Elvis Presley / Connie Francis / Norah Jones. “Are You Lonesome Tonight?”

En enero de 1957, cuando el éxito profesional le acompañaba, Elvis Presley fue avisado de que sería reclutado para realizar el servicio militar. Tras conseguir un aplazamiento, el 24 de marzo de 1958, ingresó en Fort Chafee (estado de Arkansas) para iniciar la ineludible instrucción militar; después sería trasladado a Fort Hood (estado de Texas), donde completó el entrenamiento básico antes de ser destinado a Friedberg (Alemania). Durante los dos años que duró el servicio militar, Elvis comenzó a practicar kárate, se inició en su adicción anfetamínica y conoció a Priscilla Beaulieu, cuando ella tan sólo tenía catorce años; tras más de siete años de noviazgo, acabaría siendo su esposa. Regresó a los Estados Unidos el 2 de marzo de 1960; dieciocho días después, entraba de nuevo a un estudio de grabación para hacer frente al álbum titulado “Elvis is Back!” (1960), en el que participaron sus viejos compañeros Scotty Moore (guitarra), Hank Garland (guitarra), Floyd Cramer (piano), Bob Moore (contrabajo), D.J. Fontana (batería), Buddy Harman (percusiones) y el grupo The Jordanaires en los coros. Después de registrar ocho canciones para el Lp “Elvis is Back!”, el coronel Tom Parker (mánager de Elvis) le pidió que grabara “Are You Lonesome Tonight?”,  la canción preferida de Marie Mott -la mujer de Tom Parker-, que ella conocía a través de los espectáculos de Gene Austin.

Este triste tema sobre un amor no correspondido fue compuesto, en 1926, por los autores de Tin Pan Alley, Roy Turk y Lou Handman. La primera grabación fue la de Charles Hart, en 1927; también de ese año son las de Vaughn de Leath  y Henry Burr; después vendrían las de Stanley Kirby y Frank Munn, de 1928, y la de The Carter Family (1936), con una melodía (country) diferente y una asignación de autoría exclusiva para A.P. Carter. Las versiones que sirvieron de partida para la clásica interpretación de Elvis fueron las realizadas durante los años cincuenta: Jaye P. Morgan y, sobre todo, las de Blue Barron y Al Jolson, que incluyen -al igual que la de Elvis- el recitado basado en textos de William Shakespeare y en la ópera “Pagliacci” (1892), de Ruggero Leoncavallo. Después de la de Elvis, se han grabado cientos de versiones, bastantes instrumentales, algunas en otros idiomas y no pocas por cantantes poco conocidos. De entre las más famosas, podemos destacar las interpretadas por Pat Boone, Frank Sinatra, Ray Coniff, Dottie West, Merle Haggard, Bryan Ferry, The Mavericks, Morgan James, Hank Marvin, Phil Haley, José Feliciano, Amanda Lear, Mina, Serrat y, por supuesto, las dos elegidas para acompañar hoy a Elvis. La de Connie Francis fue recogida en un álbum titulado “Where The Hits Are” (1989), en el que se incluyeron sus dieciocho éxitos más destacados y seis clásicos que siempre quiso grabar, como “Torn Between Two Lovers” o “Are You Lonesome Tonight?”; según cuentan en la web Songfacts, Connie se había fijado en la versión que Al Jolson había hecho de esta canción, y estaba decidida a grabarla; con todo preparado, escuchó la canción en la radio, en la voz de Elvis Presley, prácticamente cuando se dirigía al estudio para iniciar su propia grabación. La versión de Norah Jones, creo que del año 2002, fue concebida como un homenaje de la NBC a Elvis Presley.

Led Zeppelin. “Black Dog”

Stairway to Heaven” es el tema más conocido del disco sin nombre de Led Zeppelin, habitualmente denominado “Led Zeppelin IV” (1971), una joya del rock, un disco imprescindible para cualquier aficionado a la música. Quizás el otro tema más recordado de este álbum sea “Black Dog”, el primer sencillo comercializado por esta banda británica, protagonista de otras entradas anteriores de este blog, como las dedicadas a las canciones “Babe I’m Gonna Leave You”, “Since I’ve Been Loving”, “Kashmir”, “Whole Lotta Love” o, la anteriormente mencionada, “Stairway to Heaven”. A pesar de que se han querido buscar significados ocultos en la letra de la canción -escrita por Robert Plant-, lo cierto es que nos habla de una chica llena de pasión y sexualidad, pero también peligrosa para la cartera de los hombres que se acercan a ella. El título no tiene nada que ver con lo narrado en la canción, decidieron llamar así el tema para recordar a un labrador negro que deambulaba por los estudios de Headley Grange (Inglaterra), el lugar donde se grabó este Lp.

Pese a que “Black Dog” no está incluida en los listados habituales de “parecidos razonables” que, de manera inmisericorde, han perseguido a esta formación, podríamos decir que está inspirada en el tema de Fleetwood Mac titulado “Oh Well” y, quizás también, en “Long Gone Geek”, de la banda Procol Harum. En cualquier caso, como suele suceder con los temas de Led Zeppelin sospechosamente parecidos a otros más antiguos, el resultado final supera cualquier referencia original; además, en este caso en particular, el tema está diseñado y ejecutado con una complejidad musical al alcance de muy pocos; así lo describe el guitarrista Salvador Domínguez, músico experimentado y una de las personas que más sabe de rock español:

Black Dog es un tema que entronca con las canciones más duras de discos anteriores. Sin embargo, al terminar la escucha quedé muy intrigado, ya que la métrica era casi imposible de seguir ¿Qué estaba pasando? La respuesta me tomó varias escuchas y consultar a un maestro de solfeo. Y era sencilla: amalgamaban compases (4×4, 5×4, 2×4), jugando además con las síncopas y las acentuaciones, variándolas de lugar. Su maestría musical les permitía transitar en esa compleja dirección. En realidad, la idea había surgido casi por casualidad, mientras Bonham, improvisando a su bola, intentaba encajar ocho corcheas en un compás de 5×4, algo más propio de Mahavishnu Orchestra que de una furibunda banda de heavy rock. A Page y Jones la cosa les hizo gracia y aceptaron el reto. Eso sí, lo harían a su manera: modo Led Zeppelin a toda pastilla”

Salvador Dominguez. Testimonio recogido por Carlos Marcos en el artículo titulado «‘Led Zeppelin IV’: la historia de las ocho canciones que reinventaron el rock» (El País, 07/11/2021).

La canción está firmada por los habituales, Jimmy Page y Robert Plant, y también por el bajista John Paul Jones, autor del inolvidable riff de guitarra tan característico de esta canción; parece que se inspiró en el sonido de “Electric Mud” (1968), el quinto álbum de estudio de Muddy Waters. “Black Dog” siempre ha sido uno de los temas habituales en los directos de Led Zeppelin; aquí tenéis la clásica versión en vivo recogida en el álbum “The Song Remains the Same” (1976); también os dejo otras -donde se les puede ver en acción-, grabadas en 1973, 1979 y 2007. Hoy sólo os voy a proponer una versión, excelente y relativamente reciente, la de la cantante estadounidense Beth Hart, que ha formado parte de su álbum “A Tribute to Led Zeppelin” (2022).

Tara & The Jazz Bombs. “I Can’t Dance, I’ve Got Ants in My Pants”

El swing vocal cuenta con una banda de excepción en nuestro país, los sevillanos O Sister!, de quienes ya os he hablado en una entrada anterior dedicada al tema “Rascayú” y en otra en torno al concierto que este grupo dio en el Festival de JazzMadrid del año 2017. Hoy os quiero hablar de Tara & The Jazz Bombs, otro grupo radicado en España que también cultiva el jazz más antiguo que existe, más incluso que el swing, el dixiland jazz, también llamado jazz tradicional o hot jazz. Esta banda se formó en el año 2018, en torno a la cantante galesa Tara Lowe. Pronto se convirtieron en habituales de las salas de jazz madrileñas hasta que, en 2020, publicaron un EP con seis canciones, financiado a través de un crowdfunding organizado por el portal Verkami; en el documento promocional que utilizaron aún se puede leer la presentación que hicieron de su proyecto discográfico y las fuentes musicales de las que bebían: “Tara & The Jazz Bombs somos una banda madrileña de jazz tradicional formada por 6 músicos de todas partes del mundo (…) El objetivo de este crowdfunding es recaudar los fondos necesarios para la confección completa del primer disco de Tara & The Jazz Bombs. El EP será nuestra reinterpretación de 6 temas menos conocidos del jazz de los años 10, 20 y 30 de grandes artistas tales como The Boswell Sisters, The Mills Brothers, Chick Webb & His Orchestra y Billie Holiday, contando con nuevas letras y arreglos propios”.

El disco, titulado “Hot Life”, se grabó ese mismo año, en Infinity Estudios, con la siguiente formación: Tara Lowe (voz, ukelele), Hector Oliveira (contrabajo), David Herring (trompeta), Norman Hogue (trombón), Daniel Cabrera (banjo y guitarra jazz), Andrés Freites (washboard y batería), Kike Jambalaya (piano) y Daniele Grammauta (saxo tenor). He tenido la oportunidad de verlos en directo, concretamente en noviembre de 2022, en la Sala Moe de Madrid; os puedo asegurar que son buenos y divertidos, y Tara no puede ser más simpática y cercana, además de cantar muy bien. Tengo la sensación de que, en la banda que yo vi, había algún cambió con respecto a la formación que grabó el EP, al menos me pareció ver (salvo que lo haya soñado …) al trompetista Yevhen Riechkalov, al que ya había visto en directo antes enrolado en la banda de surf rock Los Coronas. El EP de Tara & The Jazz Bombs lo podéis escuchar en Spotify; también tienen su propio canal de Youtube, con un puñado de canciones, y están disponibles en las redes sociales más conocidas, como Facebook, X o Instagram. De las seis canciones que forman parte de “Hot Life”, os propongo la titulada “I Can’t Dance, I’ve Got Ants in My Pants”; el vídeo con el que encabezamos la entrada es una actuación del año 2019, aunque también os dejo el audio original incluido en el EP, con el fragmento al piano no recogido en el directo. Este tema, compuesto por Lee Gaines y Clarence Williams, fue grabado por primera vez, en 1934, por Clarence Williams & His Orchestra.

Bob Dylan / Eric Clapton / Dunblane. “Knockin’ on Heaven’s Door”

Pat Garret & Billy the Kid” (1973) es el título del duodécimo álbum de estudio del cantautor estadounidense Bob Dylan. Fue concebido como banda sonora original para la película del mismo nombre, dirigida por el cineasta Sam Peckinpah; un western crepuscular en torno a dos de los personajes más conocidos del oeste americano: el criminal Billy el Niño y el sheriff Pat Garrett. Los papeles principales fueron para James Coburn y Kriss Kristofferson, aunque éste último no fue el único artista procedente del universo musical que formó parte del reparto, también lo hicieron la cantante country Rita Coolidge y el propio Bob Dylan, en el papel de Alias.

La canción más conocida de esta banda sonora es “Knockin’ on Heaven’s Door”, una balada folk-rock que ilustra uno de los momentos trágicos de la película, cuando el sheriff Colin Baker es herido de muerte en un tiroteo, y su esposa -a la que llama mamá- lo consuela mientras fallece cerca de un río. Una canción sencilla, en la que Dylan nos muestra su vertiente más dramática y existencial. De hecho, el espíritu de este tema ha sido utilizado, como si fuera un descargo de conciencia, en determinadas circunstancias y acontecimientos trágicos, como la Guerra del Vietnam o la masacre en la escuela primaria de Dunblane (Escocia), en la que Thomas Hamilton mató a tiros a dieciséis niños y a un maestro; también hirió a otros quince, antes de suicidarse. Aquello ocurrió en 1996; ese mismo año, el músico escocés Ted Christopher y el guitarrista Mark Knopfler grabaron una versión del tema que nos ocupa con los niños del pueblo cantando a coro; en ella se incluyó una nueva estrofa: “Señor estas armas han causado demasiado dolor. Esta ciudad nunca será la misma. Así que, para los niños de Dunblane, pedimos por favor que nunca más”. Esta adenda se hizo con el consentimiento de Bob Dylan, alguien muy poco dado a modificar la letra de sus canciones.

“Knockin’ on Heaven’s Door” fue lanzado como single por Dylan dos meses después del estreno de la película; desde entonces, la ha interpretado cientos de veces en directo y la ha versionado en más de media docena de ocasiones. Por supuesto, también hay muchas interpretaciones debidas a otros cantantes; próximas en el tiempo al original de Dylan son las de Top of the Pops, Inger Lise, Blow Up, G.T. Moore & the Reggae Guitars y Arthur Louis. Precisamente, esta última versión, con arreglo reggae, al igual que la anterior de G.T. Moore and the Reggae Guitars, fue el punto de partida para la grabación realizada por Eric Clapton -nuestra segunda versión destacada de hoy-, comercializada como single en 1975. También de ese año es la de Roger McGuinn, quien tocó la guitarra en la grabación original de Dylan, y la de Neil Young y Bob Dylan, esta última en directo. Después vendrían otras, como las de Booker T. Jones, Jerry García, Television, Nina Hagen, Pete Carr (instrumental), Fairport Convention, The Sister of Mercy, Nick Cave, Randy Crawford, Grateful Dead & Bob Dylan, Gene Clarke & Roger McGuinn, Warren Zevon, Avril Lavigne, Roger Waters, Bryan Ferry, Tanya Donelly, Antony & the Johnsons, Bob Dylan y Patti Smith, Bob Dylan y Paul Simon o la, muy conocida, de Guns N’ Roses, publicada en 1987.

Andrés Calamaro. “Estadio Azteca”

En 1986 se celebró en México la decimotercera edición de la Copa Mundial de Fútbol. La final (Argentina – Alemania Federal) tuvo lugar en el Estadio Azteca, ubicado en Ciudad de México, el segundo más grande de América y el único donde se han celebrado dos finales mundiales (México 1970 y 1986). Aquel fue el Mundial de Diego Armando Maradona; su juego, y sus goles, fueron decisivos para que Argentina se llevara la victoria final; en el recuerdo de todos está el primer gol (“la mano de Dios”) que marcó en los cuartos de final contra Inglaterra y, sobre todo, el segundo en este mismo partido, probablemente el gol más espectacular de la historia, en el que recorrió casi todo el campo driblando y superando a seis jugadores británicos antes de marcar. Maradona falleció el 25 de noviembre de 2020, después de haber llevado una vida llena de excesos, quien sabe si tuvo que ser el pago cobrado por el diablo al convertirlo en el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Nada más fallecer, su amigo Andrés Calamaro escribió en Twitter: “Espérame en el cielo, querido hermano”; a Carlos Herrera, en su programa de radio, le dijo: “Maradona nos dejó huérfanos a todos los argentinos y al fútbol”.

Las conexiones entre Maradona y Calamaro venían de más atrás. En 1991, cuando se publicó el primer disco de Los Rodríguez -banda creada por Andrés Calamaro y Ariel Roth-, se incorporó el tema “Mi enfermedad”, le gustó tanto a Maradona que incluso llegó a pensar que había sido escrito para él. Unos años más tarde, Maradona colaboró en el disco de Calamaro “Honestidad Brutal” (1999), uno de sus mejores trabajos discográficos, donde además se incluyó el tema titulado “Maradona”, un homenaje de Calamaro a su amigo: “Maradona no es una persona cualquiera, es un hombre pegado a una pelota de cuero. Tiene el don celestial de tratar muy bien al balón. Es un guerrero (…)” Quiero pensar que Calamaro también se acordó de Maradona -ese “gigante”, que menciona en la canción- en otro de sus himnos futboleros, “Estadio Azteca”, dedicado al escenario en el que Argentina fue campeona del Mundo de la mano de “El Pelusa”: Prendida a tu botella vacía, esa que antes siempre tuvo gusto a nada. Apretando los dedos, agarrándome, dándole mi vida, a ese para avalanchas. Cuando era niño y conocí el estadio azteca. Me quedé de duro, me aplastó ver al gigante. De grande, me volvió a pasar lo mismo. Pero ya estaba duro mucho antes (…)”.

“Estadio Azteca” fue uno de los tres nuevos temas de Calamaro que formaron parte de su octavo álbum de estudio (“El Cantante”, 2004), un disco en el que la mayor parte de las canciones son versiones del cancionero latinoamericano: “La Distancia”, “Alfonsina y el Mar”, “Volver”, Voy a perder la cabeza por tu amor”, etc. La letra de “Estadio Azteca” fue escrita por el también argentino Marcelo Scornik. Según nos cuenta el propio Andrés Calamaro, a través de un artículo de Toni Cerdá publicado en la web Panenka, “Estadio Azteca fue un momento de inspiración muy especial de Marcelo Scornik, y también de la música. Es una canción que dice mucho más de lo que parece. La letra es misteriosa, no se puede explicar. Cuenta la historia personal de Marcelo pero, a través de él, la de toda la Argentina. Habla del exilio, de la muerte, del fútbol, de los hinchas, de la droga, del corazón que tenemos y que no tenemos”. En este mismo artículo, también se recoge la opinión de Marcelo Scornik sobre la canción: “¡Se había terminado la botella! De allí en adelante todo fue una vorágine de recuerdos sanctos y non sanctos, de infancia de golosinas y de cancha de fútbol. Canchas que conocí al llegar a México con toda la carga del exilio a cuestas. Me saca de la Argentina y sólo me escapo para estar en el medio de una hinchada futbolera”. Para Toni Cerdá, “nunca se llegará a desvelar el significado real de su letra. Una metáfora referente a sus problemas con las drogas, el recuerdo pasado de una gran Selección Argentina que asustaba a todo el Mundo, que coronó la cima de la atmósfera fútbol –precisamente en el Estadio Azteca- y que queda muy lejos de lo que es hoy o simplemente, la inocencia de un niño que entra por primera vez a un campo de fútbol. O todo junto”.

Entre las numerosas versiones de esta canción, bastante ejecutadas por músicos argentinos, os dejo las debidas a artistas y grupos como Bicicletas, Los Animalitos, Calamaro & Bunbury, Calamaro & Lila Downs, Gustavo Nola y Sweet Little Band, ésta última especialmente pensada para bebés.