A menudo nos preguntamos qué hubiera sido de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison o Duane Allman si hubieran tenido una carrera longeva. Probablemente habrían seguido haciendo muy buena música, pero también otras cosas de menor calidad; al fin y al cabo entra dentro de lo normal, la genialidad en la Música, como en otras facetas del Arte, no acostumbra a ser infinita. Al menos eso es lo que vemos y sentimos con las grandes figuras de los sesenta y los setenta que aún siguen vivas, como el norteamericano de origen mexicano Carlos Santana, uno de los supervivientes de aquel acontecimiento social, cultural y musical que se vivió en el Festival de Woodstock (agosto de 1969). Llegó a San Francisco en 1961, unos años antes de que aquella ciudad se convirtiera en el lugar de referencia del movimento hippie y psicodélico; en 1966 ya debutaba con su banda Santana Blues Band y, tres años más tarde, hacía su aparición en el mencionado festival de Woodstock, ofreciendo una actuación que, a juicio de críticos y asistentes, fue una de las mejores de aquel irrepetible evento. Gracias a ese éxito lo tuvieron más fácil para grabar sus dos primeros discos, “Santana (1969) y “Abraxas” (1970), ambos sensacionales. En el publicado en 1970 se incluía una versión de Fletwood Mac, “Black Magic Woman”, una de mis canciones preferidas de Santana. Su álbum de debut finalizaba con “Soul Sacrifice”, tema muy representativo del primigenio estilo Santana, un rock latino con muchísima presencia de ritmos afroamericanos, canalizado a través de la batería (Mike Shrieve) y las percusiones (Mike Carabello y José Chepito Areas), y magistralmente conducido por la singular guitarra de Carlos Santana, llena de vida y energía como nunca en toda su carrera. El vídeo elegido, no podía ser de otra manera, es el de Woodstock; no obstante, aquí podéis comparar su sonido con la propuesta de estudio.
Etiqueta: Rock psicodélico
Storm. “It’s all right” / “Un señor llamado Fernández de Córdoba” / “Crazy machine”
Ya viene siendo habitual ver en este blog a grupos españoles que, durante los años setenta, se dedicaron al cultivo del rock sinfónico; sin embargo, aquellos que se inclinaban por el hard rock apenas han tenido cabida en este espacio, tal vez porque fueron menos numerosos que los progresivos y, cuando alcanzaron una mayor repercusión, lo hicieron formando parte del rock urbano. Antes de que triunfaran grupos bien conocidos, como Leño, Topo, Asfalto o Ñu, hubo alguna formación que podríamos englobar dentro de los parámetros característicos del hard rock británico; una de estas bandas fue Storm, formada en 1969, inicialmente bajo el nombre de Los Tormentos, en la ciudad de Sevilla. Además de dos EPs, publicados en 1974, editaron un LP ese mismo año («The Storm») y otro en 1980 («El día de la tormenta»), después de que se reunificaran tras su disolución, en 1976, por el llamamiento a filas de varios de sus componentes. En 1981 volvieron a separarse, aunque durante este 2014 han vuelto a publicar un disco («Trilogía»), en el que se incluyen algunos temas inéditos. La banda estaba formada por los hermanos gemelos Ángel y Diego Ruiz Geniz -el primero tocaba la guitarra y el segundo la batería-, José Torres Alcoba -bajo- y el interesantísimo músico Luis Genil Rodríguez -teclados-. Desde mi punto de vista, el disco verdaderamente interesante fue el primero, un sorprendente trabajo de rock duro setentero con mucha presencia psicodélica, en ocasiones progresiva, donde la guitarra y el órgano Hammond, perfectamente ensamblados, jugaban un papel protagonista; no en vano, este grupo es conocido como el Deep Purple español. Merece la pena escuchar todo el álbum (aquí lo podéis hacer) pero, para abrir boca, os recomiendo tres temas: «It’s all right», una canción con una base rocanrolera que parece una mezcla entre «Rock & Roll en la plaza del pueblo» (1977), de Tequila, y «Maneras de vivir» (1981), de Leño, con unos toques de «Strange Kind of Woman» (1971), de los Purple; «Un señor llamado Fernández de Córdoba, dedicada a su mánager, tal vez la que más me gusta, la más psicodélica de todas, la que tiene un desarrollo instrumental más interesante; y «Crazy machine», con unos increíbles sonidos distorsionados de órgano y guitarra y un solo de batería al estilo «The Mule». Por cierto que este último instrumento también brilla de manera especial en el tema «Experiencia sin órgano«, una canción sustentada a base de guitarra y batería.
The Doors. «Riders on the Storm»
La primera vez que recomendé una canción de los Doors a mis amigos de Facebook (entonces no tenía blog) comentaba que ésta es una de las bandas más influyentes en la historia del rock; su propuesta musical, entre la psicodelia y el blues-rock, ha dejado una huella bien reconocible en grupos que vendrían después. Comenzaron su andadura en 1965 y, entre 1967 y 1971, crearon uno de los legados más importantes que se recuerdan; fueron seis discos de estudio, a cual mejor, todos ellos absolutamente imprescindibles: «The Doors» (1967), «Strange Days» (1967), «Waiting for the Sun» (1968), «The Soft Parade» (1969), «Morrison Hotel» (1970) y «L.A. Woman» (1971). Lamentablemente, el 3 de julio de 1971 fallecía en extrañas circunstancias su figura más carismática, Jim Morrison. El grupo continuó sin él durante unos años, incluso grabaron algún disco más, pero lo cierto es que ya nunca fue lo mismo, evidentemente The Doors no podían seguir existiendo sin Morrison. Siempre me he sentido cautivado por el sonido de este grupo, por ese inquietante halo de misterio que no era tanto responsabilidad de su cantante como del teclista de la banda: Ray Manzarek, un verdadero innovador de técnicas y sonidos gracias al uso de su «Fender Rhodes Piano Bass», el teclado que llegaba a sonar como un bajo, supliendo de esta manera a ese instrumento en las actuaciones en directo; recordemos que los Doors eran una banda de rock sin bajista, aunque recurrieran a algún profesional en sus discos de estudio. Probablemente Jim Morrison fue la imagen, incluso el alma de este grupo, pero el artífice de ese sonido Doors tan hipnótico y peculiar fue Ray Manzarek. Hace algunos meses me ocupé de su primer éxito, «Break on through»; hoy le toca el turno a su último gran tema, «Riders on the Storm» («L.A. Woman», 1971). Se ha especulado mucho sobre el significado de la canción (hay teorías de todo tipo), en esta ocasión prefiero quedarme con su inquietante música y con el genio de Manzarek, que consigue que salgamos aterrados y mojados tras el paso de esta tormenta de siete minutos. Una curiosidad, este tema está basado en un clásico del country: «Ghost Riders in the Sky», de Stan Jones; aquí lo tenéis en la voz de Johnny Cash.
The Rolling Stones / Rick Wakeman / M Clan. «Paint it Black»
Si la canción protagonista de la última entrada fue la antibélica “Querida Milagros”, de El Último de la Fila, hoy nos ocupamos de uno de los temas que más me gustan de los Rolling Stones, “Paint it Black” (1966), habitualmente asociado a la Guerra del Vietnam por su inclusión en videojuegos, series y, sobre todo, películas –la más conocida es “La Chaqueta Metálica”, del gran maestro Stanley Kubrick- asociados a este conflicto bélico. Sin embargo la canción no habla de la guerra, sino de dolor y desesperación por la pérdida de alguien querido, donde lo negro simboliza la muerte y se repite de manera obsesiva; al parecer la idea la tomaron de los funerales de la Reina Victoria, cuando se pintaron puertas y rejas de ese color. Fue compuesta por Keith Richards y Mick Jagger, aunque intervinieron en ella todos los miembros del grupo, que aceleraron la canción e introdujeron algunos de sus elementos más característicos, como el hipnótico riff de sitar de Brian Jones y la enérgica batería de Bill Wyman, con esa entrada inolvidable al comienzo de la canción. Existen muchas versiones debidas a grupos de Hard y Metal, como las de W.A.S.P., Anvil, Type O Negative, The Black Dahlia Murder o, incluso, Deep Purple; sin embargo, me he decidido por otra instrumental francamente sorprendente, la debida al ex miembro de la banda de rock progresivo Yes, Rick Wakeman, uno de mis teclistas preferidos. La última tenía que ser para un grupo español; bien podría haber sido la de Los Salvajes o, incluso, la de Medina Azahara, pero ese “Todo negro” de M Clan, grabado en directo (“Sin enchufe”, 2001), creo que aún sigue estando en la memoria de todos.
Blind Faith. «Presence of the Lord»
A sus 69 años, Eric Clapton es historia viva del rock; hace poco comentaba –en la entrada que dediqué a The Yardbirds– que es como el Forrest Gump de la música, omnipresente en buena parte de los movimientos musicales que tuvieron lugar en los dorados y fértiles años 60’ y 70’, prácticamente como si tuviera el don de la ubicuidad y una capacidad sin límites para generar nuevas iniciativas musicales. Formó parte (en algunas ocasiones fue el líder) de grupos tan importantes para la música rock como The Yardbirds, John Mayall & The Bluesbreakers, Cream, Blind Faith, Delaney & Bonnie o Derek and The Dominos, por no hablar de su excepcional carrera en solitario. Blind Faith nació en 1968, cuando se disolvió Cream; estuvo formado por Eric Clapton y Ginger Baker -procedentes de Cream-, Steve Winwood –Traffic- y Ric Grech –Family-. Un supergrupo que duró menos de un año, pero que nos dejó uno de esos discos imprescindibles para cualquier amante del rock psicodélico y el blues-rock: “Blind Faith”, con una polémica portada que mostraba a una adolescente semidesnuda portando la maqueta de un avión entre sus manos. En este álbum se incluía la religiosa “Presence of the Lord”, un tema de Eric Clapton que, con el paso de los años, se ha ido convirtiendo en habitual de su repertorio en solitario; a pesar de que me considero un clapton-maniaco, esta primera versión de Blind Faith, con la irresistible voz de Winwood, me sigue pareciendo imbatible.