“¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo? Las risas que nos hacíamos antes todos juntos. Hoy no queda casi nadie de los de antes. Y los que hay, han cambiado. Han cambiado, sí”. Seguro que muchos de vosotros reconoceréis este texto, perteneciente al estribillo del tema “20 de abril”, una de las canciones más conocidas de los pucelanos Celtas Cortos. Formó parte de su tercer álbum de estudio (“Cuéntame un cuento”, 1991). Tiene con una versión especialmente interesante, la de la Oysterband, que ya tuvimos oportunidad de escuchar aquí en una entrada anterior dedicada a esta banda. Luna nos habla hoy de sus vivencias montañeras en la cabaña del Turmo, la misma que se menciona en “20 de abril”.
“Creo que casi todo el mundo conoce esta canción, pero no que la cabaña del Turmo existe de verdad. Es un pequeño refugio situado en el valle de Benasque, en el corazón de los Pirineos.
Soy montañera y varios años seguidos participé en cursos de alta montaña, durante una semana en julio y con jóvenes de todo el País Vasco o de todo España (según qué federación lo organizara). En uno de esos cursos pasamos por la cabaña del Turmo y “20 de abril” se convirtió en nuestra banda sonora. Desde entonces siempre que la escucho recuerdo aquellos veranos de montañas, arneses, piolets, nuevos amigos, charlas interminables y muchas risas.
He elegido este vídeo con Amaral porque es un grupo que me gusta muchísimo, pero a pesar de que tiene canciones muy especiales para mí no voy a incluir ninguna en esta selección, y así le doy algo de presencia”.
Leize es un grupo guipuzcoano cercano al heavy metal formado a principios de los años ochenta, que habitualmente se engloba en el movimiento conocido como Rock Radical Vasco; cuentan con varios álbumes en su haber y creo que, desde su regreso a los escenarios en 2007, aún continúan en activo. El otro día, un chaval de dieciocho años me puso una cara rarísima cuando le pregunté si sabía lo que era un negativo fotográfico; por supuesto, no tenía ni idea de lo que le estaba hablando. Me imagino que si le hubiera enseñado una cinta de casete no hubiese sabido ni por dónde cogerla; Luna es muy joven pero, al igual que los que tenemos una cierta edad, también practicó la piratería analógica con estas antiguallas musicales.
“Leize es un grupo muy ligado al principio de mi adolescencia. Tenía una cinta, por supuesto grabada —oh, dios mío, era una delincuente, espero que haya prescrito— y con la carátula pintada a mano por mí.
Recuerdo haber cantado sobre todo tres de sus temas. Tenía que elegir y ha ganado “En sus manos” (Los otros dos son “Noche de ronda” y “Nadie mira nadie sabe”)”.
El blog de Luna Paniagua, nuestra invitada de esta semana en las Cinco Canciones de tu Vida, es un espacio dedicado a la lectura, la escritura y la corrección de textos; en él podréis disfrutar del irresistible estilo de Luna, con sus cuentos, relatos, reflexiones y también con las reseñas, que escribe para apoyar a otros compañeros y compañeras que tratan de abrirse camino en el difícil mundo editorial. Os dejo este copia/pega tomado de su bitácora, para que la podáis conocer mejor:
“Bienvenid@ a mi blog. Aquí encontrarás un poco de todo, tanto textos escritos por mí como cualquier cosa que me resulte interesante, ¡que serán muchas! Muchas gracias por la visita, espero que te guste. Si es así, no dudes en seguirme y compartir. Esta es mi biografía: Soy una madre de familia numerosa de 37 38 años. Siempre me ha gustado escribir aunque durante muchos años no lo he hecho excusada en la falta de tiempo. Hace unos meses lo encontré dejando de ver la televisión, y he descubierto que escribir no es sólo dejarse llevar por las musas sino que también se aprende. Y en ello estoy. También soy correctora editorial”.
Comienza con «Vuela, vuela», una canción que ya apareció en La Guitarra de las Musas, en aquella ocasión a través de la versión original de la cantante francesa Desireless; bien podría decirse que también es una de las canciones de mi vida, no formó parte de las “cinco titulares” aunque bien podría haber estado, por la carga emotiva que tiene para mí; quizás no sea mi estilo preferido ni, tal vez, es lo que escucharía estando solo, pero la música es también amor, amistad, evocación, recuerdos compartidos en forma de alegrías y tristezas, a menudo todo ello en una misma canción. Luna ha preferido la versión de Magneto, un grupo mexicano de chicos que triunfó durante los años ochenta y parte de los noventa, ya veréis por qué.
“Comienzo con “Voyage voyage”, de Desireless, porque es la protagonista de una anécdota de mi infancia. Tendría unos diez años e iba a clases de baile en el colegio. Llegué una tarde al salón de actos, nuestro lugar de ensayo, y resulta que se me había olvidado que para ese día teníamos que preparar una coreografía con esa canción. Allí estaban mis compañeras, con unos bailes preparadísimos, vestuario especial y alguna hasta maquillada ¿Qué hice? Llevaba una camiseta larga y ancha así que me quité los pantalones, me solté el pelo e improvisé la coreografía más sosa de la historia. Por alguna razón que desconozco eso me dio menos vergüenza que reconocer que lo había olvidado.
He elegido la versión y el vídeo de Magneto porque es en español, y recuerdo que la canción que yo bailé también lo era, y por el gran contraste entre su baile y el mío”.
«Thick as a Brick» es «la madre de todos los discos conceptuales»; esta es la expresión que usó Ian Anderson, líder de la banda británica Jethro Tull, cuando publicaron su quinto álbum de estudio en 1972. De esta manera respondía a los críticos musicales, que no dudaron en calificar a su anterior disco («Aqualung»), de álbum conceptual en torno a Dios y la religión; Anderson nunca estuvo de acuerdo con esta etiqueta y, por más que se empeñó en desmentirlo, no consiguió convencer a la crítica especializada. Se propuso entonces lanzar lo que él sí consideraba un álbum conceptual, probablemente buscando el sarcasmo, la sátira y el humor inteligente -no en vano, tomó a los Monty Python como referencia- y, también, la calidad artística, literaria y musical. Su principal objetivo eran los grupos de rock progresivo, con sus mastodónticas y pretenciosas obras de minutaje extremo y, de acuerdo con Alberto Díaz (Discos conceptuales. 150 títulos imprescindibles. Barcelona: Lenoir, págs. 44-45), también quiso denunciar «la presión a la que se somete a los niños, el poco valor que se da al arte, el sinsentido de las guerras y la validez o no del sistema capitalista en general». No es de extrañar el título que Anderson dio al álbum: «Thick as a brick», algo así como «Denso como un ladrillo», expresión equivalente a «Full of shit» («Lleno de mierda»), tal vez en alusión a lo que pensaba el líder de Jethro Tull de la prensa especializada. El álbum tiene una única canción dividida en dos partes (cara A y cara B del Lp); fue compuesta por Ian Anderson, aunque en los títulos de crédito aparece el nombre de Gerald Bostock -«alias «Little Milton»-, un imaginario niño de ocho años autor de unos versos (en realidad la letra de la canción) merecedores de un premio literario, aunque finalmente fuera desposeído del título por considerar su obra irreverente y subversiva; el galardón acabó yendo a una niña, autora de una oda sobre los valores de la vida cristiana. Otra de las genialidades de «Thick as a Brick» es su portada, diseñada a modo de parodia de un diario inglés de ámbito local, con doce paginas, el ficticio St. Cleve Chronicle & Linwell Advertiser, en el que se puede ver la noticia sobre la descalificación de Gerald Bostock, una reproducción del poema en cuestión, una noticia sobre el próximo proyecto de Jethro Tull para dar música a estas rimas y, por supuesto, la información y las secciones fijas de un períodico local: artículos, concursos, anuncios, etc., todo envuelto en juegos de palabras y chistes ocultos.
A pesar de lo que pudiera parecer, «Thick as a Brick» es un álbum excepcional -para mí el mejor de esta banda-, uno de los títulos imprescindibles para todos lo que deseen incorporarse al rock sinfónico; sin duda, el disco más progresivo de Jethro Tull, una obra con cambios constantes y muy compleja en lo instrumental, plagada de instrumentos no excesivamente habituales en el rock (xilófono, violín, laúd, etc.), además de la flauta, la guitarra y los teclados, protagonistas en este Lp. A Anderson (voz, guitarra acústica, flauta, violín, saxo y trompeta) lo acompañaron Martin Barre (guitarra eléctrica, laúd), John Evan (teclados), Jeffrey Hammond-Hammond (bajo, voz) y Barriemore Barlow (batería, percusiones). En este enlace podéis escuchar una versión en directo grabada en el Madison Square Garden, con entrevista incluida a Ian Anderson; en éste, otro directo fechado en 1978; en éste otro, una versión realizada a propósito del 40 Aniversario del álbum; y, finalmente, la grabación realizada para el disco «Live in Iceland» (2012).
La Sonora Santanera es una formación mexicana creada en 1955, aún en activo, portadora de un estilo en el que tienen cabida el bolero, la rumba, el chachachá, la cumbia, el mambo y otras manifestaciones musicales que podríamos englobar dentro de la música tropical, con predominio de las percusiones, las trompetas y, por supuesto, los cantantes; el fundador fue Carlos Colorado Vera (ya fallecido). Tras darse a conocer en fiestas, concursos televisivos y como grupo de acompañamiento de diversos artistas, grabaron su primer disco con CBS en 1960. Uno de sus temas más populares a finales de los sesenta fue “Dónde estás Yolanda”, canción compuesta por el músico peruano Manuel Jiménez Fernández, que ya había tenido algunas versiones relativamente conocidas como las debidas a Ramón Avilés u Orlando Contreras. La Sonora Santanera ha publicado recientemente dos discos con colaboraciones de otros artistas; uno en 2016 (“La Sonora Santanera en su 60 Aniversario”), en el que intervinieron, entre otros, músicos como Julieta Venegas, Cristian Castro, Paquita la del Barrio, María José o Eugenia León; y otro a finales del año pasado (“La Fiesta Continúa”), con artistas tan conocidos como Lila Downs, Diego el Cigala, María León, Andrés Cepeda o Aleks Syntek, precisamente cantando la canción que hoy nos ocupa; éste es el primer vídeo que proponemos, bastante reciente, en el que se puede ver en acción a esta orquesta (y aquí tenéis, para los que estéis interesados, la versión que, en los años sesenta, grabara esta agrupación).
Son muchas las interpretaciones que, en el ámbito latinoamericano y de las orquestas, ha tenido esta canción: Jorge Muñiz, Julio Jaramillo y Alci Acosta, Los Santaneros de Pepe Bustos, Pourquoi pas?, etc.; aunque, para acompañar a la Sonora Santanera, hoy os propongo otras dos versiones fuera del ámbito latinoamericano. La más conocida es la de Pink Martini, la orquesta de Oregón, que ya ha tenido cabida en este blog a propósito del tema “Amado Mío”, incluido en el mismo álbum (“Sympatique”, 1997) que esta versión de “Dónde estás Yolanda”; en su siguiente disco de estudio (“Hang on Little Tomato”, 2004) incluyeron un tema titulado “Lilly” que, al menos en lo musical, a mí me resulta muy parecido a nuestra canción de hoy. Menos conocida es la versión de los italianos Espresso Atlantico, tal y como ellos mismos indican en su página web, una pequeña orquesta de música caribeña (y no caribeña), liderada por el pianista, compositor y cantante Andrea Gattico, que se mueve entre ritmos gitanos, tangos y sensaciones clásicas y orientales; en esta versión las trompetas han sido sustituidas por un violín ¡Todos a bailar con la versión que más os guste!