Las Cinco Canciones de Rockologia (II): «Love of my Life» (Queen)

En la entrada que en su día dediqué a esta canción os confesaba que «Love of my Life» es mi canción preferida de Queen, junto con «Bohemian Rhapsody». Fue compuesta por Freddie Mercury con una base de piano clásica, a la que se incorporaron algunos fragmentos de arpa y guitarra a cargo de Brian May, aunque en directo Mercury la solía cantar con el único acompañamiento de una guitarra de doce cuerdas tocada por May. «Love of my Life» es una preciosa historia de amor, verdadera y sincera, libre de tópicos y convencionalismos, que nos recuerda el romance que vivieron Freddie y Mary Austin; duró varios años, hasta que la fama y, sobre todo, la homosexualidad de Mercury se hicieron patentes. Entonces me pareció un tema perfecto para celebrar «San Valentín», algo bien diferente de lo que ha motivado a nuestro invitado para seleccionar esta canción entre las cinco de su vida. No os digo más porque no quiero destripar su relato.

«Hace muchos años (en un reino junto al mar) una mujer que aún me quiere se quedó embarazada. Fue largo y difícil. Desde el principio no había muchas esperanzas y, tras dos amagos de aborto, nos atacó el fantasma de la depresión. La tercera vez sonaba en casa esta canción de Queen. Me acerqué al ombligo de mi mujer y susurré la letra. Igual no os hacéis idea de lo ridículo del momento: una pequeña plegaria blasfema suplicando “amor de mi vida, no me abandones, has robado mi corazón, me has dejado desierto, ¿no lo ves? tráelo de vuelta”. Las contracciones pararon. Los meses siguientes, cada vez que volvía a asustarnos, arrimaba mi boca a ese ombligo y cantaba insistentemente “Love of my Life”. Quizá no fue determinante, pero me gusta pensar que gracias a esta canción y al poder de la plegaria Mercury amplificada por un ombligo el milagro sucedió. Esta canción cambió mi vida: me trajo una hija. Aún se la canto cada cumpleaños a mi hoy adolescente. Por cierto, la original apareció en el álbum de 1975 «A Night at the Opera». Os pego el vídeo con la letra».

Las Cinco Canciones de Rockologia (I): «Tocaba correr» (Ñu)

El mundo bloguero del rock cuenta con una web que haríais bien en seguir todos los que améis este género; Rockologia es un espacio consolidado, con varios años de experiencia, donde tienen cabida los diferentes sub-estilos en los que se organiza el rock a través de una serie de secciones que vertebran los contenidos de esta bitácora: «Algunos discos que sigo escuchando», «Arte-Rock», «Blues para novatos», «Casi famosos», «Crítica: Ahora estoy escuchando …», «Crítica: discos míticos y pequeños tesoros», «Discos que cumplen años», «Escuchando libros», «Guerra de Décadas», «Las mejores canciones de …», «Lugares míticos», «Productores, compositores y otros personajes», «Sexo en el rock», «Versioneando: las mejores versiones de …» y «Versioneando: Versión Española». Sé que muchos de vosotros ya conocéis Rockología, sólo espero que os animéis alguno más porque se trata de un blog hecho con conocimiento y rigor, donde se aprenden muchas cosas, además de ser ameno y divertido. Esta semana podremos disfrutar de cinco canciones rockeras llenas de recuerdos, tres de ellas a cargo de grupos españoles; por ejemplo ésta primera, el tema «Tocaba correr» de Ñu, la banda de Jose Carlos Molina, una de las más longevas y reconocidas del panorama patrio, con la que nuestro invitado ha querido personalizar sus inicios en el R&R.

«Con la canción del lunes quiero transportaros a mis inicios en esto del rocanrol. Por una vez comencemos por el origen: mi primer concierto. Fue, quizá el año 86, en una carpa de Leganés, Madrid, con Ñu como cabeza de cartel. Bien es cierto que en aquella ocasión no pudo sonar “Tocaba correr”, la canción de hoy, porque fue editada dos años más tarde. Sin embargo, al elegir un tema he intentado fundir dos historias en una, dos historias iniciáticas, la de mi primer concierto y la de mis horas de colegas, recreativos, cigarros robados, litronas, parque, bares de barrio y mucha, mucha música ruidosa. Horas de girar casetes, leer revistas de música y compartir. “Tocaba correr” me lleva a aquella comodidad juvenil y, de paso, sirve de homenaje a una generación de músicos únicos, los que cambiaron mi vida incendiando la hoguera del rocanrol. Para quien le interesen los datos, se publicó en 1988 cerrando el disco ‘Vamos al lío'».

Rainbow. «Spotlight Kid»

 

La mayor parte de aficionados al heavy metal, purplemaniacos y seguidores de Rainbow -la banda creada en 1975 por el líder de Deep Purple Ritchie Blackmore- coinciden en indicar su preferencia por los primeros trabajos de esta formación, en particular aquellos en los que coincidieron Cozy Powell, Ronnie James Dio y Ritchie Blackmore: «Rising» (1976), «Long Live Rock’ n’ Roll» (1977) y «On Stage» (1977); o en los que intervinieron al menos dos de ellos: «Ritchie Blackmore’s Rainbow» (1975) y «Down to Earth» (1979). Sin embargo, a mí siempre me ha gustado mucho el que fue grabado después de todos los que acabo de mencionar: «Difficult to Cure» (1981), un álbum con el que Blackmore quiso acercar Rainbow a un mayor número de oyentes, para lo cual suavizó su sonido, lo hizo más comercial y trató de aproximarlo al AOR. Ronnie James Dio ya había abandonado el grupo en el disco anterior («Down to Earth», 1979); fue sustituido por Graham Bonnet, un interesante cantante que, sin embargo, no se ajustaba al perfil deseado por Blackmore para su grupo. Cuando ya estaba grabándose «Difficult to Cure«, Bonnet abandonó Rainbow y, en su lugar, entró Joe Lynn Turner, ex-vocalista de la banda Fandango, portador de un registro vocal parecido al del cantante de Foreigner, justo lo que buscaba Ritchie. Tal y como nos cuenta Jordi Bianciotto (Deep Purple. La Saga. Barcelona: Quarentena Ediciones, 2012), el batería Cozy Powell -que acabaría siendo uno de los músicos de referencia del heavy metal que habría de llegar-, decidió abandonar Rainbow cuando escuchó «I Surrender», uno de los temas estelares de «Difficult to Cure«. Sin Dio ni Powell, el sustrato metalero se suavizó y, de paso, Blackmore se quitó de en medio a dos pesos pesados que, si hubieran seguido en el grupo, probablemente le habrían restado protagonismo. A pesar de mis simpatías por este álbum, he de reconocer que se trata de un trabajo un tanto deslabazado, donde tan pronto podemos encontrar temas de clara inclinación AOR («Magic» o «Freedom Fighter«), otros con influencias del funk («No Release«), piezas rocanroleras («Can’t Happen Here«), baladas para el lucimiento de Blackmore («Vielleicht Das Nächste Mal«) o canciones que nos recuerdan a Deep Purple, como «Difficult to Cure» o el tema destacado de hoy: «Spotlight Kid», probablemente mi preferido de Rainbow -junto con «Stargazer»-, con ese fabuloso duelo guitarra/teclados a ritmo de speed metal que está en la base de lo que, poco tiempo después, habría de llamarse power metal, y esa letra de Roger Glover que nos habla de alguien al que el público adora, el centro de atención, un artista enamorado de los focos, ¿tal vez Ritchie Blackmore?

José Feliciano / Los Coronas & Arizona Baby. «La Cárcel de Sing Sing»

José Feliciano es uno de los más importantes activos con los que cuenta Puerto Rico en el ámbito del bolero y la balada romántica. Algunas fuentes dicen que fue el primer artista latino en adentrarse en el difícil mercado de la música en inglés, aunque a mí me gusta más cantando en español. Grabó su primer Lp en 1964, cuando tenía diecinueve años y, desde entonces, ha publicado más de sesenta álbumes, algunos de ellos de gran éxito. Ya apareció por aquí, cuando este blog daba sus primeros pasos; entonces compartió espacio con el grupo español Los Rodríguez, a propósito del tema «La Copa Rota«. En esta ocasión le acompañan Los Coronas -banda madrileña de rock instrumental- y Arizona Baby -Grupo de folk-rock indie procedente de Valladolid-. «La Cárcel de Sing Sing» es una canción compuesta por el dominicano Bienvenido Brens, que narra la historia de un prisionero de esta conocida penitenciaría del Estado de Nueva York, construida en 1825 y tristemente popular por su historial de ejecuciones en la silla eléctrica, condenado a muerte por matar a su mujer y al amante de ésta. El estribillo es de lo más explícito, en la línea romántica y trágica de ciertas canciones latinoamericanas que, en estos últimos años, vuelven a retomarse gracias a los narcocorridos, género del que hablaremos en otra ocasión: «Yo tuve que matar a un ser que quise amar. Aunque aún estando muerta yo la quiero, al verla con su amante a los dos los maté. Por culpa de ese infame moriré». «La Cárcel de Sing Sing» ha sido interpretada por cantantes diversos, tal vez el más conocido sea el bolerista colombiano Alci Acosta (ésta es su versión), aunque quien la popularizó fue José Feliciano en los años sesenta. En el primer vídeo de hoy, que espero no supriman o invaliden, lo podemos ver con su inseparable guitarra, tocándola con gran sentimiento y maestría, y cantando con su carisma habitual; en el segundo, tenemos a Los Coronas & Arizona Baby, con una versión grabada en uno de los habituales conciertos de Radio 3, aunque también fue incluida en el interesantísimo álbum «Dos Bandas y un Destino» (2011), resultado de la gira que realizaron ambas formaciones en el año 2010. La interpretación de Los Corizonas se aleja del bolero canalla para adentrarse en los sonidos fronterizos, como si estuviéramos escuchando la banda sonora de un spaghetti western; me encanta la trompeta, sobre todo a partir del minuto 2:20.

Franco Battiato. «Centro di gravità permanente»

Durante estas últimas semanas los periodistas, sociólogos y tertulianos que pueblan nuestros medios de comunicación nos han tratado de explicar por qué el PSOE se parece, cada vez más, a la casa de Gran Hermano o a un Real Madrid-Barcelona en la época en la que Mourinho y Guardiola eran los entrenadores. Seguro que habréis escuchado todo tipo de teorías, desde las más evidentes hasta las más alambicadas, maquiavélicas o dignas de una serie televisiva de ficción. En mi opinión, se trata de un simple problema de índole fisiológica: el paciente sufre de vértigos, causados por los continuos giros en círculo sobre su propio eje, algo que sólo son capaces de soportar los bailarines profesionales; tratad de hacerlo vosotros, ya veréis que leche os pegáis contra el suelo. La clave para este diagnóstico me la proporcionó el portavoz del partido en el Congreso, Antonio Hernando, cuando en el acto de investidura de Mariano Rajoy explicó, como si estuviera en la consulta del médico, las posibles causas que han originado estas dolencias: «(…) en el 79 renunciamos al marxismo (…) No fue fácil mantener a España en la OTAN, porque tuvimos que desdecirnos de nuestros compromisos (…) No fue fácil proponer y firmar los dos últimos pactos contra el terrorismo (…) No se equivoquen ustedes, nuestra abstención no es resignación, es un nuevo comienzo (…)» Aunque no soy médico (espero que mis compañeros de trabajo no se molesten), me voy a atrever a proponer un tratamiento basado en la búsqueda, por parte del enfermo, de su centro de gravedad, ayudado por el tema de Franco Battiato «Centro di gravità permanente» (aquí lo tenéis cantado en español). He de reconocer que el tratamiento es bastante agresivo: «Una vieja de Madrid con un sombrero, un paraguas de papel de arroz y caña de bambú. Capitanes valerosos, listos contrabandistas noctámbulos. Jesuitas en acción vestidos como unos bonzos en antiguas cortes con emperadores de la dinastía Ming». Imagino que el paciente, sensibilizado como está, volverá a marearse con esta parte de la canción; y así debe ser, incluso podría llegar a vomitar si se incrementan las nauseas, hasta que aparezca el estribillo que, a base de repetirlo, espero pueda resultar eficaz: «Busco un centro de gravedad permanente que no varíe lo que ahora pienso de las cosas, de la gente. Yo necesito un centro de gravedad permanente». Como éste es un blog de música y quienes lo seguís es probable que hayáis perdido el equilibrio musical en algún momento de vuestra vida (creo que a casi todos nos ha pasado), os aconsejo que tratéis de entonar ésta otra parte de la canción: «(…) no soporto ciertas modas, la falsa música rock, la new wave española, el free jazz, punkie inglés, ni la monserga africana» ¿A qué ya os sentís mejor? 😉