Status Quo. «Gerdundula»

El boogie rock es un género musical de la década de los sesenta que se sitúa en la difusa frontera que delimitan estilos como el blues rock y el hard rock. Se caracteriza por combinar elementos de ambos a través de unas melodías alegres, bailables, repetitivas y con escaso margen para la improvisación. Se suele englobar dentro de esta etiqueta a grupos que, desde mi punto de vista, no participan claramente de este movimiento, como Canned Heat o algunas bandas de rock sureño (ZZ Top, The Allman Brothers Band, Lynyrd Skynyrd, etc.). Sin embargo existe una formación que se ajusta a las mil maravillas al estilo boogie rock: Status Quo. Esta banda británica se crea en Londres a principios de 1962, primero con los sucesivos nombres de The Scorpions, The Spectres, Traffic Jam y, finalmente, con la denominación de The Status Quo. Tras dos discos de contenido psicodélico, cambian el estilo para acercarlo al boogie rock y al hard rock, algo que se evidencia en el tercer álbum de estudio y, sobre todo, en el cuarto («Dog of two head»), el que encauza definitivamente la carrera de este grupo. A partir de aquí se encadenan los éxitos, los discos de oro y platino, y nace el mito de la «Quo Army». Continúan en activo, me imagino que con su característico «rasca-rasca», aunque me temo que ya sin esos movimientos de cabeza y de melena que tanto se han imitado. Como me imagino que casi todos conoceréis éxitos suyos, como «Whatever you want» o «What you’re proposing», yo os voy a dejar otro, con el que comenzaba la cara B del mencionado «Dog of two head»; me refiero a «Gerdundula», una canción menos hard y con un inolvidable riff de guitarra de marcado aire celta. Tal es así, que el grupo español Mago de Oz hizo una versión instrumental (podéis escucharla aquí), que formó parte de su primer disco, homónimo, publicado en 1994.

Getz & Gilberto / Nat King Cole / Peggy Lee. «Garota de Ipanema»

Mis primeros contactos con la música brasileña fueron a través del cantautor y guitarrista Jayme Marques -que ha hecho gran parte de su carrera en España-, al que conocí gracias al disco que tenía un amigo y, sobre todo, por sus conciertos en los colegios mayores de la Ciudad Universitaria de Madrid y en la mítica «Sala Clamores», en el barrio de Chamberí. La primera vez que escuché «Garota de Ipanema» fue gracias a la voz y la guitarra de este gran artista del jazz y de la bossa nova. Esta canción fue compuesta, en 1962, por dos renombradas figuras de la cultura brasileña: Vinicius de Moraes (letra) y Antonio Carlos Jobim (música); inicialmente se llamó «Menina que passa» y estaba pensada para la comedia musical «Dirigible». La letra inicial de esta canción fue modificada por sus autores inspirándose en una muchacha a la que solían ver rumbo a la playa: «Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça. É ela a menina que vem e que passa. Num doce balanço caminho do mar». La musa que inspiró esta melodía se llama Helô Pinheiro que, según he podido leer, es dueña de una cadena de tiendas de bikinis llamada «Garota de Ipanema». La primera interpretación de la que se guarda registro, en este caso audio, es una sesión en el club Au Bon Gourmet, de Copacabana, en la que participaron Tom Jobim, Vinicius de Moraes, Joâo Gilberto, Os Cariocas, Otávio Bailly y Milton Banana. Aquello fue el 1 de agosto de 1962; la primera grabación de estudio fue la de Pery Ribeiro, en 1963. Un año más tarde se publicaba el álbum «Getz/Gilberto», un disco absolutamente genial, una de las cumbres de la bossa nova, en el que intervinieron, nada más y nada menos, que Stan Getz, Joâo Gilberto, Antonio Carlos Jobim y Astrud Gilberto, que prestó su voz para cantar casi toda la canción en inglés, a partir de entonces rebautizada como «The girl from Ipanema». Esta es la primera versión de hoy, aunque enlazo también a la primera interpretación en el club de Copacabana y la primera grabación a cargo de Pery Ribeiro. Como habitualmente ocurre con estos temas tan conocidos, existen muchísimas versiones; yo he optado por las de Nat King Cole y Peggy Lee, ésta última bajo el título de «The boy from Ipanema».

Loquillo y los Trogloditas. «La mataré»

«La mataré» es una de esas canciones que me permiten viajar a momentos concretos de mi vida, en este caso a los años ochenta con los que tanto disfruté de la música y de la vida. Me consta que es una canción muy polémica, como polémico también fue su ataque por parte de algunos colectivos sociales. Pensaba comentar todo esto pero me he dado cuenta que el propio Loquillo lo explicó mucho mejor de lo que yo lo podría hacer; por lo tanto, reproduzco sus palabras, incluidas en el libro de Isabel Clúa (ed.) Género y cultura popular. Estudios culturales 1. Barcelona: Universidad Autónoma, págs. 26-27:

“Fue una de las canciones emblemáticas de los años 80 (…) Debería decir de antemano que la canción fusionaba la rumba y el rock and roll con ese desparpajo que teníamos entonces. Hasta creó escuela y ganó todos los premios de 1987 que podían concederse. A saber: críticos, revistas especializadas, emisoras de radio con pedigrí… Fue la causante de que la banda ascendiera al estrellato y de que toda España y parte de América Latina cantara aquello de «por favor, solo quiero matarla, a punta de navaja, besándola una vez más». La canción desapareció del repertorio de Loquillo y Trogloditas de un día para otro sin dar los protagonistas mayor explicación ante el asombro de sus fans. Las asociaciones feministas tacharon el tema de machista y de inducir a la violencia de género, y cargaron contra el autor de la letra y contra el grupo. EMI reeditó la canción en formato single 10 años después, y las emisoras de radio que anteriormente la habían encumbrado se negaron a radiarla. Conocido es que he apoyado siempre la causa contra la violencia de género. Entiendo, además, la razón ética por la que no debemos interpretarla, pero sí me pregunto a menudo si puedo apelar a la libertad de expresión para contar esta historia de un matador de mujeres ¿Se ha dejado de interpretar Otelo, de Shakespeare? ¿Se han dejado de interpretar los tangos más arrabaleros y sangrientos? ¿Hemos dejado de ver películas de bellos psicópatas que matan a las mujeres? Hace unos días, la Asociación de Mujeres Progresistas galardonó a Pedro Almodóvar por su visión del mundo femenino. No puedo dejar de acordarme del filme Átame, en el que Antonio Banderas y Victoria Abril protagonizaban un secuestro, amor y desde luego violencia de género. O Hable con ella, donde Javier Cámara hacía el amor a una mujer en coma. No recuerdo si en su día se calificó de violencia de género cualquiera de estos dos ejemplos. Estoy perplejo y me hago muchas preguntas. Me pregunto si la autocensura es válida para unos y no lo es para otros. Me pregunto si seguirán acusándome de machista si canto la historia del asesino de una mujer”.

The Alan Parsons Project. «Silence and I»

El liderazgo en los grupos de rock suele recaer en aquellos integrantes que tienen un mayor carisma, un peso más destacado en la composición de los temas o una importancia capital en el desarrollo vocal o instrumental del repertorio; en ocasiones, esta responsabilidad se reparte y, otras veces, el grupo parece estar, únicamente, al servicio de su líder. Lo que resulta menos habitual es que una banda de rock gire en torno a la figura del productor-director, que compone los temas y elige a los músicos necesarios para la ejecución de su obra. Este es el caso del músico e ingeniero de sonido inglés Alan Parsons, cuyos primeros pasos en la música profesional los dio como técnico de grabación para grupos y solistas tan importantes como los Beatles (participó en «Abbey Road» o «Let it Be»), Paul McCartney y Wings, Pink Floyd («The Dark side of the Moon»), Al Stewart, etc. Hacia 1974 entró en contacto con el músico Eric Woofson y juntos crearon «The Alan Parsons Project»; el primero sería el responsable del concepto musical, la composición y la contratación de artistas; Woofson, por su parte, contribuiría en la composición, en los aspectos más creativos y, también, como vocalista en algunos temas. El primer disco, «Tales From Mystery and Imagination», un álbum conceptual basado en la obra de Edgar Allan Poe, vio la luz en 1976; después publicaron «I Robot» (1977), «Pyramid» (1978), «Eve» (1979), «The Turn of a Friendly Card» (1980) y el disco que contiene la canción de hoy: «Eye in the Sky». Después hubo más pero, desde mi punto de vista, tienen menos interés. Aún gustándome «Eye in the Sky» (1982), prefiero los tres primeros y por ese orden; sin embargo, con este disco el proyecto de Alan Parsons consiguió llegar a todo el Mundo, fue un gran éxito de ventas y temas como «Sirius» o «Eye in the Sky» son bien conocidos. El secreto del éxito fue mezclar hábilmente un producto de calidad -con arreglos orquestales y maneras de rock progresivo- con melodías sencillas al oído en clave pop-rock, algo así como un rock melódico progresivo o AOR progresivo. La canción elegida, «Silence and I» es una buena muestra de lo que acabo de comentar; el vídeo está subtitulado en español, os recomiendo que también prestéis atención a la letra, francamente sugerente.

Kris Kristofferson / Johnny Cash / Chet Atkins. «For the good times»

Hay artistas que son más importantes de lo que aparentan, que dan la sensación de ir de tapados ya sea por su versatilidad profesional o por su habitual trabajo en la sombra. Salvo para los aficionados a la música bien informados, Kris Kristofferson es un actor de cine que estuvo casado con la cantante Rita Coolidge y que, además, canta country. Sin embargo, es mucho más que todo eso, es un compositor de gran talento, cuyas canciones forman parte del repertorio de artistas tan destacados como Ray Price, Waylon Jennings, Johnny Cash o Willie Nelson, por mencionar sólo algunos nombres; sin ir más lejos, su canción «Me and Bobby McGee» fue inmortalizada por Janis Joplin en su álbum póstumo «Pearl», publicado en 1971. Un año antes, Kris Kristofferson había editado su primer disco («Kristofferson») en el que se incluía este tema. Pero no vamos a hablar de él, sino de la canción número 10 de ese mismo Lp, la titulada «For the Good Times», por la que su autor recibió el premio de la Asociación de la Música Country a la mejor canción del año 1970, a cuyo éxito contribuyó Ray Price que también la había grabado y con gran éxito. Es una canción preciosa, tanto en sus aspectos melódicos como en los literarios; es un relato triste, melancólico y sincero sobre el final de un amor, una iluminada visión sobre la derrota y la despedida: «No pongas esa cara tan triste, sé que esto se acabó (…) Me quedaré sólo. Tú encontrarás a otro, pero yo continuaré aquí, por si alguna vez sientes que me necesitas (…) Habrá muchísimo tiempo para la tristeza una vez te hayas ido. Reposa tu cabeza sobre mi almohada y junta tu dulce y caliente cuerpo junto al mío. Escucha el silbido de las gotas de lluvia golpeando suavemente contra la ventana y haz como que me quieres una vez más, por los buenos tiempos». La lista de versiones es larga y de calidad: Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, Frank Sinatra, Dolly Parton, Willie Nelson, etc.; en esta ocasión, me he inclinado por las de Kris Kristofferson, Johnny Cash y por una instrumental, la debida al gran maestro de la guitarra Chet Atkins. Como siempre, este blog está abierto a cualquier otra versión que consideréis interesante.