” y subiendo.

Y hablando del “animal”, se trata de Ulco Bed, uno de los mejores guitarristas que he oído en mucho tiempo, y también productor musical de Candy Dulfer, protagonista pues por partida doble. Mis respetos señor Bed.

Espero que hayáis disfrutado.

Saludos”

 

The Band / «The Last Waltz» / Kirk Ross (con T. Juliette, S. Wolf, D. Delhomme y J. Thall). “I Shall be Released”

Music from Big Pink” (1968) es uno de los álbumes de folk-rock más importantes que existen, ya lo comentamos en una entrada anterior dedicada a la canción “The Weight”. El disco fue concebido en la casa coloquialmente conocida como “Big Pink”, ubicada en Woodstock, el lugar donde Bob Dylan y los miembros de The Band se reunieron mientras el primero se recuperaba de un accidente de moto. Javier Rada, en el artículo “Lo nuevo de Dylan, ‘The Basement Tapes Complete’, preguntas y respuestas”, nos cuenta que en la casa vivían tres de los canadienses integrantes de The Band (Richard Manuel, Rick Danko y Garth Hudson), mientras que su compañero Robbie Robertson residía en una vivienda cercana con su novia Dominique; creo que Levon Helm estaba trabajando en plataformas petrolíferas del Golfo de México, hasta que sus compañeros le pidieron que volviera al grupo; Dylan vivía en una casa cercana de estilo victoriano, que contaba con once habitaciones. Allí, en “Big Pink”, montaron un modesto estudio de grabación, donde registraron

“una colección de canciones grabadas en plan campechano y sin alardes técnicos durante la primavera y el verano de 1967 (…) Cuatro canadienses, un granjero de Arkansas y Dylan. Estaban de vuelta, vestían como sus abuelos, no creían ya en la santidad del LSD, les aburrían los hippies, se morían de risa escuchando a los Beatles hacer el idiota con la electrónica y preferían el vino a la marihuana” (Javier Rada).

Algunas de estas canciones fueron publicadas en 1975 por Bob Dylan en el álbum titulado “The Basement Tapes”, aunque habría que esperar casi cuarenta años para disfrutar de todas estas grabaciones; en 2014 se editó la obra titulada “The Bootleg Series Vol. 11: The Basement Tapes Complete”, una caja con seis discos en donde se incluyeron ciento treinta y nueve temas, todas las grabaciones realizadas en “Big Pink”, incluyendo la melodía “I Shall Be Released” (aquí la tenéis), que no apareció en la edición de 1975 aunque sí formó parte del mencionado disco de The Band: “Music from Big Pink”. Esta historia sobre alguien atrapado o encarcelado, con las reflexiones y metáforas habituales en la obra de Dylan, debe tener más de ciento cincuenta o doscientas versiones: Joan Baez, Peter, Paul & Mary, The Tremeloes, The Hollies, Joe Cocker, Nina Simone, Rick Nelson, Bette Midler, Sting, Chrissie Hynde, Paul Weller, The Flying Burrito Brothers, Jeff Buckley, U2, Wilco & Fleet Foxes o, incluso, una versión en catalán a cargo del grupo Sopa de Cabra. El segundo vídeo destacado pertenece al documental “El Último Vals” (1978), de Martin Scorsesse, grabado a partir del concierto de despedida de The Band, el día de Acción de Gracias de 1976, en el Winterland Ballroom de San Francisco, un evento que contó con la participación de muchos invitados: Eric Clapton, Neil Diamond, Bob Dylan, Joni Mitchell, Van Morrison, Muddy Waters, Neil Young, etc. El tercer vídeo también tiene un origen cinematográfico; la versión pertenece a la banda sonora de “Captain Fantastic” (2016), una interesante película en la que se incluyó esta canción interpretada por Kirk Ross, Tyra Juliette, Steven Wolf, David Delhomme y Jeff Thall.

Loquillo. “Rock and Roll Star”

“Se buscan rockers para montar una banda de rock and roll clásico. Hippies abstenerse”

Según nos cuenta Rafa García-Purriños en su artículo publicado en La Fonoteca, éste fue el anuncio que José María Sanz Beltrán, más conocido como “Loquillo”, pinchó en el tablón de anuncios de la tienda de discos barcelonesa Gay & Company, que estaba regentada por el promotor musical Gay Mercader. Era el año 1978, Loquillo era un promesa del baloncesto y, además, uno de los rockers más activos en aquella efervescente Barcelona, un líder de su tribu urbana que ofrecía conciertos de versiones en locales de dudosa reputación, como el Tabú, en las Ramblas. Después de varios meses de aquel anuncio, recibió la llamada de un cantante y guitarrista llamado Carlos Segarra; juntos crearon Teddy Loquillo y sus amigos, grupo que resistió poco más de un concierto. Continuaron siendo amigos, pero cada uno se busco su camino; Carlos Segarra pronto crearía su propia banda, Los Rebeldes, mientras que Loquillo entraría en contacto con alguien que acabó siendo fundamental en su carrera musical: Sabino Méndez. En aquella época Loquillo también conoció a los hermanos Forteza, quienes habían formado una banda llamada C-Pillos junto con otros dos músicos. Sólo le quedaba terminar de perfilar su propia banda; a Sabino (guitarra) y Loquillo (voz) se unieron Teo Serrano (bajo), Carles Nadal (guitarra) y Juan “Canibal” Heyndeinreich (batería). Sin apenas repertorio, a Loquillo le ofrecieron la posibilidad de grabar un disco de versiones de R&R para una modesta compañía independiente llamada Cúspide; no se lo pensó, involucró en el proyecto a todos sus amigos: Los Rebeldes de Carlos Segarra, los C-Pillos y, por supuesto, su propio grupo: Los Intocables.

Así, en 1981, salía a la calle el primer disco de Loquillo, titulado “Los Tiempos están cambiando”, en el que se incluyeron versiones pero también temas propios. Carlos Segarra y Loquillo compusieron “Esto no es Hawai (que wai)”, que terminó siendo la sintonía del programa de radio en el que Jesús Ordovás promocionó este disco; Los Rebeldes también tocaron en otros temas, como “Cadillac” (versión de “Brand New Cadillac, de Vince Taylor), “Nena no me toques” (versión de “Please don’t touch”, de Johnny Kidd & The Pirates), “Mi odio caerá sobre ti” (versión de “Casting my spell”, también de Johnny Kidd & The Pirates), “Los tiempos están cambiando” (versión de “The Times they are changing”, de Bob Dylan) y “Por qué” (también compuesto por Segarra y Loquillo). Los C-Pillos tocaron en el tema “Eres tú” (versión de “Yes I do”, de Pete Mclaine and the Clan) y participaron en los coros de la mayor parte de las canciones. Y finalmente su propio grupo, Los Intocables, le acompañó en las canciones tituladas “Sólo un sueño” (versión de “Something Else”, de Eddie Cochran), “Ser o no ser” (compuesta por Loquillo y los Intocables) y, por supuesto, la que acabaría siendo la canción estrella del disco: “Rock and Roll Star”, compuesta por Sabino Méndez. No puede decirse que fuera una producción muy cuidada, sin embargo tuvo un éxito inesperado que les llevó hasta el epicentro de la “Movida madrileña”, la sala Rock-Ola. Poco después, Loquillo tuvo que abandonar Los Intocables para incorporarse al servicio militar; a su regreso, un año más tarde, le esperaba Sabino Méndez para iniciar un nuevo proyecto: Loquillo y los Trogloditas, aunque ésta ya es otra historia.

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Supertramp. “A Soapbox Opera”

Aunque hay opiniones para todos los gustos, tengo la sensación que la mayor parte de los aficionados al rock, en particular los seguidores de Supertramp, pensamos que el mejor disco de los británicos es “Crime of the Century” (1974), al que ya aludimos en la entrada dedicada al tema “School”; después suelen estar en las listas de preferencias “Breakfast in America” (1979) y “Even in the Quietest Moments” (1977), un álbum con grandes temas, como “Fool’s Overture”, “Give a Little Bit” o “Babaji”, ya escuchado en este blog. Entre este disco y “Crime of the Century” se publicó “Crisis? What Crisis?” (1975), al que muchos aficionados, críticos, incluso los propios miembros de la banda, consideran un disco de transición, un trabajo menor en la discografía de Supertramp. Fue el primero que se grabó, al menos parcialmente, en los Estados Unidos; se hizo a toda prisa ante las presiones de la discográfica (A&M), que quería aprovechar el éxito que había tenido “Crime of the Century”. Como no pudieron terminar la gira de promoción de este disco debido a una lesión en la mano de Roger Hodgson, comenzaron a trabajar en el álbum, aunque sin apenas tiempo para componer nuevos temas y pulir adecuadamente los que ya tenían, en su mayoría material sobrante de grabaciones anteriores; por ejemplo, cuatro canciones que acabarían formando parte de “Crisis? What Crisis?” (“Sister Moonshine”, “Another Man’s Woman”, “Lady” y “Just a Normal Day”) ya habían sido tocadas en directo antes de que se grabaran en estudio. Roger Hodgson calificó este trabajo como de apresurado y sin cohesión, realmente puede decirse que es una colección de canciones sin un nexo en común, como era habitual en los Lps de rock sinfónico de la época; el bajista Dougie Thompson dijo algo parecido: “Pensamos que el álbum Crisis era un poco inconexo y que al grupo en su conjunto en ese momento no le gustaba mucho el álbum”.

Dicho todo esto, he de confesar que no estoy muy de acuerdo con la visión que se tiene y que tenían los propios Supertramp de este Lp, y digo “tenían” porque en la actualidad es el disco de Supertramp preferido por Roger Hodgson. Tal vez sea un álbum apresurado, poco elaborado, pero tal vez precisamente por eso parece un trabajo más directo y sincero; por otra parte, es verdad que no es un disco conceptual -tampoco era necesario-, pero está lleno de excelentes canciones, como las mencionadas líneas arriba y otras: “Easy Does it”, “Poor Boy” o, por supuesto, “A Soapbox Opera”, la protagonista de este post. El título y la portada del disco, concebidos por el teclista Rick Davies, hacen alusión, en tono jocoso e irónico, a la crisis económica que se vivía en aquella época. “A Soapbox Opera” es uno de mis temas preferidos de Supertramp, una canción melancólica, portadora de una letra indescifrable que ni los seguidores con mayor conocimiento de esta banda son capaces de desentrañar; algunos piensan que “habla de la desilusión que sentimos ante las respuestas que damos por sentadas en relación a asuntos como la razón de la existencia o el sentido de la vida. La canción reconoce la necesidad que tenemos de creer en algo, pero en algo que sea verdadero y que no nos decepcione”; otros que es “una crítica a las sectas y [a] la ingenuidad de los que las siguen”; y hay quien opina que la canción habla de una telenovela o “culebrón” y de sus protagonistas, “siempre desde la óptica peculiar de Mr. Hodgson”. En lo musical, me parece una canción bellísima, sencilla y llena de fuerza, en la que la voz de Roger Hodgson emociona, mientras que el piano y los arreglos orquestales confieren al tema la solemnidad y profundidad precisas. Siempre he tenido la sensación, sobre todo escuchando el comienzo del tema, con el piano y esas voces de fondo, que “A Soapbox Opera” es como una especie de boceto de “Fool’s Overture”. Como bien sabréis los aficionados a esta banda, escuchar sus discos a través de Youtube es bien difícil, por no decir imposible, de ahí que haya tenido que optar por Spotify; para aquellos que prefiráis Deezer (el registro es gratuito, como en Spotify), aquí tenéis “A Soapbox Opera” en esta plataforma. Y, si queréis ver a Roger Hodgson interpretando en directo el tema, lo podéis hacer desde este enlace de youtube.

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