AC/DC. «Night Prowler» / «Highway to Hell»

La frontera que delimita el hard rock del heavy metal es difícil de precisar y, de hecho, hay grupos que participan de ambos movimientos; como AC/DC, tal vez la banda en la que mejor confluyan los viejos valores que arrancan del blues-rock con las señas de identidad características del heavy metal. Creada en 1973 por los hermanos Malcolm y Angus Young, tuvo que soportar el fallecimiento de su cantante, el carismático Bon Scott; fue sustituido por Brian Johnson, que se estrenó ese mismo año (1980) con uno de los mejores álbumes de los australianos: «Back in Black», dedicado al vocalista fallecido. Un año antes se puso a la venta «Highway to Hell», otro de los álbumes más aclamados de AC/DC y el último en el que se pudo escuchar la característica voz de Bon Scott.

Héctor Sánchez, en su interesantísimo artículo «La corriente satánica de AC/DC«, publicado en EfeEme.com, sostiene que esta formación fue víctima de una persecución por parte de ciertos sectores puritanos, conservadores y religiosos, quienes acusaban a este grupo de satanistas y de inspirar la violencia y el asesinato a través de sus canciones. Incluso hacían elucubraciones en torno al nombre de la banda: «Antichrist / Devil’s Children» (Anticristo / Hijos del Demonio), «Antichrist / Devil’s Crusade» (Anticristo / La Cruzada del Demonio) o «Antichrist / Devil Comes» (Anticristo / Llega el Demonio); nada más lejos de la realidad, como bien saben todos los aficionados se trata del acrónimo habitualmente utilizado para designar la «Corriente Alterna / Corriente Continua» («Alternating Current / Direct Current») y, al parecer, la idea se le ocurrió a alguien de la familia Young al ver las siglas en una máquina de coser o en una aspiradora. Lo cierto es que la leyenda satánica de AC/DC creció a partir de 1985, cuando un asesino en serie, que en una ocasión había dejado una gorra con el logotipo de esta banda de rock en el escenario de uno de sus crímenes, fue detenido en California luciendo una camiseta de este grupo. Por si esto fuera poco, su apodo era «Night Stalker» («Acechador Nocturno»), nombre muy parecido a la canción con la que concluye el disco «Highway to Hell»: «Night Prowler» («Merodeador Nocturno»). Algunos miembros de AC/DC salieron al paso de estas acusaciones, que también incluían otras canciones como la emblemática «Highway to Hell», de la que dijo Angus Young dijo que escribieron como reacción a un largo periodo de giras que acabó convirtiéndose en un infierno. Sea como fuere, aquí os dejo dos de las canciones acusadas de adoración satánica, invitación al asesinato y no sé cuántas cosas más: las ya mencionadas «Night Prowler» y «Highway to Hell». Juzgad vosotros mismos

T. Rex / Radio Futura / Virgin Steele. «Ballrooms of Mars» / «Divina»

No todos los artistas que viven de la música se enorgullecen de su pasado; hay algunos, como Radio Futura, que siempre han renegado de su primer trabajo: «Música Moderna» (1980). De hecho, pasaron dos años hasta que grabaron «La estatua del jardín botánico«, el tema que, a la postre, les convertiría en un grupo nuevo. He visto a Radio Futura en un par de ocasiones y en ambas me marché con un regusto agridulce; la primera debió ser hacia 1984, en aquellas fiestas de San Isidro que siempre contaron con la complicidad y el apoyo del alcalde Enrique Tierno Galván; la segunda cuando se estaban separando y, he de decir, que estuvieron fríos y poco comunicativos, los que triunfaron aquel día fueron los gallegos Siniestro Total, que actuaron de teloneros y estuvieron vibrantes y divertidos. En ambas ocasiones, a pesar de las peticiones reiteradas del público, no consintieron en tocar canciones de su primer disco, en particular la más aclamada: «Divina (los bailes de Marte)», una versión del tema de Marc Bolan «Ballrooms of Mars» a la que Herminio Molero, fundador de Radio Futura, cambió la letra para adaptarla a las circunstancias españolas del momento y poderla dedicar a una de las integrantes del grupo Kaka de Luxe, Olvido Gara, más conocida como Alaska: «Te veo bailar con pegatinas en el culo y mueves con tu ritmo la cara de tus fans. Eres una bruja de oro, eres un pequeño gángster. Estuviste con Kaka de Luxe pero no te oí cantar». Como acabamos de comentar, el original fue compuesto por el líder de la banda británica de glam rock T. Rex (sobre su trágica muerte nos hemos ocupado en una entrada anterior, dedicada a la cantante Gloria Jones), y fue incluido en la banda sonora de la película «Escuela de rock«. Además del original de Bolan y la versión de Radio Futura, os propongo una tercera: la del grupo neoyorquino de heavy metal Virgin Steele, que forma parte de su disco «Life Among The Ruins» pero no de su edición original de 1993, sino de la reedición que se hizo en 2012, que contó con veinte canciones más en un segundo disco. También es interesante la de Richard Barone, el que fuera cantante del grupo The Bongos. Sobre la que perpetraron Raphael y Alaska mejor no comentar nada, habla por sí sola siempre que os atreváis con ella.

Whitesnake. «Bloody Mary»

David Coverdale ha cultivado durante muchos años la imagen de rockero sexy, de esos que poseen un irresistible atractivo para las mujeres; por si hubiera alguna duda, el nombre de su banda (Whitesnake) es un recurso metafórico con evidentes implicaciones sexuales. Pero lo cierto es que, cuando inició su carrera como cantante en Deep Purple en sustitución de Ian Gillan, allá por 1973, era más bien un «patito feo» (os animo a que lo comprobéis en alguna fotografía de aquella época); Jordi Bianciotto, en su interesante y documentado libro Deep Purple. La Saga (Barcelona: Quarentena ediciones, 2012), describe así a David Coverdale: «(…) era más bien gordo, tenía rastros de acné, bizqueaba y lucía un bigotito que Paice calificaría de ‘tonto’. Era un muchacho de aspecto lácteo y torpe, que vestía de un modo hippy-pueblerino. Blackmore, muy en particular, se mostró horrorizado con su look«. Eso sí, en poco más de dos años con Deep Purple se consolidó como cantante de hard rock y adquirió las suficientes tablas en el escenario como para iniciar un proyecto musical propio, primero en solitario (1976-1978) y luego como patrón de Whitesnake, grupo que, tras muchos altibajos y cambios continuos en su formación, aún sigue en activo. La etapa tal vez más conocida de esta banda se inicia en 1987, con la publicación de su séptimo álbum («Whitesnake»), del que formó parte la conocida balada «Is this love«. Sin embargo, no es el Whitesnake que más me gusta; Coverdale quiso adaptarlo al gusto norteamericano y a las listas de ventas, olvidando sus raíces próximas al blues-rock, precisamente lo que le hizo triunfar en Deep Purple y lo diferenció de Ian Gillan. Yo, particularmente, prefiero sus primeros discos: «Lovehunter» (1979), «Ready an Willing» (1980) y, también los dos primeros trabajos: «Trouble» (1978) -del cual ya hemos tenido oportunidad de escuchar aquí su versión del conocido tema «Day Tripper«, de los Beatles- y el EP titulado «Snakebite» (1978), con el que Whitesnake se estrenó. La edición original de «Snakebite» incluía cuatro canciones que, en el año 2006 con motivo de la remasterización de «Trouble», fueron añadidas como bonus track. Ya sabéis que tengo debilidad por los grupos de hard rock cuando se deciden a tocar rock & roll clásico; por ello, a los que conocéis bien la obra de Whitesnake, os animo a que recordéis «Bloody Mary», un tema compuesto por el propio David Coverdale; y a los que simplemente os guste el rock & roll, y no conozcáis este grupo, os recomiendo que no os lo perdáis.

Queen. «Love of my life»

«A Night at the Opera» es el álbum que más me gusta de los británicos Queen. En él se incluyen mis dos canciones preferidas de esta banda: «Bohemian Rhapsody«, que ya ha aparecido en este blog, y «Love of my life». Ésta última fue compuesta por el gran Freddie Mercury con una base de piano clásica, a la que se incorporaron algunos fragmentos de arpa y guitarra a cargo de Brian May. Aquí podéis apreciar la belleza de esta canción, tal y como fue inicialmente concebida y grabada en 1975. Sin embargo, para mi gusto, se convierte en una pieza excepcional cuando es interpretada en directo, sin arpa ni piano, sólo con la exquisita guitarra de doce cuerdas de Brian May y la inigualable voz de Freddie Mercury; de hecho, en América Latina siempre era recibida con gran entusiasmo y, a menudo, era el propio público quien la cantaba. Detrás de la canción hay una gran historia de amor, protagonizada por el propio Freddie y su gran amor: Mary Austin. Comenzaron su relación poco tiempo después de constituirse el grupo y vivieron juntos durante varios años, hasta que la fama y, sobre todo, la homosexualidad de Mercury se hicieron patentes. A pesar de todo, la relación entre ellos siempre fue muy buena; el cantante, en una entrevista realizada en 1985, llegó a decir: «todos mis amantes me preguntan por qué no puedo reemplazar a Mary Austin, pero eso es sencillamente imposible. La única amiga que tengo es Mary y no quiero a nadie más. Para mí, ella es como una esposa. Para mí era como un matrimonio. Confiamos el uno en el otro, eso me basta» (Wikipedia); Mary, por su parte, dijo de Mercury que cuando murió creyó perder a su amor eterno, sintió que había tenido un matrimonio, que habían permanecido juntos en los buenos y en los malos tiempos, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad y que sólo la muerte les podría separar; cuando esto ocurrió, Mary fue una de las principales beneficiarias de su legado material. Me parece una preciosa historia de amor, verdadera y sincera, libre de tópicos y convencionalismos, muy apropiada para el día de mañana. Como ya os dije el miércoles, os deseo un bonito y enamorado día de San Valentín. Por cierto, si alguien desea manifestar su amor por este blog puede hacerlo en este enlace («Premios 20Blogs 2014»), eso sí antes os tenéis que registrar ¡Muchas gracias!

Slade / Quiet Riot / Devin Townsend. «Cum on feel the noize”

Purpurinas, peinados imposibles, calzados con plataformas, vestimentas brillantes, estampados de leopardo, maquillaje a raudales y una deliberada reivindicación del travestismo y la ambigüedad sexual son algunas de las señas de identidad que caracterizaron a los grupos de glam-rock, un estilo musical que tuvo su apogeo durante los primeros años de la década de los setenta y que, en cierta manera, fue la antesala del movimiento punk. En lo musical, se caracterizó por la sencillez y la frescura a partir de composiciones en las que predominaba el rock & roll y el hard rock. Uno de los grupos que podríamos englobar dentro de esta tendencia -yo diría que pioneros- fueron los británicos Slade, descubiertos y lanzados a la fama por Chas Chandler, el que fuera antiguo bajista de The Animals y productor musical de Jimi Hendrix. Comenzaron su andadura en 1969 bajo el nombre de “Ambrose Slade”; su primer disco fue publicado en 1969, aunque el que les acabó por encumbrar fue el titulado “Sladest” (1973), donde se incluyó su gran éxito “Cum on feel the noize”. La provocación típica del glam, en el caso de Slade, trascendió lo meramente estético; sus faltas de ortografía premeditadas fueron una constante en su carrera y, en este caso, es habitual ver esta canción bajo el título “Come on feel the noise”, probablemente escrito correctamente y sin la implicación eyaculatoria que tiene la primera palabra. Diez años después, esta canción fue rescatada por la banda estadounidense de heavy metal y glam metal Quiet Riot, al incluirla en su tercer trabajo de estudio (“Metal Health”, 1983); fue todo un éxito e, incluso, ayudó a que los propios Slade fueran más conocidos en los Estados Unidos. Además del original de Slade y de la conocidísma versión de Quiet Riot, os voy a proponer otra que, en realidad, no sé si realmente es una versión; me refiero al tema acústico “Quiet Riot”, del músico canadiense Devin Townsend, que formó parte de su álbum “Ki” (2009). Por supuesto que existen más versiones, quizás la más conocida sea la de Oasis (aquí la dejo), pero si os gusta alguna otra no tenéis más que incluirla en vuestros comentarios.