Bob Seger & The Silver Bullet Band. “Till It Shines”

Heartland rock es un término que se suele utilizar para un tipo de música característica de los Estados Unidos en la que, utilizando elementos del R&R clásico mezclado con country, folk e instrumentos de viento, se cuentan historias sobre la América profunda: desempleo, dificultad para subsistir en zonas rurales, desilusión, nostalgia, amargura y denuncia social. Las letras, lejos de la metáfora o la poesía, suelen ser explícitas, sinceras, rudas y ásperas, como si la delicadeza estuviese reñida con el modo de vida del obrero americano. Tom Petty, Bruce Springsteen o Bog Seger, nuestro protagonista de hoy, son algunas de las figuras más destacadas de este movimiento, que se desarrolló en la década de 1970 y logró el apoyo del gran público durante los ochenta.

Bob Seger comenzó su carrera en los sesenta, en bandas como The Decibels, The Town Criers, The Omens o The Last Heard, hasta que se estableció en solitario, primero como The Bob Seger System, después como Bob Seger y, finalmente, como Bob Seger & The Silver Bullet Band, que es como aún continúa ofreciéndonos su música. La Silver Bullet Band se formó en 1974, con Bob Seger (voz, guitarra), Drew Abbott (guitarra), Charlie Allen Martin (batería), Rick Manasa (teclados), Chris Campbell (bajo) y Tom Cartmell (saxo). Juntos grabaron el álbum en directo “Live Bullet” (1976), uno de los mejores discos en vivo de la historia del rock, e inmediatamente después comenzaron a trabajar en los primeros discos de estudio: “Night Moves” (1976) y “Stranger in Town” (1978), un trabajo lleno de excelentes temas que os aconsejo escuchéis entero. Hoy me ha costado elegir canción; al principio pensé en la más evidente: “Old Time Rock & Roll”, un tema escrito por George Jackson y Thomas E. Jones III, que es un himno para todos los rockeros estadounidenses, sobre todo desde que fuera incluido en la banda sonora de la película “Risky Business”; después me fijé en “Still the Same”, incluso en otras canciones como “Hollywood Nights”, “Feel Like a Number” o la balada “We’ve Got Tonight”; sin embargo, al final me quedé con “Till it Shines” y con ese solo de guitarra tocado por el Glenn Frey (Eagles), al que Bob Seger conocía desde sus comienzos en los años sesenta; con él escribiría la canción “Heartache Tonight” (también firmada por J.D. Souther y Don Henley), que fue incluida en el sexto álbum de estudio de Eagles, el titulado “The Long Run” (1979).

d8de0063e7b749b78c73ee919f44a006.jpg

Bruce Springsteen. “Born to Run”

Bruce Springsteen es uno de los músicos a los que más respeto. A pesar de ser una rutilante y millonaria estrella del rock, nunca ha perdido de vista sus humildes orígenes en Nueva Jersey y su conciencia de clase, siempre ha mostrado sensibilidad y preocupación por los trabajadores y los más desfavorecidos de la sociedad; y, en un país tan poco solidario como los Estados Unidos, no duda en criticar y combatir los posicionamientos más reaccionarios de la sociedad norteamericana. Pero, además, lo respeto porque él también lo hace con todos los aficionados que se le acercan; siempre ofrece lo mejor: los mejores músicos, el mejor sonido y unas generosas actuaciones de tres horas de duración en las que hay cabida para el álbum a promocionar, para los grandes éxitos de su repertorio y hasta para homenajear, en forma de versiones, a la historia del R&R; y hablo por lo que he leído y escuchado de algunos amigos porque, lamentablemente, nunca lo he visto en directo. Tuvo su primera guitarra a los trece años y a los dieciséis entraba a formar parte del grupo The Castiles, con una guitarra Kent de sesenta dólares que le había comprado su madre después de conseguir un préstamo. A finales de los sesenta participó en el trío musical Earth, que actuaba en clubes de Nueva Jersey, adquiriendo el apodo de “The Boss”, ya que era el encargado de cobrar por los conciertos y distribuir el dinero entre sus compañeros. A finales de los sesenta y principios de los setenta, una serie de músicos (Steve Van Zandt, Danny Federici, Vini López, Vinnie Roslin, David Sancious, Clarence Clemons, etc.) comenzaron a acompañarlo en los conciertos que daba en los locales de Asbury Park y en otras zonas dentro del área de influencia de Nueva Jersey; esta formación fue el núcleo de lo que, poco tiempo después, habría de llamarse E Street Band, con quien Bruce Springsteen grabó su primer Lp, “Greetings from Asbury Park, N.J.” (1973). El siguiente álbum que publicó fue “The Wild, The Innocent & the E. Street Shuffle” (1973), aunque el que le lanzó al estrellato fue el tercero, “Born to Run” (1975), un cuidadísimo y complejo trabajo -para muchos el mejor disco de Bruce- lleno de instrumentos agolpados unos sobre otros a imagen y semejanza del “muro de sonido” empleado por Phil Spector en los años sesenta; según el propio Bruce ha comentado, la intención era que sonara a “Roy Orbison con Bob Dylan cantando y Phil Spector en la producción”. La imagen de portada, en la que se puede ver a Springsteen apoyado en el saxofonista Clarence Clemons, protagonista destacado de este disco, fue fotografiada por Eric Meola en una sesión en la que se tomaron unas novecientas instantáneas. Todas las canciones, entre las que destacan temas como “Thunder Road“, “Tenth Avenue Freeze-Out“, “Jungleland” o la que da nombre al disco -en la que invirtieron seis meses de trabajo-, fueron compuestas por el Boss. El tema titulado “Born to Run” nos habla de dos jóvenes enamorados que deben huir, escapar de su barrio para crecer como personas y buscar nuevas oportunidades: “Te amaré con toda la locura de mi alma. Algún día, no sé cuando, llegaremos a ese lugar al que queremos ir y pasearemos al sol, pero hasta entonces los vagabundos como nosotros, nena, nacimos para correr”.

Jim Croce. “I Got A Name”

Al igual que Janis Joplin, el cantante y compositor estadounidense Jim Croce nació en enero de 1943, aunque apenas puedo vivir tres años más que ella; falleció el 20 de septiembre de 1973, a los treinta años, víctima de un accidente aéreo en el que también perdieron la vida el guitarrista Maury Muehleisen -con veinticuatro años-, el piloto, el copiloto y varios acompañantes de los artistas, quienes habían subido al avión, rumbo a Texas, tras la finalización de su último concierto en el Prather Coliseum de Natchitoches (Louisiana -EE.UU.-). Jim Croce se inició en la música durante la década de los sesenta, primero a través de varias formaciones universitarias que actuaban en locales y en campus universitarios y, posteriormente, junto a su esposa (Ingrid Jacobson); a esta primera etapa pertenecen los álbumes “Facets” (1966) y “Jim & Ingrid Croce” (1969). Desencantados con el negocio de la música y agobiados por las deudas, Ingrid y Jim decidieron abandonar esa profesión e irse a vivir a su antigua casa en Philadelphia; Jim se puso a trabajar en la construcción y como camionero para dar de comer a su familia, mientras seguía escribiendo canciones inspiradas en su nueva vida entre camiones, bares de carretera y compañeros de fatiga. En 1970 se reencontró con un antiguo compañero de universidad, él le presentó a Maury Muehleisen, con quien acabaría retomando su carrera musical. Grabó su tercer álbum (“You Don’t Mess Around With Jim”) en 1972 y el siguiente en 1973, titulado “Life and Times”; dos meses después fallecía, publicándose su último Lp -ya de manera póstuma- en diciembre de ese mismo año; se tituló “I Got a Name“, un disco de folk-rock muy bonito y muy bien cantado, con algunos temas más volcados hacia el heartland rock y otros hacia el country, en el que destacan cortes como “Lover’s Cross“, “Five Short Minutes“, “Thursday” y los dos más conocidos: “I’ll have to Say I Love You in a Song” y “I Got a Name”, canción no compuesta por él sino por Charles Fox y Norman Gimbel, que nos habla de herencias compartidas, identidades y sueños cumplidos y por cumplir. Seguro que muchos de vosotros la habréis escuchado en “Django Desencadenado“, la película de Quentin Tarantino, aunque antes ya había sido incluida en otras bandas sonoras cinematográficas, como las de “El Último Héroe Americano” o “Invencible“. Y para terminar, aquí os dejo un vídeo en el que podéis ver a Jim Croce en directo.

Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (I): “Bobby Jean” (Bruce Springsteen)

Whatgoesaround es el pseudónimo de nuestro invitado de esta semana en las Cinco Canciones de tu Vida, palabra originada a partir de la contracción de “What Goes Around Comes Around”, título de una de las canciones de Justin Timberlake. Es el responsable del blog Ongakumymusic, una palabra construida a partir del japonés; como nos indica el propio autor: “la forma de decir “(A mí) me gusta la música” o “Amo la música” es la siguiente: 私は音楽が好きです… que se lee de la siguiente forma: “Watashi wa ongaku ga suki desu”. “Watashi” es “yo”, el pronombre personal. “Ongaku” es música (音楽), y cuando algo te gusta, sea lo que sea, se expresa diciendo “tal cosa”… ga suki desu (好きです). De ahí el nombre de este blog”. La música es una de las grandes pasiones de Whatgoesaround: “Es algo tan hermoso… Me gusta desde hace muchos años, desde antes de ser un adolescente. He crecido con ella. Tengo cientos de vinilos de los antiguos, discos redondos de verdad. Y muchas cintas de cassette (de ésas que acababan sonando fatal, enrollándose y rompiéndose), así como una buena colección de compact discs. Todo esto antes de internet y la era digital, por supuesto. Los años vuelan de una forma pasmosa y brutal. Así que he decidido abrir un blog sólo para comentar temas musicales. Principalmente serán canciones sueltas con su correspondiente vídeo en YouTube u otros portales, pero veremos a dónde nos lleva esta aventura. Es una lástima no compartir con otras personas tantos temas formidables, no difundirlos, darlos a conocer y también descubrir cosas nuevas”. Pues me parece una loable declaración de intenciones, creo que compartir es el principal objetivo de todos los que nos movemos por la blogosfera.

Ya he comentado alguna vez que, cuando me invitan a una casa, siempre me pongo a mirar la música que guarda el anfitrión, pregunto por aquellos artistas o grupos que no conozco y pido poder escucharlos; en casa ajena nunca se me ocurriría sugerir un disco de esos que conozco bien, prefiero que sea al contrario, que me sorprendan con sonidos nuevos para mí aunque, finalmente, no acaben siendo siempre de mi agrado. Ongakumymusic es como ese amigo que te pone su música, esa con la que no estás muy familiarizado, en mi caso cierto tipo de pop actual y algunas formaciones que podríamos englobar dentro del movimiento indie; es en estos blogs donde más aprendo y, por lo tanto, donde menos suelo expresar mis opiniones en forma de comentarios, no porque no me haya parecido interesante lo que he escuchado y leído, simplemente porque no quiero decir ninguna tontería motivada por el desconocimiento.

No me quiero enrollar más porque los testimonios de Whatgoesaround son algo más extensos de lo que es habitual en este blog, así que, excepto hoy, el resto de los días voy a tratar de ser muy breve. Las cinco canciones de nuestro invitado ya fueron publicadas en su blog; salvo alguna pequeña modificación de carácter contextual y las transcripciones de las letras que aparecen en algunas de las entradas, el texto que leeréis en La Guitarra de las Musas es el original; también he suprimido las imágenes, con el fin de acomodar el relato a la austeridad característica de este blog, eso sí siempre dejaré un enlace al post original y una imagen al final. Comenzamos con los años de instituto, una chica (Maite) y el tema de Bruce Springsteen “Bobby Jean”.

“Bruce Springsteen ha sido el músico que más me ha impactado, conmovido e influenciado, sin duda alguna.

Y ahí estaba yo, cursando el B.U.P. en el Instituto Ausias March de Barcelona. El centro queda en la parte alta de la ciudad, en el barrio de Pedralbes y al lado de la llamada Zona Universitaria (la urbana, no el campus de Bellaterra). Recuerdo perfectamente que teníamos que subir y bajar cada día una calle llamada González Tablas y que ésta tenía -y tiene- una pendiente considerable. Dejabas al subir el famoso Cuartel del Bruc a la derecha, cerca de la Diagonal. En cualquier caso, el instituto quedaba bastante alejado de mi casa. Conocí a mucha gente, hice amistades -como cualquier chico o chica que aterriza en un instituto después del EGB- y así pasaron los cursos primero y segundo. Y entonces, en un momento dado hubo una reestructuración de las clases en tercero de B.U.P. En aquellos tiempos teníamos que escoger asignaturas orientadas hacia las letras o hacia las ciencias -yo, letras, de toda la vida- sobre todo al hacer el C.O.U. pensando en la Universidad. No recuerdo los motivos, pero se reestructuraron clases y se mezclaron alumnos, apareciendo de nuevos entre los grupitos de los ya conocidos. Y apareció ella: Maite. Qué chica y qué grandísima persona. Inteligente, súper simpática y súper enrollada. Además tenía un cuerpazo impresionante, porque se dedicaba a hacer gimnasia y danza.

Sí, realmente Maite estaba como un tren, pero no la recuerdo por eso -que también- precisamente. Maite era muy buena persona, simpática y abierta. Nos hicimos amigos ya avanzado el curso. Además surgieron otros vínculos con ella y su familia. Maite me pidió si podía darle clases particulares de matemáticas a uno de sus hermanos, y accedí. Así estuve en su casa de Sarrià muchas veces, conocí a sus padres y a dos hermanas mayores tanto o más enrolladas que ella. El curso fue llegando a su fin, y éramos muy buenos amigos -sólo amigos-. Y de repente aparece un día y se presenta con una cinta de cassette y me dice: “Toma. Un regalo para ti”. ¿Qué contenía esa cinta? Porque casi iba a marcar un antes y un después en mi personalidad. Contenía la grabación de este disco. Palabras mayores de la historia del rock moderno. Estamos hablando aproximadamente de 1981/82, porque “The River” se publicó en 1980. Conocía a Springsteen de nombre, pero sinceramente no me había interesado por sus canciones o su pasado (mi faceta de dron en modo “búsqueda”, ávido de nueva música justo estaba comenzando tímidamente). Además, mi crecimiento musical vino de la mano de grupos como Pink Floyd, la ELO, Genesis y muy principalmente Supertramp -un sonido diametralmente opuesto al del Boss-. También empezaba a irrumpir cada vez más claramente Bowie, pero a Springsteen no le había hecho casi ni caso. Simplemente había escuchado por la radio sus hits “Sherry Darling” y, sobre todo, “Hungry Heart”, que me parecía una canción bastante pegadiza. Es posible que esta oveja despistada hubiera acabado llegando al redil springsteeniano en unos meses, o un año o dos, pero un ángel llamado Maite bajó de los cielos con el martillo de Thor en forma de rock.

Recuerdo las primeras escuchas de la cinta. Me chocó el sonido, su contundencia, y no me fue fácil. El corte que abre el disco, y que es un auténtico trallazo rock, “The ties that bind”, es en cierto modo algo áspero porque empieza con esas guitarras y con esa aparente “falta de melodía”. Tonterías. Serían las manías de un niño que aún no había abrazado la nueva “religión”, el ruido salvaje pero coherente, el despelote eléctrico, la descarga de energía que iba a despertarme a mí y a muchos. Unos cuantos martillazos de Thor, y por supuesto ya no podía dejar de escuchar una obra maestra como “The River”.

Llegó entonces el fin de curso. Se organizó una salida con todos los elementos ad hoc: cena, bebida a destajo, desmadre, a bailar a un local y quizá hasta sexo para los más espabilados. Entre los cuales no puede decirse que estuviera yo. Fue la noche en que pude enrollarme con Maite y no lo hice. Yo era bastante tímido por aquel entonces -hay que ver cómo cambiarían las cosas con los años- y ni se me ocurrió soñar que pudiera tener una mínima posibilidad con mi súper amiga, la chica casi perfecta, el trenazo descarrilado. Qué idiota. Maite se enrolló con otro esa noche y acabaron en la cama.

Todo esto me lo explicó tiempo después, diciéndome también que ella barajaba al otro -Pau- y a mí. Aún seguimos siendo amigos durante un tiempo, incluso Pau y yo hicimos buenas migas -él se iniciaba en la programación informática y me enseñó bastantes cosas-. Salíamos muchas veces, cogíamos unas cogorzas del quince, hablando en plata, y nuestras vidas seguían -ellos pillaban y yo no-. Hasta que Maite y Pau cortaron. Ella acabó conociendo a un chico danés que también estaba como un auténtico tren -físico de vikingo quebrantahuesos, para entendernos- y al final se fue a vivir a Dinamarca con él. Nunca más volví, nunca más la he vuelto a ver. Debo suponer que seguirá viviendo allí. ¿Qué puedo hacer? Recordarla. Amarla ahora a través de este pequeño relato. Dedicarle quizá y cantarle mentalmente el “Copenhague” de Vetusta Morla. Maite Boira desapareció para siempre -quién sabe- de mi vida. Y Bruce Springsteen se quedó.

Lo siguiente que hice con el paso del tiempo es obvio: irme comprando poco a poco toda la discografía del Boss. No recuerdo en qué momento exactamente, pero me compré un tocadiscos y empecé a comprarme discos de toda naturaleza cada mes. Ya tenía un trabajo fijo y me lo podía permitir. Aunque ayudara económicamente en casa, cada mes caían entre 5 y 10 discos nuevos, siempre procurando disimular las compras para no tener que oír demasiado a mi madre (que en realidad se metía muy poco). Fue toda la década de los 80 y también de los 90 una época dorada en ese sentido, fructífera e imparable. Mi colección no paraba de aumentar, también de cintas y de grabaciones de material dejado por amistades. Eran aquellas torres por módulos con lo que se llamaba doble pletina de cassettes. Y aún conservo lo que es el plato del tocadiscos, y funciona, aunque con algún defectillo menor.

Ya no solamente me compré discos del Boss y descubrí su música, sino la de una interminable lista de grandes nombres del pop-rock. Los más vigentes de aquella época -Police, Dire Straits, Bowie, Peter Gabriel, Lou Reed, The Cure, Simple Minds, U2, Prince- y fui descubriendo a grupos con algo más de veteranía -Pink Floyd, Deep Purple, Creedence Clearwater Revival, Roxy Music, Blondie, Van Morrison-. Eso sin contar toda la cosecha española de grupos en esos años -Radio Futura, Gabinete Caligari, Loquillo, Los Rebeldes, Duncan Dhu, El Último de la Fila, Nacha Pop- y las incontables horas en que también escuchaba programas de radio bastante buenos. Con los años nuevas hornadas de grupos y artistas se han ido sumando -Pixies, R.E.M., Björk, The Smiths y un larguísimo etcétera-. Desde que aquella cinta cayó en mis manos y el rock entró en mi vida, desde que aquel tocadiscos entró por la puerta, ha sido un no parar de descubrir música.

Pero a pesar de esa vorágine y de ese constante descubrir (otra cosa me ayudaba, comprarme cada mes la revista Rockdelux), Springsteen y sus discos siempre fueron lo primero para mí, tanto en preferencias como en el corazón. Desde luego me hice con sus 4 obras capitales –“Born to Run”, “Darkness on the Edge of Town”, “The River” y “Born in the U.S.A.”– pero también con sus dos primeros discos, menos conocidos, y con muchos otros como el honesto e intimista “Nebraska”, el directo que contiene 5 discos o la caja recopilatoria “18 Tracks”. Sin olvidarnos de otro gran álbum, el “Tunnel of Love”.

Es difícil escoger cuál podría ser su mejor disco. Cada uno tendrá sus preferencias y opiniones. Pero para mí, si olvidamos canciones en particular y miramos un disco como obra de conjunto, el más redondo, completo y coherente me parece “Darkness on the Edge of Town”. El nivel de sus canciones es altísimo y cuesta encontrar algún tema flojo. Debo reconocer que a partir de la publicación de “The Rising” en el 2002, mi fiebre por Springsteen desciende considerablemente. Pese a seguir gustándome mucho, mis intereses se han diversificado enormemente y el Boss me suena siempre a lo mismo, pese a ser un músico y compositor enorme.

El tiempo fue pasando y llegó el gran día que le vi en directo por primera vez. Fue durante su gira del “Born in the U.S.A.”, realizada en el período 1984/5. Esa gira no pasó por España, pero ahí apareció José María y gracias a él se hizo el milagro. José María era un compañero de trabajo y también fanático de Springsteen. Había vivido varios años en París y dominaba el francés perfectamente. Puesto que el Boss tocaría en Montpellier como punto más cercano a la geografía española, la jugada pareció cuadrarse y el cielo abrirse cuando el bueno de José María se me acerca un día y me dice: “¿Qué? ¿Qué te parece si nos vamos con mi coche hasta Montpellier a ver a Bruce Springsteen?”. No lo dudé ni una milésima de segundo. Dios mío, era una noticia tan maravillosa que no podía creérmelo. Iba a verle en directo, al músico que tenía la fama de hacer los conciertos más demoledores e impecables con una apisonadora llamada The E Street Band.

Fue una auténtica peregrinación desde muchos puntos de la geografía española, como cubrió después ampliamente la prensa: Desde Catalunya, País Vasco, Navarra, norte de España, Aragón, probablemente Comunidad Valenciana y, cómo no, desde la Comunidad de Madrid. Me atrevería a decir que incluso acudiría gente de puntos más al sur, como Sevilla, por poner un ejemplo. Miles de españoles salieron hacia allí al encuentro con El Jefe.

José María se portó como un campeón y condujo todo el viaje -cosas de ser el único con carnet- y por fin llegamos, en un día algo gris y plomizo. Pero daba igual, aunque hubiéramos estado bajo cero. El astro rey del rock iba a achicharrarnos en unas horas. ¿Qué sentí? Lloré, las lágrimas rodaron por mi cara en el momento en que Springsteen y los suyos saltaron al escenario y las primeras notas empezaron a sonar. Tal era mi emoción, tan sincera y tan profunda. El impacto fue tan enorme que incluso podía sentirlo en todo mi cuerpo. Entendí -era perfectamente aplicable- aquella expresión de “me tiemblan las piernas”.

Pero la sensación que predominó durante toda la actuación se resume indiscutiblemente en una palabra: energía. La fuerza que desprendía Springsteen con su E Street Band era descomunal. Las primeras notas, inolvidables, del “Born in the U.S.A.” nos atronaron a todos y nos traspasaron como un vendaval. Brutal, perfecto, impecable, de una profesionalidad para quitarse el sombrero y con un sonido tan nítido y tan potente como jamás había escuchado en vivo. Fue para mí y para todos los asistentes -miles de franceses, italianos y otras nacionalidades, hordas de españoles- una catarsis del rock, la comunión con un músico excepcional. Otras veces he visto al Boss, ya en Barcelona, pero como aquella primera vez…

Para protagonizar esta entrada lo más lógico, fácil e inmediato hubiera sido escoger el tema de “The River”. Una canción maravillosa, un verdadero poema lleno de tristeza, lirismo y evocación. Soberbio, inmortal, con esa gran letra, con la armónica… Era una posibilidad ideal para reflejar toda esta crónica, porque mi idilio con Bruce empieza con ese disco el día que Maite tiene ese gran detalle. Otros grandes temas del propio “The River” también podrían haber servido: “Hungry Heart”, “Point Blank”, “Drive All Night” o algún otro. También algunas joyas contenidas en el “Darkness on the Edge of Town”, o himnos inmortales del rock como “Born to Run” o “Thunder Road”.

Pero “Bobby Jean” también simboliza a la perfección toda esta historia vital y musical. De alguna manera cierra ese círculo perfecto de 4 discos capitales del de New Jersey. Además, “Born in the U.S.A.” también es un disco importantísimo del Boss, aparte de un éxito de ventas total. Supuso una innovación en cuanto a su sonido, introduciendo sintetizadores y acercándose al pop como nunca antes. La comercialidad está en el punto justo para no considerarlo un disco fácil, y no se pierde la calidad. Al contrario: Hay temas descomunales, perfectos, como “Cover Me”, “No surrender”, “I’m Goin’ Down”, “Glory Days”, “I’m on Fire” y algunos más. Algunos críticos han colocado este disco entre los mejores de toda la historia del rock and roll, y estoy de acuerdo en esa apreciación.

“Bobby Jean”…, me encanta este tema, me parece perfecto, bellísimo y además refleja toda la potencia del rock springsteeniano -en su versión más modernizada, como hemos dicho- cosa que una balada como “The River” no hace. La letra habla de la partida de un amigo y es una despedida de Bruce cargada de sentimiento y de nostalgia. Otro gran punto de la canción es que en ningún momento se especifica si se está hablando de un hombre o de una mujer. Hasta en eso es enorme cuando quiere el Boss.

Casualmente, el vídeo que traemos pertenece al concierto del Parc de la Courneuve, en Paris, el 29 de junio de 1985. Esto significa tan sólo 6 días después del concierto de Montpellier. Con la traducción al español. En el vídeo aparece el saxofonista Clarence Clemons, que murió en el 2011 -también falleció Danny Federici en el 2008-“.

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

151743255-e1001e4d-14c3-47b5-ab29-320a9b7d7ba5

Las Cinco Canciones de Begoña (IV): “No Surrender” (Bruce Springsteen)

Hace unos meses me preguntó Begoña si me apuntaba al concierto de Bruce Springsteen que se iba a celebrar en Madrid. Me apetecía ir, por supuesto, pero había alguna cosa que no terminaba de convencerme: el posible estado de forma de “El Jefe” -aunque me han dicho que, a sus 66 años, está hecho un chaval-, la acústica del estadio Santiago Bernabéu -algo que, al parecer, acabó dando algún problema- y, sobre todo, el precio; sin embargo, Begoña trató de convencerme que no era un espectáculo caro, dada la duración del evento (tres horas o tres horas y media), la calidad de la puesta en escena, los músicos que le suelen acompañar y, por supuesto, la entrega y la profesionalidad del Boss. En algún blog amigo comenté que me había equivocado porque experiencias así no tienen precio. Bruce Springsteen y su tema “No Surrender”, una canción de juventud, vital e idealista, ilustra muy bien el “momento impulso” de nuestra protagonista de esta semana, un buen ejemplo de la fuerza que transmite el rock.

Momento impulso
“La rebeldía y la fuerza del rock siempre han sido un impulso para volar y seguir… “Run to the Hills” de los Maiden, “Resistiré” de los Barones, “Rocking in the Free World” de Neil Young, Pati Smith … y muchos grupos españoles. Ya de mayorcita, en momentos difíciles, me he nutrido bastante cantándome “No Surrender”, de Bruce. Aunque tengo otras favoritas, mas rabiosas, reconozco haber tirado de ella como un mantra, un amuleto buscado en jodidos momentos sostenidos para ponerme las pilas. No era yo demasiado Brucera, pero fue ir a un primer concierto y me enganché de tal modo que ya voy a por el tercero”.