The Alan Parsons Project. «Silence and I»

El liderazgo en los grupos de rock suele recaer en aquellos integrantes que tienen un mayor carisma, un peso más destacado en la composición de los temas o una importancia capital en el desarrollo vocal o instrumental del repertorio; en ocasiones, esta responsabilidad se reparte y, otras veces, el grupo parece estar, únicamente, al servicio de su líder. Lo que resulta menos habitual es que una banda de rock gire en torno a la figura del productor-director, que compone los temas y elige a los músicos necesarios para la ejecución de su obra. Este es el caso del músico e ingeniero de sonido inglés Alan Parsons, cuyos primeros pasos en la música profesional los dio como técnico de grabación para grupos y solistas tan importantes como los Beatles (participó en «Abbey Road» o «Let it Be»), Paul McCartney y Wings, Pink Floyd («The Dark side of the Moon»), Al Stewart, etc. Hacia 1974 entró en contacto con el músico Eric Woofson y juntos crearon «The Alan Parsons Project»; el primero sería el responsable del concepto musical, la composición y la contratación de artistas; Woofson, por su parte, contribuiría en la composición, en los aspectos más creativos y, también, como vocalista en algunos temas. El primer disco, «Tales From Mystery and Imagination», un álbum conceptual basado en la obra de Edgar Allan Poe, vio la luz en 1976; después publicaron «I Robot» (1977), «Pyramid» (1978), «Eve» (1979), «The Turn of a Friendly Card» (1980) y el disco que contiene la canción de hoy: «Eye in the Sky». Después hubo más pero, desde mi punto de vista, tienen menos interés. Aún gustándome «Eye in the Sky» (1982), prefiero los tres primeros y por ese orden; sin embargo, con este disco el proyecto de Alan Parsons consiguió llegar a todo el Mundo, fue un gran éxito de ventas y temas como «Sirius» o «Eye in the Sky» son bien conocidos. El secreto del éxito fue mezclar hábilmente un producto de calidad -con arreglos orquestales y maneras de rock progresivo- con melodías sencillas al oído en clave pop-rock, algo así como un rock melódico progresivo o AOR progresivo. La canción elegida, «Silence and I» es una buena muestra de lo que acabo de comentar; el vídeo está subtitulado en español, os recomiendo que también prestéis atención a la letra, francamente sugerente.

Asia. «Don’t Cry»

Hace algunas semanas tenía cabida en este blog un guitarrista controvertido en el entorno del heavy metal: Yngwie Malmsteen, para algunos un genio y para otros un músico sin alma. Al grupo de hoy le sucede algo parecido, gusta mucho y es muy bien valorado por seguidores del rock melódico -también llamado AOR o Arena rock- pero no tienen muy buena prensa entre ciertos partidarios del rock progresivo clásico, que suelen tildar a esta banda de montaje comercial y de ser poco fieles a sus orígenes sinfónicos. Puedo entender a los que opinan así, aunque no comparta su opinión; este grupo nació en 1981, después de algunos intentos previos fallidos, con la vocación de convertirse en una superbanda de rock progresivo: John Wetton (King Crimson, voz y bajo), Carl Palmer (Emerson, Lake & Palmer, batería), Geoff Downes (Buggles y Yes, teclados) y Steve Howe (Yes, guitarra). Lo sorprendente es que, con estos mimbres -todos músicos excepcionales, procedentes del rock sinfónico excepto, quizás, Geoff Downes-, la apuesta de Asia se encaminó hacia el AOR, sobre todo en sus temas más conocidos. El primer álbum, llamado igual que el grupo, se publicó en 1982, con portada del dibujante Roger Dean, y fue todo un éxito de ventas, incluyendo varios discos de platino en los Estados Unidos; sin embargo, la crítica especializada fue durísima, al igual que sucedió con su segundo trabajo («Alpha», 1983). Para mi gusto son los dos mejores discos de Asia, en el siguiente («Astra», 1985) ya no estaba Steve Howe, al que siempre he considerado uno de mis guitarristas preferidos. Aún siguen en activo, aunque sea de forma esporádica; de hecho han sacado disco este año, titulado «Gravitas». El super-éxito del primer LP fue «Heat of the moment» y la canción tal vez más conocida del segundo álbum, la que hoy traemos aquí, fue «Don’t Cry», compuesta por John Wetton y Geoff Downes.

The Moody Blues. «Nights in White Satin»

Al rock progresivo también se le suele llamar rock sinfónico, de hecho las primeras manifestaciones de este estilo musical estaban repletas de orquestaciones y elementos característicos de la música clásica, aportaciones que, a medida que avanzamos en la década de los setenta, van difuminándose en beneficio de la experimentalidad, los nuevos sonidos y la calidad instrumental. No obstante, estas influencias procedentes de la música culta no llegaron a perderse y, ya en los años ochenta, hubo todo un movimiento de acercamiento a lo clásico, tanto desde el progresivo como desde el heavy metal (véase, sin ir más lejos, la entrada del viernes pasado, en la que me ocupaba de Yngwie Malmsteem). Quizás por deformación profesional, siempre me resisto a afirmar con rotundidad en todo lo relativo a lo que podría considerarse como la primera manifestación de algo; en este sentido, es difícil saber cuando un tema psicodélico deja de serlo para convertirse en sinfónico. Algunos expertos musicales suelen datar este fenómeno en el año 1967, cuando aparece el tema de Procol Harum «A Whiter Shade of Pale» y, sobre todo, el segundo trabajo de la banda británica The Moody Blues, titulado «Days of Future Passed», un álbum clave en la historia de la música rock. Esta banda se formó en Birmingham, durante 1964, y debutó con un primer disco («Go Now!», 1965) al estilo pop de la época; tras este trabajo entran en el grupo Justin Hayward (guitarra y voz) y John Lodge (bajo), y graban el mencionado «Days of Future Passed», un álbum conceptual en el que se relata el transcurrir de un día desde el alba hasta la noche. Además de los instrumentos habituales del grupo, también intervino la London Festival Orchesta, dirigida por Peter Knight, no como un simple acompañamiento sino como una parte más del discurso musical. De esta manera, convirtieron el encargo de la casa discográfica de hacer una versión rock de la sinfonía «El Nuevo Mundo» de Dvorak, en una obra totalmente diferente, con personalidad propia que, probablemente, se convirtió en la obra seminal de un nuevo estilo musical: el rock sinfónico. Aquí dejo el disco entero para quien esté interesado, para el resto su tema más conocido, con el que se cerraba el día: «Nights in White Satin», una balada romántica imprescindible en cualquier recopilación que se precie.

Emerson, Lake & Palmer. «From the beginning»

Cuando el pasado mes de mayo aparecía en este blog una de las obras maestras del rock progresivo, «Epitaph«, de King Crimson, comentaba que a este movimiento musical suelen acusarlo de estilo frío y alambicado, donde el virtuosismo y la experimentalidad suelen ganar la partida al lado pasional y melódico. Tal vez sea así, por eso cuesta tanto meterse en él. Cuando propuse «Epitaph» lo hice pensando en todos aquellos que desearan iniciarse en este estilo, no supieran bien por donde empezar y quisieran hacerlo con uno de los grupos más representativos de esta corriente. Si King Crimson, salvo en piezas como ésta, puede atragantársele a cualquiera, yo diría que con Emerson, Lake & Palmer el efecto puede llegar a ser aún más acusado; este trío es un buen ejemplo de rock progresivo incómodo, pleno de alardes instrumentales, de nuevos sonidos y de atrevimientos artísticos al alcance de muy pocos. Esta banda británica se creó en 1970, a partir de una formación de lujo: el bajista, cantante y guitarrista Greg Lake, procedente de King Crimson; el batería Carl Palmer, proveniente de Atomic Rooster, y el excepcional teclista Keith Emerson (ex miembro de The Nice), uno de los mejores músicos que ha dado el rock sinfónico, a quien llegaron a bautizar como el Jimi Hendrix del órgano. Por cierto, no quiero ni pensar lo que hubiera sido este grupo si se llega a concluir con éxito el plan inicial: un supergrupo, llamado HELP, que también habría contado con el mismísimo Jimi Hendrix; lamentablemente, el gran guitarrista zurdo falleció en septiembre de 1970, dejando a este proyecto deficitario de calidez y pasión. Con todo, Emerson, Lake & Palmer es uno de los grupos de referencia del rock progresivo, capaces de firmar obras emblemáticas como «Emerson, Lake & Palmer» (1970), «Tarkus» (1971), «Brain Salad Surgery» (1973) y, por supuesto, «Trilogy» (1972), donde apareció el tema de hoy: «From the beginning», una balada acústica -fácil de escuchar- compuesta por Greg Lake. Los amantes del metal tal vez conozcáis la versión del grupo californiano Dokken, aquí la dejo.

Pink Floyd. «Echoes»

El pasado junio reflexionaba sobre la grandeza de algunos grupos, de aquellos que poseen un curriculum vitae privilegiado, con obras tan importantes para la historia de la música capaces de silenciar otras aportaciones también de altísimo nivel que, a veces, pasan desapercibidas. Entonces trataba de poner en valor la pieza sinfónica «April«, del grupo británico Deep Purple. Con Pink Floyd sucede algo similar; obras como «The Dark Side of the Moon», «Wish you were here», «Animals» y «The Wall» son patrimonio del rock y, desde luego, no están al alcance de cualquiera. Aunque desde mi punto de vista los primeros álbumes de Pink Floyd, los grabados entre 1967 y 1972, no son tan buenos como los primeros de Deep Purple, podemos encontrar en ellos temas verdaderamente excepcionales, como «Echoes», una suite progresiva de veintitrés minutos y medio de duración que ocupaba toda la cara B del Lp «Meddle» (1971), el sexto álbum de estudio de los londinenses. Fue escrita por los cuatro miembros de la banda (Roger Waters, Richard Wright, David Gilmour y Nick Mason), y podríamos decir que fue el punto culminante de su etapa más experimental; no en vano, Roger Waters la calificó de «poema sónico», debido a los efectos de sonido presentes en toda la canción. «Echoes» fue, probablemente, la antesala de lo que poco más tarde sería el Pink Floyd conocido del gran público. Estamos ante una pieza que alterna momentos de rock progresivo complejo, en ocasiones árido, con fases donde las voces y la melodía se apoderan de la frialdad experimental. Aunque para los temas largos e importantes del rock progresivo suelo preferir la versión inicial de estudio, en esta ocasión os propongo el «Echoes» que tocaron para el documental «Pink Floyd: Live at Pompeii» (1972), parcialmente grabado en el sitio arqueológico de Pompeya (Italia). No obstante, aquí tenéis también la versión de estudio.