Las Cinco Canciones de Alex (III): «Heaven and Hell» (Black Sabath)

¿Pero por qué pones la música tan alta? La de veces que habré oído esa pregunta, desde luego retórica porque mi madre, en realidad, nunca esperaba a que le contestara. Cuando conseguías un volumen miserable aún había que soportar los paseítos de mi madre y de mi hermana por delante del radiocasete; cada vez que eso sucedía, una o la otra bajaban un poquito el volumen, entonces me levantaba y lo subía, ellas lo volvían a bajar y volvían a hacer la misma pregunta. Seguro que vosotros también habréis pasado por situaciones así; por lo menos Alex tenía un buen equipo de música y ¡podía subir el volumen hasta el 5! Que alguien me explique cómo puede escucharse «Heaven and Hell», una de esas canciones frontera entre el hard rock y el heavy metal,  como si fuera un susurro o como quien oye una melodía de ascensor. Así que, ya sabéis, subid el volumen y disfrutad con esta maravilla de Tony Iommi cantada por Ronnie James Dio, de lo mejorcito de Black Sabath. Alex ha querido titular este recuerdo como «Heaven and Hell, días de vinilo / Transylvania, días de radio».

 

«Cuando tenía alrededor de 10 u 11 años mis padres, hartos de tanto oírmelo pedir, compraron por fin un equipo de música serio, un SABA que sonaba como si los mismos Dioses del Rock lo hubieran ensamblado pieza a pieza. Atrás quedaban los pequeños radio casetes y las cintas regrabadas. Para mi comenzaba la era del vinilo. Gloriosa y mítica, poblada de héroes melenudos armados de guitarras, bajos, baquetas, teclados, micros…

A lo largo de aquellos años cientos, seguramente miles, de canciones se deslizaron bajo la aguja de aquel tocadiscos. Fueron horas y horas en el salón de la casa familiar escuchando una y otra vez joyas que, por supuesto, aún conservo.

Y cuando Raúl  me pidió destacar cinco canciones de mi vida, supe que tendría que escoger alguna de aquellas con las que tanto disfruté en aquel equipo cuya rueda de volumen mis padres no me permitían subir más allá del cinco. Pero, de entre tantas, ¿cuál? En un principio pensé en Transylvania de Iron Maiden que sirvió de sintonía para mi programa de radio durante muchos años, pero luego me quedé con la impresionante Heaven and Hell porque un recuerdo muy ligado a esa canción me sitúa allí, frente al equipo, tocando una guitarra imaginaria, absolutamente transportado a un escenario fabuloso, convertido en la estrella de Black Sabbath…  ¿Y quién puede olvidar haber sido, aunque solo fuera en un sueño, el mismísimo Tony Iommi?»

Las Cinco Canciones de Alex (II): «The Trooper» (Iron Maiden)

Como contaba en una entrada que dediqué hace unos meses a esta canción, «The Trooper» fue incluida en «Piece of Mind» (1983), uno de los mejores álbumes de la banda Iron Maiden. Fue compuesta por el bajista del grupo, Steve Harris, a partir del poema de Alfred Tennyson en el que se recordaba la heroica y estéril carga de la Brigada Ligera británica en la Batalla de Balaclava, en el contexto de la Guerra de Crimea (1853-1856). Con ella, Alex nos quiere recordar su «vida en los futbolines», esos lugares que nuestras madres siempre querían evitar, la quintaesencia de lo lumpen, donde se fumaba, se decían tacos, jugabas al billar y al futbolín y, a menudo, compartías espacio con individuos no excesivamente recomendables.

«Como buen niño de los 80, parte importante de mi infancia transcurrió en una sala de juegos recreativos, futbolines y billares. En mi pueblo sólo había un local de este tipo en el que nos juntábamos toda la chavalada desde los 10 ó 12 años hasta los 18 ó 20 y, por supuesto, era el antro del vicio al que los padres de los más pequeños procuraban retrasar la inevitable entrada todo lo posible. Pero era eso, inevitable… Y yo no fui una excepción, salvo porque el hijo del encargado,  de mi edad, era un buen amigo de mi panda de entonces y todos juntos nos bautizamos en el Hard o el Metal más o menos a la vez.

Sin un motivo en especial es The Trooper, el tema de Iron Maiden, el que se ha quedado en mis circuitos como el abanderado de una serie de canciones que se colocaban en la gramola de singles del local y que no se cambiaron en años gracias a nuestra influencia, bueno, más bien la de mi amigo Juan, el hijo del encargado. También estaban Go to Hell de Motorhead, la cara B de este Trooper, que era la versión del Cross Eyed Mary de Tull (cosa que no sabría hasta algo más tarde), Deep Purple y Led Zeppelin, el Resistiré de Barón Rojo…, y un montón de temas que fueron rotando con el paso del tiempo.

Ahora, como si de una película acelerada se tratase, me puedo ver al pasar de los años alrededor de aquella gramola sucediéndose los primeros cigarros, las primeras litronas, con el pelo cada vez más largo y más cargado de cuero y metal, robando un beso con sabor a tabaco y regaliz… Tardes, noches, mañanas, billares y marcianitos, pero siempre esa inmutable banda sonora de fondo: Metal y Hard Rock ochentero y setentero administrados en grandes dosis que fueron una de las mejores medicinas para crecer que nunca he probado».

Las Cinco Canciones de Alex (I): «Shine on You Crazy Diamond» (Pink Floyd)

Rocktelegram es uno de los blogs que leo con más gusto y en el que ya quiero comentar prácticamente cuando empiezo a vislumbrar la entrada, desde mi punto de vista lo mejor que le puede pasar a un post. El estilo de Alex es didáctico y ameno, consigue que nos enteremos de cosas en torno al rock que todos hemos visto o vivido, pero a las que él consigue dar un enfoque personal y, a la vez, muy próximo a todos los que, de una otra manera, nos sentimos identificados con lo que estamos leyendo. Sus entradas sobre literatura y rock, quién es quién en cada grupo, las portadas horrorosas, los cinco mejores músicos por instrumento, sus crónicas de grandes conciertos, sus «versiones, diversiones y perversiones», y su acercamiento a los mejores grupos de hard rock, heavy metal y rock progresivo, estilo con el que compartimos pasión, son muy sugerentes y están siempre cargadas de imaginación; si no conocéis este blog ya os adelanto que no os va a defraudar, animaos a seguir sus entradas, cada viernes podréis disfrutar de una nueva. Preparaos para una excelente semana de rock llena de recuerdos, contados como sólo Alex sabe hacerlo. Comenzamos con un tema que también estaba entre las cinco canciones de mi vida: «Shine on You Crazy Diamond», como dice Alex: «la ausencia hecha música».

«Ante todo y antes de entrar en materia, es de recibo agradecer a Raúl que me haya cedido espacio y lectores en La Guitarra de las Musas para hablar de esas canciones que, de algún modo, han significado tanto para mí que las llevo tatuadas en el alma, impresas en los genes ya para siempre; canciones que se fundieron conmigo formando un cóctel compuesto de sonidos, vida y sentimientos del que ya no puedo, ni quiero, desligarme.

Y eso que ni es fácil escoger cinco (¡¡sólo cinco!!) ni, en mi caso, desligarlas de sus discos ‘madre’. Suelo decir a quien me quiere escuchar que yo soy más de discos que de canciones, que si escucho suelta, qué se yo, Fragile Dreams de Anathema, inmediatamente me falta el resto del disco, me quedo a medias… Pero bueno, sí que es cierto que siempre hay temas que destacan por su implicación en momentos determinados y esos son los que he procurado escoger.

Y vale, después de este pequeño auto prólogo, vamos allá…

Sólo con escuchar sus primeras cuatro notas ya me traslado a un mundo paralelo. Fue, sin duda, mi primera influencia seria en el mundo del Rock y en el particular universo de Pink Floyd, mi banda favorita desde siempre.

Ya sabemos un montón de cosas de ella, pero que muchos escojamos este largo tema como ‘canción’ preferida dice mucho acerca de lo que los chicos de Pink Floyd lograron transmitir: algo que subyace a la música y se entierra en lo más profundo de las personas.

Quizá sean sus mágicos acordes o su cadencia inimitable, melancólica y vagamente triste: no lo sé con exactitud, el caso es que Pink Floyd consiguieron imprimir la ausencia en todas sus notas y nos legaron una maravilla que a mí me transporta a lejanas tardes de verano en casa de mi abuela, descubriendo en la penumbra de una oscura habitación esos sonidos que me hablan, hoy más que nunca, de tiempos perdidos, de amigos que se hicieron mayores y de la ausencia de la infancia que encerré entre las armonías de aquellos diamantes mágicos.  Preciosos recuerdos depositados en un cofre sonoro que ya solo abro de vez en cuando por temor a que se contaminen de este aire de adultez que me envuelve sin remedio».

The Guess Who. «American Woman»

Entre los himnos antibelicistas más famosos del rock existe uno, “American Woman”, que inicialmente fue tachado de machista y, posteriormente, de antiamericano, incluso llegó a ser censurado por el presidente Richard Nixon por este motivo. La canción fue escrita por Randy Bachman, Burton Cummings, Garry Peterson y Jim Kale, miembros de la banda canadiense The Guess Who, fundada en 1965 y, según señalan algunas fuentes, la primera de aquel país que consiguió llevar un tema (“These Eyes”) al número uno de las listas estadounidenses. “American Woman” formó parte del álbum homónimo, el sexto de esta formación, publicado en 1970, con un estilo entre el hard rock, el blues rock y el rock psicodélico. La canción surgió de manera casual; justo antes de iniciar un concierto en Kitchner (Ontario), Randy Bachman rompió una de las cuerdas de su guitarra, sus compañeros trataron entonces de improvisar un ritmo para animar a la parroquia, al que añadieron una letra intrascendente con lo primero que les vino a la cabeza. La experiencia fue tan buena que decidieron grabar la canción, incorporando una letra comprometida, de protesta hacia lo que consideraban una actitud imperialista de los Estados Unidos en la Guerra del Vietnam, y de desprecio hacia todos los estadounidenses que reclutaban para luchar en una contienda que nunca llegarían a comprender. La letra repite el mismo mensaje: “mujer americana, aléjate de mí”, y otras lindezas como “déjame vivir”, “no quiero ver tu cara”, “tengo cosas más importantes que hacer que envejecer contigo”, “lárgate” o “no eres buena para mí”; según manifestaron sus autores, es una letra metafórica y simbólica, en la que esa mujer americana es la neoyorquina Estatua de la Libertad. Las feministas dejaron de protestar pero a la Casa Blanca no les debió parecer bien que unos canadienses se metieran en sus asuntos y, lo que es peor, que hicieran pensar a sus ciudadanos en el sinsentido de las guerras. Existe una versión reducida, la que fue utilizada en el lanzamiento como single, en la que se eliminó la intro blusera (aquí la podéis escuchar). Por otro lado, “American Woman” fue incluida en la B.S.O. de “Austin Powers 2: La Espía que me achuchó” (1999) y en el álbum “5” -reedición de 1999-, de Lenny Kravitz, tal vez la versión más conocida de este tema.

Chuck Berry / Emmylou Harris / New Riders of the Purple Sage. «You Never Can Tell»

Una de las escenas más famosas y reconocibles en la obra de Quentin Tarantino es la del baile entre Vincent (John Travolta) y Mia (Uma Thurman), de la película «Pulp Fiction» (1994); aquí podéis recordarla, mientras que este interesante vídeo nos muestra cómo fueron los momentos previos a la escena así como su filmación, en la que se puede ver a Tarantino bailando y disfrutando con la canción (a partir del minuto dos). Sin embargo, esta secuencia llegó a peligrar, y a punto estuvo de no ser incluida en la película ante las dudas que tenía Uma Thurman para estar a la altura de John Travolta, mucho más familiarizado que ella con las escenas de baile. Como bien sabéis todos los aficionados al cine, una de las principales señas de identidad del estilo Tarantino es el uso habitual de elementos e influencias procedentes del cine clásico y de género, esta secuencia no es una excepción; buena parte de críticos cinematográficos coinciden en señalar, como fuente de inspiración, a una de las escenas de «Band à Part» (1964), de Jean-Luc Godard; otros mencionan al clásico de Federico Fellini «Ocho y Medio» (1967); incluso hay quien menciona una escena de una película de dibujos animados: «Los Aristogatos» (1970). El famoso baile entre Thurman y Travolta se hizo al ritmo de Chuck Berry, en concreto de su tema «You Never Can Tell», compuesto por el norteamericano cuando estaba en prisión tras ser declarado culpable de un delito sexual; fue incluido en el álbum «St. Louis to Liverpool» (1964) y nos habla de la vida cotidiana de dos jóvenes recién casados. Antes de presentaros las tres versiones de hoy, me gustaría indicar que existen bastantes más, varias en el ámbito del country y el country-rock (Waylon Jennings & Jessi Colter, Billie Jo Spears, John Prine o Loggins & Messina), otras son más cercanas al R&B (Ronnie Lane), algunas más rockeras (Status Quo, Bog Seger, Bill Wyman o Bruce Springsteen), incluso las hay próximas al punk (The Morlocks) o en español (una adaptación muy interesante que me reservo para otra ocasión). En cuanto a las tres destacadas de hoy, vamos a comenzar por la del autor, Chuck Berry, pero no con el original de estudio sino con una interpretación en directo sensacional. Las otras dos también son en vivo; la segunda a cargo de Emmylou Harris, que incorporó este tema a su álbum «Luxury Liner» (1976); la tercera es la del grupo californiano de country-rock New Riders of the Purple Sage, que  llegó a contar entre sus miembros con algunos músicos de Grateful Dead, entre ellos Jerry García, la canción apareció publicada en su octavo disco de estudio: «New Riders» (1976).