Marc Almond y Dave Ball fueron los componentes del dúo británico de techno-pop Soft Cell; comenzaron su andadura en 1978, produciendo música para representaciones teatrales. En 1981 lanzan el single «Tainted Love», que fue un absoluto éxito. Sin embargo, no se trataba de un tema original sino de una canción escrita en 1964 por Ed Cobb para la cantante de soul Gloria Jones, lamentablemente más conocida por ser la novia de Marc Bolan, el que fuera líder de la banda de glam-rock T. Rex. Gloria conoció a Bolan en 1969, cuando interpretaba el musical Hair; comenzaron a verse con relativa frecuencia, después ella entró a formar parte del grupo de coristas de Bolan y, finalmente, acabaron viviendo juntos, incluso tuvieron un hijo en común, aunque el de T. Rex nunca llegaría a separarse de su esposa. La noche del 16 de septiembre de 1977, cuando regresaban de cenar, tuvieron un accidente en el Mini Austin del cantante, conducido por Gloria, que acabó con la vida de Bolan ¿Fue la suya una bonita historia de amor o, simplemente, reprodujeron el espíritu dañino, doloroso y envenenado que nos cuenta «Tainted Love»? Recordemos que este tema permaneció unido durante mucho tiempo a la cantante, incluso lo volvió a grabar en 1976, con un ritmo más funky, apenas un año antes del accidente que acabo de comentar. No va a ser ésta la primera versión de hoy, sino la original de 1964; tras esta visión soul a cargo de Gloria Jones, vamos a pasar a la conocidísima de Soft Cell, llena de teclados, sonidos electrónicos y en clave pop; y, finalmente, os voy a dejar con mi preferida, la de Imelda May, que la transforma en un sensual rockabilly de esos que no conviene perderse. Por lo tanto, del soul pasamos al pop y de aquí al rock & roll; si se os antoja corta esta evolución, os aconsejo que escuchéis aquí la versión del grupo de heavy metal Scorpions, también muy buena. Y si aún queréis más, podéis probar con la famosa versión de Marilyn Manson, incluida en la banda sonora de la película «No es otra estúpida película americana» (2001). No son las únicas, hay bastantes más: Flying Pickets, Milk Inc., Grand Magnéto, Pussycat Dolls, incluso una en español, la debida al grupo La Unión, bajo el título de «Falso amor«.
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Peter Gabriel y Kate Bush. «Don’t give up»
Casi todos lo que amamos la música tenemos nuestras filias y nuestra fobias, géneros y artistas que nos apasionan y otros que evitamos a las primeras de cambio. Pero también es verdad que somos capaces de reconocer la calidad, las cosas bien hechas y respetamos enormemente el trabajo de los grandes, de aquellos que están fuera de categoría, como esos enormes puertos de montaña que aparecen en el Tour de Francia. Jimi Hendrix, Bob Dylan, Van Morrison, Sting, Tom Waits, Ian Anderson, Eric Clapton, Mark Knopfler, Neil Young o Paco de Lucía, por mencionar algunos de mis preferidos, pueden gustar más o menos pero lo cierto es que tienen un talento único. Desde mi punto de vista, a Peter Gabriel también habría que incluirlo en este selecto grupo; con él Génesis publicó cinco discos excepcionales (“Trespass”, “Nursery Cryme”, “Foxtrox”, “Selling England by the Pound” y «The Lamb Lies Down on Broadway»), cinco obras maestras del rock progresivo, y cuando abandonó esta formación, allá por 1975, se embarcó en una brillante y valiente travesía en solitario llena de nuevos sonidos y de planteamientos arriesgados, construidos a partir del pop, del rock y de melodías étnicas. Gabriel es, ante todo, un innovador capaz de experimentar con recursos altamente tecnificados, de sorprender con nuevos patrones melódicos y rítmicos, de proponer una “Música del Mundo” plagada de alusiones humanitarias y de compromiso social. Sus primeros discos en solitario se llamaron todos “Peter Gabriel” (I, II, III y IV), de aquella etapa me quedo con el que hacía el número III, habitualmente conocido como el “El derretido”, en alusión a la imagen de la portada. En 1986 publicó su quinto álbum, titulado “So” (los siguientes se llamaron “Us” y “Up”), una obra maestra, una magistral lección de cómo se puede elaborar un producto de calidad, innovador, étnico y, a la vez, sumamente comercial. “So” está lleno de buenos temas, como “Red Rain”, “Sledgehammer” y, por supuesto, “Don’t give up”, una preciosa balada cantada a dos voces en la que un desesperado perdedor es cariñosamente consolado y animado por alguien que lo quiere por encima de cualquier derrota o circunstancia adversa; la voz de Kate Bush es como una caricia, como un susurro optimista y tranquilizador: “No te rindas, tienes amigos. No te rindas, aún no estás derrotado. No te rindas, sé que puedes hacerlo bien (…) No te rindas, porque creo que existe un lugar … existe un lugar al que nosotros pertenecemos”.
The Supremes. «Wonderful! Wonderful!»
A comienzos de 1959 el compositor y empresario musical Berry Gordy creaba, en Detroit, la casa discográfica «Tami Records» que, poco tiempo después, se convertiría en «Motown Records», una productora musical de gran éxito en los años sesenta, especializada en soul, R&B, pop y, en general, música negra. A la Motown pertenecieron artistas y grupos como The Marvelettes, The Temptations, Martha & the Vandellas, Stevie Wonder, The Jackson Five, Rare Earth, The Isley Brothers o The Supremes, inicialmente conocidas como The Primettes hasta que, en 1961, firman por este sello discográfico y cambian definitivamente su nombre. Estuvieron en activo hasta 1977, aunque su etapa dorada fue la comprendida entre 1961 y 1970, año en el que Diana Ross abandona el grupo para iniciar una exitosa carrera en solitario. El trío clásico, el que tuvo mayor proyección, estuvo formado por Florence Ballard, Mary Wilson y Diana Ross, quien acabó por arrinconar a la que, hasta entonces, había sido la solista: Florence Ballard. Hasta tal punto fue así que, entre 1966 y 1967, Diana Ross conseguía cambia el nombre del trío por el de Diana Ross & The Supremes. Ballard no aguantó y acabó abandonando el grupo, y su propia vida; en 1976, cuando su enemiga triunfaba en solitario, moría de un infarto, como un juguete roto, olvidada, pobre y alcoholizada. En el año 2007 se estrenó «Dreamgirls», la historia del trío vocal «Dreamettes» -en clara alusión a The Supremes-, donde se escenifica esta historia. «Wonderful! Wonderful!», incluida en su álbum «I hear a symphony» (1966), probablemente no es su tema más conocido pero siempre me acuerdo de él por su inclusión en la serie Expediente X, en concreto en el capítulo titulado «Home«, donde se nos narra una truculenta historia de seres deformes y de una familia de esas que, de vez en cuando, aparecen en el cine de terror norteamericano («La matanza de Texas», «Las colinas tienen ojos», etc.) La versión que aparece en la serie es la de Johnny Mathis, tal vez la más conocida, aquí la podéis escuchar; yo, sin embargo, me quedo con la elegancia y el buen hacer de las Supremes.
Nacha Pop. «Chica de ayer»
Hay canciones que, más allá de su calidad musical, son recordadas por lo que representan, por sus valores históricos, sociológicos o culturales. «Chica de ayer» es uno de los temas emblemáticos de la «Movida madrileña», un himno romántico de mi generación, uno de los iconos más venerados por quienes vivimos aquellos divertidos y provocativos años. Pertenece a Nacha Pop, un grupo que nunca fue muy de mi agrado (otra cosa es este tema en concreto, que siempre me gustó), creado en 1978 cuando Antonio Vega acaba su servicio militar en Valencia y regresa Madrid; allí contacta con su primo Nacho García Vega y con Carlos Brooking, antiguos miembros del grupo Helicopter, formado por estudiantes del Liceo Francés de Madrid (por cierto, muy cerca de mi casa). En 1980 graban su primer disco («Nacha Pop») y participan en eventos como el homenaje a Canito o el concierto de Ramones en la plaza de toros de Vista Alegre, donde actuaron como teloneros. En aquel primer álbum se incluyó «Chica de ayer», compuesta por Antonio Vega cuando apenas tenía diecisiete años; el productor musical fue el conocido músico Teddy Bautista, que decidió aumentar la velocidad de la canción, al parecer, influenciado por el tema «Do you Believe in Magic?» de la banda The Lovin’ Spoonful. «Chica de ayer» es una inconcreta y adolescente historia de amor cargada de melancolía, en la que se desliza una referencia precisa a un bar de copas de Madrid, «El Penta», situado en la calle de La Palma, uno de los locales característicos de la «La Movida», junto con otros como «La Vía Láctea», «Rock-Ola» o «El Sol». Según he podido leer, hace algunos años, algunas tiendas de música especializadas, como «Discos Melocotón», y ciertos medios de comunicación, como la revista «Efe Eme» o el programa de Radio 3 «Sonideros», detectaron un parecido razonable entre «Chica de ayer» y el tema «La Caza del bisonte«, grabado por el italoargentino Piero de Benedectis en 1976 y publicado en España, como single, durante 1980 -precisamente el mismo año en que salió a la luz la canción de Antonio Vega-; en realidad, «La Caza del bisonte» era una adaptación al castellano del tema italiano «La Caccia al Bisonte«, compuesta por Ivano Fossati y Oscar Prudente; he dejado enlace a ambas versiones ¿Qué opináis vosotros?
Orchestral Manoeuvres in the Dark. «Enola Gay»
Hay fechas que conviene tener siempre presentes en nuestra memoria, acontecimientos que jamás deberían ser arrinconados por el irremediable paso del tiempo. El 6 de agosto de 1945, finalizando la II Guerra Mundial, los Estados Unidos arrojaron a «Little Boy» sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y, tres días después, a «Fat Man» sobre Nagasaki. «Little Boy» y «Fat Man» fueron los nombres con los que se bautizó a las primeras bombas atómicas lanzadas sobre territorios habitados; unos días antes se había realizado el primer ensayo atómico exitoso en el desierto de Alamogordo (Nuevo México), en el marco del Proyecto Manhattan, un ambicioso plan científico con el que, en poco más de dos años y gracias a un nutrido grupo investigadores del más alto nivel (Robert Oppenheimer, Enrico Fermi, Richard Feynman, etc.), se lograron canalizar los planteamientos de Einstein y la nueva Física del átomo (descubrimiento de las partículas subatómicas, Radiactividad y Mecánica Cuántica) hacia fines bélicos. Pocas veces en la Historia de la Ciencia se han conseguido unos resultados prácticos tan exitosos y contundentes como con el Proyecto Manhattan; está claro que entonces hubo el interés político, los científicos y el dinero necesario para ello. «Little Boy» fue lanzada, a las 8:15 horas, por un bombardero cuatrimotor de la clase Boeing B-29 Superfortress bautizado con el nombre de «Enola Gay», en honor de la madre de su piloto: Enola Gay Tibbets. La detonación provocó la muerte de unas ochenta mil personas, además de otros tantos heridos y destruyó la mayor parte de la ciudad. Treinta y cinco años después de esta masacre el grupo británico de synth pop, Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD), lanzaba su segundo álbum de estudio («Organisation», 1980), que comenzaba con el tema «Enola Gay» en recuerdo de aquel triste acontecimiento. La canción aparecía en un momento de controversia en el Reino Unido, en torno a la decisión de Margaret Thatcher de permitir en aquel país la presencia de misiles nucleares norteamericanos. En el vídeo podéis ver la letra, con claras alusiones a la hora del lanzamiento y con una irónica metáfora sobre una madre que se siente orgullosa de su hijo.