Caravan. «Nine feet underground»

Estoy convencido de que todo buen aficionado a la música tiene algún artista, grupo o álbum que, en su opinión, ha sido inexplicablemente olvidado, que a pesar de su calidad y relevancia parece no existir eclipsado por las grandes figuras que dominan el estilo en el que se enmarca. Si a un amante del rock progresivo le preguntáramos por sus grupos preferidos, creo que no incluiría a los ingleses Caravan entre sus elegidos; sin embargo, esta banda grabó un disco, «In the Land of Grey and Pink» (1971) que, para algunos críticos profesionales y seguidores de este estilo -entre los que me incluyo-, está considerado como uno de los mejores trabajos de rock progresivo que existen. Caravan es un grupo creado en 1968, tras la disolución de otra banda, «Wilde Flowers», de la que también formaron parte algunos componentes de «Soft Machine», el grupo del conocido batería Robert Wyatt. Ambas formaciones constituyen el núcleo de lo que se consideró como «sonido Canterbury» o «escena Canterbury», una corriente del rock progresivo donde el jazz y la psicodelia impregnaban ese tipo de música; el pasado mayo me ocupaba de Camel, tal vez el grupo más conocido de esta corriente, aunque no el más representativo.

«In the Land of Grey and Pink» es un disco de rock sinfónico muy fácil de escuchar, pleno de melodía, elegancia y de una gran belleza, en el que los teclados de David Sinclair y los instrumentos de viento nos conducen por un bucólico paisaje donde, con frecuencia, el rock se deja seducir por melodías pop, folk y suaves desarrollos instrumentales que harán la delicia de aquellos que encontráis sosiego en la delicadeza y la armonía. La portada de este Lp también contribuye a ello, un paisaje en tonos rosas que recuerda la obra de Tolkien. La cara A del disco tiene cuatro temas, todos fabulosos, mientras que la B está ocupada por una suite progresiva dividida en ocho movimientos. Éste es, precisamente, el tema de hoy: «Nine feet underground»; en mi opinión, la obra cumbre del «sonido Canterbury», un derroche de creatividad, dulzura, elegancia y sensibilidad que, por razones que desconozco, no es suficientemente conocido y que espero no os deje indiferentes

The Clash / Los Fabulosos Cadillacs / Sugarpie & The Candimen. “I should I stay or should I go”

El punk no es uno de mis estilos preferidos, aunque algunas de sus manifestaciones próximas al rockabilly, la new wave o el blues sí que me interesan; es el caso de grupos que ya ha aparecido por La Guitarra de las Musas, como The Cure o Ramones, y de otro del que aún no me había ocupado: The Clash, una banda británica activa entre 1976 y 1986. En la penúltima de sus grabaciones de estudio, “Combat Rock” (1982), se incluyó el tema “I should I stay or should I go”, el único sencillo de esta formación que logró alcanzar el número uno en las listas británicas, eso sí una década después de que fuera originalmente editado y gracias a su utilización en la campaña publicitaria de “Levi’s”. Sobre el significado de la letra se ha especulado bastante; algunos aficionados han querido ver una alusión a la inminente salida de Mick Jones de la banda, otros opinan que trata de expresar una simple duda de carácter sentimental. Aunque apenas se entiende, los coros realizados por Joe Strummer están cantados en español, bueno, más bien en “spanglish” ecuatoriano-inglés, ya que la traducción fue hecha, al teléfono, por la madre del técnico de sonido Eddie García. De esta canción guardo muy buenos recuerdos, de mi breve estancia en Londres, en 1991, cuando aún estaba realizando mi tesis doctoral; un domingo, después de desayunar copiosamente, como se hace allí cuando tienes tiempo y te levantas tarde, nos fuimos unos cuantos españoles a hacer turismo y, al llegar a Covent Garden, estaba actuando un grupo de punk que tocaba esta canción a un ritmo frenético. Les dimos una propinilla y uno de ellos incluso consintió en hacerse una foto con nosotros; al final del texto podéis ver un par de imágenes de aquel momento, a mí me podéis localizar a la derecha del todo, en la parte de atrás (en aquella época tenía pelo … y muchos menos años). Además del original a cargo de The Clash, os propongo una versión en español con un toque latino, la del grupo de ska argentino Los Fabulosos Cadillacs, y otra de un grupo italiano que apenas conozco pero que me ha sorprendido muy gratamente, Sugarpie & The Candymen, portadores de un estilo retro con influencias de rockabilly, swing, pop y gipsy jazz.

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Status Quo. «Gerdundula»

El boogie rock es un género musical de la década de los sesenta que se sitúa en la difusa frontera que delimitan estilos como el blues rock y el hard rock. Se caracteriza por combinar elementos de ambos a través de unas melodías alegres, bailables, repetitivas y con escaso margen para la improvisación. Se suele englobar dentro de esta etiqueta a grupos que, desde mi punto de vista, no participan claramente de este movimiento, como Canned Heat o algunas bandas de rock sureño (ZZ Top, The Allman Brothers Band, Lynyrd Skynyrd, etc.). Sin embargo existe una formación que se ajusta a las mil maravillas al estilo boogie rock: Status Quo. Esta banda británica se crea en Londres a principios de 1962, primero con los sucesivos nombres de The Scorpions, The Spectres, Traffic Jam y, finalmente, con la denominación de The Status Quo. Tras dos discos de contenido psicodélico, cambian el estilo para acercarlo al boogie rock y al hard rock, algo que se evidencia en el tercer álbum de estudio y, sobre todo, en el cuarto («Dog of two head»), el que encauza definitivamente la carrera de este grupo. A partir de aquí se encadenan los éxitos, los discos de oro y platino, y nace el mito de la «Quo Army». Continúan en activo, me imagino que con su característico «rasca-rasca», aunque me temo que ya sin esos movimientos de cabeza y de melena que tanto se han imitado. Como me imagino que casi todos conoceréis éxitos suyos, como «Whatever you want» o «What you’re proposing», yo os voy a dejar otro, con el que comenzaba la cara B del mencionado «Dog of two head»; me refiero a «Gerdundula», una canción menos hard y con un inolvidable riff de guitarra de marcado aire celta. Tal es así, que el grupo español Mago de Oz hizo una versión instrumental (podéis escucharla aquí), que formó parte de su primer disco, homónimo, publicado en 1994.

The Alan Parsons Project. «Silence and I»

El liderazgo en los grupos de rock suele recaer en aquellos integrantes que tienen un mayor carisma, un peso más destacado en la composición de los temas o una importancia capital en el desarrollo vocal o instrumental del repertorio; en ocasiones, esta responsabilidad se reparte y, otras veces, el grupo parece estar, únicamente, al servicio de su líder. Lo que resulta menos habitual es que una banda de rock gire en torno a la figura del productor-director, que compone los temas y elige a los músicos necesarios para la ejecución de su obra. Este es el caso del músico e ingeniero de sonido inglés Alan Parsons, cuyos primeros pasos en la música profesional los dio como técnico de grabación para grupos y solistas tan importantes como los Beatles (participó en «Abbey Road» o «Let it Be»), Paul McCartney y Wings, Pink Floyd («The Dark side of the Moon»), Al Stewart, etc. Hacia 1974 entró en contacto con el músico Eric Woofson y juntos crearon «The Alan Parsons Project»; el primero sería el responsable del concepto musical, la composición y la contratación de artistas; Woofson, por su parte, contribuiría en la composición, en los aspectos más creativos y, también, como vocalista en algunos temas. El primer disco, «Tales From Mystery and Imagination», un álbum conceptual basado en la obra de Edgar Allan Poe, vio la luz en 1976; después publicaron «I Robot» (1977), «Pyramid» (1978), «Eve» (1979), «The Turn of a Friendly Card» (1980) y el disco que contiene la canción de hoy: «Eye in the Sky». Después hubo más pero, desde mi punto de vista, tienen menos interés. Aún gustándome «Eye in the Sky» (1982), prefiero los tres primeros y por ese orden; sin embargo, con este disco el proyecto de Alan Parsons consiguió llegar a todo el Mundo, fue un gran éxito de ventas y temas como «Sirius» o «Eye in the Sky» son bien conocidos. El secreto del éxito fue mezclar hábilmente un producto de calidad -con arreglos orquestales y maneras de rock progresivo- con melodías sencillas al oído en clave pop-rock, algo así como un rock melódico progresivo o AOR progresivo. La canción elegida, «Silence and I» es una buena muestra de lo que acabo de comentar; el vídeo está subtitulado en español, os recomiendo que también prestéis atención a la letra, francamente sugerente.

The Doors. «Riders on the Storm»

La primera vez que recomendé una canción de los Doors a mis amigos de Facebook (entonces no tenía blog) comentaba que ésta es una de las bandas más influyentes en la historia del rock; su propuesta musical, entre la psicodelia y el blues-rock, ha dejado una huella bien reconocible en grupos que vendrían después. Comenzaron su andadura en 1965 y, entre 1967 y 1971, crearon uno de los legados más importantes que se recuerdan; fueron seis discos de estudio, a cual mejor, todos ellos absolutamente imprescindibles: «The Doors» (1967), «Strange Days» (1967), «Waiting for the Sun» (1968), «The Soft Parade» (1969), «Morrison Hotel» (1970) y «L.A. Woman» (1971). Lamentablemente, el 3 de julio de 1971 fallecía en extrañas circunstancias su figura más carismática, Jim Morrison. El grupo continuó sin él durante unos años, incluso grabaron algún disco más, pero lo cierto es que ya nunca fue lo mismo, evidentemente The Doors no podían seguir existiendo sin Morrison. Siempre me he sentido cautivado por el sonido de este grupo, por ese inquietante halo de misterio que no era tanto responsabilidad de su cantante como del teclista de la banda: Ray Manzarek, un verdadero innovador de técnicas y sonidos gracias al uso de su «Fender Rhodes Piano Bass», el teclado que llegaba a sonar como un bajo, supliendo de esta manera a ese instrumento en las actuaciones en directo; recordemos que los Doors eran una banda de rock sin bajista, aunque recurrieran a algún profesional en sus discos de estudio. Probablemente Jim Morrison fue la imagen, incluso el alma de este grupo, pero el artífice de ese sonido Doors tan hipnótico y peculiar fue Ray Manzarek. Hace algunos meses me ocupé de su primer éxito, «Break on through»; hoy le toca el turno a su último gran tema, «Riders on the Storm» («L.A. Woman», 1971). Se ha especulado mucho sobre el significado de la canción (hay teorías de todo tipo), en esta ocasión prefiero quedarme con su inquietante música y con el genio de Manzarek, que consigue que salgamos aterrados y mojados tras el paso de esta tormenta de siete minutos. Una curiosidad, este tema está basado en un clásico del country: «Ghost Riders in the Sky», de Stan Jones; aquí lo tenéis en la voz de Johnny Cash.