Golpes Bajos. «No mires a los ojos de la gente» / «Malos tiempos para la lírica»

A los vigueses Golpes Bajos se les suele englobar en el movimiento contracultural conocido como «La Movida». Sin embargo, la calidad musical de sus componentes no tenía nada que ver con la bisoñez atrevida y desvergonzada de grupos como Kaka de Luxe, Alaska y los Pegamoides, Derribos Arias, Paraíso o Mamá, por mencionar sólo algunos nombres. Golpes Bajos fue creado por dos amigos del instituto, Germán Coppini (voz) y Teo Cardalda (teclados, guitarra, coros), en el año 1982, cuando Coppini aún era el cantante de otro de los grupos míticos gallegos de aquella época: Siniestro Total. Según ha comentado el propio Coppini, «teníamos gustos chocantes para la edad y la época. Nos gustaba el punk y lo siniestro, pero también la música negra o latina, Motown o Fania». Unos meses después se incorporarían Pablo Novoa (guitarra) y Luis García (bajo); es entonces cuando el padre de Cardalda, que apoyó al grupo desde el principio ofreciendo su casa de Bouzas para ensayar, envía una maqueta de la banda a un concurso que acaban ganando. Esto les permite fichar por la discográfica Nuevos Medios y grabar un Ep homónimo de cinco canciones, con el que consiguieron un gran éxito. En él se incluyeron dos temas compuestos por Teo Cardalda, «No mires a los ojos de la gente» y «Malos tiempos para la Lírica», dos himnos de «La Movida» y, también, dos excelentes canciones de pop-rock sostenidas por un inusual -para aquella época- ritmo techno-funky en el que la voz ampulosa, para algunos engolada, de German Coppini se mostraba como irresistiblemente seductora. Lo cierto es que Coppini estaba resfriado cuando grabó la toma de prueba de estas canciones; dada la premura de tiempo con la que se produjo este Ep y el pobre presupuesto existente, se decidió no alargar las grabaciones y utilizar estas tomas de referencia como las pistas de voz definitivas. Os dejo con unas palabras de German Coppini, quien nos ofrece su versión de cómo y por qué acabó disolviéndose esta banda; como casi siempre, los egos y los intereses económicos fueron definitivos: «El EP de No mires a los ojos de la gente (1983) tuvo una acogida impresionante (…) De golpe y porrazo, el medio descubre que en el grupo hay instrumentistas de calidad, como era el caso de Teo. Su capacidad musical era muy amplia, además, tanto él como Pablo Novoa habían tocado con estrellas gallegas (…); eran grandes músicos. Por eso, el mánager Santiago Cano y el productor Peter McNamee barrieron ‘pa casa», y le tiraron los tejos a Teo (…) Repentinamente, de compañero de colegio, amigo y colega de grupo, Teo pasa a ser un señor muy liado, se aburguesa, y a partir de ahí surge un mosqueo. En el verano del 84 se deterioran aún más las relaciones y entre todos decidimos que se acaba la historia» (Dominguez, Salvador. Los Hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 841).

Bonnie Tyler. «Total Eclipse of the Heart»

Mi tendencia a elevar el volumen de voz es algo que me viene bastante bien en las clases. No suelo necesitar micrófono y los alumnos no tienen dificultades para escucharme, otra cosa es que lo quieran hacer. No obstante, forzar la voz no es un buena cosa, sobre todo para la salud de las cuerdas vocales; eso sí, si alguna vez me tuvieran que operar pediría que me dejaran la voz como a Bonnie Tyler; ¿quién sabe?, a lo mejor acabo triunfando en la música como lo hizo ella. Gaynor Hopkins, nombre real de esta cantante galesa, nació en el seno de una familia protestante amante de la música. Con diecisiete años acabó segunda en un concurso de talentos; a partir de entonces formó su propio grupo con el que actuó por los bares y clubes del sur de Gales, primero con el nombre artístico de «Sherene Davis» y, más tarde, con el de Bonnie Tyler, elegido entre varios nombres y apellidos de la Biblia. Para entonces ya había fichado por RCA, grabando su primer Lp en 1977, aunque antes tuvo que ser operada al detectársele nódulos en las cuerdas vocales; al parecer, le recomendaron que no hablara en varias semanas pero hizo caso omiso, lo que le provocó una especie de ronquera permanente que, lejos de acabar con su carrera, terminó siendo su recurso más valioso. Su voz rasgada, al estilo de la de Rod Stewart, la llevó hacia el éxito con temas como «It’s a Heartache«; sin embargo, no acabó de encontrar su estilo hasta que abandonó RCA, firmó con Columbia y se puso en manos de Jim Steinman, compositor, cantautor y productor estadounidense. En 1983 grababa su quinto álbum de estudio («Faster than the Speed of night»), en el que se incluyó una versión de «Have you Ever Seen the Rain?» de John Fogerty y otro tema compuesto por el propio Steinman, «Total Eclipse of the Heart», al parecer inicialmente pensado para Meat Loaf pero rechazado por su discográfica, probablemente, por un asunto de dinero. Según algunas fuentes, se llegaron a vender ocho millones de copias de esta canción, una de las más exitosas de todos los tiempos, y puso a Bonnie Tyler en la cima de su carrera. Además de la versión original incluida en «Faster than the Speed of night», que duraba siete minutos, aquí os dejo el vídeo-clip promocional, muy ochentero, ya con una duración menor -como el resto de versiones que se hicieron después- y, también, la interpretación realizada a dúo con Meat Loaf, incluida en el disco «Heaven & Hell» que publicaron juntos en 1989.

Badfinger / Harry Nilsson. «Without you»

Los que seguís estos miércoles de versiones ya os habréis percatado que, lejos de venerar los originales como si fueran objetos sacros, me gustan las propuestas atrevidas, aquellas que nos muestran otros puntos de vista musicales y nuevas posibilidades para esos temas de toda la vida, a menudo interpretados de manera encorsetada y poco creativa. Sin embargo, siempre deberíamos tener a nuestro alcance la copia maestra, con el objeto de no degradarla demasiado y convertirla en algo completamente diferente de lo que fue la idea original. En ocasiones, se hacen versiones a partir de versiones, nuevas versiones a partir de éstas y así sucesivamente. El resultado suele ser un producto de difícil digestión, generalmente pensado para las listas de éxitos. Un ejemplo de esta situación lo tenemos con la conocidísima «Without you», publicada por primera vez en 1970 por el grupo galés Badfinger y compuesta por dos de sus miembros, Peter Ham y Tom Evans. Apareció en su álbum «No Dice«, un excelente trabajo de pop-rock con aroma Beatle que, para muchos, es el inicio del power-pop. El tema pasó relativamente desapercibido hasta que Harry Nilsson se fijó en él, lo incluyó en su álbum «Nilsson Schilsson» (1971) y lo convirtió en éxito, de hecho se mantuvo en el número uno durante varias semanas en Estados Unidos y Reino Unido. A partir de ese momento empezaron a aparecer versiones, siempre utilizando como referencia la de Nilsson; así, por ejemplo, se publicaron las de Shirley Bassey, Andy Williams, Cilla Black, Melissa Manchester, Brotherwood of Man, etc. Pero el espaldarazo definitivo se produjo en 1993, tras la grabación de Mariah Carey; esta canción la encumbro y, de paso, se convirtió en el espejo para muchas chicas que querían ser cantantes y que se presentaban a concursos televisivos. Me encanta el original de Badfinger; las guitarras, las voces contenidas, la sobriedad melódica y su elegancia instrumental. También me gusta la versión de Harry Nilsson, con ese piano y la presencia protagonista de su voz. Pero no me gusta la de Mariah Carey, ni las versiones que se han basado en ella; siempre me ha parecido una propuesta plana, sin apenas riqueza instrumental y donde la voz lo ocupa todo, como si en lugar de una canción estuviéramos presenciando un ejercicio de prestidigitación vocal. Tal vez podría haber elegido una tercera versión, quizás las de Heart Air Supply sin embargo hoy prefiero salir sólo con dos vídeos, como protesta simbólica por el maltrato que ha sufrido esta canción y por el olvido al que se ha condenado a Badfinger.

Pistones. «El Pistolero» / «Metadona»

Pistones es una banda madrileña, creada hacia 1980 y liderada por el cantante y guitarrista Ricardo Chirinos, que construye su nombre a partir de los de «Sex Pistols» y «Ramones. Sus primeras maquetas se escucharon en algunas emisoras de radio, lo que les permitió actuar en locales como El Jardín o Marquee-Madrid; en 1982 consiguieron el apoyo de Paco Martín, quien les acabaría publicando sus primeros mini-Lps en la compañía discográfica MR, propiedad de él mismo y de su socio Julio Ruiz. No pudieron grabar un álbum de larga duración hasta 1983, cuando publicaron «Persecución«, su mejor trabajo y uno de los discos emblemáticos del pop-rock español de aquella época. Fue producido por Ariel Rot (Tequila) y cuenta con un puñado de excelentes canciones de pop enérgico, que recuerdan en algo a las de la primera etapa de Los Secretos, pero más vigorosas, mucho más cercanas al power pop que a la new wave; temas como «Persecución», «El Pistolero», «Lo que quieres oír», «Nadie» o «Metadona» hacían presagiar una brillante carrera llena de buenos discos y de éxitos. Lamentablemente no fue así; su siguiente trabajo, «Canciones de lustre», fue grabado tres años después de “Persecución”, sin demasiada motivación y prácticamente obligados por la discográfica. Como ha reconocido el propio Juan Luis Ambite, bajista del grupo, no supieron digerir bien la fama: «Canciones de lustre no fue un disco muy acertado. Habíamos tenido una brecha de tres años sin grabar porque, después del éxito, Ricardo Chirinos se fue a la mili, a Alicante, y se le fue la olla. De algún modo nos creímos lo de la fama y lo pagamos (…) a Ricardo se le olvidó que existía Madrid. Cuando por fin volvió debíamos varios discos a Ariola. Grabamos muy de repente» (Dominguez, Salvador. Los Hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 667). Se separaron en 1987, cinco años después se volvieron a unir para grabar «Entre dos fuegos» y, según tengo entendido, muy recientemente han vuelto a los escenarios. «El Pistolero» fue su tema estrella y, tal vez, la canción más singular del álbum, tanto en lo relativo a ritmo como a letra; el segundo tema que os propongo es mi preferido, «Metadona» es una historia enigmática, claustrofóbica, vertiginosa y opresiva, cuyo título no sé si es una metáfora o una alusión directa a aquella España de los ochenta, marcada por la heroína y los planes de desintoxicación a base del opiáceo sintético metadona. Aquí os dejo, también, una versión de “Metadona” en directo.

Antonio Flores / La Guardia / Rosendo. «No dudaría»

A comienzos de los ochenta Lola Flores continuaba siendo una de nuestras folclóricas de más éxito; buena parte de los españoles de aquella época la adoraban, creo que por su temperamento, su entrega en el escenario y, tal vez, por representar cierto concepto anticuado de lo español. También conocíamos a su hija mayor, Lolita, cuyo primer single (“Amor, amor”) fue todo un éxito; parecía seguir la estela de la madre, aunque con un estilo más cercano a la canción melódica que a la copla. Un día vi aparecer en la tele al único hijo varón de La Faraona, Antonio Flores; alguien de mi familia, probablemente mi madre, dijo que había oído hablar de él, que también cantaba aunque era hippy, rockero o algo por el estilo. La verdad es que su aspecto no tenía nada que ver con el de su madre y su hermana mayor; tenía unos 19-20 años, llevaba el pelo largo y, efectivamente, iba vestido de modo hippy-rockero, además salía con su guitarra y cantando el conocido tema “Pongamos que hablo de Madrid”, de Joaquín Sabina. A mi me agradó mucho (a mi madre no tanto, no se le veía el “quejío” flamenco por ningún lado), así que me enteré que había sacado su primer disco (“Antonio”, 1980), en el que también se incluía “No dudaría”, una comprometida canción contra la violencia, sobre los remordimientos y la tristeza, en la que él mismo también se involucraba como partícipe de la historia: “Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más usar la violencia”. Pese a la declaración de intenciones subyacente en este atormentado y desgarrado canto, y a los intermitentes deseos de agarrarse a la vida, Antonio Flores falleció a los treinta y tres años de edad en la propia finca de la familia, el 31 de mayo de 1995, víctima de las drogas y el alcohol. El pasado domingo se cumplieron veinte años de su muerte. Su obra quedó inconclusa pero, aún así, está cargada de poesía urbana, de canciones sinceras que hablan del amor y de la nostalgia. “No dudaría” es un clásico del pop-rock nacional; han hecho versiones, entre otros, intérpretes y grupos como The Valdemembra’s, Iguana Tango, Los Lebreles, Saratoga y, por supuesto, su propia hermana Rosario; yo os voy a proponer, además de la original, la del grupo granadino La Guardia, con Manuel España a la cabeza, y la que hizo Rosendo, la más rockera y vibrante de todas.